Hechos como los analizados en Siria, y otros aún por analizar, enseñan con claridad la proyección de un nuevo orden mundial, en el que las diversas regiones y naciones buscan emitir su propio brillo, en la idea de un mundo multipolar…

 

Por: Duberney Galvis Cardona

En junio del 2017 escribí para la revista Deslinde un artículo que abordó el intervencionismo extranjero sobre la República Árabe de Siria. En él describí que la política para Medio Oriente, trazada por la administración de Estados Unidos, en su momento bajo el mando de Barack Obama, tenía como epicentro a Siria, cuyo territorio de amplia riqueza histórica para la humanidad no ha sido ajeno a la intromisión de imperios de todas las estirpes.

La intervención, la coalición de enemigos de Asad, los aliados de su gobierno y la expulsión en Alepo de los terroristas que operaban bajo banderas islamistas, fueron elementos que abordé en un periodo en el que el gobierno del estado sirio, valga resaltar, nación con un desarrollo particularmente liberal del Islam, empezó a equilibrar la balanza en lo referente a la defensa de la soberanía nacional.

Trump lo expresó en campaña y lo ha ejecutado en su gobierno: Siria no era el objetivo, sino Irán. Fotografía / El País

La nueva realidad

Dos años después, las cosas sobre el terreno han cambiado aún más para Siria. Sin dejar de recordar que el inicio del conflicto ha obedecido a intereses externos, Siria continuó el avance defensivo en el periodo en el que los demócratas acumulaban bajo el tapete las acusaciones sobre las relaciones de su último gobierno con el Estado Islámico, el llamado “fracaso de crear una guerrilla antiÁsad”. Conflicto que además llevó a la potencia norteamericana a cruzar sables con Rusia que, tras el pedido oficial del presidente sirio Bashar al-Ásad, entró a defender sus intereses geoestratégicos en la región, y lo hacía después de que los gringos pisotearan su antejardín en Ucrania, el cual incluía además de una rentable salida a Europa, huertos con tierras muy fértiles en el Chernozem.

En contraste, la nueva administración designada por los poderes estadounidenses, puesta al mando del encopetado Donald Trump, fijó a la república de Irán en el centro de la diana para la política de Medio Oriente. El reciente asesinato del general iraní Soleimani, mientras realizaba una visita oficial ante el gobierno de Iraq, muestra a qué niveles ha escalado esa movida. Trump lo expresó en campaña y lo ha ejecutado en su gobierno: Siria no era el objetivo, sino Irán.

Así las cosas, los frentes en el conflicto sirio cambiaron. Como lo expuso Trump, en su momento, no le gustaban sus oponentes en Siria, pero todos disparaban contra el Estado Islámico (ISIS). De ahí entonces la configuración: en un frente, el estado sirio con el apoyo de Rusia, las milicias iraníes, palestinas y de hezbolá, que obtenían victorias consecutivas en Deir Ezzor, Hama, Alepo entre otras, incluían la acción militar y acuerdos de rendición y reconciliación mediados por Turquía.

Los terroristas que se rendían eran enviados en compañía de sus familias a la fronteriza región de Idlib. En otro frente al este del Éufrates, progresaba el brazo armado de los Kurdos, las YPG, pueblo que reclama autonomía federal dentro del territorio sirio, aliados con Estados Unidos, eliminaron y expulsaron a ISIS de esta zona. Mientras en el frente fronterizo, desde Iraq, las Unidades de Movilización Popular (Al-Hashad Al-Shabi, en árabe) y el ejército de Iraq, este último en coalición con Estados Unidos, eliminaban totalmente a las tropas del Estado Islámico de la ciudad de Mosul y el desierto occidental en la frontera con Siria. En estos dos frentes no hubo acuerdos de rendición.

De modo que varios frentes con diferentes intereses, confluyeron en la eliminación del grupo terrorista ISIS en amplias regiones. Así fue como el presidente al-Ásad avanzó en la defensa de la soberanía siria. Rusia amplió su credibilidad. Las milicias populares se fortalecieron. Los kurdos disfrutan de momento de un amplio territorio rico en petróleo, como no lo habían tenido. Y finalmente Estados Unidos, en síntesis de Trump: “eliminamos a ISIS y ahora el petróleo de esas zonas está en manos de Estados Unidos”.

En la otra esquina, Israel, con su trastorno por seguir formándose de mapas ajenos, ha quedado limitado a la aventura de lanzar misiles a las bases sirias. Fotografía / El Mundo

Al tiempo que esto ocurría, los demás integrantes de la otrora alianza intervencionista bajaron persianas. Baréin reabrió la embajada en Siria y se dedicó a enfrentar las protestas internas. Jordania, abrió fronteras comunes con los sirios y se concentró en lidiar con el fuego en su propia cocina. Catar, por su lado, dedicado al negocio gasístico con Rusia, y atendiendo los efectos económicos de su enemistad con los árabes saudíes y emiratíes, que lo han bloqueado, viéndose obligado a extender negocios con Turquía e Irán.

En la otra esquina, Israel, con su trastorno por seguir formándose de mapas ajenos, ha quedado limitado a la aventura de lanzar misiles a las bases sirias cuando el lamento agonizante de los grupos armados extranjeros que son derrotados en Siria llega hasta sus sensibles sirenas; y no han olvidado los sirios los ocupados altos del Golán, Israel debe dormir con los ojos abiertos. Y en su caso la Unión Europea, colero habitual de U.S.A, marcha lánguida por los quebrantos económicos y los brotes de grupos xenofóbicos. Tras su apoyo a la intervención, que ha desplazado a miles que buscan refugio en Europa, opta por tender cercados y meter la cabeza en tierra.

Y desde luego Turquía, en el rol del reino con más precio, tapón histórico entre oriente y occidente, prestó su territorio para todos los males planeados contra Siria. Ofició de fuente ideológica extremista, foco militar, logístico, dispuso vías para el pillaje sobre el petróleo y piezas arqueológicas. De iniciar como el centro del diseño para el anhelado reparto del territorio sirio, pasó a aullar por una derrota no muy evidente en Idlib. Entre el barullo, el presidente turco Recep T. Erdogan ha dado sucesivos ejemplos de cómo no proceder. ¡Contra todos!

Su hirsuto aliento otomano, lo llevó en principio a quebrar relaciones con Rusia, presionar las heridas con Grecia, alejar a la Unión Europea, que bajo su mando no ha abierto a Turquía la puerta para ingresar a la unión. Chocó hasta con los socios de la OTAN de la cual hace parte. No obstante el aviso de Irán y Rusia, que lo salvó del fallido golpe de estado, saliendo ileso, todo ha ido mal para Erdogan. Luego ha recompuesto algunas relaciones sin suturarlas muy bien.

Entre tanto, Rusia es cada vez más activa e influyente. Encabeza el respaldo a la expulsión de todas las fuerzas terroristas en suelo sirio. Fotografía / El País

La ecuación a favor de Siria

Así entonces, vimos que el factor externo sobre Siria cambió, y además el ejército ha dado pasos contundentes en la recuperación de su territorio. Lo que deja a quienes apostaron por el apoyo a Siria y a su actual gobierno, mejor parados. Varios países, con China a la cabeza (que ha vetado conjuntamente con Rusia) resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre los sirios, ya invierten en proyectos de reconstrucción del país. Lo mismo hace Irán, que además ha contribuido en el campo militar. Emiratos Árabes, por su parte, retomó las relaciones diplomáticas y concreta acuerdos. También varios países europeos han evaluado con cautela, invertir en proyectos claves para la reconstrucción de la república árabe. Aunque las sanciones económicas a los sirios dificultan el tema de cómo recibir y pagar dineros.

Entre tanto, Rusia es cada vez más activa e influyente. Encabeza el respaldo a la expulsión de todas las fuerzas terroristas en suelo sirio. Gana influencia con otros aliados como Irán e Irak. Incluso ha mantenido los canales de comunicación con enemigos de al-Ásad, como Israel, y las potencias árabes como Arabia y Emiratos, precisando que su pleito es por la defensa del territorio sirio y su interés dentro de esta nación.

También ha ensayado varias de las armas que fabrica y, en consecuencia, las vende. Y selló con Turquía el megaproyecto del gasoducto TurkStream, y la venta de los rimbombantes sistemas defensivos S400. Ni las recientes airadas salidas de Erdogan han dañado hasta ahora los negocios. Al contrario, acordaron un cese al fuego que, en la práctica, reconoce los avances del gobierno sirio en Alepo e Idlib. Además, los rusos tercian entre Israel con Hezbolá e Irán. También lo hace con los kurdos. En lo competente a la reconstrucción de Siria, varias de sus empresas participan en estos planes, y ha dicho el gobierno sirio que, en la materia, las empresas rusas tendrán un trato especial.

Por esta región cruzan las principales arterias de comunicación de la columna más poblada del país. Fotografía / El Mundo

Idlib, la última estación, pero no el final de la montaña soberana

Así como Alepo cambió la inclinación de la balanza, y marcó el punto de inflexión del paso de la defensiva a la ofensiva, Idlib sepulta las aventuras de intervencionismo mediante el uso de grupos terroristas de banderas islamistas. La gobernación cuya capital lleva el mismo nombre, Idlib, albergó a todas las agrupaciones armadas que se rindieron ante el gobierno sirio en otras regiones.

Los hay de diversos orígenes y variadas concepciones más conservadoras del islam, la mayoría bajo influencia del partido de la Justicia y el Desarrollo AKP, al que pertenece Erdogan. Hoy queda por recuperar el 50 por ciento del terreno de esta provincia fronteriza con Turquía.

Además, la lucha allí es estratégica. Por esta región cruzan las principales arterias de comunicación de la columna más poblada del país. La autopista M5 que conecta a la ciudad industrial de Alepo, con Hama, Homs y la capital Damasco; y la autopista M4 que comunica a Latakia con la M5. Tras el acuerdo de cese al fuego sobre Idlib, planean que sea patrullada conjuntamente por fuerzas militares de Turquía y Rusia, pero los grupos armados proturcos se oponen.

Triunfar sobre Idlib, también abre paso al comercio para mover buena parte de lo producido en Alepo. De igual modo es un guiño mayor a los inversionistas. Además, instauran orden en la última gran grieta fronteriza de los terroristas.

El telar en esta región aún requiere más hilo, pues en el medio están los refugiados que llegan a suelo turco. Erdogan habla de millones. Cientos de miles son civiles que huyen de la guerra, otros miles son los familiares de los grupos que integran los bandos alzados en armas, y otros tantos son extranjeros que llegaron tras la aventura islamista.

El tema de los refugiados le compete a Siria, a Turquía, a Europa, a Rusia y al mundo. Está por verse el desarrollo de lo acordado entre Putin y Erdogan, incluyeron un punto de repatriación de refugiados sirios. Luego quedan asuntos por resolver, como la suerte de los refugiados que conforman las familias de los grupos armados, tras su derrota, no contemplan la opción de regresar. Y los extranjeros que acudieron tras el ondeo de la hoy caída bandera negra de ISIS, no solo son de nacionalidad turca, sino de varios de países europeos.

Entre tanto la Unión Europea ha pagado miles de millones a Turquía para que refugie y contenga a los desplazados. Precisamente, ese trato mercantil de un tema humanitario hoy empieza a escurrirse de sus manos, pues el jefe turco, preso de su carácter porque Europa no intervino ante el derrumbe final en Idlib, más la presión, dado que cada vez se achica más el terreno, abrió fronteras y empuja a los refugiados a buscar abrigo en Europa. Nadie quiere cargar con los efectos de la intervención armada que respaldaron. El asunto, además, presiona la úlcera de las cada vez más desoídas instituciones internacionales.

No obstante, para Siria lo que vendrá después de Idlib es otra parte dura del hueso aún por roer, el debate y las medidas para la salida de las fuerzas de ocupación estadounidenses en regiones del norte. Ya ha habido escaramuzas entre convoyes de tropas gringas versus el ejército sirio, o hasta con población civil, que cortan el paso y apedrean las caravanas militares de la bandera azulgrana.

El pulso está por echarse y seguramente haga parte del repertorio de las próximas elecciones en U.S.A. Lo cierto es que Trump ha dado muestras de optar por concentrar sus fuerzas, luego habrá que poner en la balanza el desarrollo de la crisis económica mundial para ese momento. Por ahora Trump, está en un cuadrilátero con una esquina ocupada por Irán, con barras crecientes en Iraq, y a sabiendas de que la pelea por el título mundial es con la región indochina.

Hasta entonces, parece quedará un asunto que le corresponde discutir a los sirios, guiados por el principio de autodeterminación, y es el pleito interno con los kurdos, que tampoco pinta fácil, pero peor ha estado la lucha durante estos nueve años en Siria, como para que los aflija en el presente lo que puedan resolver como sirios en el futuro.

Lo comprobado ahora es que la nación siria consolidó la defensa territorial, pero a un alto costo debido .a la ferocidad de 3los ataques. Fotografía / El País

Triunfo del pueblo sirio, triunfo para la paz mundial

Lo comprobado ahora es que la nación siria consolidó la defensa territorial. La unión de la gente y las diversas tribus contra la intervención, la especialización de las fuerzas armadas nacionales y un país por reconstruir, trazan un nuevo horizonte. Siria, ha triunfado sobre la amenaza terrorista agitada desde países foráneos.

Hay otro aspecto, entre tantos, porque tuvieron lugar particulares desarrollos internos y externos del conflicto, que evidencian la decadencia de la idea de un mundo unipolar, guiado bajo una sola estrella. Hechos como los analizados en Siria, y otros aún por analizar, enseñan con claridad la proyección de un nuevo orden mundial, en el que las diversas regiones y naciones buscan emitir su propio brillo, en la idea de un mundo multipolar, y este solo hecho encarna mayores posibilidades de resolver los conflictos.

Como corolario final, la extensión de algunas muestras de las barbaridades del debilitado Estado Islámico, exportadas a algunos países de África, es certeza cruda que su derrota en Siria significó detener una latente influencia del eje del mal que amenazaba la paz mundial.