Sistema deportivo en Colombia: ocho años para lograr una transformación

Estamos en una fase donde una buena parte de la dirigencia deportiva no ha comprendido, en efecto, cuál es la fuente de financiación del sistema para sus diferentes actores. Es menester iniciar ese proceso, para luego proceder, de manera paulatina, a la formación de líderes comprometidos.

 

Por / Carlos Marín – Ilustraciones / Freepik

Desde el 25 de marzo el país de la actividad física inició la competencia más exigente en toda su historia: superar la crisis producto de la Covid-19; pero las virtudes que tiene para encarar el compromiso son escasas.

El primer gran diagnóstico del Sistema Nacional del Deporte durante la pandemia ha sido lo invisible que resulta para el Gobierno Nacional cuando no hay altos logros. Las miradas, como era de esperarse, están puestas en la salud.

Es apenas natural que el gobierno de Iván Duque ponga su interés en el Ministerio de la Salud y la Protección Social, ya que es sobre este que recae todo el peso sanitario de la emergencia y la responsabilidad de la vida de los colombianos; luego que el deporte, la actividad física y la recreación, no tengan la importancia que deberían tener justo en la coyuntura, es un hecho sobrenatural, por poco, increíble.

Los actores de este gremio en Colombia han intentado durante décadas justificar la importancia del ejercicio en el desarrollo humano de los ciudadanos, enfocados en la formación mental, educativa y social de las personas.

Se ha argumentado, a través de múltiples escenarios, que la actividad física, la recreación y el deporte, son ejes transversales en la vida del ser humano, que por ende su influencia y práctica en un territorio golpeado por la violencia traerá innegables resultados positivos, más allá de las medallas.

El entrenamiento deportivo, la medicina deportiva y la psicología, han brindado las suficientes explicaciones para sostener esta premisa; pero han sido luchas que terminan diluyéndose entre los entramados políticos y burocráticos del sistema, que evaden cualquier intento de protagonismo de actores que en el presente agonizan de una manera más rápida que otros.

Por más de dos décadas cientos de enteradoshan visualizado las fisuras de la Ley del Deporte (181 de 1995), esa que sostiene a un sistema indolente en la condición misma de su estructura. Sin fuentes de financiación, sin ideas innovadoras, sin formación. Los componentes del espectáculo y la mediatización siguen prevaleciendo pese a los innumerables cuestionamientos.

Hoy, ni siquiera se tendría que realizar una radiografía para comprender lo debilitado que se encuentra el sistema. Decenas de clubes cerca de desaparecer, miles de actores pidiendo un auxilio a la clase política, encontrándose con la respuesta que ensordece tanto como un campeonato perdido: ¡no hay recursos! Es un tanto lógico que no haya recursos, ¿no les parece?

Finalmente, el asunto en el territorio nacional se debe distanciar de sobrediagnósticar los males, para trasegar sobre las posibles soluciones.

Renovación de líderes

Los mismos que han diagnosticado las problemáticas en el pasado, se han quedado cortos en la construcción de posibles soluciones. Lo podrido del sistema ha impedido que sus manifestaciones tengan efectos positivos.

Las consecuencias profundas se materializan en una reestructuración, un ascenso en el Plan Nacional de Desarrollo y un sentido reconocimiento desde el Presupuesto General de la Nación.

Año tras año los recursos económicos del deporte siguen siendo pobrísimos, aunque en materia de infraestructura deportiva la nación se haya puesto a la vanguardia de los países en vía de desarrollo, simplemente por el capricho de no lucir atrasados o perder pruebas con estándares internacionales; en consecuencia, clara manifestación de una perspectiva utilitarista.

Desde Sidney 2000, con la medalla de María Isabel Urrutia en halterofilia, para los Juegos Olímpicos, el deporte en Colombia instituyó que había una ventana para escapar del país narcoterrorista en el que estaba fundido desde finales de los ochenta.

Los líderes se encomendaron la tarea de disuadir a los dirigentes políticos, asumiendo el reto de aprender sobre los caminos que se deben recorrer para posicionar mejor la actividad. Basados en la importancia del ciclismo, la movilización del fútbol, la simpleza del fútbol de salón; pero también en la historia del béisbol y actuaciones de deportes individuales en el patinaje en el siglo XX, sostuvieron discusiones que arrojaron resultados de forma, mas no de fondo.

La puja por organizar eventos y encontrar respuestas en el alto rendimiento se incrementó. De allí que, para la siguiente época, Colombia fuera protagonista en la realización de encuentros deportivos.  Copa América, Bolivarianos 2005, Centroamericanos 2006, hasta el 2010 con los Juegos Sudamericanos en Medellín. Cada participación mejorando las condiciones para el alto rendimiento, nunca, para las bases.

La idea de ver el deporte como eje de desarrollo humano, ha sido relegada por el brillo de las medallas, hoy se padecen las consecuencias. Desde el gobierno ha predominado la perspectiva del entretenimiento, el enfoque de los altos logros deportivos e imagen internacional.

De allí que muchos de los líderes que evidenciaron vacíos, hoy hacen parte del problema porque decidieron adaptarse antes que transformar. Acudieron a la vida política, se acomodaron en esos escalones menos escabrosos del sistema para quedarse allí por largos años. Ya saben cómo funciona, no existe un interés irrestricto de transformar, propender por un cambio sustancial que no desproteja a las aparentes minorías, que, en el caso del deporte, son unas mayorías, porque para formar a un deportista, se requiere más de un entrenador, siendo el producto final un ciudadano ejemplar, antes que un medallista.

Esto desprende una necesidad: el deporte necesita una renovación de liderazgos, lo que para la época implica personal mejor cualificado.

Capacitación del gremio

Ninguna transformación surtirá efecto si sus condiciones sociales no se brindan para ello. El Sistema Nacional del Deporte urge de profesionales capacitados para entender las demandas. Historia, estructura, fundamento, mercado, virtualidad y oportunidades.

La inversión en cualificación del personal no pasa de ser un subsidio estatal que hay que aplaudir a como dé lugar. De mil entrenadores, cinco cuentan con el beneficio; mientras paralelamente los entes territoriales piden a los organismos de la estructura, cualificarse en áreas distantes a la actividad física para sobrellevar las debilidades que, en conjunto, compete a todos.

Sin embargo, hablar de todos es hablar de nadie; pero para ser más preciso, la responsabilidad no es solamente de los líderes, ni de la clase política. Los diversos actores, como entrenadores, formadores deportivos, psicólogos, monitores, tienen en su agenda un compromiso constante con la capacitación.

Aquellos que han enajenado la idea de aprender cada día más corren el riesgo de transmitir cada día menos, ya que la información en el siglo XXI es variable, mutable, modificable, susceptible de transformarse. Lo único inmutable es que el ser humano en su condición biológica necesita de la actividad física, esto antes de convertirse parcialmente en máquina, lo que podría ocurrir para el siglo XXII.

Los dirigentes deportivos, cuyo ejercicio no está exento de cualquier responsabilidad, están llamado a actuar. Como lo manifestaba Miguel Acevedo, Director de Posicionamiento y Liderazgo del Ministerio del Deporte, el “sistema somos todos”, en la medida que todos deben reconocer su intervención parcial para definir los alcances.

Y la dirigencia deportiva en Colombia sí que tiene una tarea pendiente; pero no ha recibido ese respaldo necesario para saldarla. Lo que se dará principalmente a través de una política pública que oriente el camino sin depender cien por ciento de la voluntad política de quienes dirigen el deporte en los entes territoriales.

En esencia, la política activa es contradictoria, limitada, por momentos, con acciones inverosímiles.

Innovación y emprendimiento

En la medida que los dos elementos anteriores surtan efecto, las ideas se irán consolidando.

Una vez en el país comprenda a través de los líderes lo sustancial del deporte, la actividad física y la recreación, se podrán avizorar mejores oportunidades.

Pero ojo, los recursos del gobierno no se deben delimitar única y exclusivamente a la operatividad del sistema, los altos logros e imagen internacional; menos en grados porcentuales, a la capacitación del gremio. También en motivar la creación de empresas, el concepto de emprendimiento e innovación.

El deporte, la actividad física y la recreación para la década 2029-2039, puede sumergirse en un camino de innovación para soslayar la deficiencia económica que hoy los deprime como un gremio tímido.

Si el deporte lograra cinco billones en el Presupuesto General de la Nación, en un lapso de 10 años, podrá invertir en la formación de líderes más que ganadores de medallas y así tendría un mejor rédito en la condición social de su gremio, por ende, de sus ciudadanos.

Un ciudadano satisfecho con su calidad de vida es más propenso a emprender, generar, propiciar ideas en beneficio de otros ciudadanos.

 

Dos ciclos para materializar

Estamos en una fase donde una buena parte de la dirigencia deportiva no ha comprendido, en efecto, cuál es la fuente de financiación del sistema para sus diferentes actores. Es menester iniciar ese proceso, para luego proceder, de manera paulatina, a la formación de líderes comprometidos.

La formación de líderes podría motivar a la permanente capacitación de los actores. Los actores mejores cualificados, a su vez, buscarán mejores escenarios de participación ciudadana.

Así el sistema dejará de tener esos desbalances estructurales, de presupuesto y participación de sus actores. No puede ser un sistema que cuando hay medallas es gracias a unos pocos; pero cuando hay dificultades, es culpa de todos.

La integralidad delimita la acción, delimita a su vez, el resultado. Colombia no tiene un buen sistema deportivo y la pandemia lo repite una vez más.