ANACRÓNICAS / MUNDO NATURAL

Este escrito me lo envió mi amigo El Chamán de Oficina, quien dice que lo manda desde cualquier lugar de las montañas del «Territorio TiNbaya». Lo comparto con ustedes, aclarando que su contenido es de exclusiva responsabilidad del autor.

 

Escribe / Martín Rodas*– Ilustra / Stella Maris

Varios jóvenes caminan por los alrededores de la Plaza de Caicedo, en Cali; sus huellas imprimen en el pavimento ansiedad, temor y hambre… sí, hambre, pues lo que están realizando se emparenta con las rutinas ancestrales de cazadores en busca de comida. Se comunican por señas y hablan en voz baja mientras sus miradas se ocultan en párpados entreabiertos y ojos que agudizan la vista ubicando las presas… unas palomas que se agolpan en torno a la estatua en el centro de la plaza. Estos seres humanos ‹modernos› están cazando.

La noticia en los periódicos salió hace poco comentando sobre la captura por parte de la policía de un grupo de muchachos que estaba cazando palomas en la Plaza de Caicedo de la ciudad de Cali, porque en sus hogares no había qué comer. Lo primero que sentí cuando la leí fue angustia, pues pensé en la situación extrema que estaban viviendo estas personas y sus familias; todo aunado al contexto de la pandemia. Era un regreso a los tiempos de las culturas de recolectores y cazadores, pero en el siglo XXI, y en la ciudad, una ciudad moderna.

El hambre y las pestes nos están llevando a adquirir comportamientos del medioevo y de la época de las cavernas, y no solo a las personas, también a los animales… como lo reflejan otros titulares de estos últimos días: ‹Niña devorada por jaguar en Norte de Santander›, ‹Pandilla de perros está matando felinos en Anserma›, ‹Queja en zona rural de Pácora por muerte masiva de gatos›, etc… y este tipo de situaciones se está dando a nivel planetario.

Apuntes de arte rupestre (dibujo de TiN).

¿Es un regreso al mundo natural?, creo que sí. Frente al colapso económico, social y cultural global de un sistema basado en la dominación-depredación de la naturaleza, la ambición y el consumismo; esta (la naturaleza) regresa con todo su poder reclamando el lugar que le corresponde como verdadera creadora, y no a ese Dios que la abandonó y se creyó más grande y omnisciente estableciendo reglas de dominación basadas en racionalismos políticos, sociales, económicos y culturales.

El mundo natural nos invita a que volvamos al regazo de la Pacha Mama, al diálogo en la conciencia universal de todas las cosas, incluidos nosotros. Las piedras, los montes, el agua, la luz, el universo… nos reclaman, en un peregrinar de hijos pródigos… Estos son los tiempos de nuevas realidades, porque, ¡sí!… se le ha quebrado la espina dorsal al mundo lineal, homogéneo, uniforme y surgen otras dimensiones, diversas, abiertas… Esta es la lucha en la que estamos, en medio de predicciones aterradoras que anuncian las guerras por el agua (en menos de veinte años las dos terceras partes de la humanidad no tendrán agua), de cambios climáticos que no es necesario anticipar, porque estamos en medio de ellos…

Ya no me interesa pensar si son conspiraciones o no… es que esas cosas están sucediendo… yo las vivo y las siento, en mí, en mi familia, en las personas que hacen parte de mi círculo social. Solo queda recurrir al susurro del viento, al murmullo del bosque, al fluir del agua, para buscar ese equilibrio que perdimos cuando abandonamos a la Madre Naturaleza en su sabiduría protectora… ¡Ahí está la montaña!… el axis que nos volverá a comunicar con lo sagrado del cielo y la tierra, con los espíritus y con nuestra alma.

Desde cualquier lugar de las montañas del Territorio TiNbaya, febrero 28 de 2021»

*  Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».