En esta segunda parte de unas travesías en navíos fabulosos que se pierden entre las brumas y las marismas, viajamos con comerciantes y contrabandistas de mercancías y de seres humanos que transportan nuestros productos vegetales y minerales por diversas latitudes, pero que, asimismo, inoculan plagas que provocan epidemias, hambrunas y transforman el mapamundi demográfico de una esfera globalizada.

 

Por: Jorge Hernán Flórez Hurtado*

“Como decíamos ayer…”, un considerable número de piratas-mercaderes, a bordo de flotillas de navíos con técnicas avanzadas, como los chinos que cruzaban los mares para llevarse la plata del Potosí y el mercurio de Huancavelica, o algunos desconfiados vascongados que también se adueñaron de aquel cerro fabuloso, provocaron el intercambio colombino en unos tiempos conflictivos y permitieron, así, que nuestros metales y productos vegetales, nuestros hongos y bacterias malignas, llegaran a sitios inimaginables como los de Filipinas y de ciertas regiones de la populosa China, y generaron, asimismo, cambios y transformaciones en el comercio mundial y en las interrelaciones que se dan entre los ámbitos económicos y políticos, ecológicos y demográficos.

Un solo dato da cuenta sobre el enorme saqueo que sufrió nuestro continente, como señala Charles C. Mann en su libro (1): “(…) pese a todas las dificultades América produjo un río de plata: 150 mil toneladas o más entre los siglos XVI y XVIII según los más prominentes historiadores del comercio de la plata, Denis O. Flynn y Arturo Giráldez, de la University of the Pacific” (pp. 183-184), alcanzando cifras que constituían más del 80 por ciento de la producción mundial, lo que convirtió a este precioso metal en moneda universal; al tiempo que provocó fenómenos inflacionarios, inestabilidad económica y desastres de todo tipo en los imperios de la época.

Una parte desproporcionada de esta plata americana terminó concentrada en un solo puerto de una provincia china: Yuegang, en Fujian.

Le puede interesar: 1493: LA NUEVA HISTORIA DE AMÉRICA DESPUÉS DE COLÓN (I)

  

Una parte desproporcionada de esta plata americana terminó concentrada en un solo puerto de una provincia china: Yuegang, en Fujian, alrededor de 1585, población que había establecido un intercambio comercial con Manila, entonces bajo el dominio de la Corona española, intercambiando las mercancías de seda y porcelana con los cargamentos del codiciado metal, y causando de paso múltiples problemas en las relaciones administrativas y económicas entre imperios poderosos, que se reflejaron en largas luchas internacionales, en relaciones delictivas como el contrabando y en tantos  abusos que obligaron a los administradores imperiales a tomar medidas fuertes en cuanto a reglamentaciones, cobros de impuestos y aranceles.

Y, como regalo de los dioses, los chinos conocen la papa, ese tubérculo que alimenta aún a gran parte de la población mundial.

Hierba enamorada. Seda por plata

Pero el comercio mundial en aquellos siglos no giró solamente alrededor de la plata. El tabaco, bautizado como la “hierba enamorada”, originario de nuestro continente, arribó también a Manila, y su humo ahuyentaba los mosquitos que transmiten la malaria, y permitió que los aristócratas alabaran sus propiedades, de manera poética (p. 203):

Aspirando fragancias, exhalando el vapor del Sabio;

Hilos azulados nacidos del humo sutil

El compañero del caballero calienta mi corazón

Y deja mi boca como un horno divino.

Mientras esto sucedía en las costas de las islas de Asia, en Inglaterra los ricos también aspiraban el rapé, y le daban certificado de ciudadanía al sabroso “vicio” que entra por la boca y trastorna los pulmones y el cerebro…

Por esas calendas, las llamadas “sociedades hidráulicas” como la china y las de sus vecinos, sembraban arroz, combinando los cultivos con maníes, chiles mejicanos, nuestro maíz americano, nuestro boniato (papa dulce)…Y, de nuevo, mercaderes y piratas surcaban los mares, en tanto los agricultores asiáticos adaptaban los cultivos para recuperar la comida perdida sembrada en suelos ya deteriorados. Y, como regalo de los dioses, los chinos conocen la papa, ese tubérculo que alimenta aún a gran parte de la población mundial.

Pero, asimismo, la papa ocasionaba múltiples migraciones al interior del suelo de la Gran Nación del Dragón y fue una de las causantes del fenómeno demográfico que provocó que China duplicase el número de sus habitantes. Como sentencia Mann (p. 216): “(…) Parte de la razón por la que China es la nación más populosa del mundo es el intercambio colombino”. En un interludio malthusiano, es obvio que, a más comida, más bocas que alimentar, pero también, más miseria.

Miseria que se combina y revuelve con otros fenómenos como las inundaciones, la deforestación, las migraciones y, sobre todo, con la Muerte.

El pájaro bobo, el cormorán y el pelícano peruanos producen en sus excrementos el guano.

La era del guano

El pájaro bobo, el cormorán y el pelícano peruanos producen en sus excrementos el guano, un fertilizante que les proporciona nitrógeno a las plantas, utilizado como abono en las tierras holladas por los incas desde tiempos inmemoriales. Quien primero lo advirtió fue Humboldt y la llegada a Europa del guano, hacia 1830, permitió que este abono diera paso a la agricultura intensiva de insumos; en las costas del Perú, su recolección era difícil y se le encomendaba a trabajadores que portaban máscaras de cáñamo impregnadas de alquitrán para tratar de neutralizar los fuertes olores que se desprenden de aquellos excrementos.

Asimismo, su importación a otras regiones provocó una masiva inmigración de esclavos chinos al Perú, hacia el siglo XIX, en número de cien mil, además de catalizar la introducción de prácticas desleales agenciadas por las posesiones británicas y estadounidenses, que aún perduran en el territorio peruano. “El guano creó el modelo de la agricultura moderna”, afirmará Mann en su libro que venimos reseñando (p. 262), con su monocultivo industrial, lo que, a su vez, incidió directamente en el crecimiento de la población mundial, calculada en mil millones de personas hacia 1700, que fue creciendo de manera exponencial hasta llegar a los 7.500 millones de ahora, o tal vez más.

…provocó de contera la huida de dos millones de sus pobladores en los llamados “barcos-ataúdes”, con destinos varios.

Hambre totalmente moderna

Con los envíos de guano, también viajó un polizón peligroso, el Phitephora infestans, que significa “irritante destructor de plantas”, un omicelo o moho de agua que ataca a las solanáceas como la papa, y que al parecer, entró a Europa por el puerto belga de Amberes y terminó por causar una de las más terribles hambrunas que asolaron el Viejo Continente, específicamente en Irlanda, la que produjo la muerte de millón y medio de sus pobladores y causó su división en dos secciones territoriales y provocó de contera la huida de dos millones de sus pobladores en los llamados “barcos-ataúdes”, con destinos varios.

En tanto aquel hongo fue combatido con arsénico (el primer plaguicida), los ataques del escarabajo de Colorado (EUA) dieron origen a la invención de los insecticidas modernos, como el DDT y el dieldrín, y enlazaron la cadena de insecticidas-resistencia-nuevos insecticidas, que tanto daño han provocado en su intento de combatir las plagas que azotan los cultivos.

Tal “Guerra de la papa” tuvo su escenario en Europa, entre 1778 y 1779, al enfrentarse los ejércitos imperiales de Prusia y Austria.

Europa en el mundo. Complejo agroindustrial

En la tercera parte de su libro, Charles C. Mann va a profundizar en algunos aspectos como “La Guerra de la papa”, el quinto cultivo más importante de los tiempos modernos. Originario de los Andes suramericanos, este tubérculo sirve de fuente alimenticia y combate los efectos de enfermedades como el escorbuto. Tal “Guerra de la papa” tuvo su escenario en Europa, entre 1778 y 1779, al enfrentarse los ejércitos imperiales de Prusia y Austria, porque aquel tubérculo ayudaba a calmar el hambre, convirtiéndose en la semilla que permitió el ascenso vertiginoso de Occidente, al instalarse en puntal de un enorme complejo agroindustrial de la Modernidad.

Y Mann se remontará a la historia, para afirmar que la papa era cultivada y comida por los incas, 2.000 años antes de Cristo, cuando la sembraban en terrazas o andenes o campos elevados, que retaban los duros climas andinos, las inundaciones frecuentes, los feroces embates de “El Niño”, preservando su crecimiento. Con cerca de 4.900 variedades detectadas, la papa dio lugar a muchas leyendas, como la que atribuye su ingreso a Europa al pirata Francis Drake, tras su robo a los españoles y su traspaso al también británico Walter Raleigh, quien se encargó luego de diseminarla por Alemania, Irlanda y Suiza, o  a la versión de que este tubérculo salvó a muchas personas de las embestidas crueles de la llamada “Pequeña Glaciación”, pero asimismo provocó grandes tumultos entre 1.400 y 1.700. Como señala Mann (p.253):

(…) La papa llegó en medio de cambios tan grandes en la producción de alimentos que algunos historiadores han hablado de una “revolución agrícola”. La mejora de las redes de comunicación facilitó el transporte de alimentos desde las áreas prósperas hacia las que habían tenido una mala cosecha. Tierras pantanosas y montañosas se hicieron cultivables. Tierras comunales de aldeas fueron concedidas a familias individuales, despojando a muchos pequeños propietarios pero estimulando el crecimiento de la agricultura mecanizada (a los nuevos propietarios se les aseguraba que podían quedarse con las ganancias si invertían en sus propiedades)

La riqueza de traficantes y empresarios con gran visión se confunden con la maldad ejercida por la famosa Casa Arana peruana.

El oro blanco

Del Hevea brasiliensis, o árbol del caucho de Pará, se extrae un látex, palabra que deriva del latín y significa “líquido”, el cual contiene un 90 por ciento de agua y en el resto, unos granos diminutos de goma natural. Tanto en Filipinas, como en Indonesia, Malasia, Tailandia y vastas regiones de China, se cultivan a gran escala estos árboles originarios del Brasil y de Bolivia, los que se han convertido en la fuente de un producto muy apetecido por la alta industria tecnológica.

Ese producto, el caucho, contribuyó a provocar la Revolución Industrial, la transición de una economía basada en el trabajo manual y el de los animales de tiro a otra centrada en la manufactura mecanizada. Mercaderes ambiciosos, científicos obsesivos, infelices esclavos, ingenieros visionarios, políticos imperiales, empresarios avezados y poco éticos, participaron de esa serie de ensayos y experimentos, logros, negocios y ardides que componen la cadena del caucho, desde su recolección artesanal y su producción  hasta su culminación en toda especie de objetos que nos acompañan en la cotidianidad, en cualquier parte de este bello Planeta Azul que nos soporta.

Ya en 1526, la Corte Real española programó en Sevilla un espectáculo que asombró a los visitantes e invitados: Un juego entre dos equipos, el ullamatiztli, precursor del moderno fútbol, entretuvo a los presentes, quienes veían con asombro que el centro de atención era una pelota que rebotaba contra el piso; algo inusual, porque las pelotas conocidas hasta entonces, fabricadas con cueros europeos, no tenían aquellas propiedades como la llevada de América.

Siglos atrás, ya nuestros aborígenes conocían las particulares características del caucho, extraído de sus árboles, no solamente en la región de Suramérica sino también en zonas más alejadas como las del Antiguo México, y con aquellas pelotas descritas jugaban a meterlas en dos aros situados en dos extremos del campo de juego, golpeándolas con caderas, pechos y muslos y sin dejar que ellas tocaran el piso. Y nuestros indígenas ya lo usaban para construir objetos diversos, como platos y tubos.

Durante  muchos años, los químicos europeos y norteamericanos desconocían las razones de la elasticidad de aquella goma natural. En una historia fascinante, aparecen los pioneros de su estudio y de su uso: Desde Salem, en Massachutssets, epicentro de la fabricación de zapatos y botas de caucho, hasta los experimentos de Charles Goodyear, el británico Thomas Hancock y el suizo Staudinger (Premio Nobel de Química), las empresas involucradas como las creadas por Goodyear y Firestone, hasta sus lugares de origen y recolección manual del látex, sobre todo por indios esclavizados, la cadena de conexiones va a presenciar una serie de fenómenos que se pierden entre las brumas del Bien y del Mal.

Dos ciudades brasileñas fueron centros de acopio iniciales: Belém de Pará y Manaos, situadas en las bocas del gran río Amazonas, permitieron desarrollar toda una infraestructura que asegurara la exportación del codiciado líquido, del llamado “Oro negro”. La riqueza de traficantes y empresarios con gran visión se confunden con la maldad ejercida por la famosa Casa Arana peruana y con la locura de un Carlos Fitzcarraldo, y con las denuncias del diplomático irlandés Roger Casement y de nuestro autor de La Vorágine, en una secuencia de sucesos que parecen (y han sido) como de película.

…35 mil viajes esclavistas; entre los años de 1500 a 1840, casi 12 millones de africanos cautivos arribaron a América.

África en el mundo. Sopa loca

Al comenzar el capítulo 7 de su libro, el investigador Charles C. Mann aclara:

En todo este estudio he actuado como si la humanidad estuviera en la silla del director, distribuyendo a su voluntad otras especies y a veces sorprendiéndose ante los resultados. Pero para los biólogos eI Homo sapiens es una especie que como cualquier otra tiene su propia distribuci6n y sus limitaciones. Los seres humanos no so1o fueron la causa del intercambio colombino sino que también fueron sacudidos por sus corrientes: una convulsión en nuestra propia especie que es el tema de esta sección del libro (p. 336 pdf)

Aunque existan indicios de la llegada de pobladores de los otros continentes, es claro que hasta 1492 ningún europeo ni asiático ni africano había visto nunca a un americano ni menos tales comunidades de las otras latitudes tenían asiento en nuestros territorios. El intercambio colombino y, sobre todo, el fenómeno de la esclavitud, cambiaron este panorama, en forma inusitada.

Una base de datos dirigida por el investigador de la Universidad de Atlanta, Philip Curtin, hacia 1969, aportada por cerca de 12 académicos de distintas naciones, daba cuenta de 35 mil viajes esclavistas; entre los años de 1500 a 1840, casi 12 millones de africanos cautivos arribaron a América y cerca de 3 y medio millones provenían de Europa, lo que lleva a Mann a decir que “(…) América fue una extensión de África más que de Europa” (p. 337), lo que produjo una mezcla ecológica y cultural, entre lo antiguo y lo nuevo, con múltiples aristas y efectos colaterales.

Particularmente, la diáspora africana hacia América recuerda que hace 70 mil años, los primeros hombres del Continente Negro comenzaron ese peregrinar en búsqueda de nuevos territorios, hasta culminar en este “diluvio migratorio” que provocó la esclavitud, debido a un aspecto obvio: La necesidad de contar con mano de  obra cautiva para garantizar la supervivencia y el mantenimiento de las plantaciones agrícolas.

De manera similar a como las legiones de los Cruzados buscaban especias y azúcar en el Oriente, la expansión portuguesa hacia regiones como Guinea y Madeira pretendía garantizar la permanencia de sus plantaciones a través del dominio colonial. Y el Imperio Hispano, a pesar de sus vaivenes y de la resistencia ofrecida por sus enemigos y detractores como Bartolomé de Las Casas, comenzó a practicar también la esclavitud para asegurar el buen éxito de sus plantaciones, como las establecidas en  México por el conquistador Hernán Cortés, a quien se le atribuye la posesión de 24 mil indios por año y, bajo contrato con mercaderes genoveses, la compra y el manejo de cerca de 500 africanos, que inicialmente se asentaron en Veracruz en los ingenios azucareros, lo que desarrolló enormemente este poblado portuario.

Posteriormente, tanto Brasil como Guatemala y Panamá, San Miguel de Guadalupe, en los Estados Unidos, Argentina y Colombia (Cartagena como epicentro de compra y distribución de esclavos africanos), presenciaron la llegada de la fuerza de trabajo cautiva para mantener las plantaciones y las haciendas ganaderas.

Todo este fenómeno de la diáspora esclavista, que no pudo ser frenada a pesar de la instauración de la encomienda indígena hispana, provocó de contera la hibridación y la mezcla de culturas y de creencias de distinta procedencia.

El periodista Mann va a afirmar, apoyado en los árboles genealógicos lo siguiente:

Estaba naciendo una sociedad hibrida, primero en el Caribe y después en el resto de América. La mezcla empezó en la cima: Cortés es el ejemplo. Igual que muchos miembros de la primera generación de conquistadores, Cortés era originario de Extremadura, una región montañosa y pobre controlada por familias poderosas que llevaban generaciones casándose entre ellas. Era primo lejano de Francisco Pizarro, el conquistador del imperio incaico: un tío abuelo de Pizarro estaba casado con una tía de Cortés. Cuando las familias interrelacionadas de los conquistadores se casaron con miembros de las familias igualmente interrelacionadas de la nobleza de las sociedades indígenas, produjeron árboles genealógicos multirramificados y barrocos que llevan a los genealogistas a mantenerse despiertos toda la noche; las relaciones de Cortés con los mexicas (la población de Tenochtitlán) son un ejemplo prototípico. Y Cortés no fue más que el principio (p. 364 pdf)

Con el avance de los tiempos, europeos y americanos se unirán entre sí y establecerán nexos y parentescos con los africanos y asiáticos asentados en nuestras tierras, y surgirá el llamado “Mestizaje”, con toda la carga de discusiones acerca de la noción de raza y de pureza racial, de la genética y la demografía…

Y con esos diluvios migratorios y estos cruces raciales, llegarán paralelamente algunos cultivos como el trigo y las enfermedades que América no conocía: La viruela, al parecer, traída por un esclavo africano llamado Francisco de Eguía o Baguía, la malaria, la fiebre amarilla…

Al final, como sentencia Mann, América será un crisol de culturas y de intercambios e ingresará en el mercado mundial hacia el año de 1493: “La modernidad está hecha de muchos pedazos, como manchas de luz y de oscuridad que se mueven sobre el globo…”. 

 1. La versión al castellano en pdf de la primera edición del texto de Mann se titula 1493. Una nueva historia del mundo después de Colón, Katz editores/Capital Intelectual, Buenos Aires, 2013. La primera edición en inglés por Vintage Books, de Nueva York, data de julio de 2012

 

*Jorge Hernán Flórez Hurtado (Aguadas, Caldas, 1958) ha sido periodista y escritor independiente. Con estudios en Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas, se ha caracterizado  por analizar algunos fenómenos culturales y políticos, y ha incursionado en algunos géneros periodísticos y literarios. Tiene en su gaveta, inéditos, algunos libros de poesía, ensayo, novela, ante todo.