Las tres capacidades esenciales para el desarrollo humano son que las personas tengan una vida larga y sana, que posean los conocimientos necesarios y que tengan acceso a los recursos necesarios para un nivel de vida aceptable.

 

Por / Diana Marcela Brochero Sepúlveda 

 “…cuando miro por la ventana lo que veo son sombreros y abrigos que cubren máquinas automáticas”

Descartes, Meditaciones metafísicas

Partiendo de esta cita, llegamos a identificar uno de los principales problemas para lograr un desarrollo integral del hombre, en el momento en el que se da esta bifurcación del sentido de las dimensiones del hombre (mente y materia) se da un primer paso a desalmar la vida lo que lleva a que todo se fragmente: el conocimiento, la sociedad, la vida.

De esta manera, el hombre organiza la sociedad, haciendo un compendio de fragmentos específicos que trata de entender y nunca logra abordar en su totalidad; en este punto, es prudente hacer una reflexión sobre lo que el siglo XX deja como herencia: una gran cantidad de conocimientos, pero a la par una gran escala de destrucción que no permite tener una armonía entre los sistemas que conforman la vida del ser humano. A la naturaleza hay que torturarla para que nos entregue la verdad pues la verdad es absoluta, escribió en su momento Bacon.

El ser humano ha llegado a un punto de nuestra evolución en el que sabe mucho, plantea teorías, genera miles de conocimientos específicos, pero comprende muy poco o no comprende nada; se le dificulta vivenciar, hacer parte del proceso, proponer desde la experiencia. Olvida que es creador del mundo, que todo está relacionado entre sí y se debe partir de una base común conjunta.

Fragmentadas las instituciones cuesta contemplar lo que teóricamente se propone como desarrollo humano; inicialmente la economía convencional condiciona este concepto a lo que se refiere a la vida buena, en términos de alcances de recursos e inversiones; sin embargo, la idea de desarrollo es una idea compleja: no es sorprendente, pues, que la gente piense que la forma en que el desarrollo se define deba ser mejorada. Cuando dicha cuestión entró en escena durante la década de 1940, lo hizo primeramente de la mano de los progresos de la teoría del crecimiento económico, que habían tenido lugar con anterioridad, esto es, durante la década de 1930 y también durante la de 1940.

La reflexión sobre el desarrollo se hallaba limitada a la concepción elemental de que los países pobres no son más que países con niveles de renta bajos, con lo que el objetivo era, simplemente, superar los problemas del subdesarrollo a través del crecimiento económico, aumentando el PNB. Pero resultó que ésta no era una vía adecuada para pensar la cuestión del desarrollo, que se ha de vincular con el avance del bienestar de las personas y de su libertad. La renta es uno de los factores que contribuyen al bienestar y a la libertad, pero no es el único. El proceso de crecimiento económico, pues, constituye un punto de partida insuficiente para evaluar el progreso de un país; por supuesto, no es irrelevante, pero se trata sólo de un factor más entre varios, como sostiene Amartya Sen.

De esta manera, no debe ligarse únicamente el desarrollo humano a los factores económicos que muchas veces tienden a resaltar y fortalecer un crecimiento cuantitativo de la persona como objeto, sino abrir el horizonte y permitir analizar el desarrollo humano como el crecimiento cualitativo de la persona como sujeto.

El desarrollo humano es el proceso de aumentar las opciones de las personas, lo cual se logra ampliando las capacidades esenciales y de funcionamiento. Las tres capacidades esenciales para el desarrollo humano son que las personas tengan una vida larga y sana, que posean los conocimientos necesarios y que tengan acceso a los recursos necesarios para un nivel de vida aceptable, de acuerdo con Casas-Zamora.

En este orden de ideas, el desarrollo humano se convierte en un problema a escala, pues si bien busca darles un protagonismo real a las personas, no hay protagonismo posible en sistemas gigantísticos organizados jerárquicamente de arriba hacia abajo. Por tal motivo, el desarrollo a escala humana requiere de una profundización democrática con el fin de contribuir a revertir el rol semi-paternalista del Estado a un rol estimulador del mismo, según se atiende lo propuesto por Max-Neef.

Ilustración / Unam

El rol semi-paternalista del Estado está asociado al asistencialismo; es decir,  resolver problemas sociales a partir de la asistencia externa en lugar de generar soluciones estructurales. Con la búsqueda del desarrollo a escala humana lo que se propone es un cambio en la resolución de las problemáticas sociales de un Estado, porque pretende –a partir del rol estimulador– permitir soluciones creativas afines con las aspiraciones reales de las personas.

Con este rol se busca implementar una democracia social que no pretende quitar protagonismo si responsabilidades al Estado, sino complementar propuestas políticas para éste con la perspectiva de los actores sociales, exigencias para y desde la propia sociedad civil. Ofrecer las bases para una explicación de los principios constitucionales básicos que deberían ser respetados e implementados por los gobiernos de todas las naciones es un mínimo indispensable para cumplir la exigencia de respeto hacia la dignidad humana.

En algunas áreas fundamentales del funcionamiento humano, una condición necesaria de justicia para un acuerdo político público es que ofrezca a los ciudadanos un grado básico de capacidad. Para Nussbaum, si las personas se están encontrando sistemáticamente por debajo del umbral en alguna de estas áreas clave, esto debería ser considerado como una situación tanto injusta como trágica.

Con esta aproximación a una equidad política que garantice la satisfacción de necesidades humanas fundamentales y, por ende, un mejoramiento de la calidad de vida, el desarrollo a escala humana se cimienta sobre tres pilares básicos: autodependencia, articulaciones orgánicas y necesidades humanas. Teniendo en cuenta que la calidad de vida de las personas dependerá de las posibilidades que éstas tengan para satisfacer adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales, Max-Neef establece que el mejor proceso de desarrollo al que podemos aspirar será el desarrollo de países y culturas capaces de ser coherentes consigo mismas.

De ésta manera podemos concluir que las claves para un desarrollo a escala humana pueden resumirse en la participación colectiva y transdisciplinaria desde el principio para garantizar la satisfacción de las aspiraciones reales de las personas, la autodependencia para impulsar el proceso de desarrollo y la construcción de una relación coherente y consistente de interdependencia equilibrada entre: seres humanos, naturaleza y tecnología, lo global y lo local, lo personal y lo social, la planificación con la autonomía y la sociedad civil con el Estado.