“… Es antes bien una divinidad, un astro, que preside todos los conceptos del cerebro macho; es el resplandor de todas las gracias naturales condensadas en un solo ser; es el objeto de admiración y curiosidad más viva que el cuadro de la vida puede ofrecer al contemplador. Es una especie de ídolo, a lo mejor estúpido, pero deslumbrante, hechicero, de cuyas miradas penden destinos y voluntades”.[1]

Portada Artículo tres

Tomada de Mundo Cultural

Por: Camilo Peláez

Dejando atrás los vasos de ginebra, el nostálgico gaucho encuentra en el arrabal figuras que lo acogen y distraen su tristeza. Entre el compadrito, el malevo y la curda[2] hay una figura que enceguece sus sentidos. Ora angelical, ora demoníaca; ora entretenida, ora aburrida; ora cercana, ora lejana, pero siempre inasible: la mujer. Con aires aparentes de candidez, llega la mujer al tango. Grácil e irrisoria es acogida en el arrabal, pero semejante a una diosa, es adorada por el gaucho, el compadrito y el malevo, que hará del arrabal un lugar para las penas curar.

Hablar de la mujer en el tango implica no solo atender a la historia y las figuras que en él se generan, sino que también exige buscar y encontrar las diferentes mujeres que en el tango se han evidenciado para llegar al símbolo de una mujer. Esta, al parecer, es algo que se añade al género por necesidad, pero no. Por lo ya dicho en los artículos anteriores, podemos decir que surge con el tango e, incluso, que nace con él.

La mujer –igual que el tango–, es un tema harto ambiguo e impreciso, de allí que surja la necesidad de plantear los límites que esta tiene en él. Es decir: dónde surge, cómo lo hace y hasta dónde llega la mujer en sus diversas manifestaciones tanguera(s). No obstante, para poder atender a este tema, hay que dimensionar cuáles son los límites que el tango propone y qué autores lo hacen, no sólo con la mujer, sino en general. Límites que, a veces confusos, tienen una esencia y oscilan casi siempre bajo los mismos tópicos: el arrabal, el malevo, el compadrito y la mujer.

https://tangoyfilo.wordpress.com/angel-villoldo-1869-1919/

Ángel Villoldo. Tomado de tangoyfilo.wordpress.com

Entre los compases de El esquinazo[3] algunas mesas del arrabal siguen con sus dedos algunas notas divertidas de la canción, mientras una mujer se bambolea entre las sillas y las mesas, cantando tonadas alegres y cándidas. Es una mujer que, nacida con el tango, cura las penas del gaucho, es compañera del compadre y del malevo, objeto de ganancia. Esta mina[4], divertida y casual, es retratada por vez primera ante los ojos de un genio. Llamado “El padre del tango”, Ángel Villoldo es el creador de la primera mujer del tango y, asimismo, el escritor de un tango que, años más tarde, servirá para reconocer los límites y las fronteras que en él hay, tanto para el símbolo de la mujer, como para entender lo que significa el tango.

Esta mujer nace en un contexto llamado tango. Contexto al que Enrique Santos Discépolo rinde homenaje re-creando la letra de El choclo, un tango criollo[5] que en su versión inicial, escrita y compuesta por Ángel Villoldo, habla precisamente del alimento del cual nace el choclo:

“De un grano nace la planta

que más tarde nos da el choclo

por eso de la garganta

dijo que estaba humilloso.”[6]

 

Con estos versos, podemos ver aún algunos vestigios de la trova que se llevaba a cabo en la milonga. No obstante, lo que ya hace Discépolo es elegir este tango, distanciarlo de la milonga y presentarlo como la génesis del tango-canción:

“Con este tango que es burlón y compadrito

se ató dos alas la ambición de mi suburbio;

con este tango nació el tango, y como un grito

salió del sórdido barrial buscando el cielo”[7]

En este sentido, lo toma no solo como referente, sino que –esto desde la re-escritura que él hace-, propone unas fronteras dentro del mismo:

“Triste compadre del gavión[8] y de la mina

y hasta comadre del bacán[9] y la pebeta.

Por vos shusheta[10], cana[11], reo[12] y mishiadura[13]

se hicieron voces al nacer con tu destino…

¡Misa de faldas, querosén[14], tajo y cuchillo,

que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón.”

Asimismo, hemos dicho que en la re-escritura que hace Discépolo de El choclo, se encuentran no sólo los límites bajo los cuales va a oscilar la mujer, como lo son el gavión, la mina –ella misma-, el bacán, la shusheta, el cana, el reo, la pobreza –o mishiadura–, el licor de mala calidad y los pleitos entre el compadrito y el malevo; sino también lo que el tango significa:

“conjuro extraño de un amor hecho cadencia

que abrió caminos sin más ley que la esperanza,

mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia

llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.”

Y es alrededor de ese conjuro de un amor hecho cadencia en donde el gaucho, el compadrito y el malevo, aturdidos por la rabia, el dolor, la fe y la ausencia, que se manifestará la mujer –elementos disonantes que, para el tanguero, son y serán siempre armoniosos–. Mas no cualquier mujer. En este caso es la primera fémina que aporta al símbolo de mujer en el tango. Aquella bailarina que entretiene con sus cantos joviales a las almas nostálgicas y vagabundas que en el arrabal se reúnen, ya no estará condenada al anonimato. Una noche, alguna de esas almas se levantará con el vaso lleno y gritará, entre sonidos apenas inteligibles: ¡Grande Morocha!, sustantivo que ocultaba el nombre de aquella que entretenía al varón en sus noches de curda, pero que al otro día era tan solo un recuerdo vago al cual no se podía regresar con claridad.

Portada La morocha

Tomado de Wikipedia

Es hasta 1905 –paralelo a la creación de El choclo-, que Enrique Saborido, inspirado en Lola Candales[15], compone la música y pide a su amigo Ángel Villoldo que haga la letra. Morocha desde ese día y morocha para siempre será la primera mujer del tango. Desde el genio de Villoldo podemos apreciar la conducta y actitud de esa mujer, que en un principio se mantiene lejana del símbolo que ha quedado de mujer en el tango:

“Yo soy la morocha,

la más agraciada,

la más renombrada

de esta población.

Soy la que al paisano

muy de madrugada

brinda un cimarrón[16].”

En un principio podemos observar que es una mujer bastante cotidiana, agraciada y renombrada –esto no en un sentido peyorativo–, y que sirve a los hombres el mate. No obstante, más adelante nos dice:

“Soy la morocha argentina,

la que no siente pesares

y alegre pasa la vida

con sus cantares.”

Una actitud bastante real. Poco preocupada pero aparente. Ella pasa alegre su vida con sus cantares, no tanto por el canto, sino por el reconocimiento que con este recibe: el aplauso -¿la moneda?-. Sin embargo, sería bastante reduccionista dejarla en estas condiciones, porque de todas las mujeres que en el tango se generan, es ella la más bondadosa de todas, porque es antes que nada:

“…la gentil compañera

del noble gaucho porteño,

la que conserva el cariño

para su dueño.”

Y debido a esta morocha, que contiene en ella a las bailarinas de la época, es que el gaucho puede liberar sus penas, el compadrito sigue siendo su dueño, y el malevo, contemplarla y convertirla en motivo para riña. Es así, pues, que podemos proponer que la primera mujer en el tango es otra forma de distraer las tristezas. Surge en el arrabal, en medio del licor, la compadrada y el malevaje, y, por los límites que el mismo tango propone, nunca se separa del origen. Sin embargo, lo que sí hace es transformarse, acercándose –pero nunca llegando–, a las fronteras del tango.

El gaucho ha abandonado su sueño de montar el caballo. Ha tomado un traje y el cabello se ha cortado. La morocha que antes observaba en el arrabal, ya no la frecuenta. Es un hombre que trabaja en la ciudad, civilizado y hasta en su carácter almidonado. La morocha, que antes bailaba y entretenía al gaucho, ha encontrado en la ciudad oportunidades diferentes para laburar y, asimismo, para figurar. ¿Quién va entretener ahora a quién?: ¿el gaucho que ha dejado de ser o la morocha que es ahora mujer?

(Continuará…)

[1] Baudelaire, C.  (1863). El pintor de la vida moderna. Francia. Taurus.

[2] Curda: (lunf.) Individuo que se alcoholiza (JAS), ebrio (LCV), borracho, bebedor// embriaguez (LCV.), borrachera, ebriedad. (tomado de Diccionario de lunfardo de www.todotango.com)

[3] El esquinazo es una canción del tango de La guardia vieja, como se le conoce a la etapa de los primeros tangos; este período oscila entre 1895 a 1920, aunque las fechas suelen cambiar sutilmente. Además, he elegido esta versión porque es la primera, la que compuso Ángel Villoldo y es interpretada por él mismo. También la he escogido entre tantas otras, como las de Francisco Canaro o Juan D’arienzo, porque conserva el “golpeteo” que inspiraba cuando se tocaba en algunos almacenes.

[4] (pop.) Mujer (ANON. 1), hembra (AD.)// prostituta (AD.), mujer que cohabita con uno, a quien sostiene con sus puterías y ayuntamientos carnales con otros// mujer que se une a un hombre ilícitamente (AD.), concubina, querida (AD.). (Tomado de Diccionario de lunfardo de www.todotango.com)  Además, el concepto de mina es bien interesante, ya que ésta es explotada como una mina por el cafishio, algo similar a un proxeneta.

[5] Hace parte del tango de La guardia vieja y así se los conoce a los primeros tangos, precisamente, por ser los criollos, gente de que desciende de europeos, pero nace en países hispanoamericanos, quienes lo componían.

[6] Esta es la primera versión de El choclo, compuesta y escrita entre 1903 y 1905.

[7] Esta es la tercera versión de El choclo, escrita por Enrique Santos Discépolo en 1947.

[8] (pop.) Querido (LCV.), novio (LCV), igual que Gavilán// hombre (BRA.). (Tomado de diccionario de lunfardo  www.todotango.com)

[9] Bacán: Bacanazo, refinado, patrón. (Tomado de Diccionario de lunfardo www.elportaldeltango.com)

[10] (pop.) Muchacho (AD.), chico (YAC.), pillete (ADJ, menor de edad (AD.), niño (LCV.), criatura, jovencito, mujer joven (YAC.)// mozalbete, mocoso (LS.)// novio/a// panecillo blando de mucha miga elaborado con algo de azúcar en su masa, de corteza blanda. (Tomado de Diccionario de lunfardo www.todotango.com)

[11] cárcel (AD), prisión (AD.), comisaría; todo lugar que sirve de prisión, desde el modesto calabozo policial al más severo presidio (LCV). ( Tomado de diccionario de lunfardo www.todotango.com).

[12] dícese del que vive alegremente, sin preocupaciones y no se inquieta por las apariencias (G. y P.) (Tomado de diccionario de lunfardo www.todotango.com)

[13] Misciadura: pobre. (Tomado de www.elportaldeltango.com)

[14] (pop.) Bebida alcohólica de mala calidad; alcohol o cualquier otra bebida (REV. P.) (Tomado diccionario de lunfardo www.todotango.com)

[15] Lola Candales fue una bailarina uruguaya. Ver el artículo “La morocha, un tango de exportación”.

[16] mate (LCV.), mate amargo. (Tomado de Diccionario de lunfardo www.todotango.com)