thin tankHacen falta tanques de pensamiento que se atrevan a pensar la educación como un todo estructurante que debe hacer conexiones con otras categorías que organizan nuestra vida nacional.

 

Por Jhon Alexander Herrera

Colombia es un país que podría emparentarse a una máquina chueca, en la que el conjunto de sus partes intenta integrarse con cables, largos, a veces extensos, que no comunican a ninguna parte. Porque la cosa se asemeja, también, a una colcha de retazos, de lugares comunes que no conducen a ningún lado, aunque por ellas mismas parezcan hilos debidamente desarrollados.

Pero un país es una máquina cuyos componentes deben estar conectados, y debe entender en qué lugares específicos se dan las conexiones con otros hilos fundamentales.

Llamemos a estos hilos “economía”, “industria” “educación” “cultura” “turismo” “partidos políticos” “seguridad nacional”, etc… En este artículo quisiera convocar a reflexionar sobre uno de esos hilos: la educación. Un hilo de larga trayectoria, robustecido por sí mismo, y, sin embargo, desconectado de todos los hilos de costal que conforman este país roto.

Las discusiones sobre el modelo educativo han pasado por distintas etapas importantes de considerar en el texto. Desde las polémicas de carácter culturalista, ideológico, muy propio de los años 60 y 70, hasta una discusión de carácter laboral enmarcada desde los años 90.

Posiblemente en este segundo sentido el Instituto Colombiano de Fomento a la Educación Superior (ICFES) ha jugado un papel fundamental en lo que respecta a todo aquello que es sujeto de evaluación.

Ilustración / Raúl Arias

El MEN, que no ha querido quedarse relegado en su producción intelectual, ha decidido asesorarse de empresas e intelectuales que han definido el horizonte educativo del país, intentando unir sus hilos al desarrollo económico de las esperanzadas economías de los años 90.

Es así como en Colombia el lenguaje que tiene que ver con los estándares y las competencias comienza a hacerse un lugar social en el ardid pedagógico. Se trata de una terminología laboral que comienza a extenderse al campo pedagógico.

Ahora los estudiantes debían ser competentes en un saber que estaba destinado a un saber hacer (una teoría que sólo se legitima siempre y cuando éste tuviera un correlato en la práctica –saber hacer- definido a través de una situación problemática).

Este marco del hacer pedagógico lo dio el psicólogo Richard Shavelson de la universidad de Stanford, quien definió los lineamientos de pruebas evaluativas a partir de competencias.

Más allá de considerar lo anterior como bueno o malo, lo que es importante considerar es que se intentaban generar tendones entre dos variables hasta ese momento desconectadas, por lo menos institucionalmente hablando: la economía y la educación.

Sin embargo, esto supuso el desconocimiento regional, no solo para la pertinencia del sistema educativo, sino, y al mismo tiempo, de la pertinencia de éste, inmerso en contextos económicos regionales y locales que no siempre, y de hecho multitud de veces, no respondieron a una anhelada economía mundo.

Ilustración / The Porsmouth Magazine

Lo anterior se intentó subsanar con los PEC (Proyectos Educativos Comunitarios) para el caso de las comunidades raizales, negras o indígenas, pero eso en realidad fue desentenderse del asunto de la regionalización de un país, profunda e incluso peligrosamente fragmentado.

Y eso tampoco significaba que lo primero estuviese bien hecho, porque intentar relacionar lo económico y lo educativo sin tomar en consideración las otras variables que definen la realidad social, es un esfuerzo considerable que tiene efectos inútiles. Ocasionalmente los resultados inútiles también hacen parte de estrategias económicas, por ejemplo, de países que no se interesan por el desarrollo educativo ni su correlato económico, que son consumidores, y ante un eventual escenario de mejoramiento económico-educativo pasen a ser directamente sus competidores.

Lo importante para señalar es que de allí en adelante el MEN y el ICFES han intentado establecer la mejor guía para desarrollar unidad nacional (lo que se entienda por ello) en el plano educativo, pero han fracasado, y de manera rotunda, baste para ello identificar los lenguajes distintos que utilizan una y otra entidad para referirse a los mismos elementos.

Cada entidad parece hablar con sus propios códigos lingüísticos, lo que ha obligado a los docentes a ser profesionales en traducción de lo que quiere decir cada una de las entidades.

Sin embargo, también es necesario asumir responsabilidades, que las entidades hayan acudido a entes internacionales e intelectuales de prestigio extranjero se debe a que no han encontrado en Colombia el suficiente desarrollo intelectual para que se piense la educación desde una perspectiva estructural, y, sobre todo, que sea evaluable.

Las discusiones nacionales se pierden en sesgos ideológicos que rozan lo bizantino y la retórica medieval. Hacen falta tanques de pensamiento que se atrevan a pensar la educación como un todo estructurante que debe hacer conexiones con otras categorías que organizan nuestra vida nacional: la economía, la cultura, la política, las relaciones internacionales y la convivencia básica.

Esto exige ser honestos en nuestras preguntas fundamentales respecto al hecho educativo, pues al hacer una política educativa la pregunta no es: ¿qué es lo que el estudiante debe aprender y aprende a hacer? Sino: ¿para dónde va el país? Con esta pregunta, que es profundamente política, la educación se convierte en el instrumento para que esta pregunta se vaya llenando de contenido.

No creo que el país no se haya hecho esta pregunta. De hecho, donde estamos hoy, no es efecto de azar, sino justamente de un plan al que se nos ha pretendido llevar, y se ha logrado con franco éxito instrumentalizado en un sistema educativo que, no por mediocre, significa no planeado.

Por lo tanto, un “Tanque de pensamiento” educativo debe ser sustantivamente político y adjetivamente pedagógico, y debe realizar las reformas estructurales suficientes partiendo de esta pregunta: ¿a qué país queremos llegar?