EL CASO KONTACTO Y LA RENOVACIÓN EN LA POLÍTICA TRADICIONAL (II)

La vida privada ahora es materia de datos, y los políticos son conscientes de este potencial para llegar hasta donde no habían llegado antes: saber cuántos votos sacarán en las próximas elecciones, quiénes son más leales a la hora de conseguirlos, y, por ello, tener el control de su campaña a través de la pantalla del celular…

 

Por / Julián Bernal Ospina*

La dominación, ese asunto humano

Estas cosas de los seres humanos: no hay realidad que no describa el poder, ni poder que pueda repelerlo. Podríamos buscar alguna ilusión en los auditorios de la ciencia, o indagar en el parnaso que respira símbolos por estos días, pero irremediablemente llegaríamos a esa conclusión triste y meditabunda, apremiante y acuciosa: no hay renglón que se libere de la existencia terrenal de la dominación. Estas, sin embargo, no son líneas destinadas a la nostalgia de una humanidad limpia.

No pretenden esto. Son letras que indagan el fenómeno maquinal de la vida, que ha recubierto cada capa suya y la ha vuelto materia para su impulso y crecimiento. Fenómeno en el que me quedo corto al circunscribirlo en maquinal: no se trate de una mera máquina, como de una gran mecanismo aceitado y movido por ruedas rítmicas. Se trata de un mundo invisible, inexorable y omnipotente.

 

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Las calorías que debemos quemar diariamente, las horas que debemos dormir, los horarios de las reuniones, los regalos, las fotos, la música, la lectura: todo mediado por esa pantalla reluciente, ese libro mágico, de un celular. En principio, en la política sería lo mismo: para qué la montonera innecesaria de papeles de registro de votantes si es posible una aplicación que lo sistematice todo: dirección, nombre, documento de identidad, teléfono, lugar de votación, localización actual, regalos dados. No obstante, tal vez el ejercicio de la política signifique esto último: la artesanía de las ideas para sinos comunes, y no la maquinación de las cosas.

La vida privada ahora es materia de datos, y los políticos son conscientes de este potencial para llegar hasta donde no habían llegado antes: saber cuántos votos sacarán en las próximas elecciones, quiénes son más leales a la hora de conseguirlos, y, por ello, tener el control de su campaña a través de la pantalla del celular, mientras miran tranquilamente un programa de cocina, o al despertarse por la mañana cuando la esposa esté dormida. La campaña electoral, entonces, cada vez requiere menos elocuencia, menos claridad ideológica, menos retórica y consecuencia del programa con la experiencia del candidato, y más eficiencia de las aplicaciones para controlar a los referidos.

Se ha abierto la discusión no solo en lo que significa la utilización de aplicaciones en las campañas electorales, sino el riesgo de que estas se empleen inadecuadamente para el respaldo del poder de turno, y así interfieran en las elecciones con la balanza a favor de ciertos candidatos. ¿Cómo se deberían regular esta clase de procedimientos? ¿Podría decirse que, a pesar de Gallo y Maya ser caras jóvenes de la política risaraldense, ponen de manifiesto con estos comportamientos prácticas políticas tradicionales como las de Carlos Enrique Soto y de los hermanos Merheg?

Ilustración / QuestionPro

Kontacto: una ola de un océano

Desde la aparición de las primeras aplicaciones de contactos, juegos, agendas y editores de ringtones en los años noventa ha habido un incremento sustancial de estas como instrumentos para la vida cotidiana. Esto hasta el punto de sentir que estamos incompletos si olvidamos el celular en la mesa de noche. Desde luego, ese desarrollo nos ha dado facilidad en muchas tareas cotidianas, pero al mismo tiempo ha cambiado nuestra percepción del mundo e incluso nuestras capacidades cognitivas: ahora nos es más difícil retener en la memoria algún número que nos den o, inconscientemente, hacemos el amague de buscar una palabra en el celular cuando no lo tenemos a la mano.

Kontacto fue apenas una ola en un océano. Sin contar las privadas como esta, hoy son más de 6 millones de aplicaciones disponibles en los distintos mercados, con los predominantes de Apple y Android. Billones de descargas de aplicaciones para absolutamente todo, hasta lo más absurdo: una aplicación para localizar las deposiciones, otra para hacer del celular el más vigoroso vibrador sexual, una más que ofrece caros diamantes virtuales e inservibles, y otra que hace reproducir una canción determinada en el momento de un fuerte estallido como un choque automovilístico.

Dicen los diferentes estudios que su penetración depende mayoritariamente de la necesidad creada, ya sea por imitación social (descargar una aplicación porque mis amigos la descargan), o porque es indispensable para resolver un problema a primera mano (descargar una aplicación para pedir un domicilio, cuando no es posible salir por la pandemia, por ejemplo).

En el 2019, según El Tiempo, citando un estudio de Sensor Tower, las aplicaciones más descargadas estaban relacionadas con las redes sociales y con los servicios de comunicación y mensajería (WhatsApp, Instagram, Facebook), así como con servicios no exclusivos de los dispositivos móviles (YouTube y Netflix) y servicios de almacenamiento y transferencia (SHAREit). También como el mar: nos comunican al tiempo que nos alejan.

Durante la cuarentena en Colombia, según La República, citando un informe de AppsFlyer, la descarga de aplicaciones siguió la tendencia de descarga de manera orgánica, es decir, sin la incidencia publicitaria. En ese sentido se responde a la demanda de servicios comunicativos virtuales, más por necesidad que por publicidad: Zoom, Hangouts Meet, Microsoft Teams, Tik Tok y Houseparty. Estas, además de las aplicaciones de salud, noticias, fitness, de domicilios de comida y de juegos virtuales. Es la realidad misma, lo que sucede, lo que más promueve la descarga.

Como cada necesidad creada requiere del recurso de una aplicación, cada vez son más las ideadas con un contexto particular, de acuerdo con los modelos mentales de los usuarios. Esto explica que cada vez haya más participación brasilera y menos participación china en el mercado latinoamericano. Ello, según David Luna, presidente de la agremiación creada por aplicaciones de tecnología Alianza In (para el periódico La República) se da por el valor agregado que le asignan los consumidores a las aplicaciones que brinden soluciones específicas para el contexto –con el lenguaje y las necesidades propias–, más que por la campaña de desprestigio de aplicaciones como Tik Tok por su procedencia asiática.

Según este periódico, Colombia registra el mayor crecimiento de descargas de aplicativos que no son juegos en la región, con una tasa del 15% y con un aumento del 35% de descargas en los últimos años. En general, 8 de cada 10 colombianos utilizan aplicaciones de redes sociales. Esto se asocia a una red de conectividad altamente capacitada, al avance tecnológico de los teléfonos celulares, a la alfabetización digital y a la accesibilidad de precios. De todos modos, los 20 mil kilómetros de fibra óptica, los diez cables submarinos y la red 4G en todos los municipios han permitido que el océano de las aplicaciones crezca cada vez más.

En el país dominan las de juegos, servicios sociales, compras, reproductores de video, entretenimiento, finanzas, fotografía, estilo de vida y viajes. Es de aclarar también que, aunque han aumentado las instalaciones orgánicas (fruto de campañas de descarga), siguen dominando las no orgánicas, es decir, las que no dependen de una campaña específica. La categoría de servicios es la única que presenta un promedio de 50% en cada una, según datos de la plataforma de análisis y atribución de marketing móvil AppsFlyer.

Pese a esto, en el país no es extraño que el uso de las aplicaciones en los teléfonos móviles dependan del estrato social. Según información del 2017 de BrandStrat y Netquest, suministrados por La República, los menores registros de aplicaciones de diferente naturaleza están dados para los estratos 1 y 2.

En todo este océano surgen aplicaciones como Kontacto, que ofrecen el servicio de sistematizar la información de circunscripciones electorales y la información personal de los votantes. De acuerdo con una necesidad concreta, para un problema concreto, a través de un link específico. Es claro que el problema no es el mercado de las aplicaciones, o las aplicaciones per se, sino el uso que se les da a estas. Dependen, además, del nivel socioeconómico, cultural y generacional.

Este océano viene siendo algo así como una radiografía de la realidad política, social y cultural risaraldense. Las aplicaciones no limpian el ejercicio político. Se trata, entonces, como lo denunció Cuestión Pública, de una combinación virtual de la política tradicional. Una mezcla de “política, clientelismo, bases de datos, censos, contratos y contratistas, dinero público con aplicaciones digitales, GPS, entre otros”.

Ilustración / Vecteezy

Las nuevas generaciones no son garantía de cambio

La corrupción del país es estructural. Según Transparencia Internacional, en Colombia los esfuerzos por la anticorrupción están estancados. El país está ubicado en el puesto 96 entre 180, según el índice de Percepción de Corrupción, con 37 puntos sobre 100. La escala establece que 0 es muy elevada y 100 es ausencia de corrupción. Este mismo resultado no ha tenido variaciones sustantivas desde el año 2012, manteniéndose desde entonces entre 36 y 37.

A Colombia, en Suramérica, solo le ganan Perú (36), Brasil (35), Paraguay (28) y Venezuela (16). Esto nos muestra que, aunque las nuevas generaciones estén asumiendo los roles políticos, aún es percibida la corrupción como un fenómeno político estructural. Los sobornos, la desviación de recursos públicos, el abuso de poder en el sector judicial, político y militar, son algunas de las categorías percibidas por inversionistas, académicos y analistas de opinión.

Para contrarrestar este diagnóstico, Transparencia Internacional asigna la necesidad de proteger a los denunciantes, como en el caso de Luis Carlos Rúa, pero este tuvo que salir de la ciudad tras la denuncia. Por otra parte, la institución también señala que otro hecho significativo es la pertinencia de una justicia eficaz frente a los hechos de corrupción: no basta con el anuncio de las investigaciones, sino con la sanción efectiva y la posterior enmienda en las políticas públicas.

Además, el puntaje tan bajo en transparencia apunta, por un lado, a la débil materialización de las regulaciones del financiamiento de campañas, con conflictos de interés, puertas giratorias y lobby, y por el otro, a procesos de participación política poco amplios y poco efectivos. El caso de Kontacto pone en entredicho el uso de los recursos públicos para el beneficio de la corriente política y la cooptación del Estado. Como lo dice Francisco Longo, analizando el sistema político español:

La descapitalización del espacio directivo es una de las mayores carencias de nuestro sistema público. La dimensión de la franja de nombramientos políticos es un criterio útil para diferenciar entre países institucionalmente robustos, y los que lo son menos. En general, cuanto menor es el número de cargos a libre disposición de los partidos, mayor solidez institucional.

Para el caso colombiano, esta regla se cumple idénticamente, aunque no hablamos de un sistema político como el español (monarquía parlamentaria), sí hablamos de un sistema presidencialista, lo cual significa un gran poder concentrado en el ejecutivo, que viene siendo, en las entidades territoriales municipales, las alcaldías. El clientelismo se fundamenta en esa posibilidad de asignar contratos y cargos directamente, sin mayores contrapesos. Es como ha funcionado el sistema político colombiano, y como todavía funciona mayoritariamente, sin importar rasgos ideológicos ni generacionales. Una práctica institucionalizada, que ahora se denuncia para que pueda terminar.

Cualquiera podría decir que Kontacto es inofensiva. Sin embargo, posturas como las de Luis Carlos Rúa, Carlos Alfredo Crosthwaite y la exconcejal Adriana González han aclarado que no se trata de una mera herramienta para facilitar las cosas, sino un instrumento utilizado con una lógica mafiosa de sometimiento del voto. Auspiciado, también, por el no reconocimiento de derechos laborales plenos para contratistas vinculados con el gobierno municipal, propio del régimen neoliberal que impulsó César Gaviria a inicios de los noventa. González explica los procesos judiciales en los que ahora están involucrados, y especifica los artículos del código penal:

Por un lado, está la denuncia disciplinaria ante la Procuraduría General de la Nación, que fue tan impactante que el procurador general de la nación decidió suspender provisionalmente al alcalde Gallo. Por otra parte, el proceso penal. Ninguno se excluye. Los delitos que pueden o están alrededor concurren en el constreñimiento en elecciones. Primero, el artículo 387, el referido al constreñimiento al sufragante. El artículo 390-a se llama tráfico de votos. El artículo 388, fraude al sufragante. Ahí están (387, 388 y 390-a), los que se configuran en la investigación penal. La jurisdicción penal es mucho más lenta, y esperemos que esto no termine, como pasa en Colombia, venciéndose los términos.

Las caras jóvenes no son garantía de transparencia. Solo una ciudadanía crítica puede contrarrestar estas prácticas, pues el clientelismo también depende de las acciones que las personas aceptan como normales. De manera que la corrupción es estructural no solo por las instituciones o por los políticos, sino por los individuos que, consciente o inconscientemente, y movidos por la necesidad, así la mantienen.

*Politólogo y magíster en construcción de paz. Investiga y escribe. Ha colaborado en Vorágine, La Cola de Rata, La Oreja Roja y Cerosetenta.

Twitter: @julianbernal12

Correo: julianbernalospina@gmail.com