¿QUÉ TAN NORMAL SERÁ LA “NUEVA NORMALIDAD”?

Se deben garantizar las condiciones óptimas de bioseguridad en la presencialidad para la comunidad educativa, proporcionando mecanismos adecuados de control en la institución y comunicación efectiva con las familias en pro del mantenimiento de la salud.

 

Por / Hernán Augusto Tena Cortés

El año 2020 ha transcurrido con irregularidades, altibajos, sinsabores, restricciones, protestas, aislamientos, miedos, pérdidas, crisis y duelos, todo como consecuencia del virus covid-19 que ha dejado al descubierto (como anteriores pandemias) la vulnerabilidad del ser humano y lo precario del sistema de salud y bienestar social.

A su vez, estas irregularidades han traído cambios ostensibles en las dinámicas laborales, familiares y educativas, poniendo sobre la mesa una baraja de alternativas planteadas inicialmente como medidas de contención frente a la propagación del virus, empezando en marzo; la mayoría de ellas apoyadas en la tecnología y la internet como medios para dar continuidad a las dinámicas laborales (teletrabajo) y educativas (escuela en casa).

En este sentido, el sector público ajustó horarios de atención al ciudadano, habilitó plataformas de reunión y en gran medida, posibilitó el trabajo en casa. Para quienes debieron seguir con su labor, asumió estrictos protocolos y en algunos casos no dio continuidad a los contratos.

Por otro lado, para la empresa privada el panorama no resultó tan alentador, pues las restricciones establecidas por el gobierno generaron un desequilibrio en la demanda, cosas como cancelación o aplazamiento de proyectos, inversión adicional para adecuación y cumplimiento de protocolos, se tradujeron en crisis financiera, despidos y cierre de instalaciones.

Sin embargo, el sector laboral que se vio impactado negativamente desde el inicio de la pandemia fue el trabajo informal, el independiente, el personal doméstico al cual le cambió su rutina y quedó en su mayoría a expensas de las ayudas estatales. Un panorama altamente desolador, aumentando los niveles de desigualdad nacional.

A partir de esta realidad que permea todos los ámbitos sociales y de la cual la Escuela básica y media no es la excepción, se inicia entonces un proceso que exige que todos los actores educativos migren sus dinámicas de enseñanza y aprendizaje a un estilo de educación mediado por el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

En Colombia, la educación mediada por estas tecnologías está establecida para la educación superior, pero ante la coyuntura del estado de emergencia sanitaria, la escuela básica como se dijo anteriormente migró hacia esta mediación, estableciendo la escuela en casa y llevando a una reinvención a contra reloj.

Esta maratónica migración partió de un cambio en el calendario escolar que dio espacio a las adecuaciones en las estrategias para dar continuidad al año lectivo 2020, pensando en unas semanas de ambientación, sensibilización y diagnóstico frente a las condiciones personales y materiales  de la comunidad educativa en general.

Todo lo mencionado fue el inicio de un proceso que no es desconocido para nadie, debido a que los medios de comunicación a diario informan sobre a las condiciones precarias del sistema de salud, los altos índices de desempleo, el aumento en la violencia intrafamiliar, la odisea que a diario viven muchos estudiantes por conectividad y sus familias para llevar a buen término el año escolar en medio de la escasez.

A pesar de todas estas limitantes, la escuela se ha ido adaptando y en consecuencia generando entornos virtuales de aprendizaje, poniendo en marcha los procesos, actividades, experiencias, objetivos y estrategias donde el docente presencial se ve obligado a reinventar su práctica y metodología para llevar a los estudiantes a poner en marcha su proceso de aprendizaje en condiciones de virtualidad.

En consecuencia, la adaptación a este modelo de aprendizaje en un principio generó resistencia, no solo por las limitantes materiales (dispositivos, conectividad, economía familiar) sino por tomarlo como algo poco formal o carente de socialización y trabajo colectivo, como es constante en la presencialidad, todo esto daba a entender que no aprenderían en la distancia.

No obstante, la exposición a la estrategia, los mecanismos para mejorar la comunicación, la conectividad, la generación de material diverso y la adquisición de habilidades básicas de los actores educativos durante estos ocho meses, han permitido que la naturalización del uso de estas herramientas tecnológicas faciliten el aprendizaje individual y colectivo, rompiendo las barreras espacio temporales dadas por la presencialidad y adoptando una presencialidad asistida por lo virtual.

Es decir, a pesar del caos causado al iniciar el aislamiento preventivo, hoy vemos dos caras de la moneda en cuanto a la escuela y sus familias durante esta nueva normalidad: los que se adaptan a la virtualidad como sistema de aprendizaje y los que necesitan la presencialidad.

En el primer grupo están los estudiantes y las familias que se adaptaron y ven en la virtualidad una posibilidad de aprendizaje mientras cuidan su salud y comparten en familia.

También esta primera cara de la moneda aborda a los chicos tímidos, víctimas de bullying y los que padecen enfermedades preexistentes que, por razones de salud física o emocional, faltaban a clases o temían participar activamente en ellas.

Estos niños han tenido la posibilidad de ser más participativos, mejorar su salud mental y física mientras cumplen con sus actividades escolares. Es este grupo en particular el que se niegan a la posibilidad de un reingreso a las aulas, sea por alternancia o general.

En el segundo caso están los alumnos que se negaron desde el inicio a estudiar desde casa, los que no cuentan con los medios económicos, las familias en donde la escuela es una guardería de medio tiempo mientras van a trabajar y las que no se sienten en capacidad de dar el acompañamiento y orden adecuado para sus hijos, por ser, para ellos, responsabilidad de la escuela.

En este grupo los padres están dispuestos asumir el riesgo en cuanto a la salud de sus hijos y familias, dado por la incapacidad de control y acompañamiento que tienen sobre ellos.

Partiendo de estas dos caras de la moneda surge el siguiente cuestionamiento acerca de la Nueva Normalidad: ¿Qué tan normal será para nuestros estudiantes? La Constitución Política de Colombia de 1991, en su artículo 67, dice:

 “Artículo 67. La educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social; con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura.”

Apoyados en este artículo, el gobierno nacional debe plantear la posibilidad de que la escuela pública posibilite también la modalidad de escuela en casa, sobre todo para este grupo de estudiantes que se adaptó a esta dinámica de estudio por diferentes motivos, y para los que, a su vez, esta modalidad facilita el proceso de cobertura disminuyendo las aglomeraciones propias de las instituciones públicas.

El gobierno tampoco puede olvidar la generación de políticas públicas que faciliten el acceso a la conectividad, los préstamos de equipos, los mecanismos de participación, la permanencia y el reconocimiento en igualdad de derechos.

En contraposición, se deben garantizar las condiciones óptimas de bioseguridad en la presencialidad para la comunidad educativa, proporcionando mecanismos adecuados de control en la institución y comunicación efectiva con las familias en pro del mantenimiento de la salud.

En ambos casos, el gobierno nacional y local debe brindar garantías para dar cumplimiento al derecho a la educación que tienen los niños, para ello debe generar una caracterización de ambas caras de la moneda que de viabilidad y ubique los cupos dependiendo de la particularidad de los estudiantes y sus familias. Sumado a la selección y distribución de los docentes en todas las áreas del conocimiento con el perfil óptimo para cada una de las modalidades a ofertar. En este sentido, se reitera la pregunta alrededor de ¿qué tan normal será la nueva normalidad?

Twitter: @Hernan_Tena

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