Rafael Sanzio, Hipatia de Alejandría, fragmento de La Academia de los filósofos.

Por: Iván Rodrigo
Medellín, 16 de julio 2014
Hipatia
“A ti, querida señora, te saludo cariñosamente …” 1
Ya no existen Maestras (ni Maestros) como tu ni escuelas como la tuya …
En mi primera carta dejé apenas insinuados los asuntos de “tu magisterio secreto” 2: conocimiento y saber, sentido y valor, enseñar o trasmitir, los que, para ser explicados, deberán ser considerados en el contexto de la sensación, la intuición, la imitación, la reflexión, la empatía, las emociones, las pasiones, los sentimientos, el entusiasmo, la memoria y todo ello con sus naturales consecuencias en la imaginación, el significado y el pensamiento. Mejor dicho, esas cosas que se llaman naturaleza y cultura, lo real y lo virtual.
Pero, primero y más urgente, dejé sin aclarar eso del “secreto” de tus enseñanzas, eso que igual es aplicable a lo que dicen algunos investigadores sobre algunas de las enseñanzas de tu maestro Platón y lo que, según se miren las cosas, no es más que otro de esos mitos y leyendas o “zonas oscuras” que se inventan los estudiosos académicos para ocultar su ignorancia y su incapacidad de explicar adecuadamente aquello que no han sabido entender: que antes que filósofo, Platón fue Discípulo de Sócrates y Maestro de sus discípulos y ambicionó ser el maestro de Atenas, la Atenas capital de un imperio universal, lo cual, para ti, no era ningún “secreto” ni “misterio”, era un asunto bien claro, como bien lo atestigua tu discípulo Sinesio de Cirene en una de sus cartas a Herculiano:
“Se nos concedió a ti y a mi experimentar cosas maravillosas, cuya simple enumeración habría parecido increíble. Y es que hemos visto con nuestros propios ojos y escuchado con nuestros propios oídos a la auténtica maestra de los misterios de la filosofía” (Sinesio de Cirene, Cartas, 137, Gredos, Madrid, 1995, p. 258).
Todavía en tu tiempo se sentía que ser Maestro y Discípulo, como lo fueron Sócrates y Platón, era un estado más que una condición o profesión y, por lo tanto, enseñar era una conexión previa, íntima y vital entre Maestro y Discípulo y un requisito casi que indispensable para que se sucediera, por un lado, la enseñanza de la Sabiduría y, por el otro, el aprendizaje de los saberes de las ciencias, las artes, la tekné, mejor dicho, esos asuntos del conocer, del saber, del hacer o, para aclararlo más, una cosa era la enseñanza de la Sabiduría de “Los Sabios” y otra la trasmisión de saberes y haceres como lo que hacían los sofistas, profesores de retórica. El asunto de la enseñanzas la Sabiduría era cuestión de los sentimientos, del buen vivir y del bien pensar. Los asuntos de la retórica eran los del saber, los del arte y los de las habilidades de la persuasión para ser poderoso en la vida pública, en la política, mejor dicho, era y todavía es, el de la organización, la interpretación y el manejo de las palabras.
Tu, como discípula de Platón, te hiciste Maestra encarnando en ti las mismas enseñanzas que Diotima compartió con Sócrates, tal y como se explican en Banquete. Mejor dicho, el “secreto” o “misterio”, no lo era tal y el mito o la leyenda de las sabiduría y enseñanzas secretas de Platón, que son las mismas tuyas, podrían explicarse por las relaciones, conexiones, correspondencias e interpretaciones, vitales, existenciales y pedagógicas (paideia), entre Sócrates y Platón, así como lo habían sido para “los sabios” y como lo fueron hasta para las de las gentes del común, las celebraciones de “los misterios eleusinos”, el fenómeno dionisiaco del que ya te escribí en mi primera carta.
Y, por supuesto, también te hiciste Maestra por el magisterio de Plotino, quien había encarnado en él “El Espíritu” tanto de “los Sabios antiguos” como el de su pretérito maestro Platón, conjugados en su propia visión de Ser y Estar en sí mismo, con los otros y en el mundo3. Ese es el mismo “Espíritu” que todavía conservabas en tu acción, influjo e importancia, en la vida social y política de tu tiempo y tu ciudad, en las cuales tenías arte y parte. No por otros motivos los fanáticos del nuevo dios te asesinaron con tal sevicia.
Y por ello el miedo. Ese miedo con el que, desde entonces y hasta ahora, se “marcó” a sangre y fuego en la conciencia y en la visión de la humanidad, esa perversa y esquizofrénica dualidad de cuerpo y alma, vida y muerte, universo y dios, que son las que han predominado y determinado el desarrollo de lo que todavía decimos que somos, como ya lo dije en mi anterior carta.
Y, por ello, “el secreto” y “el misterio” de aquellas enseñanzas y de aquella conexión íntima entre los espíritus de Maestro y Discípulo, la de las enseñanzas de la salud vital, esa que es el vivir sin miedos de ninguna especie, fue algo a lo que tus enemigos consideraron un obstáculo para la expansión de su poder, así que lo convirtieron en motivo de persecución y muerte para así evitar que se conservara y, por ello, sólo ha sobrevivido en la clandestinidad, sin que, hasta ahora, se empiece a investigar sobre la naturaleza y funcionamiento de eso que aquellos antiguos maestros intuían y que ahora las neurociencias 4 estudian y demuestran.
Aquellos antiguos Maestros sabían que el fundamento para que sus enseñanzas cumplieran con su razón de ser dependía de lo que ahora las neurociencias y las ciencias cognitivas están descubriendo: que las enseñanzas de Diotima a Sócrates, esas que conforman la “erótica platónica”, no eran otra cosa que el funcionamiento de la naturaleza evolutiva de la especie, ese mecanismo evolutivo que hace que los seres vivos se relacionen entre sí, individual y colectivamente, por la sensación, la intuición, la imitación, la empatía, las emociones, las pasiones, los sentimientos, el entusiasmo y la memoria, que es lo que le da sentido y/o valor a la imaginación, al significado, al pensamiento y a la comunicación, en un ininterrumpido proceso de evolución natural y cultural.
La “erótica platónica” es, quizás, el primer intento por explicar, enseñar y trasmitir, de una manera sistemática, las experiencias (las experiencias del conocer: el conocimiento “encarnado” e “incorporado”, al vivir y al existir, o sea, el vivir y el existir como se siente, se imagina, se piensa, etc., con el cuerpo, algo así como la salud vital, la salud del aliento vital) que la evolución cultural había ido acumulando y trasmitiendo de generación en generación y de cultura en cultura y las que Platón aprehende y aprende de Sócrates. Esa es la paideia que Platón, por un lado, emplea en su magisterio y, por el otro, trata de consignar y comunicar en sus diálogos de una manera más didáctica que sus previos maestros, “los Sabios”. Esa es lapaideia que Platón considera debe ser desarrollada en ese Estado “en el que todos sus miembros vivan filosóficamente” que él propone en República.
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“El discurso filosófico no es filosofía […]. Las teorías neoplatónicas están al servicio de la vida filosófica […]. La filosofía de la época helenística y romana se nos presenta pues como un modo de vida, un arte de vivir, una manera de ser. De hecho, a partir de Sócrates al menos, la filosofía antigua había adoptado este carácter […] La filosofía antigua propone al hombre un arte de vivir, al contrario que la moderna, que aboga en primer lugar por la construcción de un lenguaje técnico reservado a especialistas” (Pierre Hadot, Ejercicios espirituales y filosofía antigua, La filosofía como forma de vida, Siruela, Madrid, 2006, págs. 233-241, 246).
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Hubo que esperar hasta ahora para que las neurociencias empezaran a mostrar aquello que los Sabios y Maestros de la antigüedad y de todos los tiempos en adelante sabían por sabia intuición: que los Homo-Humanos somos y hacemos lo que es y lo que hace el cerebro: naturaleza y cultura. Una naturaleza que siente que se siente y que convierte ese sentir en imágenes y esas imágenes en metáforas y esas metáforas en códigos y esos códigos en pensamientos y esos pensamientos en memorias vivas y dinámicas y esas memorias en objetos, arte, ciencia, tecnología, etc. y todo lo anterior, en cultura, el estado y el ámbito en los cuales los Homo-Humanos se re-unen por sus emociones y sentimientos: empatía, simpatía y antipatía, se hacen comunidad y hacen sociedad, mejor dicho, cultura.
Pero tampoco será necesario esperar hasta que esas mismas neurociencias logren comprender la totalidad del funcionamiento del cerebro para deducir y formular hipótesis, así sea descabelladas, sobre qué, cómo y por qué, el cerebro es, hace y nos hace, tal y como sería el caso de comprender qué es el pensamiento y cómo y por qué pensamos. Lo digo porque se ha considerado al pensamiento como a “algo” fuera de este mundo y al pensar como esa cualidad que nos separa del resto de la naturaleza, mejor dicho, lo que nos hace “excepciones”, cosa que es falsa, porque el pensamiento, para formular una de esas hipótesis descabelladas, lo produce el cuerpo y, en consecuencia, es el resultado del funcionamiento integrado y dinámico de los códigos, las emociones y la memoria que se procesan en el cerebro y que la mente memoriza, representa, expresa, comunica y cambia, algo así como otra extensión del cuerpo, la cultura.
Somos un cuerpo vivo y con vida y por ello afirmo que el pensar y el pensamiento son un desarrollo evolutivo ya inscrito en el genoma del Homo-Humano y que, por lo tanto, empiezan a funcionar desde el momento en el cual las estructuras biológicas del cuerpo alcanzan su momento operativo. En algún momento, todavía no precisado de la gestación, cuando las estructuras del sistema nervioso ya se han desarrollado, el cerebro comienza a discriminar, organizar y memorizar las percepciones y sensaciones que se provocan y producen en el cuerpo tanto en su propio funcionamiento como desde el ámbito en el que se encuentra y, por lo tanto, debe comenzar a desarrollar y conectar los grupos de neuronas y los circuitos neuronales 5 de esa memoria del cuerpo que es la mente, mediante la cual maneja y controla las funciones, procesos, acciones y reacciones internas y externas del cuerpo, las cuales, a su vez, se convierten en las señales que disparan e inician los mecanismos genéticos y epigenéticos que luego lo conectarán con el ámbito cultural, es decir, con los sistemas de códigos que son los lenguajes y las memorias que son la cultura y la cultura que son todas las extensiones que inventa y desarrolla el cuerpo: cultura, sociedad, etc. Considero cultura todo aquello que el Homo-Humano inventa con y a partir de su cuerpo, es decir, lo que no es estrictamente producido por la mecánica biológica. Algo así como lo de las extensiones que propuso Marshal McLuhan.
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“[…] brains—even small ones—are dauntingly complex”:
“Information flows in parallel through many different circuits at once; different components of a single functional circuit may be distributed across many brain structures and be spatially intermixed with the components of other circuits; feedback signals from higher levels constantly modulate the activity within any given circuit; and neuromodulatory chemicals can rapidly alter the effective wiring of any circuit” (Gary Marcus, A Map for the Future of Neuroscience, The New Yorker, September 17, 2013).
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NOTAS
1Sinesio de Cirene, Cartas, carta No. 10, Gredos, Madrid, 1995, p. 46.
2Ver: María Dzielska, Hipatia de Alejandría, Siruela, Madrid, 2004, p. 60 y ss.
3 El punto de toque entre mística y logos que caracteriza la unión del pensamiento griego con el pensamiento y enseñanzas de Plotino y de Hipatia con este:
“[…] para los filósofos griegos la inteligencia no sólo es la facultad de conocer los objetos, sino también la facultad de autoconocimiento; y este autoconocimiento se revela como el fin de la filosofía y como el grado más alto de la realidad”. “[…] la concepción plotiniana, según la cual el pensamiento de sí es la conciencia de nuestra propia identidad con el ser universal” (Emile Brehier, La filosofía de Plotino, Sudamericana, Buenos Aires, p. 140-141).
4Neurociencias son todas aquellas ciencias que se fundamentan en el estudio del cerebro sus funciones y procesos.
5Gerald M. Edelman. Wider than the sky, The phenomenal gift of consciousness., Yale University Press, 2004: Teoría de la Selección del Grupo de Neuronas .
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