E-LECCIONES DEL S.E.R.

La labor crítica del sindicato implica dejar de repetir como loros los paradigmas de la lucha de clases y las lecciones de la izquierda de décadas anteriores, para analizar las realidades sociales de los entornos en los que se lleva a cabo la docencia. Lanzar esos saberes disciplinarios a los territorios para que los jóvenes y docentes piensen la realidad.

 

Escribe / Christian Camilo Galeano Benjumea – Ilustra / Stella Maris

 

Soportando el calor del medio día y sentados en unas sillas Rimax al interior de la capilla de una vereda se conversaba alrededor de la importancia de pensar por sí mismo, al tiempo que se ponían en tela de juicio las figuras de autoridad, ese era el tema de la clase de filosofía con un grado diez y once en una de las clases rutinarias. Los cuadros que representaban el martirio de Jesús y una escultura de Jesucristo crucificado eran testigos silenciosos de una clase que buscaba compartir la idea de autonomía en unos jóvenes campesinos. El espacio religioso servía de contraste ante la idea de arriesgarse a cuestionar esas autoridades que se alzan en nuestra cotidianidad, tales como: la familia, el Estado, la religión o, incluso, un sindicato.

Llegar a la docencia trajo consigo ese deseo de querer compartir un saber, muchas veces en condiciones adversas: salones sin luz eléctrica, escuelas sin bibliotecas, falta de conectividad, salones repletos con estudiantes -cuando hay salones disponibles, porque las juntas de acción comunal prestan, en ocasiones, una habitación que se transforma en salón o se irrumpe en la capilla de la vereda para dictar clases-, sumado a la carga de un sistema burocrático que satura al docente para que se olvide de lo que tiene que enseñar, y se preocupe solo por llenar formatos. Ante ese estado, muchas veces fui llamado por el sindicato a alzar la voz a favor de la educación y mejoras laborales, ¡No dudé en hacerlo!  También en ocasiones escuché de los padres que es más lo que marchamos que lo que enseñamos, y en parte tienen algo de razón.

El Sindicato de Educadores de Risaralda (S.E.R), es el mayor sindicato del departamento, es común que tome la vocería de la mayoría de docentes de Risaralda con relación a las discusiones de la educación pública. Los sindicatos son fundamentales en una democracia, ya que dan voz a los trabajadores, al igual que crean las condiciones para entablar diálogos con la sociedad y los gobernantes de turno; sin embargo, suele pasar que estos asumen prácticas de la política tradicional. Esto se puede percibir alrededor de las próximas elecciones de junta departamental del S.E.R., de la misma forma que el malestar que tienen muchos de los docentes con lo que ha sucedido al interior del sindicato.

Los sinsabores con la actual junta directiva inician con los hallazgos por malos manejos de dineros por parte del tesorero de la época. Algunos de los viáticos que eran para que los docentes se movilizaran desde los municipios hasta la capital del departamento, no eran entregados, pero sí aparecían registrados en los listados, es decir, en el papel y en la caja del tesorero los dineros se entregaban, pero estos no llegaban a los docentes. Incluso, en la última asamblea de delegados, dos profesores alzaron su voz de protesta al señalar que sus firmas no eran las que aparecían en los registros de entrega de viáticos, y mucho menos habían recibido el dinero correspondiente.

Para agravar la situación, el tesorero cuestionado en su momento, no se retiró de la junta, sino que fue ubicado en otra secretaria. Esta situación tiene varios cuestionamientos éticos, porque si bien es cierto que se es inocente hasta que se demuestre lo contrario, la permanencia en la junta directiva puede influir en la investigación que se lleva en el sindicato. Pero la ética no fue razón suficiente, y un sector del sindicato defendió la permanencia del anterior tesorero en la junta directiva, a pesar de que los delegados votaron para que se retirara. Al día de hoy las bases sindicales desconocemos si ya se dio la salida del antiguo tesorero o permanece allí, a partir de demoras y trámites burocráticos que le permitan terminar su periodo sin pena ni gloria.

También molestó a las bases que el anterior presidente del sindicato haya renunciado en el mayor silencio. Esto deja varias heridas abiertas, ¿cómo es posible que una persona que lleva un cargo público tan importante para los docentes del departamento, se retire sin dar mayor explicación y todo quede en medio de rumores? El ejercicio público del poder exige que los dirigentes den la cara, expliquen, reconozcan errores y mejoren, no simplemente esfumarse de los pasillos del edificio del S.E.R.

A su vez, la estructura vertical del poder que se ejerce en el sindicato genera molestias. La junta directiva asume los mandatos de FECODE (Federación nacional de trabajadores de la educación) de manera unilateral, sin tener canales claros de comunicación y discusión con las bases sindicales.  Lo que tanto le critican al uribismo, de que sus miembros son borregos que no piensan, el sindicato lo replica de manera clara al llamar a sus miembros a paro constantemente sin realizar antes foros internos, mesas de discusión; en ocasiones solemos parecernos a aquello que tanto odiamos.

Como si esto no bastara, la ONG SINTRAONGS, denunció el acoso laboral y despido sin justa causa al interior del S.E.R. Un sindicato de trabajadores que viola el debido proceso y La Convención Colectiva del Trabajo, además de ser un mal chiste, se convierte en una falta de respeto para sus asociados que esperan que de la misma forma que se defienden los derechos laborales de los docentes, se respeten los derechos de los trabajadores al interior del sindicato.

Ante estas fracturas internas se avecinan las próximas elecciones departamentales para elegir junta directiva en el S.E.R., pero estas elecciones encarnan prácticas de la politiquería tradicional. El primer vicio que recoge esta elección es “el voto por amiguismo”, se vota por un docente porque es buena gente, porque se trabajó con él hace algunos años y se veía que era dedicado. Sin observar su plan de trabajo o al grupo político al que pertenece y la independencia o criterio que pueda tener. Mucho menos su posición frente a los problemas que aquejan al sindicato. Al oír hablar a la mayoría de cabezas de listas, se niegan a tener una posición autocrítica pública frente a los errores recurrentes en el sindicato, en voz baja dicen que debe cambiar, casi como un murmullo.

En ese momento los discursos de los líderes sindicales se  proyectan a enemigos externos: el Estado, el uribismo, el imperialismo y una larga lista que no termina, hacen presencia, mientras que las luchas sindicales son tomadas por sí mismas como la tabla de salvación de las comunidades educativas. Casi, como el efecto que produce un truco de magia, los problemas internos desaparecen y el error queda solo en el afuera, es decir, en el Estado que no garantiza una educación de calidad.

El segundo vicio, podría entenderse bajo una lógica de aferrarse al poder, ya que no es extraño ver cómo varios miembros de la junta directiva han estado allí por varios años, repitiendo los mismos discursos de siempre, anclados a la lucha política de los años ochenta. Esta práctica tan criticada en los políticos tradicionales por parte de los docentes es replicada de manera muy consciente en las juntas directivas sindicales. Por años se arman de discursos a favor de la educación pública, discursos en su mayoría desactualizados, mientras que se olvidan del ejercicio docente. Ahora bien, la idea de tener relevos generacionales en los cargos del poder, está ligada a evitar esas prácticas repetitivas y que se oxigenen las instituciones, sea de poder público o sindical. Los puestos sindicales no están exentos de lo corrosivo del poder.

De ahí que sea necesario que nuevas voces lleguen a este órgano sindical, interrogándose por la labor docente, fomentando verdaderamente la investigación y la autocrítica, para tener el criterio de entablar diálogos con la sociedad. Ya que, de manera paradójica, los docentes se reclaman poseedores del pensamiento crítico y se alzan con la bandera de la razón, en la práctica carecen de una mirada crítica sobre el oficio de enseñar. La labor crítica del sindicato implica dejar de repetir como loros los paradigmas de la lucha de clases y las lecciones de la izquierda de décadas anteriores, para analizar las realidades sociales de los entornos en los que se lleva a cabo la docencia. Lanzar esos saberes disciplinarios a los territorios para que los jóvenes y docentes piensen la realidad. A su vez, poner en tela de juicio no solo el actuar del Estado, sino también a la educación misma, porque esta hace parte, ¡quiéranlo o no!, de los mecanismos del Estado para reproducir formas de deprecio y valores culturales que tanto se critican desde los discursos en los salones de clase, pero que se hacen habituales en los entornos educativos.

Lo más seguro es que al igual que en la política tradicional, en estas elecciones se elijan a los mismos de siempre. Aún así, queda la posibilidad de sentir rabia ante las incoherencias del sindicato, analizar sus prácticas para rebatirlas. La autonomía de pensamiento, evocando aquella clase en esa capilla, debe ir ligada a la posibilidad construir espacios comunes para discutir y edificar, de lo contrario solo queda la desazón.

 

Adenda: ejerzo la docencia en el sector público hace algunos años, pertenezco al sindicato de educadores, por ello mismo, esta columna invita a debatir y mirar de frente las dificultades que lo aquejan para nutrir el debate y no caer en ese vicio infantil de creer que al ignorar los problemas, estos desaparecerán por arte de magia.

 

@christian.1090

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