El lector de estos apuntes sabrá exculpar los yerros o las ausencias de “verdad” que en ellos encuentre. En  realidad, aspiran al sentido más que al significado y por tanto solo puedo responder por cómo fueron hechos, esto es, con honestidad, asido a la incertidumbre que suelen depararnos algunos instantes. Con ellos no he aspirado a transmitir versiones “verdaderas” de lo que observo, bien me sé lejos de tamaña empresa, así que les pido se acerquen a ellos con menos “sentido crítico” y más con lo que pudiera llamar lucidez simpatética. Lea la segunda parte aquí.

 

Por / Cristian Cárdenas Berrío

“Se aprende padeciendo”

 Esquilo.

La belleza es un don intransferible, de allí la imposibilidad de convivir con ella y la desgracia de su posesión.

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Para muchos la crítica no es un oficio sino un tic nervioso.

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En muchas ocasiones tener hijos consiste en darle rehenes a la vida.

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¿Para qué estar si no se puede ser?

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Poseer el presente no significa conocer los arcanos del futuro.

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Las pandemias colectivizan la vulnerabilidad.

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Muchas de nuestras angustias se originan en el incómodo escándalo que nos produce la finitud.

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Uno de nuestros grandes problemas es que no logramos distinguir con claridad cuándo es necesario pensar y cuándo es urgente comprender.

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La rebeldía nunca necesita una causa, la revolución si.

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La tarea fundamental de todo ser humano es fecundar el tiempo.

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En ocasiones el entusiasmo es tan generoso que corre el riesgo de convertirse en catequesis.

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La vida nos vive; nunca al contrario.

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Solo los incautos piensan que la esperanza es siempre un deber moral.

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Existen momentos en los que uno debe esconderse detrás de un largo beso para poder llorar.

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Algunas lecturas son solo de ida.

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Esta extraña sensación de saberse en lo profundo un excritor.

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Es importante nunca confundir la serenidad con la indiferencia.

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Leer los propios subrayados suele ser un delito de lesa literatura.