A UN MES DEL TRINO QUE INICIÓ ESTA GUERRA

El foco que propongo es el siguiente: realizar un análisis del trino de Álvaro Uribe Vélez, a través de las estrategias utilizadas para extirpar la Revolución Molecular Disipada.

 

Escribe / Joe Stevens Rodríguez Restrepo – Ilustra / Stella Maris

Hoy usted ha venido a salvar vidas en este país, doctor López. Hoy usted y su familia vinieron a ayudarle a mis compatriotas colombianos. A ponernos de pie y mirar con ojo avizor, lo que pasa a nuestros 360°. Hoy usted está ayudando a salvar esta patria (…) y eso nos llena de emoción y orgullo.

(Bienvenida ofrecida por rector de la Universidad Militar Nueva Granada a Alexis López. El Rector es Magíster en Derechos humanos y Phd en Derecho Internacional)

La revolución molecular consiste en producir las condiciones no sólo de una vida colectiva, sino también de la encarnación de la vida para sí mismo, tanto en el campo material, como en el campo subjetivo.

Félix Guattari

 

Hace días un amigo decía indignado en una reunión: “Lo que me emputa es tener que hablar de lo que dice ese perro, que nos ponga a hablar de lo que él quiere que hablemos”. Y es que el poder tiene esa extraña facultad, no tanto de reprimir, como de producir. Produce palabras, sentido, razones, discursos y acciones. Influye y construye lo real. Lo importante es analizar ese proceso, jugar con él de otra manera, encontrar las contradicciones, las fracturas. Distanciarse para analizar, valorar, sopesar e introducir otra intensidad que potencie un desvío, que evidencie el gesto o la caída. Así nace este texto que intenta abrir el trino “cifrado”, escrito por Álvaro Uribe Vélez el 3 de mayo de 2021.

El foco que propongo es el siguiente: realizar un análisis del trino, a través de las estrategias utilizadas para extirpar la Revolución Molecular Disipada (RMD). A mi juicio, no importa si el concepto de RM de Felix Guattari fue mal interpretado y violado por el neonazi chileno Alexis López. Violaciones conceptuales se han dado desde el nacimiento de la filosofía; es uno de sus modos operandi. Lo que importa es que la RMD es el enemigo que Uribe debe resistir, a través de cuatro órdenes, de las que se desprenden una serie de tácticas que han intervenido violentamente en lo real. El concepto ya no es espurio, es real. Se ha hecho acción.

El trino. Las órdenes. El enemigo

Luego de cinco días de manifestaciones, Álvaro Uribe lanza el trino e inicia  la arremetida violenta de la fuerza pública. Una serie de órdenes, con una carga  imperativa, para ser ejecutadas. Fortalecer las fuerzas armadas, ya desgastadas en su actuar legítimo; reconocer el enemigo que se avecina, como un terrorismo más grande de lo imaginado; acelerar la estrategia social: las reformas que impactarían la sociedad, o la misma represión social; y resistir a ese enemigo no imaginado en su amplitud, “La revolución molecular disipada”. Fortalecer, reconocer, acelerar y resistir, es la serie que describe la envergadura de lo que, el estratega, quería alcanzar. Dos órdenes de la estrategia exigen una gran cantidad de fuerza: fortalecer y resistir. La segunda orden es un llamado de atención para reconocer tácticamente al enemigo. Y la tercera es también una exigencia para precipitar las acciones sobre lo que llama social. Mientras unas fuerzas tratan de robustecerse y resistir, otras deben hacer tácticas de inspección, análisis y aceleración. Toda una estrategia de guerra. Analicemos un poco más a fondo cada una de las órdenes.

La primera va dirigida al fortalecimiento de las fuerzas armadas, ya debilitadas, porque han sido igualadas al “terrorismo”. Una narrativa que ha anulado su accionar legítimo, y que ha sido producto de los diálogos de paz de La Habana, que dieron como resultado la JEP. Entre los diálogos de La Habana y la JEP se ha creado, al decir de Uribe, esta narrativa nefasta. Se revela entonces el miedo de un viejo enemigo, que ha procurado cercar desde el inicio. Y es apenas obvio, ya que la JEP ha puesto en tela de juicio las acciones ejecutadas por él mismo en sus gobiernos, a tal punto de deslegitimar, específicamente, las FFAA. Ejemplo: ¿Qué legitimidad pueden tener quienes asesinan 6402 jóvenes pobres, disfrazándolos de guerrilleros, nombrándolos como “falsos positivos”, cuando el término adecuado es “crímenes de estado”? Uribe siempre ha tenido plena conciencia de este enfrentamiento: que el fortalecimiento de las FFAA pasa por borrar la estigmatización de la narrativa que las deslegitima, es decir, que la gente crea más en la contradicción ramplona y grosera del término “falsos positivos”, que en el término que los describe como lo que son. Porque la legitimación pasa por la aceptación, la credibilidad de las acciones o los discursos. Y esta no se soluciona en discusiones teóricas alrededor de la lingüística, ni en discusiones académicas, sino a través de una estrategia de manipulación difundida por los medios de comunicación que consume la gran masa. Creado el eufemismo “falsos positivos”, nombrado por las autoridades estatales, transmitido en múltiples noticias, se procura fortalecer el uso común, el hábito de la palabra, para alejarlo hasta donde sea posible, de su significado adecuado. El lugar de la batalla es entonces la conciencia arrebañada –o no– de la población.

La segunda orden es: “Reconocer: terrorismo más grande de lo imaginado”. Es una orden que opera también como llamado de atención a la táctica. Él reconoce, cinco días después de la primera manifestación, la envergadura que puede tener el “enemigo”. Pero llama a quienes deben ejecutar las órdenes, a tomar conciencia, a deshacerse del perfil bajo que habían asignado a las protestas. El padre tiene que sacudirles el catre, para que despierten y amplíen el espectro de la mirada.

La tercera orden –que está nominada como cuarta– se encuentra en un halo cifrado: “acelerar lo social”. Quienes deben reconocer el gran terrorismo que tienen en sus narices, esos que deben despertar y tomar conciencia, también deben “acelerar lo social”. Pero, ¿qué es lo social que se debe acelerar? ¿Qué es lo social que antes no se había acelerado y ahora se debe acelerar a fondo? Hoy, ya dos semanas después del trino, podemos indicar que lo social tiene dos posibilidades que no se excluyen: primero, puede que lo social que se debía acelerar indicaba todas las reformas que se pensaban implementar (tributaria, a la salud, al sistema pensional y laboral), las cuales inciden en la totalidad del modo de vida de la población. Segundo, también podría interpretarse como las estrategias que pretenden extirpar los movimientos azarosos del paro, desde distintos flancos. Este punto nos enlaza con la última orden, y puede ser explicado mejor a través de ella.

Nominada como quinta, por una extraña equivocación de Uribe, esta orden expone el término que ha hecho rodar tanta tinta. “Resistir revolución molecular disipada. Impide normalidad, escala y copa”. De nuevo, quienes deben fortalecer las FFAA, reconocer el terrorismo más grande y acelerar lo social, también deben resistir la RMD, porque escala y copa. Alexis López nos ayuda a aclarar las nociones. Escala: los niveles de violencia se incrementan. Copa: ataques múltiples, simultáneos y coordinados a todo nivel, los cuales desbordan la capacidad del Estado. En este punto, Uribe no pone el último nivel que puede alcanzar la RMD: la saturación. En ella se suspende el Estado de derecho, debido al desborde del conflicto. ¿Por qué Uribe no lo hace? ¿Acaso es un evento que no puede acaecer? ¿un imposible? Todos estos son interrogantes que debemos dejar abiertos. Ahora, más allá de la definición de las características de la RMD ofrecidas por López, también podemos decir que ésta, fácilmente, gana adeptos y copa poco a poco los estratos sociales y las edades. La indignación se hace cada vez más plural, como hoy lo podemos observar. Parafraseemos un poco el concepto de F. Guattari, para ampliar el tamaño del terrorismo según Uribe.

Las revoluciones moleculares –dejemos a un lado el término disipación– es el concepto que le asigna Guattari a los movimientos de resistencia que se presentaron a partir de mayo del 68. Teóricamente, es la ampliación temática de los movimientos de resistencia descritos por Foucault en los últimos años de la década del 70. A grandes rasgos, estos movimientos no se expresan a través de una estructura jerárquica. Son anárquicos, pero funcionales: con mandos y estrategias irregulares, difícilmente identificables. Las tácticas surgen en un momento corto y dinámico. Su influencia no pertenece a un discurso manido o hegemónico, sino al calor de los afectos compartidos y contradictorios. Son movimientos difusos, pero de gran alcance, porque pueden reunir instituciones distintas y distintas clases sociales. Sin embargo, el concepto de Guattari se enfoca en los procesos de singularización de la propia subjetividad. Es decir, que la revolución molecular puede ser un proceso individual o colectivo, donde se crean las condiciones para llevar una vida distinta, una vida otra, fuera de toda producción del deseo capitalista. Es quitarle a la vida un modelo producido que se debe seguir, para devolverle la posibilidad de crear, de moverse.

 

Estrategias

Este es el panorama de las órdenes y el enemigo que lleva enfrentando Uribe por más de un mes. Y ya sabemos que la noción la introdujo el neonazi chileno que impartió doctrina a las FFAA en Colombia, en febrero de este año. Y que Álvaro Uribe pudo ver en ella –como todos los asistentes a la conferencia– la explicación de las marchas efectuadas a nivel mundial en noviembre de 2019. De allí que la noción del chileno lleve el mismo nombre, pero con una palabra distintiva que merece la explicación: “disipada”. Las revoluciones moleculares descritas por Guattari obviamente son disipadas, escurridizas, dispersas, rizomáticas. Sin embargo, el término acuñado por este neonazi, no solo hace el honor de nombrar las RM a través de una de sus cualidades. En él, la disipación se convierte en la cualidad-objetivo que las estrategias utilizadas por el gobierno deben atacar. Lo huidizo y disipado debe enfrentarse de esta misma manera, huidiza y disipadamente. O de forma tan rotunda, que lo disipado pase a otro estado, el caos y la desaparición.

Las órdenes estratégicas a ejecutar no solo debían fortalecer las FFAA, reconocer el tipo de terrorismo al cual se enfrentaba y acelerar su accionar, sino resistir de una manera acorde al movimiento difuso que ofrece este tipo de revolución. Debían enfrentar la disipación. Ampliemos este punto analizando  algunas ideas. La conferencia que este personaje dictó el 21 de febrero en la Universidad Militar Nueva Granada, lleva como título “La Revolución Molecular Disipada y cómo enfrentarla”. Es decir, que la charla tenía doble objetivo: mostrar en qué consiste, cómo se configuró y cómo funciona la RMD, y también, de qué modo, bajo qué tácticas, puede enfrentarse. Sobre este último objetivo solo dio pocos, pero esclarecedores, puntos de referencia.

a) La RMD, al no tener un esquema jerárquico de mando, su organización es horizontal, de repliegue. Esto exige un cambio en el esquema de pensamiento: ya que no se puede enfrentar esta estrategia horizontal, cuando se ha formado y entrenado a la fuerza pública para combatir una estrategia vertical. Se debe formar desde cero al agente del orden (policía, soldado o judicial), o deformarlo, resetearlo en todo lo que había aprendido. En la práctica esto exige que el agente no se pueda sacar simple y llanamente de la tropa, vestirlo de civil e infiltrarlo en las manifestaciones. Hay que enseñarle a andar sin uniforme, a hablar sin la jerga de la milicia en público, a no reconocer rangos, no cortarse el cabello, ni mantener impoluto como en el régimen. Más que mimetizarlo, hay que naturalizarlo en la estrategia horizontal.

b) Sobre las acciones revolucionarias que irrumpen la normalidad social, se debe evitar el esquema de la “reacción” y promover el “dar respuesta”. Es común que las fuerzas que deben mantener el orden, ante un hostigamiento, actúen bajo la forma de la reacción. Reaccionan ante una acción. Esto es nefasto, según López, porque la reacción comienza a ser medida por la acción. La reacción y la forma en que se ejecute, es lo que espera quien hostiga, en una especie de anticipación. Anticiparse en la estrategia es llevar la iniciativa. Los agentes del orden siguen los hostigamientos, como quien intenta tapar las goteras de una casa vieja en pleno vendaval. Ahora, lo que se debe hacer es “generar respuesta” invirtiendo, en la relación, quién lleva la iniciativa. Se genera respuesta cuando se obliga a hacer a quien hostiga o ataca, una acción que no tenía prevista, conduciéndolo hacia un estado inesperado, su propio descontrol. Se trata de quién tiene la iniciativa, quién dirige y espera la reacción del otro; quién mantiene el control, quién gobierna la acción del otro, para ganar más que un territorio físico, un estado mental y emocional.

c) La lucha con la RMD es por un territorio físico y mental. Apoyado en el juego asiático “Go”, López considera que el centro es lo que menos se debe proteger en la lucha con la RMD, ya que la avanzada insurgente intenta ganar la periferia para bloquear, en última instancia, el centro. Hay que entender la periferia como la comuna, el barrio, la favela.  Pero también, como los márgenes de la normalidad social. Aquellos que se han considerado históricamente como anormales: los jóvenes, las disidencias sexuales, los pobres, los indigentes, etc. Todos ellos se mueven en los márgenes de la normalidad, irrumpiendo en ella, eventualizándola. No hay que olvidar que el movimiento de insurrección actual tiene, como una gran variable, la fractura de los cinturones de pobreza que podía soportar el Estado.

d) El carácter disipado puede ser evidenciado. Para López, el evento insurrecto, el asedio, el hostigamiento, no es una singularidad inexplicable, producto del azar. Para él, todo alrededor de esta estrategia es susceptible de explicación. Así, intenta medir y calcular todos los eventos de enfrentamiento e insurrección de la siguiente manera: deben ser jerarquizados como de baja, media y alta intensidad, para saber en qué fase está: escalamiento, copamiento o saturación. Esto permitiría encontrar regularidades posibles y, de algún modo, procesos sistémicos de operación. Es otra jugada que intenta revertir la estrategia. Si la RMD es una estrategia horizontal que se disemina, hay que hacerla aparecer con algún orden. Se trata de aprehender un marco difuso de pensamiento horizontal, con un marco de pensamiento vertical.

De las órdenes del trino y estos principios estratégicos se desprenden las tácticas que comenzaron a esgrimirse después del trino de Uribe:

a) Efectivamente se infiltraron las marchas, para identificar las cabezas visibles del pulpo. “Toda cabeza que se levante, debe ser agachada”, parece ser el imperativo. Gracias a ella se han efectuado muertes, detenciones y desapariciones calculadas. Sin embargo, muchos “agentes del orden” han sido capturados por los marchantes y desenmascarados en acciones de lesa humanidad. Parece que estos sujetos no han sido formados, ni deformados, para comprender y atacar la estrategia horizontal de la RMD.

b) Desde la misma infiltración, las marchas pacíficas fueron hostigadas e incitadas al desorden y el enfrentamiento, no solo para justificar el accionar rotundo y exagerado de la fuerza pública; sino para llevar al extremo la disipación, convirtiéndola en una dispersión caótica que, en el límite pueda desaparecer. En este caso, también se cuenta con material visual y probatorio, que desdice de la efectividad de la táctica.

c) La individualización de los sujetos se ha llevado a cabo, incluso, en las periferias de la ciudad, en los barrios donde viven. A muchos se los ha sacado de sus casas, para ser detenidos o desaparecidos. Varios videos en la red testimonian esta práctica.

d) Las armas utilizadas en el enfrentamiento fueron acordes al tamaño del enemigo que predijo el expresidente, rompiendo con todos los protocolos avalados por DDHH.

e) Puede que la aceleración de la represión social incluyera la ya manifiesta, y a todos los ojos expuesta, estrategia paramilitar de “ciudadanos o gente de bien”. Una forma de enfrentar, supuestamente, al pueblo con el pueblo, para quitarle legitimidad al movimiento de insurrección. Pero también podemos preguntarnos si la “gente de bien” no es la misma que “comunidad” de la que Uribe es portavoz en su Twitter. No se trataría de hacer públicas las necesidades del pueblo colombiano, sino de su propia comunidad, integrada por gente de bien.

f) Como el enemigo persiste en la disipación y la irrupción azarosa de la normalidad, se ha tratado de darle una cabeza fija, como la gran mente que mueve los hilos de la beligerancia. Vieja estrategia de manipulación para generar seguridad: crear un enemigo, un hombre de paja, contra el cual justificar la acción. Primero ofrecieron la muerte de Jesús Santrich, pero las movilizaciones siguieron. Una semana después, en uno de los medios de propaganda para la manipulación, aparece el candidato presidencial Gustavo Petro como el gran Maquiavelo, el culpable de la revuelta. Y, aun así, las manifestaciones han seguido.

g) Todas estas estrategias, y otras que se escapan por desconocimiento, orquestadas por el gran teatro de los medios de comunicación. Ellos se encargan de limpiar las escenas de los crímenes de Estado, de buscar chivos expiatorios judicializables, pero que no se exponen ni en plaza pública, ni a la opinión crítica.

 

Resultados. Caídas las estrategias, caídas las órdenes

No hay duda que Uribe atina al avistar al enemigo, ubicarlo mediante un nombre y generar el dispositivo estratégico que considera necesario para diagramarlo y contenerlo. ¡Al César lo que es del tirano! Sin embargo, parece que el dispositivo ha fallado en cada uno de sus pasos: ¿Qué tan disipada ha sido la estrategia que pretende reducir la revolución molecular, cuando sucumbe al “ojo de Argos” de las cámaras de los smartphone? Mientras un policía dispara una bala, hay dos o tres lentes, desde distintos flancos, capturando su accionar vandálico. Esta estrategia permite que la RM sea tan difícil de extirpar, pues lo que debía tratarse en sordina, transita en redes, indiscriminadamente. Prueba de ellos es que CNN en español, DW, The New York Times y otros medios extranjeros de gran calibre, hablen de lo que sucede en Colombia, no a través de las noticias manipuladas por los otrora grandes medios locales, sino a través de los videos que circulan en la red. De allí también se nutren las manifestaciones internacionales de los colombianos expatriados, que han ayudado al copamiento de la RM. Incluso, las pretendidas cortinas de humo a partir del fútbol y la Copa América no han funcionado. Los enfrentamientos han afectado, con los gases lacrimógenos y las explosiones, a los jugadores en el propio campo de juego; han copado las lentes de las cámaras de ESPN y Fox Sport para todo América Latina, los comentaristas no pueden ocultar lo sucedido, y en las ruedas de prensa se ven forzados a hablar más del evento bélico que del resultado del juego. La disipación está del lado de la revolución molecular, no de la estrategia que pretende resistirla y controlarla. Contrariamente, esta se exhibe en toda su magnitud violenta y mortífera.

Y es que parece que la responsabilidad endilgada en las órdenes era demasiado grande y pesada. Fortalecer las FFAA, reconocer al enemigo, acelerar las estrategias y resistir, fueron las órdenes que se estancaron y ya no dieron frutos. Si lo que se pretende ganar es el territorio, no tanto físico como mental, de entrada, Uribe y las FFAA comenzaron perdiendo, porque su legitimidad, que no es otra cosa que la creencia depositada por el pueblo, estaba fracturada. Y aún no han dejado de ser vistos y tratados como terroristas. Difícilmente se puede fortalecer esta imagen.

La sobre-exposición de la violencia del Estado, que lejos está ya de la disipación, habla del poco reconocimiento que se ha tenido de este azaroso movimiento de resistencia. Los eventos se debían registrar y clasificar, para medir su nivel de violencia y detenerlos en su escalamiento y copamiento.  Es obvio que el fenómeno ya ha escalado y ha copado la normalidad de la vida del país, llamando la atención del público mundial. A la CIDH, que solicitó permiso para ingresar al país, en su labor de veeduría, se le impidió el acceso por más de quince días. Y a uno de ellos, debido a su importancia diplomática quizá, se le impidió el ingreso al territorio nacional y fue agredido físicamente.

La aceleración exigida sobre lo social también se ha perdido. Primero, de las cuatro reformas políticas se han caído dos. Junto a ellas, el gobierno hizo rodar la cabeza del ministro de Hacienda, para calmar los ánimos agitados. Segundo, las estrategias de represión social los ha hecho exhibir lo que tanto habían negado: que es una institución que no respeta los protocolos mínimos de los DDHH, que los personajes nombrados como “ciudadanos de bien” no son más que el paraestado, o los asesinos a sueldo del gobierno; y que, además, gran parte de la policía hace parte de ellos.

En consecuencia, no se ha podido resistir el movimiento inaprensible de esta RM, porque cada día irrumpe la normalidad, eventualiza el correr de la cotidianidad que debía transitar el rebaño. Ha escalado y ha copado ya la atención internacional, con los medios de comunicación, y la justicia, con la Corte Penal Internacional, y su símbolo, Baltazar Garzón. El evento ha sido de tal potencia, que ha evidenciado la inversión de los valores de la realidad: el escudo de Colombia está a la inversa, la fuerza pública es privada y terrorista, la “gente de bien” está armada, dispara y asesina, etc.

Por último, quisiera ir un poco más allá e interrogar al sujeto de las órdenes. ¿Será que el Houdini de Rionegro, que ha escapado más de 200 veces de la justicia, se ha equivocado de tamaña manera? ¿Su narrativa de mando categórico escondía más el miedo que la seguridad? Quizá un error nos permita ver el gesto. Uribe se equivoca en la numeración de las órdenes cifradas. Numera cinco puntos, cuando en verdad son cuatro. No importa que exista un tercero. Este habita la dimensión desconocida, y aún no incide en lo real. Importa el vacío, el error, el equívoco de una mente harto controladora. Es decir, si el trino en el que se equivoca es de un valor tan alto, que ha afectado toda nuestra realidad, y la de los próximos años, el error no puede pasar por pueril o anecdótico. Cuando el tirano se equivoca al escribir órdenes de tanto peso, detrás de él se puede encontrar un afecto que no soporta y lo fisura. La fisura puede hacerse ola, bola de nieve, deslizamiento. Se presiona tanto lo que se controla que, necesariamente, se descontrola, se fractura, no resiste. No sé si asistimos hoy a una revolución molecular que va a dejar un proceso iconoclasta, con la caída del ídolo. No se puede medir la potencia de los afectos en la gente, su escala de indignación, rabia, angustia, desilusión, alegría… Ni hasta dónde esas intensidades los pueda conducir.

¡Y todo este ejercicio es solo un escenario posible!

*Docente de secundaria. Mg. en filosofía Moral y Política. Miembro del Colectivo de Profesores de Filosofía.