EL OCASO DE LA TV REGIONAL

Pensar que se arbitra un canal de tv regional es, en esencia, pretender perpetrar un crimen digital, es enterrar el futuro para dar paso a lo que tiene que desaparecer. La producción audiovisual en las regiones demanda una logística de campo, mas no política, concebida ahora como un producto global y extendido.

 

Escribe / Eliécer Santanilla Martínez

La cuarta revolución tiene como cordón umbilical la insurrección digital, tan elaborado es el plan que en vez de pretender cautivar sociedades e implementar modelos de consumo, se focalizó a crear hombres y mujeres, hijos de una sola madre, una diosa, una guerrera, una deidad capaz de dar alivio y esperanza a la subversión y al desprotegido, como capaz de ser el martillo de Odín y la lanza opresora del poder. Se trata de  la tecnología y su cohorte de Dioses y demonios.

El Dios Google y su Ángel caído, el demonio del lading web, las aplicaciones como mesías y los sistemas de seguridad; apóstoles y la sistematización como pueblos errantes por las intrincadas autopistas de la internet, conforman la nueva galaxia.

Los nuevos poderes del mundo están soportados en la ingeniería genética y las neurotecnologías, los metalenguajes, la sistematización, el big data, escenarios que parecen crípticos e insondables para el grueso de la ciudadanía.

Son la nueva galaxia mitológica –habitada por los nativos digitales–, en un mundo que se extiende sin límites como su lucha por permear todas las naciones, todos los modelos sociales y económicos, todas las razas, para la conformación de una sola humanidad…

Estamos ante el tránsito de la especie: pasamos del homo-sapiens al homo-deus, y ahora al homo digital, un hombre sin deidades y menos humanizado cada vez.

Perdimos el sentido de continuidad: pasado-presente-futuro, siendo incapaces de procesar un presente radical, lo que genera conflictos mentales, en el individuo y en la forma de pensarnos como sociedad de consumo e industria audiovisual.

La misión más importante de los dueños de la televisión contemporánea, entiéndase canales locales, regionales y nacionales, es ingresar al universo atemporal, a una galaxia sin tiempo y sin horarios, o mejor aún, una suite de contenidos tan extendida y compenetrada con el usuario que sea capaz de proveer para cada condición social, rol, género y perfil de consumo, su propio horario, tiempo y espacio ideal.

Lo anterior no corresponde a una línea de ficción, es el mandato divino y métrico, medible y cuantificable, del presente y futuro de la televisión global.

En este sentido, da risa ver a autoproclamados expertos hablando con hilarante pretensión del futuro de la televisión regional.

Tocan ellos temas tan arcaicos e innecesarios como el rating, parrillas de programación… hablando de dar oxigeno a algo que ya está muerto.

Recuerdo como cierto exgerente quindiano de Telecafé agotó parte significativa  del presupuesto de compras en un sistema de broadcasting analógico, en plena transición digital, importando costosísimos equipos, listos para ser expuestos en  los anaqueles del museo de la historia de la tv.

Si esta acción, como otras que al parecer se le atribuyen, en esa época cuando el canal ganó un cacareado Óscar de la televisión, fue pensada desde su inicio como una estratagema corrupta para beneficio personal o de unos pocos, que gran mente corrupta tuvimos allí; pero si por el contrario fue adelantada con las mejores intenciones, que torpe e inoperante humano y técnico pasó por allí, y en ninguno de los dos casos debería siquiera pensarse en repetirse allí y en cualquier otro lugar.

Ellos ahora hacen zapping “político”, otro manerismo refinado de una pasada televisión, adaptado al cambio de sintonía sin la más mínima vergüenza y respeto.

La acumulación en cualquier organismo e institución de úrea genera artritis administrativa por ahora, plaga las redes sociales, las páginas de los diarios y los oídos de los desprevenidos dueños del destino regional con su pesaroso pensar abortado por ausencia o nostalgia de poder.

La internet no solo otorga una sensación de eternidad, de omnipresencia (el síndrome de Dios, el Dios Google), sino que nos lleva a la puerta en el tiempo del “presente extremo”.

Escenario donde se pueden ver todas las temporadas de una serie con un solo clic y  se puede conocer el final de nuestra novela o serie sin ver siquiera el principio.

Sin embargo, prevalecen los arcaicos anuncios y avances de la tv pretendiendo obligar al usuario o prosumidor cada día a sentarse en el sofá a una determinada hora, frente a la pantalla chica.

Cuando la realidad de la televisión global es donde el avance se corre para dar espacio al webisodio, al storytelling, en un product placement de emociones.
Porque la única manera que tiene la televisión de sobrevivir, y eso incluye ese concepto de otrora llamado tv regional, es arriesgarse a elegir, a dar el salto, a tomar las oportunidades y estar dispuesta a no solo hacer las cosas bien, si no a hacer parte de la transición y  la trascendencia.

@Elisantanilla