“En un período bajo de la conciencia, a los hombres los cohesiona y sostiene el concepto de patria; pero todo es andaderas y el fin reside en la unión con la fuerza infinita”. F.G.

 

Por / Manuela Quintero Pérez y Anderson Gaviria Montoya
Para la gran mayoría en Colombia no ha cesado la horrible noche. Tras cumplirse 210 años de la independencia de España, el imaginario nacional continúa cargado de un considerable relato de desunión alrededor de la idea de Nación, la protección del Estado y lo que significa ser colombiano. La patria es una invención, un imaginario entre muchos otros que tenemos y nace de la necesidad imperiosa de sentirnos pertenecientes a un grupo y prevalecer sobre los otros; incluso, como ha mostrado la historia, así cueste sacrificar la vida.

El patriotismo, o sea, amor a la patria, parece un término ilegítimo en nuestro imaginario nacional. En comparación con países latinoamericanos, como Perú, el 98% de los peruanos se sienten orgullosos de serlo. En nuestro país, el sentimiento patriótico no alcanza siquiera a ser una idea generalizada dentro de la población civil. Queda más bien relegada a ámbitos específicos como el de las fuerzas armadas o los grupos deportivos, por mencionar algunos.

Pero, ¿ha persistido este sentimiento a lo largo de nuestra historia como país? La literatura colombiana nos da señales de esto y algunos autores mucho más que otros, por lo que intentaremos abordarlo desde la postura de la obra de un acérrimo crítico de los valores identitarios nacionales: Fernando González, el reconocido “brujo de Otraparte”, en Envigado.

 

50 años después de su muerte

Fernando González fue un apasionado por las letras y la filosofía, pero sobre todo apasionado por escribir sobre su terruño: Colombia. Libros cómo Viaje a pie (1929), donde el autor registra una caminata por Antioquia, con el ideal de alejarse del mundo mental jesuítico y del clima anímico de Medellín; Mi Simón Bolívar (1930) es un libro donde el autor representa a este personaje histórico desde su perspectiva, donde se expresa a través de sus sentires y su experiencia; Los negroides (1936), dedicado a hablar de los problemas de Suramérica. Entre otros libros que causaron escollo y dieron de qué hablar de temas proscritos para la cultura conservadora de su tiempo. Fue tanto el impacto de sus obras que fueron perseguidas y rechazadas por los gobiernos de turno y la Iglesia Católica.

Pero ahora, a más de 50 años de su muerte, su pensamiento plasmado en papel sigue estando vigente en esos relatos y encuentran vigencia como si fuesen escritos para nuestra realidad contemporánea.

Por ejemplo, el abogado y filósofo hablaba de nuestra identidad colombiana como algo que no existía. Uno de sus textos más controversiales -y en el cual profundizó en el tema- fue Los negroides. Allí plasmó lo que para él era el más grande problema de Suramérica: la vanidad y su falta de identidad como raza.

«Hemos agarrado ya a Suramérica: vanidad. Copiadas constituciones, leyes y costumbres; pedagogía, métodos y programas, copiados; copiadas todas las formas. Tienen vergüenza del carriel envigadeño y de la ruana. ¿Qué hay original?», expresó en Los negroides.

En sus planteamientos estaban inmersas las ideas de la falta de orgullo por nuestro proceder como nación. Sustentaba que el colombiano ocultaba como un pecado su mezcla de sangres procedente de indios y negros; lo retraba como un vacío en nuestras personalidades. De allí que todo lo del colombiano quería ser copiado de lo europeo, una adaptación mala de las ideas que surgieron en otras latitudes y a las que les rendimos exagerado culto. Algo que curiosamente ocurría antes y ocurre hoy día.

La obra de Los negroides, según Gustavo Restrepo, director de la Casa Museo Otraparte, “podría ser plasmada en un lienzo y luciría como una obra realista, rodeada de un bellísimo paisaje con personajes grotescos, pero de paso insinuaría la posibilidad de «un teatro nuevo para una expresión humana nueva»”. El libro muestra de frente los sentires del maestro conforme a la identidad nacional y la inconformidad frente al principal desencadenante de nuestra falta amor a la patria, la carencia de individualidad.

Individualidad y cultura

La singularidad de cada individuo vista desde el filósofo podría ser realmente «única». En palabras de Restrepo, se da si cada individuo “se atreviera a descubrirlo, a escarbar en sí mismo, (eso es individualidad) desde sus «coordenadas» (expresión suya) geográficas e históricas: su Envigado, su Antioquia, su Colombia, su Latinoamérica de su tiempo en sus siglos XIX y XX, pero puesta su mirada más allá del tiempo y del espacio. Parte de sí mismo, de su «personita», pero con proyección cósmica (Mi Simón Bolívar)”, continúa.

El directivo hace referencia a esto para explicar que Fernando González no estaba pensando en la cultura colombiana, “sino en el ser humano que habita el territorio que llamamos Colombia, que no es lo mismo”: «De esto resulta claro lo que he dicho a la juventud, en forma simbólica: la cultura consiste en desnudarse, en abandonar lo simulado, lo ajeno, lo que nos viene de fuera, y en auto-expresarse. Todo ser humano es un individuo, generalmente cubierto y vive de opiniones ajenas»”, cita a González.

Sin embargo, esto en la actualidad resulta difícil de pensar, pues la individualidad, asociada a ideales capitalistas, excluye el interés colectivo. Para González esta singularidad implicaba descubrirse y ponerse como individuo al servicio del interés de la cultura latinoamericana. A su vez, mantenerse exigente en la lucha contra los factores externos desde los que ha copiado las normas y costumbres que no correspondían a su naturaleza ancestral regional. Es por esto que el patriotismo carece de lugar en nuestras sociedades, pues no somos esencia propia sino apariencia vacía, con vergüenza de serlo, en términos de José Martí, en “Nuestra América”, del delantal indio que le correspondió en suerte.

«Individualidad es la obra posible que está en cada hombre en forma de instintos, facilidades, habilidades, tendencias; todo ello proveniente de la raza, el medio, la sociedad. Individualidad es lo que está encerrado en nosotros y que puede manifestarse o no, así como en la envoltura del capullo está la semilla, el árbol y los frutos. Personalidad es lo que aparece, la individualidad en cuanto aparecida. Es la manifestación», expresa el brujo en Los negroides

Estas cualidades de la personalidad son sin duda el motivo por el cual, el literato exaltaba la obra de Simón Bolívar. Las elites conservadoras a lo largo de nuestra historia han puesto al libertador como de orientación conservadora y derechista. A lo que el mismo Fernando González le salió al paso y atacó la idea, pues para él era “acicate, ascenso, profeta, enviado por alguien”. Su admiración por Bolívar fue permanente hasta el día de su muerte, sin desconocer que también entendía la naturaleza humana del héroe y del Padre de la Patria.

«Bolívar les gana en conciencia a todos los héroes. Su finalidad era libertad individual, racial, continental, humana: auto-expresión. Genio de la libertad, opuesto al rebaño, su único fin personal era sentirse poderoso, libre, eufórico», escribió el filósofo.

González sostenía esta admiración que no era ciega ni venida de una idea patriótica, como en la actualidad podríamos creer. Era crítico y conocía la naturaleza de cada hombre. Al respecto, escribe de manera introductoria en Mi Simón Bolívar, «Soy amigo de Lucas Ochoa. Algo así como su discípulo, aunque a ratos me burlo de él. Estoy convencido de que es necesaria cierta dosis de ironía para la admiración inteligente. Me explicaré: sólo los inferiores admiran con seriedad (…) una pasión así carece de gracia». Desde esta cita observamos un interés crítico a lo que hoy día llamamos objetividad.

De la misma idea se desprende la sabia admiración, procedente del sentir de la patria, que él la definía así: «La patria es precisa para el hombre fisiológico, contra el robo y el asesinato. Pero el sabio no es poseído por esta pasión: es un mahatma. En un período bajo de la conciencia, a los hombres los cohesiona y sostiene el concepto de patria; pero todo es andaderas y el fin reside en la unión con la fuerza infinita. La energía se expande, mediante el método emocional”.

Nuestra identidad como cultura colombiana se socava por doble vía: por la pasión de la que carecemos y por la identidad que escondemos con vergüenza, cultivando nuestras individualidades en función lo colectivo como Bolívar o González. Idea de amor a la patria, y sobre todo al que la habita, pueden parecer viables para nuestra cultura en Colombia, un cultivo de individualidades en función de nuestros imaginarios comunes.

Luis Javier Villegas Botero, literato y quien ha estudiado a profundidad las obras de Fernando González se refiere a la individualidad como el sustrato sobre el cual trabaja la cultura para producir la personalidad “No se excluyen, pero si no hay cultura, como cultivo disciplinado, solo queda la individualidad vacía, la vanidad”.

Virtuoso, pero sin patriotismo

Y es que es normal escuchar hoy en día a las personas hablar con ganas de salir de Colombia, de sus deseos por pisar otros suelos que ofrezcan una mejor calidad de vida. Incluso, es común encontrar a inconformes con lo que constituye ser colombianos. Les conflictúa alabar, identificarse o tener que exacerbar símbolos patrios que no los representan y que generan comparaciones con otras nacionalidades, poniéndolas en confrontación por cuál es mejor.

Sienten una decepción al ver un territorio lleno de cosas tan buenas, pero con una sociedad tan vacía. Y es así como concuerda un sentimiento mutuo de muchos colombianos que carecen del sentir patriótico, porque a pesar de ser un país virtuoso, está lleno de falencias y es carente de identidad.

La cultura, economía y sus vertientes políticas colombianas son algunas de las razones por las cuales muchas personas quieren salir del país con deseo de parar en el exterior; sentir vergüenza por las raíces, desear todo aquello que se encuentra del “otro lado del charco”, la piel, los ojos, las costumbres, la cultura ajenas. Nada nos complace acá, todo lo hemos imitado de otros países queriendo adaptarlos a nuestra cultura, estamos rodeados de extranjerismos, de pedacitos de esa cultura que hemos apropiado como nuestra, pero que está lejos de serlo. Esto no resulta atemporal a los planteamientos de Fernando González.

Para el literato Villegas Botero, la falta de patriotismo se debe a que nuestra independencia surgió de modelos europeos: “nuestras leyes, nuestras artes, todas miraban a Europa para imitarla. El llamado de Fernando González a crear el Gran Mulato es una reivindicación de lo nuestro”. El Gran Mulato era para el autor una raza única que debía dominar el continente y que además debía imponerse sobre la aparición de cualquier otra raza. Por otro lado, continúa Villegas, “nuestros pintores estudiaban en París y copiaban sus modelos, muchos literatos traducían o plagiaban los autores ingleses. La ciencia y la técnica la importábamos, por lo cual sentíamos que lo nuestro era de menos valor, lo que Fernando llama el complejo de Hijo de Puta”.

«De suerte que nosotros, los libertos bolivarianos, mulatos y mestizos, somos vanidosos, a saber: creemos, vivimos la creencia de que lo europeo es bueno; nos avergonzamos del indio y del negro; el suramericano tiene vergüenza de sus padres, de sus instintos. De ahí que todo lo tengamos torcido, como bregando por ocultarse y que aparentemos las maneras europeas […] Hijo de puta es aquél que se avergüenza de lo suyo» denunció en Los negroides.

Para Gustavo Restrepo, Los negroides refleja el sentimiento de vergüenza que tiene el latinoamericano por sus ancestros africanos e indígenas, “es decir, «el complejo llamado hijo de puta». Su amor por Antioquia es al mismo tiempo una crítica profunda de ella y sus desvaríos”.

Es por esto por lo que el sentimiento es tan débil. Cada vez son más las personas que se desligan de un afecto patriótico por su tierra. La falta de originalidad y la vanidad han sido a lo largo de los años uno de los males que más ha afectado a los colombianos e, incluso, por muchos años más. Es más, tal vez nunca desaparezca el complejo del Hijo de Puta bien colombiano.