PHILIP AGEE: EL ESPÍA QUE RENUNCIÓ A LA CIA Y LA DEVELÓ ANTE EL MUNDO (IV)

“Hubo un momento en los 70 cuando los peores horrores imaginables se produjeron en América Latina —Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Guatemala, El Salvador—; había dictaduras militares con escuadrones de la muerte, todos con el apoyo de la CIA y el gobierno estadounidense. Eso fue lo que me motivó a dar todos los nombres y a trabajar con periodistas que estaban interesados en saber quiénes estaban con la CIA en esos países”. Philip Agee [la traducción es del cronista].[1] Última entrega de esta serie sobre este espía que convirtió a Latinoamérica en su escenario de acción.  

 

Por / Jaime Flórez Meza – Portada / Stella Maris

Después de pasar dos años y medio, entre 1964 y 1966, en la estación de la CIA en Montevideo Philip Agee fue asignado a la más grande estación del hemisferio occidental, la de Ciudad de México. Pero esta vez Agee, que gozaba de una destacada reputación dentro de la Agencia como oficial de operaciones en Latinoamérica, fue delegado por la embajada de los EE. UU. en México como agregado especial a los Juegos Olímpicos de 1968, a celebrarse en la capital mexicana en octubre de ese año. Si bien se trataba de una tarea distinta a las de contrainsurgencia, infiltración, propaganda y contraespionaje que le eran asignadas, Agee estaba decidido a renunciar a la CIA. “Estuve allí un año antes de los Juegos observando la organización de ese evento, conociendo a mucha gente de interés para la CIA, porque ese medio olímpico está lleno de personas que son de interés para la Central. El plan era que luego de los Juegos yo me quedaría en la embajada para seguir con el reclutamiento de ciertas personas que había conocido”.[2]

Su misión en México coincidió con uno de los más trágicos episodios de represión gubernamental en la historia del país y de América Latina, como lo fue la masacre en la Plaza de las Tres Culturas durante una protesta pacífica el 2 de octubre de 1968 contra el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz, agente a sueldo de la CIA.

Después de hacer efectiva su renuncia a inicios de 1969, Agee pasó dos años trabajando en una compañía comercial y adelantando estudios de posgrado en la UNAM. A fines de 1969 comenzó a trabajar en un libro sobre la CIA, revelando todo lo que conocía de primera mano y el complejo entramado de la Agencia, lo mismo que los nombres y datos de oficiales, agentes, colaboradores y los respectivos criptónimos de muchos de ellos y de las operaciones especiales. Este proyecto lo llevó a viajar por Cuba y a instalarse temporalmente en París y luego en Londres, ciudad en la que encontró el editor que buscaba y el apoyo financiero para continuar la investigación y la escritura de su libro. La CIA empezó a seguir sus pasos en París y el hostigamiento continuaba en la capital inglesa.

Ilustración / Stella Maris

Comienza la noche más oscura en Sudamérica

Gracias al adelanto financiero proporcionado por el editor londinense Agee trabaja a todo vapor en su libro desde diciembre de 1972. A mediados de 1973 concluye su investigación y comienza a redactar la versión cuasi definitiva de su libro. Durante este año ocurren graves hechos en Sudamérica: en Uruguay el MLN-T (Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros) fue derrotado militarmente y desarticulado, nueve de sus miembros encarcelados (entre ellos integrantes históricos como Raúl Sendic, José Mujica, Julio Marenales y Jorge Manera, entre otros), mientras que varios lograron exiliarse; el 27 de junio hubo un autogolpe de estado (que se venía fraguando desde febrero) que instauró un régimen cívico-militar presidido por Juan María Bordaberry; el 11 de septiembre otro golpe militar, encabezado por el general Pinochet y claramente promovido por la CIA, destruyó el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile. Agee se refiere así a estos acontecimientos:

El golpe de estado en Chile, terrible corno es, ha sido como un acicate para trabajar más rápido. Los signos de que se estaba preparando el golpe eran bastante claros. Mientras que la ayuda económica a Chile se negó absolutamente, después de haber sido elegido Salvador Allende, la ayuda militar continuó: en 1972, la ayuda militar a los generales y almirantes chilenos fue la más alta en Latinoamérica; el crecimiento de la estación de la CIA desde 1970 (…) el asesinato del general Schneider; la militancia de las organizaciones ‘patrióticas’ de gente de dinero, como ‘Patria y Libertad’; el sabotaje económico; la huelga de los camioneros, el año pasado, con el famoso ‘dólar por día’ que les daban para que no trabajaran, y la huelga de los camioneros del pasado mes de junio (ambas huelgas fueron, probablemente, financiadas por la CIA (…). Y finalmente estaba el plan Z, que es un típico documento falso de la CIA”.[3]

El Plan Z fue un falso documento atribuido a la Unidad Popular, el movimiento de izquierda que llevó al poder a Allende, que establecía la realización de un autogolpe para el 17 de septiembre de 1973, eliminando a la cúpula militar y posteriormente a todos los civiles opositores al gobierno. Fue la estrategia para justificar el horror que comenzó a sufrir Chile con la implantación de la dictadura pinochetista.

Agee pone énfasis en la participación del régimen fascista brasileño de entonces en los preparativos del golpe en Chile, que era clave para el gobierno de Nixon como punta de lanza para “retener le hegemonía capitalista en Latinoamérica”.[4] A su vez Brasil recibía un apoyo de EE. UU. que justificaba el recurso al totalitarismo como estrategia de intimidación y eliminación de todo signo de izquierda en el hemisferio, en este caso en Sudamérica, y la responsabilidad de la CIA en aquel plan sistemático de violación de los derechos humanos, irónicamente en nombre de la democracia, que años más tarde sería denominado Plan Cóndor:

Todo este apoyo a un régimen en que la mitad de la población, unos cincuenta millones de personas, indigentes y marginadas, se están empobreciendo aún más, mientras que una pequeña élite dirigente y sus títeres militares sacan una porción todavía mayor. Todo esto para apoyar a un régimen denunciado en todo el mundo por la bárbara tortura y el tratamiento inhumano infligido rutinariamente a miles de prisioneros políticos (inclusive sacerdotes, monjas y muchos otros no marxistas), muchos de los cuales no sobrevivieron a tal brutalidad. La represión en Brasil ha incluido casos de tortura a niños delante de los ojos de sus padres para forzar a éstos a dar información. Esto es lo que la CIA, la asistencia a la policía, el entrenamiento militar y los programas de ayuda económica han traído al pueblo brasileño. Y el régimen brasileño se está extendiendo hacia sus vecinos: Bolivia en-1971, Uruguay en febrero de este año (1973) y ahora Chile”.[5]

El 24 de marzo de 1976 el golpe militar en Argentina completaría ese cuadro siniestro.

Fotografías de algunos de los desaparecidos por la dictadura argentina (1976-1983), que se cuentan por miles. Fotografía / TeleSUR.

El giro ideológico

En enero de 1974 Agee celebra el final de la redacción de su trabajo, que luego adoptará la forma de diario personal tras un acuerdo con su editor. Después de todo lo vivido a nivel personal dentro de la CIA y de las incendiarias intervenciones de su país en Latinoamérica y Vietnam, Agee piensa en alguna de las posibles repercusiones de su trabajo: “Si llego a tener éxito podré brindar mi apoyo a otros ex empleados de la CIA que quieran describir sus experiencias y abrir más ventanas en esta actividad. Debe haber muchos otros diarios de la CIA que pueden escribirse, y yo comprometo mi apoyo y mi experiencia para que esto sea posible”.[6] No deja de lado lo que han significado los cuatro intensos años dedicados a su libro para su situación emocional y familiar:

La Agencia todavía está esperando hacerme volver a los Estados Unidos antes de que salga publicado el libro, y ahora pienso que mi desesperación por ver a los chicos era realmente lo que ellos creían que podía tentarme a volver. Janet admite ahora que la Agencia le estuvo pidiendo durante mucho tiempo que no me enviara a los chicos, para que yo tuviera que ir allá. A pesar de que ella se negaba a cooperar y me los envió el verano pasado, no les permitió venir para las vacaciones de la última Navidad. Quizás cuando los chicos dejen de ser chicos a la CIA ya no le importará que los vea”.[7]

Por otra parte, la aplicación de métodos de contrainsurgencia y espionaje en los mismos EE. UU. dirigidos a líderes sociales, políticos y culturales (entre ellos algunos artistas como John Lennon), más la represión de la protesta estudiantil y el escándalo Watergate que involucraba al gobierno de Nixon en un caso de espionaje al partido Demócrata, hacen pensar a Agee que tales procedimientos han dejado de ser cuestiones externas:

En la CIA nosotros justificábamos nuestra infiltración, interrupción y sabotaje en la izquierda de Latinoamérica —y de todo el mundo— porque sentíamos que la moral cambiaba al cruzar las fronteras nacionales. Pocos consideramos que se pudieran aplicar estos métodos dentro de nuestro país. Ahora, sin embargo, vemos que el FBI estaba empleando estos mismos métodos contra la izquierda en los Estados Unidos, en un programa planeado y coordinado para irrumpir, sabotear y reprimir las organizaciones políticas de la izquierda (…). Los asesinatos ocurridos en los estados de Kent y Jackson, las actividades internas de la inteligencia militar de los EE.UU. y ahora el plan de inteligencia del propio presidente y esa unidad de ‘plomeros’ son una amplia demostración de que los métodos de la CIA están empleándose en casa”.[8]

La “unidad de plomeros” hace referencia al robo de documentos en el complejo de oficinas Watergate en Washington, sede del partido Demócrata, durante la campaña presidencial de 1972 en la que Nixon terminó ganando la reelección. Cuando The Washington Post comenzó a revelar los hechos estalló el escándalo que fue conocido con ese nombre y que incluía todo un programa de espionaje y acoso a opositores al gobierno mediante la inteligencia institucional, es decir, tanto el FBI como la CIA.

Aun cuando la intervención militar estadounidense en Vietnam llegó a su fin en 1973 y el juicio de Watergate avanzaba y llevaría a la renuncia de Nixon en agosto de 1974, Agee se mostraba escéptico frente a las reformas institucionales que supuestamente se avizoraban en su país, así éstas incluyeran a la CIA y al FBI: “Las reformas atacan más a los síntomas que a la enfermedad, y no son necesarias más pruebas que la guerra de Vietnam y Watergate para demostrar que la enfermedad es nuestro sistema económico y sus patrones motivacionales”.[9] Para Agee ese sistema no puede subsistir sin la fuerza, ilegalidad e inmoralidad de una organización como la CIA: “El capitalismo norteamericano, basado en la explotación de los pobres y movido fundamentalmente por la codicia personal simplemente no puede sobrevivir sin la fuerza, sin una fuerza policial secreta”.[10]

La conclusión —y alternativa— a la llega Agee al final de su diario pasa necesariamente por una transición ideológica hacia el socialismo. Así justifica su elección:

Ahora, más claramente que nunca, los extremos de pobreza y riqueza demuestran los irreconciliables conflictos de clases que únicamente el socialismo puede resolver. Ahora, más que nunca, cada uno de nosotros está forzado a hacer una elección consciente entre apoyar al sistema de confort y privilegios de la minoría con todos sus aparatos de seguridad y represión o luchar por una igualdad real de oportunidades y una mejor distribución de los beneficios para toda la sociedad, en el orden interno como en el orden internacional”.[11]

Finalmente, Agee agrega tres apéndices en su libro: una lista alfabética de 429 nombres que incluye funcionarios, oficiales, agentes, colaboradores y organizaciones de la CIA; una lista alfabética de siglas relacionadas directa o indirectamente con la Agencia; y una serie de cuadros que describen lo que era el organigrama de la CIA hasta 1968, año en el que Agee presentó su renuncia.

 

Del anonimato a la celebridad

Ted Shackley, jefe de la División Hemisferio Occidental de la CIA, había recibido la misión de impedir que el libro de Agee fuera publicado. No pudo lograrlo porque en enero de 1975 apareció en Londres la primera edición de Inside the Company: CIA Diary (La CIA por dentro. Diario de un espía, en la versión de Editorial Sudamericana), publicada por la editorial Penguin Books. En los meses siguientes se publicaron las ediciones en italiano y sueco, las que sumadas a la inglesa alcanzaron el millón de ejemplares: un éxito editorial para la época, sin contar con las futuras ediciones que ya se anunciaban en otras lenguas, como el castellano entre ellas, que resultaba imprescindible debido a que los lectores hispanohablantes estaban ansiosos por conocer toda la información recopilada por Agee sobre las operaciones de la CIA en los tres países latinoamericanos a los que fue asignado. El libro sería traducido a 27 lenguas y se convertiría en un best seller en muchos países.

Distintas traducciones de La CIA por dentro y Agee en una entrevista. Fotografía / Bitácora memoriosa

En una entrevista en 2001 Agee recordaba que en julio de 1974, cuando estaba ultimando el carácter de diario de su libro, The New York Times publicó un artículo en primera plana que afirmaba que él, estando deprimido y borracho, le había entregado información secreta de EE. UU. a la KGB soviética en 1972.

En el mejor estilo de los ‘servicios’: pegar primero, porque el que replica ya es menos confiable. Les contesté, claro. En ese momento yo colaboraba para la agencia Interpress en Londres y les envié un artículo donde hice públicos los nombres y direcciones de 35 agentes secretos de la CIA en México. Lo hice cuidando los horarios, para que el cable llegara a las redacciones por la noche y los periodistas pudieran estar en la puerta de casa de los agentes cuando salían de mañana para la embajada. Fue un golpe muy grande. Tuvieron que cambiar a mucha gente”.[12]

Sin embargo, poco antes del lanzamiento de la edición inglesa de La Compañía por dentro The New York Times publicó el 22 de diciembre de 1974 un extenso informe del periodista Seymour Hersch que daba cuenta de operaciones de la CIA desde los años cincuenta hasta 1970 para planear asesinatos de líderes extranjeros y desestabilizar políticamente a muchos países, así como de espionaje de la población civil estadounidense por parte de organismos de inteligencia con el propósito de controlar las inclinaciones y actividades políticas de los ciudadanos, violando con ello una prohibición. En ese sentido el libro de Agee corroboraba y complementaba lo que Hersch y antes el periodista Christopher Pyle, desde 1970, ya venían denunciando.

En marzo de 1975 la revista ecuatoriana Nueva publicó en Quito un informe con las revelaciones sobre Ecuador que Agee hacía en su libro. El número se agotó rápidamente en los puestos de revistas y periódicos de Quito. La misma revista publicaría parcialmente la entrevista de Jaime Galarza Zabala a Agee de octubre de 1975.

Una vez publicado su libro en inglés, y mientras se preparaban las primeras traducciones, Agee comenzó a dar declaraciones, entrevistas y conferencias, continuando su actividad de denuncia de la CIA. Las críticas no se hicieron esperar, tanto las de forma que lo juzgaban engorroso y difícil de leer como las de contenido que cuestionaban, entre otros aspectos, la revelación de tantos nombres vinculados con la CIA:

Se me ha criticado duramente por revelar todos estos nombres. Me dicen que estoy poniendo en peligro de muerte a toda esta gente. En algunos casos he sufrido un conflicto interior al denunciar a ciertas personas que trabajan en la CIA, pero finalmente estas personas prestan apoyo y favorecen a esta institución que, mientras más fuerte sea, más puede promover eventos del tipo que ocurrieron en Chile. Y eso está en contra del propio pueblo de Estados Unidos”.[13]

La propaganda sucia tampoco tardó en caer sobre Agee. Varios de sus ex colegas de la CIA declaraban que Agee no había renunciado a ésta por razones personales y de conciencia, sino que había sido despedido por problemas de alcoholismo y por coquetear con las esposas de ciertos diplomáticos. Sobre la presunta “conexión soviética” de Agee la Agencia hacía publicar notas periodísticas en las que se acusaba al ex oficial de ser un “agente de Moscú” que había recibido un millón de dólares de la KGB, como lo recuerda Alfonso Gumucio Dagron, que lo entrevistó en París en 1975. No obstante, la CIA no había tomado medidas drásticas contra Agee tanto por la publicación de su libro como por toda la actividad denunciante y antiimperialista que desarrollaba. Ante esa inquietud Agee le responde así a Galarza Zabala en la mencionada entrevista:

Creo que ésta ha sido una época oportuna para mi actuación, pues por todos lados se han hecho revelaciones sobre los sucios manejos de la CIA. Todo esto comenzó el año pasado con el caso Chile (…). Hemos vivido, pues, más de un año de estas revelaciones. En mi caso, la CIA no sabía qué hacer. Un tiempo viví en París en secreto y realmente temí que me pasara algo. Pero publicado el libro, la CIA no podía ya pararlo. Si algo me pasaba, la culpa se la hubiera echado ella encima. No es una cosa que me la explico muy bien, pero como mi caso es un poco insólito, y la CIA de cualquier forma no es todopoderosa, no ha podido hacer nada”.[14]

Y añade que realmente lo que más le preocupaba era solidarizarse con todas las personas que eran víctimas de la CIA, como lo fue en su momento el propio entrevistador: en efecto, durante el período que Agee actuó en Ecuador Jaime Galarza Zabala, periodista y escritor, era presidente de la Unión Revolucionaria de Juventudes Ecuatorianas (URJE), considerada por la CIA como la organización izquierdista más peligrosa del país, obviamente frente a los intereses políticos de EE. UU. y las elites ecuatorianas. Galarza Zavala fue detenido, torturado y encarcelado. “Pasó años y años en la cárcel, en las peores condiciones, y más de una vez”, recuerda Agee. “Eso fue en gran parte, gracias a las operaciones de la CIA”.[15]

En la misma entrevista el periodista plantea a Agee si todo lo revelado en su libro no constituye un acto de traición a los EE. UU., a lo cual el ex oficial responde:

Yo no creo que sea un acto de deslealtad hacia el país. La CIA no sirve al país. La CIA sirve a intereses minoritarios en los Estados Unidos y esos son sólo intereses de los dueños y gerentes de las compañías multinacionales, de los profesionales que los apoyan, de ciertos políticos dentro del gobierno mismo. Esta es una fracción de la población norteamericana. Nada de lo que yo hacía estaba destinado a servir a los negros, a los indígenas de Estados Unidos, a los portorriqueños, a los chicanos, al mayor porcentaje de la clase media, a la mayoría de la población de Estados Unidos. Lo que yo hacía era directamente apoyar a esas compañías y a los políticos que querían mantenerse en sus puestos. De manera que yo no veo que he hecho una traición o una deslealtad a los Estados Unidos. Es un acto político a favor del pueblo”.[16]

El primer libro de Agee se sumaba así a otros textos clásicos contra-hegemónicos de la época como Diario del Che en Bolivia, Las venas abiertas de América Latina, Pedagogía del oprimido, El festín del petróleo, Libro de Manuel (la controvertida novela política de Julio Cortázar) y Teatro del oprimido, entre otros. No pudo aparecer en un momento más oportuno para Latinoamérica y el mundo.

En EE. UU., entretanto, a pesar de que el gobierno de Gerald Ford, vicepresidente y sucesor de Nixon, estaba preocupado por los efectos políticos del libro, se había creado el Comité Church con el objeto de investigar y hacer públicas las actividades de inteligencia ilegales tanto dentro como fuera de la nación y los abusos de poder del gobierno desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta la guerra de Vietnam, aunque inicialmente había sido organizado para examinar los mecanismos ilegales empleados por el gobierno de Nixon en el caso Watergate. Formalmente era conocido como Comité Selecto del Senado de los Estados Unidos para el Estudio de las Operaciones Gubernamentales respecto a las Actividades de Inteligencia. Estaba presidido por el senador demócrata Frank Church, de quien derivó su nombre, y estuvo activo entre 1975 y 1976 elaborando catorce informes. Según el periodista uruguayo Víctor Carrato, Philip Agee y otros disidentes norteamericanos “afirmaron su posición ante el Comité Church”,[17] lo que supone que Agee prestó alguna declaración desde Europa ante el Comité.

Agee diría en 2001 que el libro cumplió el objetivo que se había fijado: “era un manual de defensa para la gente que buscaba el cambio en América latina. Después, varios revolucionarios latinoamericanos me dijeron que les sirvió para saber cómo trabajaba la CIA. Cómo penetran, cómo reprimen, cómo trabajan con los servicios represivos locales”.[18]

 

Los EE. UU. contra Agee

Es un hecho que la CIA quiso desprestigiar gravemente a Agee: además de las acusaciones de traición, de ser una amenaza a la seguridad nacional, de ser un agente encubierto al servicio de la Unión Soviética y Cuba, George H.W. Bush, director de la CIA entre 1976 y 1977 y futuro presidente de EE. UU. (en el período 1989-1993), lo responsabilizó del asesinato de Richard Welch, jefe de la estación de la CIA en Atenas ejecutado en 1975 por miembros de la Organización Revolucionaria 17 de Noviembre, por presuntamente revelar la identidad de aquél a Counterspy, magazín estadounidense especializado en divulgar las actividades encubiertas del gobierno. Agee nunca había dado el nombre de Welch, que tampoco aparece en su libro, y dijo que todas esas acusaciones hacían parte de una campaña de falsedades orquestada por la CIA a lo largo y ancho de Europa occidental.

“Lo que sucedió es que sus operaciones fueron desmanteladas, y ese era el propósito de lo que estábamos haciendo”,[19] dijo Agee en una entrevista de 2003 en referencia a las denuncias que él y otros activistas hacían en aquellos años de las actividades ilegales y criminales de la CIA en Europa y otras regiones del mundo. “Teníamos el derecho de hacerlo porque la política de EE. UU., ejecutada en ese momento por la CIA, era apoyar dictaduras asesinas alrededor del mundo, en Grecia, Chile, Uruguay, Brasil, sólo por mencionar algunas. Nos oponíamos a que se usara el servicio de inteligencia de EE. UU. en aquellas operaciones sucias. Estoy hablando de regímenes que torturaron y desaparecieron a miles de personas” [la traducción es del cronista].[20]

Ilustración / celag.org

George H.W. Bush no sólo acusó a Agee de traición a EE. UU. y de complicidad en el asesinato de Welch, sino que persuadió a su esposa Barbara Bush para que incluyera esa acusación criminal en su autobiografía. Agee la demandó por difamación en 1994, pero llegó a un arreglo: en las siguientes ediciones de la autobiografía se omitió la calumnia.

El gobierno estadounidense logró desestabilizar la vida de Agee en Europa cuando consiguió su expulsión del Reino Unido en junio de 1977 luego de una batalla legal de seis meses en la que el propio ex espía se había empeñado para mantener su residencia en Inglaterra. Lo que le esperaba a partir de ahora era un periplo por Francia, Holanda, Alemania Occidental e Italia. En Holanda había buscado un permiso de residencia que le permitiera terminar su segundo libro, el primer volumen de Dirty Work (Trabajo sucio). No le era posible porque terminaban expulsándolo por la presión del gobierno de EE. UU. que lo seguía considerando un riesgo para la seguridad.

 

La vida militante

La brasileña Angela Camargo Seixas, militante de izquierda, era la compañera sentimental de Agee por aquel tiempo. Se habían conocido en 1972 en París, donde ella vivía en el exilio (había sido torturada y encarcelada bajo el régimen militar brasileño). En la dedicatoria de La Compañía por dentro se lee: “Dedicado a Angela Camargo Seixas y sus compañeros latinoamericanos que lucharon por la justicia social, la dignidad nacional y la paz”. Posteriormente Agee conoció a la bailarina alemana Giselle Roberge, con quien se casó en 1978, obteniendo así la residencia en Alemania Occidental (por entonces República Federal Alemana). Sus hijos Christopher y Phil viajaron a ese país a continuar sus estudios de secundaria en una escuela internacional.

Dirty Work. The CIA in Western Europe indagaba las operaciones de la CIA en Europa occidental y fue coeditado con Louis Wolf; saldría a la luz en 1978. Ese mismo año Agee comenzó a editar con otros activistas (Bill Schaap, Ellen Ray y el mismo Wolf) la revista Covert Action, que al decir del periodista argentino Miguel Bonasso era “una de las mejores revistas sobre temas militares, diplomáticos y de espionaje que se han editado a nivel mundial”. En 1980 publicó Dirty Work 2. The CIA in Africa, también con Wolf, que seguía la metodología del anterior, enfocándose esta vez en las actividades de la Agencia en el continente africano. En ambos volúmenes más de dos mil nombres entre agentes y oficiales de la CIA fueron revelados. La “campaña mundial para desestabilizar a la CIA exponiendo sus operaciones y personal” —según las palabras de Agee— continuaba. Diez años después de su renuncia Philip Agee se había convertido en uno de los mayores activistas contra la CIA y el imperialismo estadounidense en todo el orbe.

En los últimos años de la década de 1970 el gobierno de EE. UU, en cabeza del presidente Jimmy Carter (1977-1980), enfrentaba serios problemas en su política exterior a raíz del derrocamiento del Sha de Irán —aliado de EE. UU. en el Medio Oriente— por la revolución islámica de 1979 liderada por el ayatolá Jomeini, y la posterior crisis de los rehenes de la embajada estadounidense en Teherán tomada por estudiantes islámicos durante 444 días.  El Sha había llegado al poder por un golpe de estado en 1953, con intervención de la CIA, que había depuesto al primer ministro Mohammad Mosaddeq, elegido democráticamente.

Por otro lado, la revolución sandinista había triunfado en Nicaragua en 1979, y en 1980 hubo una alta tensión entre EE. UU. y Cuba por el llamado Éxodo del Mariel, puerto cubano del que 125.000 disidentes fueron embarcados a la Florida entre abril y octubre por organizaciones anti castristas de Miami; se dice que 25.000 de ellos tenían antecedentes criminales.

Agee manifestaría en 1983: “me acusaron de haber fraguado el clima psicológico para la toma de la embajada norteamericana en Teherán (1979), y la quema de las embajadas norteamericanas en esa época en Islamabad (capital de Afganistán) y Trípoli (capital de Libia)”. La campaña de falsedades contra Agee no se detenía.

En 1981 apareció el libro White paper White wash: interviews with Philip Agee on the CIA and El Salvador, que es una serie de entrevistas en las que Agee habla de operaciones de la CIA en Irán, Latinoamérica e Indonesia.

 

La tragedia de Granada

En la isla-Estado de Granada, en el Caribe, el líder socialista Maurice Bishop fue nombrado primer ministro tras la destitución del dictador Eric Gairy en marzo de 1979. En julio de ese año Agee viaja a Cuba, donde empieza a escribir su libro On the Run y conoce a un miembro de la legación de Granada, a quien ofrece su respaldo al Gobierno Revolucionario del Pueblo que se había conformado en la isla y expresa su intención de visitarla. El 24 de diciembre de 1979 Agee recibe una notificación del consulado estadounidense en Hamburgo, ciudad en la que residía con su familia, informándole que su pasaporte ha sido revocado. En los años siguientes Agee utilizará un pasaporte de Granada que le fue ofrecido por el mismo Bishop.

Philip Agee y Maurice Bishop. Fotografía / Lyle Stuart Inc.

En agosto de 1980 viaja por primera vez a Granada, adonde volverá entre 1981 y 1983. Durante este período Agee y su esposa discutieron la posibilidad de quedarse a vivir en la isla. Pero los planes quedaron truncados cuando Bishop, tres de sus ministros y otros miembros de la facción moderada del partido New Jewel Movement (NJM) fueron sumariados y fusilados el 19 de octubre de 1983 por partidarios del viceprimer ministro Bernard Coard y el ministro de Defensa Hudson Austin, representantes de la facción radical.

Bishop no había aceptado la decisión del Comité Central del NJM de otorgar a Coard el control del partido, lo que le costó la expulsión de éste y una arbitraria prisión domiciliaria desde el 13 de octubre: estaba sufriendo un golpe de estado. “Varios autores sugieren que la decisión de fortalecer a Coard y su grupo habría agradado a los soviéticos y tomado de sorpresa a los cubanos”,[21] dice Carlos Federico Domínguez. Sobrevino entonces una reacción popular en defensa de Bishop: el 19 de octubre entre cinco y diez mil de sus seguidores lograron liberarlo. Bishop y sus partidarios se dirigieron a Fort Rupert, uno de los principales puestos militares de Saint George’s, capital de Granada, y lo tomaron. Pero el contraataque de los seguidores de Coard fue letal y al final del día tuvo lugar la bárbara ejecución. Austin anunció la conformación de un gobierno militar y la imposición de la ley marcial.

El gobierno estadounidense de Ronald Reagan encontró así la excusa perfecta para una intervención militar, que se venía planeando desde marzo de 1983. El 25 de octubre tropas de EE. UU., secundadas por simbólicos contingentes de Jamaica, Barbados y otros estados caribeños aliados, desembarcaron en Granada y luego de tres días de combates desproporcionados y bombardeos indiscriminados derrocaron al gobierno. La invasión, condenada internacionalmente, culminó en diciembre de 1983.

La grave crisis de Granada tomó a Agee en Nicaragua, donde asistía al Tribunal Antiimperialista de Nuestra América en Managua. Justamente en su intervención señalaba lo siguiente: “Yo propondría aquí, ahora mismo, que este Tribunal envíe un mensaje de solidaridad, un mensaje especial a la revolución granadiense, a quienes ha sido imposible estar aquí”. Pero la revolución granadiense llegó a su fin con la invasión de EE. UU., que impidió encontrar una solución legal y diplomática a la crisis generada a partir del golpe militar a Bishop y su fusilamiento seis días después.

 

Los últimos años

Agee estrechó su amistad con el gobierno revolucionario de Nicaragua, que le otorgó un pasaporte en 1984. Durante aquellos años de guerra civil en el país, en la que la oposición armada financiada por el gobierno de EE. UU. (conocida como la “contra”) buscaba derrocar al gobierno, Agee terminó de escribir su autobiografía On the run (titulada en castellano Acoso y fuga. Con la CIA en los talones), publicada en 1987. La presentación del libro lo llevó por muchos países, incluso al suyo propio ese año, pese a la advertencia de sus abogados de no hacerlo por el riesgo de ser arrestado: “lo evaluamos con mi esposa y fuimos. Hacía 17 años que no pisaba Estados Unidos. Fui y no me tocaron. A partir de entonces viajé muchas veces, presentando libros y dando conferencias”.

Agee en Cuba. Fotografía / Digital Tamiment

Tras la derrota en Nicaragua del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en las elecciones de febrero de 1990 y la reunificación de Alemania, Agee obtuvo un pasaporte de este país. En la década de los noventa dividía su tiempo entre Alemania y Cuba, pero sus viajes a la isla se hicieron más frecuentes desde 1997 cuando concibió la idea de crear una agencia de viajes virtual (cubalinda.com) con el fin de llevar turistas norteamericanos y de todo el mundo. Agee se radicó en Cuba, su proyecto fue aprobado por el gobierno y resultó exitoso, aunque no contara con ningún permiso del gobierno estadounidense, por cuanto la mayoría de visitantes provenían de EE. UU. “Como ciudadano norteamericano que sigo siendo, pienso que pedir permiso es someterse a la influencia que tienen en mi país los extremistas cubano-americanos de Miami sobre la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba”, decía Agee.

Puede resultar curioso que Agee dedicara sus últimos años a una agencia turística en Cuba. Sin embargo, después de treinta años de activismo político, un proyecto comercial como éste era para Agee una continuación de esa larga etapa de su vida: “Desde principios de los años setenta yo he llevado una relación bastante estrecha con la revolución cubana (…) porque lo que estoy haciendo, o intentando hacer, es presentar las realidades cubanas al mundo a través de la presentación de Cuba en Internet (…). Este es un trabajo más de solidaridad con Cuba”, comentaba en 2001.

Agee en sus últimos años. Fotografía / Along the Malecón

Philip Agee falleció el 7 de enero de 2008 en La Habana a los 72 años, como consecuencia de una úlcera perforada. Su hijo mayor Chris es profesor de ciencia política y sociología en la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

 

Notas

[1] Philip Agee, Spartacus Educational, https://spartacus-educational.com/JFKagee.htm

[2] Philip Agee, citado por Miguel Bonasso, “Diálogo en Cuba con Philip Agee, el más famoso ex agente de la CIA”, Página 12, 10 de enero, 2001, https://www.pagina12.com.ar/2001/01-10/01-10-29/pag15.htm

[3] Philip Agee, La CIA por dentro. Diario de un espía, trad. Silvia Lerendegui, Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1987, p. 445

[4] Ibíd., p. 446

[5] Ibíd., p. 446

[6] Ibíd., p. 447-448

[7] Ibíd., p. 448

[8] Ibíd., p. 448

[9] Ibíd., p. 449

[10] Ibíd., p. 449

[11] Ibíd., p. 449

[12] Philip Agee, citado por Miguel Bonasso, op. cit.

[13] Philip Agee, Jaime Galarza Zavala y Francisco Herrera Aráuz, La CIA contra América Latina. Caso especial: Ecuador, Quito: Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, 2014, p. 45

[14] Ibíd.., p. 45

[15] Ibíd., p. 57

[16] Ibíd., p. 27

[17] Víctor Carrato, “Philip Agee y el Escuadrón de la Muerte”, Caras y caretas, 10 de febrero de 2019, https://www.carasycaretas.com.uy/philip-agee-y-el-escuadron-de-la-muerte/

[18] Philip Agee, citado por Miguel Bonasso, op. cit.

[19] Philip Agee, en entrevista (en inglés) con Amy Goodman, “Former CIA Agent Phillip Agee On the Wilson Affair, the Iraq Invasion and Why Bush Sr. Calls Him A Traitor”, Democracy Now, 2 de octubre, 2003,  https://www.democracynow.org/2003/10/2/former_cia_agent_phillip_agee_on

[20] Ibíd.

[21] Carlos Federico Domínguez Ávila, “Granada: Revolución, Autodeterminación e Intervencionismo (1979-1983)”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, 11 de septiembre, 2008, https://journals.openedition.org/ nuevomundo/40883