Esto demuestra que los principales responsables y protagonistas para desarrollar los procesos y sacarlos adelante son los docentes, según propone De Zubiría. En el fondo –afirma Mellado-, los buenos profesores son la clave de cualquier proceso.

 

Por / Rubén Darío Posada Bernal[1]

Al momento de recibir la asignación académica y horaria en una institución educativa, los grados sextos son los más desgastantes en la etapa de secundaria. Por ello, es muy común encontrar en páginas de humor docente mensajes que hacen alusión a este fenómeno; asimismo, cientos de comentarios que sirven de catarsis a muchos maestros que narran las dificultades sufridas en años anteriores al tener al frente este grado escolar.

En varias instituciones de la ciudad –y quizás del país entero– es un grado en el que se presenta la mayor mortalidad académica, lo que produce un punto de discordia entre los docentes de primaria, secundaria y los directivos institucionales.

Los estudiantes de grado Sexto presentan unas particularidades mencionadas por Chaux, Lleras y Velásquez como son el bajo interés de los padres en los procesos de acompañamiento y el cambio en el eje de influencia en los educandos que, en muchos casos, pasan del cuidado de los padres al compartir con los amigos de su entorno social.

Además, el trato paternal que se da en las escuelas, debido a que en la mayoría de las instituciones un solo docente es el encargado de estar con estos chicos en la primaria, y teniendo a cargo todas las asignaturas, hace que en muchos casos esa relación estudiante-docente esté enmarcada por valores afectivos, sobreponiéndose lo emocional a los desempeños académicos.

De acuerdo con estas circunstancias, son frecuente las expresiones “es muy colaborador”, “muy atento”, “es muy servicial”, enunciados para describir a un estudiante y, en el fondo, cualidades que al momento de dar una nota o promover a un estudiante terminan siendo fundamentales.

Esta relación paterno-emocional que se da en primaria se enfrenta directamente con la secundaria, pues muchas veces el docente ingresará a un grupo una vez a la semana y la relación docente-educando se dará solo por ese lapso, lo que rompe la noción social del estudiante con sus demás profesores.

 

Ilustración / El Colombiano

Ahora bien, al momento de la evaluación, esta se va a centrar en las tareas, los exámenes y contribuciones positivas o no que se den con los estudiantes en cada encuentro. De esta manera, cambiará esa base afectiva por una más centrada en los desempeños académicos, dando origen a dos bandos: cada uno desde su orilla y responsabilizando al otro de sus aciertos o fracasos, lo que promueve una discusión, en su mayoría de veces bizantina, por el desempeño al final del año del grado Sexto.

Por estas razones, es importante señalar un tercer elemento que permita dialogar a las partes y dicho elemento es el uso de los resultados de las pruebas Saber 3°, 5°,7° y 9°. Aunque estas pruebas son muy resistidas al interior de FECODE por su carácter generalizador, y que en muchos casos desconocen el contacto de las comunidades donde se encuentra la institución educativa, los resultados sí pueden ofrecer una mirada diferente al centro educativo y al desempeño escolar de los estudiantes en la medida en que subraya el comportamiento de los educandos frente a las pruebas y en qué aspectos, supuestamente, están fallando.

Este nuevo elemento fue usado en una institución educativa del área metropolitana, donde se contrastaron los resultados de aprobación en grado Quinto con los las pruebas Saber 5° y la respectiva aprobación en grado Sexto.

Al revisar estos datos se halló que los resultados de no aprobación de los estudiantes de grado Sexto eran muy similares a los porcentajes de insuficiencia de las pruebas de saber Quinto y las inconformidades planteadas por el docente de secundaria eran semejantes en las descripciones encontradas en las diferentes categorías de insuficiencia de estas pruebas que aplica el Ministerio de Educación en Colombia.

 

 

Estos datos revelaron que es fundamental encontrar estrategias que permitan dar solución a estos hallazgos, en especial los porcentajes de no aprobación, pues la mayoría de los estudiantes eran los mismos entre un grado y otro. ¿Como se podría resolver esta situación? ¿Qué grupo tendría la razón? ¿Cómo se pueden encontrar las razones que dan origen a estas dificultades con los grados sextos?

Primero, es importante indicar que tenemos la obligación moral de ser críticos y autocríticos; además, tolerar y aprender de las sugerencias del otro porque, en muchas ocasiones, son tan valiosas como mis propios conceptos. En este sentido, Alejandro Gaviria advierte que practicamos la disonancia cognitiva.

Así, es importante ver el diálogo como un proceso mediante el cual se estructuran soluciones pertinentes ante las debilidades escolares e institucionales y no transformarlo en un escenario de vencedores y vencidos, del que no se escapa el magisterio a tan cruda realidad.

Una de las recomendaciones sería que, en primaria, a partir de tercer grado, inicien la metodología de multiprofesor, lo que exigiría el ingreso de dos a tres docentes a cada salón y, paulatinamente, se aumentaría esta modalidad para promover una adaptación lenta a este modelo, recurrente en la secundaria.

Como institución educativa debemos formular y revisar los cuatro parámetros esenciales que delimitan un currículo, los cuales son planteados por Coll y retomados en De Zubiría. Los directivos deberán apoyar y motivar a los docentes y ser garantes de estos procesos. Podemos tener muy buenas ideas e intenciones como docentes, pero si no se cuenta con el respaldo de los directivos es muy difícil que se puedan concretar.

En el 2018, en esta institución educativa, los docentes decidieron, por voluntad propia, reunirse y cambiar la forma en que se estaba desarrollando la malla curricular; en otras palabras, decidieron hacerlo por cátedras, pero, con el tiempo, algunos docentes no lograron dar ese nuevo paso, y volvieron al modelo tradicional.

Esto demuestra que los principales responsables y protagonistas para desarrollar los procesos y sacarlos adelante son los docentes, según propone De Zubiría. En el fondo –afirma Mellado-, los buenos profesores son la clave de cualquier proceso que busque mejorar el sistema educativo, lo que determina realmente el éxito o el fracaso en relación con cualquier reforma o innovación curricular.

En el 2019 se realizó, en compañía de los directivos, esta propuesta, con docentes que quisieron llevar la iniciativa hasta final del año.  Hasta el momento de salir al aislamiento por COVID-19 los docentes de grado Sexto manifestaban la notoria diferencia a nivel académico y disciplinario entres los educandos que estuvieron en la modalidad multiprofesor y los que no participaron de este proceso.

 

Referencias

  • Chaux, E., Lleras, J. y Velásquez, A. (2004). Competencias ciudadanas: de los estándares al aula. Una propuesta de integración a las áreas académicas. Bogotá: Ediciones Uniandes.
  • Gaviria, A. (2016). Alguien tiene que llevar la contraria. Bogotá: Editorial Planeta.
  • Mellado, V. (2011). Formación del profesorado de ciencias y buenas prácticas: el lugar del a innovación y la investigación didáctica. Física y Química investigación, innovación y buenas prácticas. Barcelona: Editorial GRAO
  • De Zubiria, J. (2014a). Los modelos pedagógicos: Hacia una pedagogía dialogante. Bogotá: Editorial Magisterio
  • De Zubiria, J. (2014b). ¿Cómo diseñar un currículo por competencias?: fundamentos, lineamientos y estrategias. Bogotá: Editorial Magisterio.

[1] Químico ambiental de la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga; Magíster en Pedagogía de la Universidad Católica de Pereira.