VIOLENCIA DE GÉNERO: EL CALVARIO QUE NO TERMINA

La violencia digital contra las mujeres replica las violencias tradicionales, es un reflejo de una sociedad patriarcal que revictimiza a las mujeres y que, además, tiene un alcance masivo y sostenido en el tiempo.

Escribe / Melissa Tellez H. – Ilustra / Stella Maris

Un conocido le mandó un mensaje a Andrea[1] avisándole que su exnovio estaba subiendo vídeos y fotos íntimas de ella en una página de adultos que manejaba. “Enviado por una fan”, decían todas las publicaciones, pero era mentira, ella ni siquiera sabía que tenía ese contenido, eran capturas de pantallas, de las cuales ella nunca se enteró. Andrea intentó hablar con él, pero no funcionó, le dijo que hacía eso para llamar su atención, que “la extrañaba”, pero no eliminó ninguno de los posts.

Los siguientes días fueron una tortura para ella, no podía comer, ni dormir, ni concentrarse. No dejaba de pensar que cualquiera podía ver esas fotos y reconocerla, sus amigos, su familia, sus compañeros de trabajo. Sentía culpa, miedo y confusión. Pero, después de un tiempo, se enteró que su ex iba a comenzar un negocio de pornografía. Así que Andrea contactó a la socia del proyecto, le contó la situación y le dijo que tomaría acciones legales. Sólo fue entonces cuando su ex, corriendo el riesgo de perder el negocio, eliminó las publicaciones.

Finalmente la dejó tranquila. Pero para ella este es un asunto de no acabar, porque cree que él aún tiene sus fotos. “Sigo asustada de que en cualquier momento salga algo, aunque haya pasado un tiempo, siento que puede volver a atormentarme”, cuenta Andrea.

Según la relatoría ‘Violencia contra mujeres y niñas en el espacio digital’ de ONU Mujeres, para el 2018, 73% de las mujeres en el mundo habían estado expuestas o habían experimentado algún tipo de violencia en línea, 1 de cada 10 mujeres había sido víctima de alguna forma de violencia en línea desde los 15 años y 1 de cada 5 víctimas vivían en países donde era extremadamente probable que la violencia digital quedara impune. Otro estudio, realizado por BTR Consulting en 2020, arrojó que cerca de 60% de las niñas y mujeres que usan Facebook, Instagram, Twitter y Tiktok han sufrido abusos y acosos online.

La violencia de género digital se caracteriza por la persistencia, la replicabilidad y la escalabilidad de la información, se puede herir a la víctima sin contacto físico y desde el anonimato. Este fenómeno no ha hecho más que aumentar en medio de la pandemia, en donde la vida se ha trasladado de manera más evidente a los medios digitales.

“Estamos en un momento de transición. Uno de los efectos que ha tenido la pandemia ha sido que nos ha confrontado con la aceleración digital y con cómo ese entorno nos afecta a todas y a todos”, señala Carolina Botero, directora de la Fundación Karisma, organización colombiana que trabaja por los derechos humanos en el mundo digital.

No obstante, este no es un fenómeno reciente. Según el artículo ‘Violencia de Género digital’, escrito por María Zerda y Marina Benítez, los ciberabusos son acciones instaladas desde principios de siglo, cuando el porno amateur comenzó a ser frecuente en páginas web como “XTube”, “Real Ex Girlfriends” o “IknowthatGirl”. Parte del material alojado en esos sitios era publicado sin consentimiento de las protagonistas, quienes a partir del 2008 empezaron procesos legales en contra estas páginas de internet.

Más recientemente, se encuentra el caso de Pornhub[2], del conglomerado pornográfico MindGeek, el sitio web de pornografía más grande del mundo, que en los últimos años ha sido denunciado por activistas, colectivos feministas y mujeres por lucrarse con la difusión de material íntimo no consentido, vídeos de violaciones, torturas y pornografía infantil.

Reconocer el problema

Cuando Olimpia Coral tenía 18 años un vídeo íntimo de ella fue filtrado en internet, las consecuencias psicológicas y físicas fueron directas e inmediatas: burlas, acoso, revictimización. Pero, después de un largo proceso de ayuda psicológica entendió que ella era la víctima, comenzó a estudiar sobre el tema y promovió, junto a otras mujeres, una iniciativa de ley en México. En el 2019, luego de muchos años de activismo, el Senado de ese país aprobó un conjunto de reformas legislativas encaminadas a reconocer la violencia de género digital y sancionar este tipo de delitos, convirtiéndose el primer país en Latinoamérica en hacerlo.

En Colombia la violencia de género digital no está legislada, sin embargo, sí hay leyes que pueden aplicarse para las diferentes modalidades en las que se puede presentar este tipo de violencia. La sextorsión, que, según la Policía, aumentó un 19% en el 2019, se puede denunciar como extorsión. La difusión no consentida de material íntimo se encuadra dentro del delito de violación de datos personales y el acoso virtual, dentro del acoso sexual.

A pesar de ello es importante que existan leyes específicas para este tipo de acciones porque esto impulsa la prevención y el reconocimiento de estas violencias. “Si no hay legislación no hay políticas públicas, si no hay políticas públicas no hay estadísticas, las mujeres no se acercan a denunciar porque no saben, es un círculo vicioso de una violencia que está invisibilizada y naturalizada”, afirma María Florencia Zerda, abogada y supervisora jurídica del libro ‘Ser periodista en Twitter: violencia de género digital en América Latina’.

En el 2019 el congresista Richard Aguilar presentó al Congreso de Colombia un proyecto de ley que buscaba regular la violencia de género digital, sin embargo, no ha avanzado en los debates. Sumado a esto, varias organizaciones como Karisma se opusieron al nombre que proponían los congresistas para la ley: violación de la intimidad sexual, porque no nombraba de manera adecuada el verdadero problema. Lo anterior trae la discusión al país sobre cómo se debe denominar esta violencia digital, sus diferentes modalidades y la necesidad de educación en torno al tema.

“Nosotros somos el resultado de un sistema patriarcal, nuestro sistema jurídico es patriarcal, nuestro sistema legal es patriarcal, nuestro sistema educativo es patriarcal. Claro, hay unas normas, pero por más de que estén escritas en un papel no sirven de nada si no tienes funcionarios y funcionarias públicas que estén sensibilizados con el tema de género y que además entiendan las desigualdades como problemas. Para poder solucionar el problema legal hay que comenzar con el verdadero cambio cultural”, apunta Laura López, abogada que trabaja en temas de género.

En Colombia, además, las autoridades han tratado estos temas de manera prohibicionista como se puede ver en el caso ‘Babados Killa’ o en las campañas del Ministerio[4] de Tecnologías de la Información y Comunicaciones. “El problema no es compartir una foto con mi pareja, el problema es la difusión no consentida de ese contenido. Es un problema 100% patriarcal”, dice Valentina Hereira, la periodista que expuso el caso de acoso e intimidación en Barranquilla, ‘Babados Killa’.

Lo virtual es real

Hace un año y medio Diana[5] comenzó a recibir mensajes al WhatsApp de números de Corea, Turquía y Estados Unidos. Al principio parecía una equivocación, la saludaban y eso era todo, pero días después comenzó a recibir mensajes con contenido sexual. Fotos y vídeos de hombres masturbándose con sus fotos (que no eran explicitas), notas de voz en donde mencionaban su nombre, su pueblo natal, información muy personal. ¿Quiénes eran esas personas y cómo tenían su información y fotos que ella no había subido a ninguna red social?

Diana bloqueó los números desconocidos, borró los mensajes y trató de ignorar la situación pensando que con el tiempo los mensajes pararían. Pero, una vez le mandaron una captura de pantalla de Google Maps, donde se veía claramente su casa, ya no podía desentenderse de lo que estaba sucediendo.

Fue a la Policía con pantallazos de las conversaciones que no borró y dijo que estaba asustada de que viniesen a su casa. Sin embargo, la policía dijo que no podía hacer nada porque le estaban escribiendo de otros países, que ellos no tenían forma de saber quiénes eran esas personas debido a que todo era virtual y que si algún día este hostigamiento se volvía físico podía volver a la Policía.

¿Lo virtual no es real?, gente que Diana no conocía tenía su información privada, la acosaban sexualmente, pero eso no fue suficiente para investigarlo. Esto es más común de lo que parece, según la Fundación Karisma, la violencia de género digital suele subestimarse y además se minimizan los efectos que tienen en las personas, que va desde ansiedad, pérdida de ingresos económicos y violencia física, hasta el suicidio.

“El mundo digital no es diferente de la vida ‘real’. Quizá antes porque eran menos personas usándolo, con menos capacidades, con menos interacciones, entonces parecía un mundo alterno, pero a medida que la digitalización se toma la cotidianidad en nuestras vidas es claro que es parte del mundo real y de hecho ya no lo vas a poder separar”, asegura Carolina Botero, directora de esta fundación.

La violencia digital contra las mujeres replica las violencias tradicionales, es un reflejo de una sociedad patriarcal que revictimiza a las mujeres y que, además, tiene un alcance masivo y sostenido en el tiempo. La virtualidad no está alejada de la realidad, hace parte de nosotros, y las consecuencias de este tipo de violencias son directas y contundentes. Lo digital parece ir más rápido que las legislaciones y el cambio cultural, así que reconocer la violencia de género digital y rechazarla es el primer paso para combatirla.

 

 

 

[1] El nombre fue cambiado para proteger a la fuente y por petición de la misma.

[2] Según el New York Times, Pornhub está entre los 10 sitios más visitados del mundo y atrae aproximadamente a 3.5 mil millones de visitas por mes. Esto es más que Netflix, Yahoo! O Amazon.

[3]http://leyes.senado.gov.co/proyectos/images/documentos/Textos%20Radicados/proyectos%20de%20ley/2019%20-%202020/PL%20154-19%20Divulgacion%20no%20Consentida.pdf

[4] https://www.enticconfio.gov.co/taxonomy/term/1714

[5] El nombre fue cambiado para proteger a la fuente y por petición de la misma.