…el microtráfico supone un nuevo modelo de negocio con mercados que antes no tenían tanta influencia: Cundinamarca con 22% de participación de distribución; Valle del Cauca con 14% y Antioquia con 12%.

 

Por: Diego Firmiano

¿Un nuevo paradigma?

Se busca indagar sobre un cambio de paradigma en Colombia en materia de consumo de drogas, a saber, el giro de un negocio oscuro, lucrativo, nocivo, que tuvo sus orígenes en un proceso industrial de exportación (Europa y Estados Unidos, principalmente), hacia la realidad del consumo interno a modo de micro tráfico y narcomenudeo, creando un efecto irreversible que produjo una nueva forma de adicción y varios problemas de índole económicos, legales, de salubridad, seguridad, etc.

Los orígenes de los alucinógenos en Colombia se pueden detectar en varias geografías del territorio nacional: en el norte (en la Guajira y la Costa Atlántica), inician las plantaciones de marihuana por medio de la semilla traída por los marineros que viajaban de un lugar a otro; en el interior y parte del sur occidente del país, se da el cultivo de la coca, planta que echó raíces por la calidad de la tierra; en regiones como Tolima y Huila la amapola pudo  sembrarse (y prender) gracias a la variedad climática que va de 10 hasta los 30 grados sobre cero y posteriormente la elaboración del látex; y ya en ciudades capitales serían los laboratorios improvisados donde se crearían nuevas sustancias químicas como el LSD, heroína, basuco, H, éxtasis y otros derivados que no tiene un territorio fijo.

Nexus o 2CB es un derivado de las anfetaminas sintetizado por primera vez en 1974 y que lleva circulando en la escena nocturna desde hace más de 15 años. Foto extraída de: emergencystaff.es

Nuevos tiempos, nuevas drogas

El tráfico como tal, o la industrialización, tiene su cenit en la conocida “Bonanza marimbera”, que duró 10 años, (1975-1985), y la cual consistía en siembra, cultivo, procesamiento y envío de Marihuana, con fines comerciales, al exterior. Desde las reconocidas marcas de Cannabis como Colombian Gold, Samarian Golden y Red Point, ya se puede apreciar un proceso comercial con una alta exigencia para un determinado y potencial mercado.

Y serían precisamente los norteamericanos, no los colombianos, los que iniciarían dentro y desde el país, el negocio de la exportación. Los llamados voluntarios del “Cuerpo de Paz”, creados por el entonces presidente John F. Kennedy, que al ver la calidad de la marihuana que producían nuestras montañas, emprendieron el negocio del tráfico, vía marítima y área, hacia el norte, en colaboración con los nacientes narcotraficantes locales.

Así, históricamente, el ciclo de consumo cambia y los consumidores extranjeros demandan drogas más fuertes, dando paso al mercado de la coca, una planta procesada que traída del sur del continente (Bolivia y Perú), pudo ser cosechada en el Cauca, los llanos orientales y la Amazonia, para posteriormente ser exportada como cocaína.

En esta época, los años 70 y 80, hay que aclarar que el consumo interno no estaba tan arraigado como ahora, es más, durante el boom cocacalero no se tienen registros institucionales o índices de drogodependencia en Colombia y los problemas que genera son de índole político y no social. Las mafias que recién comienzan a organizarse, poco a poco conocen el funcionamiento, producción y mercadeo, tienen control y restricciones sobre el consumo interno, ya que la droga vale más ofertada fuera que consumida dentro y por ello es que el tráfico a gran escala se hace posible gracias al periodo de las migraciones hacia Estados Unidos.

Esta nueva forma externa de envío ilegal de drogas pretende monopolizar el mercado gringo, apoderándose, o mejor, creando nuevas rutas de comercialización para los futuros narcotraficantes. La idea base es controlar los eslabones de la cadena (siembra, cultivo, procesamiento, oferta y recepción del dinero) para crear industria alrededor de la exportación, no solo de cocaína, sino de otras como la heroína y la morfina. Empresa que perduró como tal desde los años 70 hasta el inicio de los 90, cuando surgen políticas antidrogas, diferentes formas de consumo y obstáculos para el transporte del material hasta el extranjero.

 

Las autoridades en Panamá dicen que han incautado más drogas en 2016 que en cualquier otro año desde el 2000, y el aumento de la producción de cocaína en la vecina Colombia puede ser la explicación más probable detrás de este aumento. Imagen extraída de: The Panamá Perspective.

Cambio en las formas de consumir

Sería entonces la presión de la política antidrogas liderada por el presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan en los años 80 y un sector político colombiano, los que se opondrían al tráfico de drogas a nivel internacional, creando nexos institucionales fuertes para luchar contra las bandas organizadas y las formas de financiamiento de estas.

Políticas como el Plan Colombia, el fallo de la Corte Constitucional de despenalizar la dosis personal y la persecución, encarcelamiento o extradición de los grandes jefes, dueños de carteles de droga en el país, dieron como resultado que las principales oficinas emplazadas en Cali, Medellín, Leticia, Santander, Antioquia y otras, se convirtieran en organizaciones más pequeñas desligadas entre sí, que, además, por el control policial en puertos, aeropuertos y  las políticas anti drogas, replantearán la forma de distribuir extensos lotes de alucinógenos dentro del país, sin perder dinero ni influencia de poder en el negocio.

Así es que nace el microtráfico en Colombia, con modalidades como el narcomenudeo, que distribuye nuevas drogas (basuco, cristal, LSD, éxtasis, popper, hachis, etc), convirtiéndose este en una forma de tráfico viable, ya que no se necesita elaborar rutas, o pagar una cadena del negocio que representa mucha gente en su proceso, sino que solo es tener una estructura de funcionamiento local.

Un giro que se debe a los factores suscitados en los años 90, pero también al hecho de que si el macrotráfico movía 8 billones de dólares al año, el microtráfico mueve (hasta la actualidad) una cifra casi igual de 6 billones sin tanto riesgo (Ver), sin tanto aparato logístico, porque en esencia, lo que busca el micro tráfico es maximizar ganancias con un modelo de organización que garantice estabilidad y protección al fundarse en territorios urbanos (antes era la zona rural donde se producía o se procesaba el alcaloide), sosteniendo tal estructura por medio de actos de intimidación, violencia, y presión de grupúsculos que trabajan para la misma.

Así entonces, esta forma de organización no obedece a una estructura de empresa donde exista un gerente, secretarías, contables o departamentos, sino que las redes de personas involucradas despersonaliza el negocio y evita que sobresalgan nombres o figuras dentro del tráfico ilícito de las drogas, ya que esta modalidad hace parte de un subsistema que abastece de cantidades importantes de narcóticos a las organizaciones emplazadas en las ciudades, y que estas, a su vez, se encargan del suministro sistemático de pequeñas dosis embaladas con pureza, cantidad y periodicidad definida. Todo centrado en el proceso y no en una organización como tal.

 

Aumenta el consumo de drogas entre soldados. Imagen extraída de: Monitor de Oriente.

 

Diferencia entre microtráfico y narcomenudeo

Sin embargo, el microtráfico se diferencia del narcomenudeo, en que este último es una organización empleada para el suministro de drogas en pequeñas cantidades, encargada de satisfacer las necesidades de los consumidores. Productos comercializados en “puntos de venta” específicos como casas, barrios, edificios, lotes y otros lugares.

Por lo tanto, con esta micromodalidad no se está hablando de organizaciones criminales particulares, sino de redes informales, donde participan múltiples competidores, reguladores, vendedores y demás, para que el negocio se pueda estabilizar y para que funcione lucrativamente, reduciendo el tráfico en el país a un cuerpo que funciona sin cabeza alguna.

Así las cosas, el microtráfico supone un nuevo modelo de negocio con mercados que antes no tenían tanta influencia: Cundinamarca con 22% de participación de distribución; Valle del Cauca con 14% y Antioquia con 12%. (Ver) Departamentos donde en otro tiempo tuvieron su hegemonía las grandes organizaciones, y que como es lógico, siguió al narcomenudeo o micro tráfico, controlado por otras bandas o grupos dispersos afines a sus propios intereses.

Sobre la base de esta modalidad es que el gobierno ha podido determinar que para el 2017 existían alrededor de 884.000 mil consumidores en todo el país, y hoy, en pleno 2019, hay 1´500.000, donde el 56% de ellos, corresponde a 832 mil consumidores que se encuentran en las ciudades de Bogotá, Barranquilla, Medellín, Bucaramanga, Santa Marta y Pereira.

Hecho estadístico que genera alarma, si se tiene en cuenta que son casi 40 años donde se ha luchado con campañas en contra de la legalización de las drogas (todas, o al menos las conocidas) con regulación expresa del gobierno por medio del Ministerio de Salud, ONGs, o Instituciones internacionales. Una campaña que ha fracasado, pero que se modifica de cuando en cuando para lograr encontrar una solución a la crisis actual que vive en país ya que es un fenómeno que muta en formas de violencia, exclusión social, problemas de salubridad, seguridad interna, etc.

 

Narcomenudo. Imagen extraída de: Aire de Santa Fe.

 

El Departamento Nacional de Planeación (DNP), con Gabriel Cifuentes a la cabeza, afirma que si bien no se ha dejado de lado el narcotráfico internacional en Colombia (incluso hay capturas recientes e importantes como la de Omar Olmedo Paredes, en Nariño), las rentas internas vuelven al mercado local mucho más atractivo. (Ver)

Lo cierto es que hay una desproporción clara entre los inmensos esfuerzos del gobierno central, ejecutados a un costo altísimo, invirtiendo dinero, creando programas, solicitando ayuda internacional y otras estrategias y los resultados que hasta el momento se han conseguido en materia de reducción o eliminación del micro tráfico, que paradójicamente por ser organizaciones fragmentadas, deberían ser más fáciles de erradicar.

Incluso se acepta, como parte del fracaso del gobierno, que estas nuevas organizaciones ilícitas han venido sufriendo mutaciones al captar menores de edad para la distribución de drogas, encontrar futuros consumidores y propiciar la prostitución infantil, el sicariato adolescente, y otras formas no punibles por el Código Penal Colombiano.

Así, desde el macrotráfico o el narcotráfico con fines de comercialización al exterior, el proceso político contras las drogas, las nuevas modalidades de distribución y venta de la misma, hasta la aparición moderna del microtráfico, se ha visto una evolución, es decir, una disminución de  la problemática; sin embargo, esto a la par representa un retroceso en materia de leyes, decretos, sentencias, o hechos claves del gobierno nacional que ayude o aporte a consolidar un país sano social y democráticamente libre de drogas y con personas no dependientes.