A las sombras del contrabando. Desarrollo regional y criminalidad en Colombia es un proyecto editorial que se inscribe en el proceso de consolidación del Programa de investigación en transiciones, violencias y memoria. Este libro fue coordinado por el sociólogo Luis Adolfo Martínez H, quien también ha dirigido las publicaciones de Contra-caras del poder regional. Contrabando, narcomenudeo y explotación sexual comercial, Crimen organizado y violencia homicida en ciudades intermedias y Sociedad, crimen y violencias. Debates disciplinares.

 

Por / Luis Adolfo Martínez H.*

Libro resultado de investigación en el que se analizaron las relaciones entre mercados criminales (analizando en detalle el minimizado mercado del contrabando en una zona que no es de frontera), las prácticas sociales violentas y el desarrollo regional (tomando como caso tipo al departamento de Risaralda) a partir de la sociología relacional y la criminología crítica.

Entre otros hallazgos, se reconoce no sólo la existencia de un mercado criminal del contrabando sino todo un subcampo de la economía ilegal (el cual posee grupos, capitales, habitus, intereses), y por lo tanto, se identifica una historicidad y continuidad regional de una economía subterránea paralela y, en ocasiones, complementaria a las lógicas económicas legales.

Se interpreta una relación entre dicho subcampo de la economía regional y algunas de las perspectivas de desarrollo implementadas en la región. Y es en esta relación en la que se reconoce el papel protagónico del agente gris (aquel agente o grupo que opera entre las dimensiones legales e ilegales).

El protagonismo regional y local del llamado agente gris le permite, por un lado, convertirse en el agente socialmente privilegiado en la creación de un orden social casuístico, orden social que hemos venido identificando en las ciudades intermedias colombianas.

Tal orden social permite un juego de espejos que se expresa en una garantía de derechos en simultaneidad con la primacía de intereses privados, situación que nos lleva a cuestionar el llamado civismo regional –sin que ello implique desconocer la reivindicación al convite como lógica de solidaridad desarrollada especialmente en Pereira, y que necesita de nuevas investigaciones–.

Por otro lado, dicho agente gris, recobra vital importancia para interpretar algunas de las cuestiones criminales experimentadas en el departamento y de igual manera es central para interpretar las lógicas del conflicto armado interno experimentados en Risaralda.

La expresión del conflicto armado en Risaralda está estrechamente vinculada a la relación entre el agente gris y los agentes privilegiados del desarrollo regional, ya que en dicha relación se reconoce la captura de las lógicas del conflicto armado por instancias del orden institucional, lo que señala no tanto una captura del crimen organizado de las lógicas institucionales, sino todo lo contrario, unas lógicas institucionales que instrumentalizan las expresiones de las prácticas sociales violentas –ya sea del crimen organizado o el conflicto armado– al servicio de intereses privados de los órdenes políticos y económicos.

 

Interpretaciones emergentes: prácticas sociales violentas**

De esta manera, es posible agrupar las tendencias explicativas alusivas a las violencias en tres lógicas de análisis distintas (Figura 1).

Figura 1. Perspectivas explicativas de la violencia homicida en el departamento de Risaralda.

En primera instancia, se reconocen las lecturas sincrónicas de las violencias, perspectiva a su vez dividida en dos ejes distintos: por un lado, las explicaciones de carácter coyuntural, acotando el eje de análisis a las realidades socioeconómicas específicas en tiempo y lugar; se señalan como ejemplo los análisis explicativos centrados en los fenómenos migratorios, la crisis cafetera, la ubicación estratégica de Risaralda, entre otros. Por otro lado, la lógica sincrónica que articula análisis multivariado y que señala la existencia de un conjunto amplio de variables, por ejemplo, aquella impulsada desde el Observatorio del delito, entre otras instancias, la cual propició la realización de lecturas integrales hacia la elaboración de interpretaciones socioambientales, mapas culturales y procesos de georreferenciación de las violencias.  A pesar de dicho intento de análisis multicausal, esa lectura no lograba generar interpretaciones articuladas a procesos de larga duración que permitieran entender no solo las mutaciones de las violencias en la actualidad, sino también identificar y analizar los ejes de continuidad y discontinuidad históricos de las mismas en el contexto regional.

Una segunda perspectiva de análisis se puede agrupar bajo un eje diacrónico de interpretación de las violencias alusivas a las lógicas históricas en su dimensión  tendencial; por ejemplo, las explicaciones de las violencias creadas a partir de los  impactos de la para-institucionalidad cafetera, las cuales han generado complejas  secuelas en la vida social y económica presente en el departamento de Risaralda, o las lecturas que señalan la coexistencia entre criminalidad e institucionalidad a lo  largo de la historia regional.

Es en este horizonte de análisis en el que se desea proponer una tercera perspectiva explicativa alusiva a las violencias homicidas ocurridas en la ciudad-región, perspectiva que reconozca la necesidad de realizar lecturas multicausales y que articulen una perspectiva relacional y sincrónica de los fenómenos homicidas, acompañadas de una perspectiva diacrónica que reconozca las lógicas de larga duración de las violencias ocurridas en la región. Se identifica de esta manera, la consolidación de Estructuras Sociales Incorporadas (ESI) y Estructuras Sociales Objetivadas (ESO), las cuales hacen posible la permanencia de múltiples violencias en el territorio cafetero.

Tal perspectiva de interpretación señala la necesidad de interpretar las llamadas prácticas sociales violentas77 como el resultado de la doble estructuración del universo social, por un lado, resultado de estructuras sociales objetivas –clara alusión a la existencia en el departamento y en especial en la ciudad capital de un subcampo de la economía ilegal–. Manifestación objetiva e institucional de lógicas históricas que socializan propensiones para la acción mediadas por el uso de la violencia. De esta manera, se interpretan distintos mercados criminales (contrabando, narcomenudeo o mercado sexual ilegal) como nodos económicos ilegales que han logrado estabilidad e historicidad para superar las coyunturas, y han generado toda una estructura institucional presente a escala regional en estructuras objetivas con capitales, grupos de interés y lógicas institucionales propias.

Se reconoce la existencia de unas Estructuras sociales incorporadas, afirmación que señala la existencia de un conjunto de valores socialmente elaborados y que instituyen disposiciones a la informalidad y en ocasiones a la ilegalidad. Ilustración / La Opinión

Por otro lado, se reconoce la existencia de unas Estructuras sociales incorporadas, afirmación que señala la existencia de un conjunto de valores socialmente elaborados y que instituyen disposiciones a la informalidad y en ocasiones a la ilegalidad estructuradas a lo largo de la historia del departamento y que generan principios valorativos y lógicas de resolución violenta de la conflictividad social.

En este sentido, es pertinente analizar la existencia de múltiples mercados ilegales en la región, pero fundamentalmente las coincidencias entre dichos mercados y la presencia de factores de carácter histórico que han venido configurando un conjunto de reglas implícitas. Asimismo, mediaciones que surgen de las interacciones entre agentes, grupos e instituciones sociales los cuales se encuentran mutuamente relacionados y que entran en disputa por capitales específicos.

Este lugar de tensiones se puede interpretar como el resultado de las relaciones  recreadas entre el campo económico y el campo político, respecto a los subcampos: cafetero, comercial y el escenario del conflicto armado (Figura 1) existentes en la región  y que han creado “un espacio nuevo”, relativamente autónomo, el cual conjuga  dimensiones legales con aquellas ilegales, forjando un tercer escenario gris el cual  posee agentes y/o grupos con disposiciones y habitus socialmente aprehendidas,  capitales en disputa, mediaciones y regulaciones implícitas y lógicas propias de  acción, que hemos denominado como sub-campo de la economía ilegal presente en  Risaralda, especialmente en su ciudad capital, Pereira.

La industria textil es uno de los sectores más afectados por el contrabando en Risaralda.

Prácticas sociales: la doble existencia de la dimensión social

Para analizar las prácticas sociales a partir de la perspectiva relacional que propone el sociólogo Pierre Bourdieu, es necesario reconocer uno de los principios epistemológicos a los cuales se enfrentan los estudios en el campo de las ciencias sociales: “socavar la ilusión de transparencia de lo social”. Dicho ‘principio de la no conciencia’ postula contra la ilusión de transparencia a la que todos los miembros de la sociedad están inclinados, que la vida social se explica por causas irreductibles a las ideas e intenciones individuales (…) si la sociología como ciencia objetiva es posible, es porque los sujetos no están en posesión de la totalidad del significado de sus  comportamientos como un dato inmediato de la conciencia y sus acciones abarcan  siempre más significado de lo que saben o proponen, dicen Bourdieu y Wacquant.

“Para confrontar dicha ilusión de transparencia de lo social, Bourdieu propone analizar la doble existencia de lo social: en las cosas y en los cuerpos. Reconoce, por un lado, la existencia de estructuras sociales externas, entendidas como las estructuras objetivas e independientes que pesan sobre las interacciones individuales; condiciones sobre las prácticas sociales. Las categorías de campo, capital e intereses perfilan las posiciones relativas y las relaciones objetivas entre posiciones”, expone Luis Adolfo Martínez. Para el presente caso, la existencia del subcampo de la economía ilegal, que regularía las lógicas criminales existentes en la ciudad de Pereira.

“Por otro lado, las estructuras sociales internalizadas, entendidas como las estructuras  incorporadas en los agentes sociales las cuales exaltan el sentido vivido de las prácticas  sociales a partir del punto de vista, las percepciones y las representaciones elaborados  por los agentes. Las nociones de habitus, práctica, clase social y estrategia denotan las variaciones que tienen en cuenta la propia experiencia de los agentes”, según el mismo Martínez.

A pesar de esas variaciones individuales, la perspectiva que propone Bourdieu señala el peso que poseen las estructuras sociales externas sobre las estructuras sociales internalizadas, al identificar la existencia de sistemas de disposiciones individuales aprehendidos en campos específicos, lógicas de carácter estructural socializados en posiciones históricas y objetivas. De acuerdo con Martínez, “Para el presente análisis, las disposiciones para la acción reconocidas en prácticas sociales violentas en los agentes sociales que actúan no solo en torno a las violencias homicidas específicas, sino también en torno a las tramas sociales configuradas en territorios locales y subregionales”.

De esta manera, las prácticas sociales violentas, entendidas en esta doble estructuración de lo social, se perfilan como una de las variables explicativas acerca de las violencias homicidas y su reproducción en entornos urbanos matizados por altas tasas de violencia homicida. Por ello, entender estos nodos de relaciones históricamente estructurados en territorios específicos en relación con las violencias, se perfila como uno de las necesidades para configurar políticas públicas en seguridad, convivencia e integración social, que supere las miradas punitivas a los complejos fenómenos criminales experimentados en Colombia.

“Acerca de esta última manifestación de lo social, las manifestaciones de los tres agentes sociales que señalan sus posiciones en el subcampo de la economía ilegal, se hace alusión a los agentes legales, grises e ilegales que configuran el conjunto de relaciones objetivas entre posiciones existentes al interior del mismo. Esta doble relación estructural que configura las prácticas sociales violentas en la región y que permite no solo la articulación social a redes criminales como lo han sido las distintas expresiones del crimen organizado a lo largo de la historia regional, sino y en especial a una propensión para la acción violenta expresada en la vida cotidiana (violencia anómica, ordinaria, callejera, entre otras), tiene su origen en el cruce de dos campos centrales: el campo económico y el campo político en  el departamento de Risaralda”, sugiere Martínez.

De esta manera, se perfila como uno de los ejes explicativos de la violencia homicida presente en la ciudad-región la existencia de unas prácticas sociales violentas (Figura 2) que denotan la historicidad de las prácticas violentas en la región.

Figura 2. Modelo interpretativo de la violencia homicida en Risaralda a partir de las prácticas sociales violentas

Como se puede apreciar en el gráfico, “tales campos y subcampos poseen tres dimensiones específicas: la legal, la gris y la ilegal; con ello se quiere señalar cómo, por ejemplo, el campo económico posee sus propios agentes, grupos, instituciones, capitales e intereses presentes en cada dimensión. De esta manera, existiría una dimensión ilegal de la economía regional, la cual posee capitales socialmente escasos, como el caso del narcomenudeo o el contrabando”, dice Martínez.

Para interpretar algunas de las relaciones estructuradas entre los campos y los sub- campos, se torna necesario perfilar la existencia de un escenario ilegal y corrupto que ha operado como una de las instancias de carácter histórico y que le han dado sentido a los campos construidos. Integran dicho escenario criminógeno el cruce de cinco variables, identificadas en el contexto regional y que definen su propia existencia: los factores estructurales, los coyunturales, las lógicas culturales, las condiciones socioeconómicas desfavorables y los intereses de grupos de interés (partidos políticos, familias, clanes) o agentes socialmente privilegiados. Todas configuran, en momentos específicos, los escenarios criminógenos presentes en la región.

Es importante señalar que tales campos y subcampos configuran el llamado orden social casuístico, el cual opera como metacampo y configura uno de los dos ejes fundantes de las prácticas sociales violentas presentes en la región.

En el presente capítulo, sólo serán abordados los factores coyunturales y las lógicas estructurales presentes a nivel regional, y en el capítulo V se realizará una lectura a los tres agentes socialmente privilegiados del desarrollo regional ya que constituyen uno de los elementos centrales para interpretar las lógicas del crimen organizado y las violencias asociadas al conflicto armado interno experimentado en la región.

*Docente titular de la Universidad Católica de Pereira.

**Este es un aparte editado del capítulo IV del libro A las sombras del contrabando. Desarrollo regional y criminalidad en Colombia.