LA PUERTA SIGUE CERRADA

Aunque el gobierno Biden ha intentado cambiar la política migratoria estadounidense y el trato a los migrantes centroamericanos, la puerta de entrada a los Estados Unidos para ellos sigue cerrada…

 

Escribe / Brandon Stefan Martínez González – Ilustra / Stella Maris

Un acuerdo entre los gobiernos de Estados Unidos, México, Guatemala y Honduras fue anunciado el 12 abril del 2021 por Jen Psaki, la portavoz de la Casa Blanca. Por medio de él esos países se comprometían a reforzar su seguridad fronteriza con el objetivo de frenar la ola migratoria que se había presentado hacia Estados Unidos a partir de enero de este año y que tuvo su punto más alto en marzo.

Ante la creciente oleada migratoria, surge la pregunta ¿qué pasó en esos países para que aumentara la migración y qué papel juega la militarización de las fronteras al sur de México y Centroamérica para prevenir las migraciones?

Para empezar a entender lo que ha sido la ola migratoria hacia Estados Unidos desde Centroamérica es necesario volver en el tiempo e ir a Ciudad de Guatemala en octubre del 2018, lugar en el que un grupo de ciudadanos de ese país, cansados por la pobreza, los cobros de extorsiones por parte del crimen organizado y la violencia que, según el informe del primer semestre de 2018 de la organización guatemalteca Diálogos, estaba en promedio de 23,5 homicidios por cada 100 mil habitantes, decidieron unirse y migrar hacia el norte, con su cuerpo como único medio de protección.

Ese fenómeno fue conocido como La Caravana. Un grupo de 15.000 personas conformado por niñas, niños, jóvenes, mujeres, hombres y personas de la tercera edad, originarias de Guatemala, Honduras y El Salvador, buscaban atravesar México de sur a norte, utilizando como único mecanismo de protección la seguridad que les brindaba ser un amplio número de personas caminando juntas, con lo cual podían huir de los carteles de droga y tratar de evadir los controles del Instituto Nacional de Migración mexicano, que tiene como función atrapar a los migrantes y deportarlos a sus países de origen.

“El gran cambio en las migraciones desde Centroamérica hacia Estados Unidos se dio a partir de las caravanas de 2018. Las caravanas suponen una reivindicación del orgullo migrante. Este acontecimiento marcó un cambio en la política migratoria de México”, comentó en una entrevista vía zoom el periodista Alberto Pradilla, perteneciente al portal mexicano Animal Político, en el que ha trabajado las migraciones centroamericanas y acompañó la caravana migrante de octubre del 2018 desde Ciudad de Guatemala hasta Tijuana.

Los migrantes que salieron de Guatemala en octubre del 2018 atravesaron México durante el último mes de presidencia de Enrique Peña Nieto, que terminó su mandato el 30 de noviembre del 2018. Aunque muchos fueron golpeados y tuvieron que sortear las dificultades de andar por caminos tan peligrosos como los mexicanos, lograron llegar a Tijuana, ciudad en la que algunos se dirigieron al Paso Fronterizo San Ysidro e hicieron solicitud formal de asilo en Estados Unidos, mientras que otros intentaron pasar a San Diego, California, escalando las cercas de madera que separan los dos países.

Muchos de los que lograron cruzar se quedaron en las ciudades del Estado de California, lugar en el que según el Censo de los Estados Unidos viven cerca de 11 millones de latinos, que representan el 31,1% del total de la población de habla hispana que vive en el país. Por otro lado, muchos emprendieron la ruta hacia estados como Texas, Nevada, Florida y Nueva York, buscando llegar al final de su travesía.

En enero del 2019 un grupo de migrantes que provenían de Centroamérica atravesó la frontera de Guatemala con México por el río Suchiate. Ilustración / OIM

Cambio de gobierno en México: una luz de esperanza que pronto se apagó

El 1 de diciembre del 2018 comenzó el mandato de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, luego de ganar las Elecciones Federales que se realizaron el 1 de julio del 2018, en las que AMLO (como es conocido popularmente), representando a la alianza progresista Juntos Haremos Historia, obtuvo el 51,19% del total de los votos, derrotando al candidato Ricardo Anaya Cortés de la coalición política Por México Al Frente.

“La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México representaba un cambio político en un país muy golpeado por la violencia y la corrupción. Además, significaba una esperanza para los migrantes de que habría una  nueva política migratoria mexicana”, argumentó Pradilla. La sensación de que AMLO representaba un cambio en México se extendió por América Latina, lo cual generó una ilusión en los centroamericanos de que sus procesos migratorios iban a ser más tranquilos; pero no fue así.

En enero del 2019 un grupo de migrantes que provenían de Centroamérica atravesó la frontera de Guatemala con México por el río Suchiate, y lo primero que se encontraron fue a personal del Instituto Nacional de Migración mexicano con botellas de agua en la mano, dándoles la bienvenida al país, y entregándoles las tarjetas de residentes que les permite a los ciudadanos que la porten moverse de manera libre por México.

La “green card” mexicana fue otorgada a cerca de 15.000 personas por motivos humanitarios, lo cual daba una luz de esperanza a los migrantes centroamericanos para moverse de manera tranquila y legal por México en su recorrido hacia Estados Unidos, sin necesidad de pagar 8.000 dólares a los coyotes para que los ayudaran a cruzar el país, ni de arriesgar la vida sobre La Bestia, la línea de trenes de carga que atraviesa el país azteca de sur a norte.

“Hubo un grupo de gente que no se fio de esa estrategia y continuó haciéndolo como caravana. Al final el tiempo nos dice que estas personas tenían razón, porque mientras que López Obrador hacía eso, su canciller, Marcelo Ebrard, ya había negociado el protocolo de protección de migrantes (MPP), por el que los centroamericanos que solicitaban asilo en USA iban a ser devueltos a México para que esperaran su proceso en el país”, agregó Pradilla.

El MPP, también conocido como Quédate en México, entró en vigencia en enero del 2019, y fue el mecanismo por medio del cual 70.000 personas que solicitaron asilo en Estados Unidos fueron devueltas a ciudades de la parte norte mexicana que tienen una amplia presencia de crimen organizado como Tijuana, Nuevo Laredo, Matamoros y Ciudad Juárez, lugares en los que los migrantes centroamericanos quedaron expuestos a dinámicas violentas y esperando el largo proceso de aceptación de sus solicitudes, que durante el gobierno de Donald Trump tuvo muchas trabas.

Miles arriesgan la vida sobre La Bestia, la línea de trenes de carga que atraviesa el país azteca de sur a norte. Fotografía / Expansión

La militarización de las fronteras y la pandemia por covid    

En junio del 2019 Donald Trump amenazó con aumentar entre un 10 y 20%  los aranceles para las importaciones a México si no podía controlar la ola migratoria desde Centroamérica hacia Estados Unidos, por lo que López Obrador tomó la decisión de enviar a un grupo de entre 10.000 y 15.000 miembros de la Guardia Nacional mexicana al sur del país, en la frontera con Guatemala, para intentar controlar el ingreso de centroamericanos al país.

“Trump hizo una política diplomática con la que consiguió que países como México, Guatemala y Honduras se convirtieran en carceleros de su propia población o de la población de los países más pobres que ellos. Una política del penúltimo contra el último, es decir, el mexicano al guatemalteco, el guatemalteco al hondureño, y el hondureño al africano”, expresó Alberto.

La situación se mantuvo de esa manera durante el 2019: los migrantes centroamericanos arriesgando la vida y pagando a los coyotes para que los ayudaran a cruzar, y el gobierno de México aliado con Estados Unidos para evitar la llegada de los migrantes a la frontera norte del país. Pero en marzo del 2020, con la declaración de la pandemia por covid-19, las reglas del juego para los migrantes y para las migraciones cambiaron.

Los países de Centroamérica cerraron sus fronteras y en Estados Unidos comenzó a regir el Título 42, que es el estatuto del código de ese país encargado de regular la salud pública, por lo que el gobierno de Donald Trump, basado en la decisión del Centro para el Control y Prevención de las enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) emitió un fallo para que la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza (CPB) restringiera la llegada de personas provenientes de Canadá y México.

Además, el gobierno de Estados Unidos comenzó a expulsar a mexicanos y centroamericanos del país utilizando como excusa el Título 42. Según el observatorio migrante Nexos, entre marzo y septiembre del 2020 se expulsaron a 197.043 personas de Estados Unidos apelando a motivos de salud. En contraste, 185.884 personas fueron removidas por la CPB en ese mismo periodo por motivos migratorios. Sin embargo, todos tienen un factor común y es que fueron enviados a México.

El flujo de migrantes pidiendo asilo en Estados Unidos aumentó desde enero, luego de que Joe Biden se posesionara como presidente. Ilustración / Anahuac

Huracanes por todos lados: Joe Biden presidente y apertura de fronteras

Hasta septiembre del 2020 hubo confinamientos muy fuertes en Guatemala, Honduras y El Salvador. Además, México había cerrado sus fronteras al sur para evitar la propagación de la covid-19, por lo que el flujo migratorio había disminuido notoriamente. Sumado a eso, un par de días antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el huracán Eta tocó suelo centroamericano y golpeó muy duro las costas de Guatemala y Honduras.

Cuando Eta estaba ya sobre la costa de Miami, el huracán Iota subía por el Caribe y se acercaba a las costas de Honduras y Guatemala, y mientras eso pasaba el mundo se enteraba de que Joe Biden era el nuevo presidente de Estados Unidos, lo cual generó un imaginario en los migrantes centroamericanos de que habría más posibilidades para llegar a la unión americana, ya que Biden había basado parte de su discurso electoral en un mejor trato a los migrantes latinos.

El paso de ambos huracanes entre el 31 de octubre y el 18 de noviembre dejó en Guatemala y Honduras 200 muertos, cientos de desaparecidos y miles de desplazados, según BBC Mundo. Además agravó la pobreza que tenían ambos países, ya que, por ejemplo, Iota y Eta arrasaron con el Valle de Sula, que era la zona más industrializada de Honduras. Esta situación, sumada a la violencia y la apertura de las fronteras explican el incremento de migrantes centroamericanos llegando a Estados Unidos por las fronteras con México.

Ese flujo de migrantes pidiendo asilo en Estados Unidos aumentó desde enero, luego de que Joe Biden se posesionara como presidente, desmontara el MPP y pusiera en marcha un plan para que 25.000 personas cruzaran a la unión americana. Además, entre enero y marzo del 2021 se presentó el pico más alto de migración centroamericana desde que comenzó la pandemia por covid-19. En ese periodo, 21.999 personas llegaron al país del norte desde México, según France 24.

Por ese motivo, el pasado 12 de abril, el gobierno de Estados Unidos anunció el acuerdo al que había llegado con México, Guatemala y Honduras para reforzar la seguridad en las fronteras de esos países para mitigar la ola migratoria que se estaba presentado desde Centroamérica al país del norte. Sin embargo, los gobiernos de los países centroamericanos negaron el acuerdo.

Sobre la eficiencia de la militarización, Pradilla concluye “esto lo que hace es criminalizar más al migrante. Esto hace que el pollero sea más caro, que tenga que jugarse más la vida. Joderle un poco más la vida al migrante, pero el migrante va a seguir intentándolo”. Aunque el gobierno Biden ha intentado cambiar la política migratoria estadounidense y el trato a los migrantes centroamericanos, la puerta de entrada a los Estados Unidos para ellos sigue cerrada, mientras la pobreza, violencia e inseguridad siguen aumentado en México, Honduras y Guatemala.

@brandonstefan9