REFLEXIONES SOBRE LAS PRIMERAS JORNADAS DE PROTESTA DEL 28A

Ya con un poco de distancia, se analizan los primeros días de este paro nacional que llega a su día 34 sin que se tenga una solución en el corto plazo.

 

Escribe / Damian Rodríguez Vera

Iván Duque ha recurrido a lo largo de sus casi tres años de gobierno a pantomimas para enmascarar hechos afrentosos o inauditos para la ciudadanía colombiana. Nos ha hablado de homicidios colectivos para ocultar 91 masacres el año pasado. En el exterior asegura “no hacer trizas la paz”, pero su partido ha presentado proyectos que han buscado derogar la JEP como también lanzar diatribas contra el acuerdo. Con la situación económica Duque tampoco es ajeno a esta conducta; durante su gobierno ha presentado tres proyectos de reforma tributaria disfrazándoles con nombres pomposos, desdibujando lo que realmente es, apela a expresiones como ley de “financiamiento”, después ley de “crecimiento” y ahora nos habla de “ley de solidaridad sostenible”. Todas tres con una serie de atributos que en nada reflejan el verdadero espíritu de estas reformas. La juventud, por ejemplo, sigue siendo uno de los eslabones más débiles por cuanto en el mercado laboral, el desempleo les sigue azotando durante los últimos años.

Es decir, Duque no solo nos ha mentido por no nombrar las cosas como son, sino también por cómo trata de nombrarlas. La ley de crecimiento no ha generado crecimiento y, por supuesto, la ley de solidaridad no era para nada solidaria con las clases medias ni con muchos sectores de la industria colombiana. Y por si no fuera poco, ahora recurren a otra mentira que les hace imposible velar la impopularidad de su propuesta. Miembros del partido del Centro Democrático, empezando por su líder natural Álvaro Uribe Vélez, se habían empezado a deslindar de la reforma tributaria. Dicho en otras palabras, el partido del Centro Democrático critica y se aleja del proyecto de reforma tributaria del partido del Centro Democrático.

Cabe preguntarnos a renglón seguido si hay un ápice de sinceridad en todo esto. Si examinamos con detenimiento, existe una verdad insoslayable en sus propuestas económicas, e incluso pueden rastrearse desde el momento en que había empezado su campaña presidencial en el año 2018. Por más desconcierto que a muchos pueda generarles, Iván Duque nunca ha negado la idea de proteger los intereses de las grandes élites de este país, como tampoco al gran capital, por eso, cuando Duque nos decía menos impuestos, no se refería a la ciudadanía, se refería a las grandes empresas que, bajo la fracasada teoría del rebosamiento, se traduciría en mayores oportunidades laborales para la nación –hecho que por supuesto no sucedió–.  Así, entonces, estas reformas tributarias poseen el mismo leitmotiv, darles grandes exenciones tributarias a empresas extranjeras y a los ricos de este país, descargando el peso más grande en los bolsillos de la ciudadanía.

El estado de cosas hoy ha tomado un rumbo distinto a lo que algunas personas consideraban y considerábamos antes del 28 de abril, la discusión ya no solo se centra al descontento generalizado, que es una realidad después las últimas jornadas de protesta que, en efecto, está en creces. Ya sabemos incluso el papel de los partidos políticos tradicionales que le dieron la espalda al proyecto de reforma tributaria.

 

¿Cómo se ha comportado Iván Duque?

El gobierno al igual que la ciudadanía ya estaban “calentado motores” semanas atrás, desde las redes sociales podía evidenciarse el descontento de las personas, como también, se evidenciaba las estrategias que Iván Duque y los medios de comunicación afín a su gobierno utilizaron para contener la molestia de los ciudadanos. Vicky Dávila entrevistó a Duque en un tono bastante condescendiste con el ánimo de mostrar la cara amable de la reforma tributaria, el ministro de Salud, Fernando Ruiz Gómez, había recomendado posponer la movilización del 28 de abril y, como colofón se filtró con rapidez un día antes la decisión del tribunal de Cundinamarca que ordenaba suspender las marchas hasta que se implementara el protocolo de bioseguirdad o existiera inmunidad de rebaño.

Antes del 28A existían dos escenarios posibles que se resumen básicamente en que, en el primero de ellos, el gobierno de Duque después de la movilización y del rechazo de los distintos partidos tradicionales retiraría su proyecto de reforma tributaria –cuestión que en efecto no sucedió–. El segundo escenario, obedece a la orientación que hemos podido evidenciar del líder natural del partido Centro Democrático Álvaro Uribe Vélez, quien ha insistido en una reforma tributaria “concertada” o “consensuada” cuya intención busque que los partidos de la U, Liberal, Cambio Radical  retrocedan de su posición oficial y garanticen impulsar una reforma tributaria ahora con los insumos propuestos por cada bancada. No obstante, la realidad demuestra un tercer escenario mucho más complejo aún…

 

Del 28A al 1 de Mayo

A pesar de la apoteósica movilización del 28 de abril, donde ríos de gente inundaron las calles en contra de la reforma tributaria más agresiva en los últimos tiempos, Iván Duque sostuvo con tozudez la idea de mantener la reforma tributaria. ¿A qué se debe esta actitud? Una de las razones es que, como hemos advertido, Duque y su gobierno hicieron uso de todas las herramientas que tenían a su alcance para minimizar el debate de la reforma tributaria. También el presidente, sus ministros, los medios de comunicación afín a su gobierno y por supuesto su propio partido se encargaron de hacer un linchamiento mediático contra la movilización del 28A. Así entonces, este sector de la clase dominante estaba a la expectativa de la venidera jornada de protesta y se convertiría en el rasero con que Duque mediría la fuerza de la movilización social. En otras palabras, el punto de partida de la verdadera lucha contra el gobierno de Iván Duque y su reforma tributaria se cristalizaba en el 28A y, a partir de ahí, se presentaría una constante pugna por cuál de las dos fuerzas lograría imponerse.

Otra de las razones de su actitud reticente contra la movilización social hiende sus orígenes en el 21N, pues parece aplicar las mismas recetas ahora en el 28A. Recordemos que el tratamiento de Duque con la protesta en las jornadas de movilización durante el 21N fueron cambiando paulatinamente, sobre todo por los mensajes que del sector más purasangre del uribismo había recibido en ese entonces, por ejemplo Fernando Londoño, uno de los uribistas más reaccionarios del Centro Democrático había “aconsejado” a Duque dejar el cargo de su presidencia producto de su actitud blanda con los manifestantes, tiempo después Duque terminó alineándose con los sectores más reaccionarios del uribismo. Así, entonces, el mensaje que quería enviar Iván Duque después de la jornada de protesta y movilización del 28A era la de desdibujar cualquier asomo de debilidad como interlocutor, el problema fue que no previó que su mensaje fue recibido con más indignación que nunca e hizo de las venideras jornadas de movilización espacios de masiva convocatoria, llenando las calles de toda Colombia con mayor determinación.

 

Cambiar el foco

Durante años, el Estado colombiano ha utilizado el mismo tratamiento cuando sienten que el poder se pone bajo tela de juicio o empieza a tambalear. Desde su alocución presidencial el mismo 28A, Duque se dedicó hablar más sobre el problema del vandalismo que de las mismas causas que convocaron a los manifestantes en ese día.

El libreto viejo del gobierno nos recuerda cuando, en medio del paro nacional de estudiantes del 2018 el ministro de Defensa, en ese entonces Guillermo Botero, había calificado sin ningún escrúpulo a los promotores de las jornadas de movilización del paro de estudiantes de educación superior como miembros de organizaciones guerrilleras. En medio del paro nacional del año 2019, Álvaro Uribe Vélez sin sonrojarse ante los micrófonos de los medios de comunicación, se atrevió a decir que las jornadas de protesta desde el 21N era un plan orquestado por el Foro de Sao Pablo.  Durante los desmanes del 9 y 10 de Septiembre del 2020, el Centro Democrático y medios de comunicación  señalaron como responsables al ELN de ser los instigadores de aquellas manifestaciones. Durante las jornadas de la minga indígena del año pasado, el Centro Democrático sindicó al CRIC como un brazo de las disidencias de las FARC. En resumidas cuentas, todo un libreto para desviar el eje central de discusión que se presentaba en cada uno de estos episodios para simplificar las causas de movilización en un asunto de mero vandalismo.

 

Violencia estatal

Desde sus inicios, los eventos presentados en la ciudad de Cali sirvieron para presagiar lo que días después sería el terrorismo de Estado. Cali no se ha rebelado sino que el Estado se ha revelado.

El gobierno nacional ha querido imponer una narrativa maniquea sobre la violencia. Y no se trata de que no puedan presentarse críticas a hechos vandálicos durante las jornadas de la protesta. Se trata poner el falso de dilema de equiparar al mismo nivel de violencia entre algunos manifestantes y policía nacional como institución del Estado.

La policía nacional tiene un deber constitucional, no hay un debate ético ni moral que constriñe cumplir con la conservación de la vida de los ciudadanos, pero los episodios que hemos visto desde que empezó el 28A demuestran absolutamente lo contario. La Policía ha manchado con sangre la bandera de la nación colombiana.

Por otro lado, las declaraciones del ministro de Defensa, Diego Molano, quien año atrás se burlaba de los manifestantes, develaban las mismas actitudes de los dos ministros que habían ocupado antes el puesto de Molano: vendarse los ojos y hacerse de oídos sordos, repetir el mismo libreto a los medios de comunicación sobre el supuesto apego a las normas de DDHH esperando convencerse a sí mismo y alguna que otra audiencia distraída.

El reflejo del accionar de la fuerza pública nos devela que la policía nacional, es una fuerza que está politizada. Y está politizada porque el tratamiento con que ha abordado la protesta social está mediada con el mismo rigor con que la derecha más reaccionaria del país ha sindicado  esta forma de lucha. La experiencia del 2019 desde el 21N y el 10 y 9 de Septiembre del 2020 nos ha demostrado que la fuerza pública reduce a unos ciudadanos como si fueran de segunda categoría. El mensaje de las élites políticas de equiparar a los manifestantes como potenciales terroristas, no es otra cosa que instar en la misma doctrina de seguridad nacional convirtiendo a la policía nacional en una fuerza militarizada que paso a paso va desdibujando su carácter de civil.

 

Prestidigitadores mediáticos

¿Y cuál ha sido la tarea de los medios de comunicación hegemónicos? Sin duda, los medios de comunicación al servicio del poder se han convertido en una herramienta esencial de propaganda para deslegitimar las jornadas de movilización desde que empezó el 28ª. Semana, que después de haber sido reacomodada por el grupo de la familia Gilinski, le ha hecho un buen trabajo a la clase dominante, por ejemplo, la pseudoperiodista Vicky Dávila se dedicó toda la jornada del 28A a señalar única y exclusivamente los desmanes presentados en ese día.

Tendemos a veces a menospreciar el papel crucial que tienen los medios de comunicación, pero no podemos olvidar que ellos, con nombres claros y precisos como Vicky Dávila, Luis Carlos Vélez, José Manuel Acevedo, se han aprovechado de su condición de periodistas para lanzar juicios cuyas repercusiones en la sociedad tienen efectos mucho más grandes de lo que creemos.

Por un lado, como diría Bourdieu, los periodistas poseen el monopolio de los medios de difusión y comunicación, es un privilegio que no tienen las demás personas, ser escuchado, ser percibido porque se posee el micrófono.  Convertir en ordinario lo extraordinario o viceversa es característico del campo periodístico. En este caso, estos prestidigitadores mediáticos, se han encargado de minimizar las causas y las dimensiones de las exigencias de la movilización popular. Cuando las imágenes que quieren enfocar no son las razones del porqué se movilizan sino el vandalismo – que es marginal en proporción a los ríos de gentes que salen a marchar- el mensaje que pretenden difundir es por completo deslegitimar la protesta ciudadana.

Pero además de este ocultar mostrando como mencionaría Pierre Bourdieu, el efecto de tener las pantallas y los micrófonos no solo se trata de esta censura disfrazada. El problema de quién habla en el plató y cómo dice las cosas, en las nuevas plataformas digitales, es una página que en esta serie de sucesos merece mención especial y por supuesto hablar un poco de ello.

No cabe duda que la discusión del vandalismo es un debate vigente en el momento en que empezó las protestas del 28A, el problema es degradar las movilizaciones que en su mayoría han sido pacíficas y caracterizar a los manifestantes bajo el rubro de bandidos y vándalos como lo hizo la periodista Vicky Dávila desde el mismo día que inició el paro nacional. Sin embargo, no dedicó ninguna primicia ni un trabajo riguroso a las arremetidas que el ESMAD y la policía nacional habían realizado contra la integridad humana de los manifestantes.

El periodista muchas veces ha fungido como diletante y tertuliano de todos los grandes temas que aquejan el país; unas veces es abogado, otras psicólogo, sociólogo, economista. Y sin desmeritar la vocación del periodismo, la forma en que conscientemente o inconscientemente estos periodistas hacen uso de su condición profesional, lanzan juicios que no tiene asidero ni fundamento en la realidad. Nos recuerdan las palabras de Mariátegui: “El periodista se supone el derecho de discurrir de todo sin estar enterado de nada”. Sin embargo, seríamos bastante condescendientes al manifestar que los medios hegemónicos de comunicación no saben lo que hacen. Durante las primeras jornadas de protesta, han tratado de imponer una narrativa acerca de un actor secreto que mueve sus hilos, que está detrás de las verdaderas intenciones de las manifestaciones y cuyo fin es catapultarse para los venideros comicios p residenciales.

En la edición 2033 de revista Semana, Luis Carlos Vélez en su artículo de opinión “Los innombrables” aduce sin entregar causas o razones de tan blanda cavilación, cómo las protestas que empezaron desde el 28A han servido para que la izquierda –a secas– haya podido configurar un escenario propicio para tener listo un candidato. Además, con la misma estrechez que analiza el paro nacional, le sirve como rasero para vaticinar el fracaso de la movilización… un día después, Duque había retirado la reforma tributaria.

No olvidemos tampoco que el mismo día en que Iván Duque retira la reforma, José Manuel Acevedo, en noticias RCN, tergiversaba la realidad al señalar que los manifestantes en Cali salían a las calles por celebrar dicho retiro. Lo anterior es una prueba fehaciente de que los medios de comunicación al servicio del poder no tienen escrúpulos ni se sonrojan al lanzar juicios que carecen de fundamento, sus pies caminan en las nubes del error, no porque exista una ceguera que les impida ver la claridad del estado de cosas, es porque ellos son el humo que obscurece la realidad  en este país.

Twitter: @damian_rv