El asesino de Millender Valley

Esta es la imagen del personaje principal de este libro, una combinación entre Ted Bundy, y Ricardo Morales, el esposo viudo en “El secreto de tus ojos” (2006), la película del argentino Juan José Campanella.

 

Por / Diego Firmiano

Vincent Killer, personaje central de Florida Killer (Klepsidra Editores, 2019), el primer libro físico del abogado chocoano Elbert Coes (1983), nos pone frente a la pregunta más cartesiana de la modernidad: ¿El hombre nace malo, o se transforma en una bestia sin alma al contacto con los otros? Inquietud que surge al leer las ciento treinta páginas de este cuento, que, al mejor estilo estructural de la novela negra o género noir, nos entrega la respuesta, no al final, como se espera, sino al comienzo de la historia.

Un meandro detectivesco, que en su composición literaria usa diálogos breves tipo Ernest Hemingway, tramas con influencia de Raymond Chandler y un hálito de misterio derivado de la narrativa de Anthony Trollope, cuyo motivo clave a desentrañar no es la penetración psicológica del personaje central, sino conocer la identidad de Vincent Killer, específicamente, descubrir dónde está escondido, ya que el mencionar su nombre, entre páginas, forma un enunciado que necesita ser desvelado.

Porque no solo el veterano detective Aaron Patrick, el joven periodista Louis Johan Tercero, o el oscuro oficial de libertad condicional Nicolás Mann, buscan a Vincent Killer, sino también el lector atento que, desde el inicio se pregunta: ¿Quién es este hombre? ¿Por qué andan tras él con tanta vehemencia? ¿Es realmente un feminicida? ¿Es alguien real o un personaje invisible? Y así, encontrarlo se convierte en la piedra angular para desentrañar el leit motiv del vil asesinato de la italiana Mía Moretti, una púber, encontrada con signos de violación y ahorcamiento en el suburbio de Dawnstreet, en Millender Valley, un pueblo rural semiolvidado en las entrañas de la ruta 319 de La Florida, lugar donde por azar o destino, nació Vincent Killer.

 

Elbert Coes (1983) es abogado egresado de la Universidad Libre de Pereira. Ha publicado los libros de terror y ciencia ficción: Mal de luna, La plaga y Salmo nocturno.

Así es que empieza el drama, la sospecha, la persecución. El camino que varios personajes allanan (el detective, el periodista, el oficial, el lector) para crear una conjunción entre Vincent Killer, condenado nueve años antes por el asesinato de una mujer sin rostro, con el feminicio de Mía Moretti. Porque en primera instancia las pruebas incriminatorias son difusas, no existen, solo hay un bello cuerpo frío y un sospechoso en libertad condicional, además de una tarea acuciante: armar (palabra bélica, judicial y conspiradora) un caso contencioso y así esclarecer el macabro y atroz crimen.

Cuestión sine qua non que cobra interés entre los expedientes del detective Aaron Patrick, quien, a fin de no verse involucrado en tal maraña judicial, quizá por temor, o futura represalia, contrata al periodista Louis Johan Tercero para dar con el paradero de Vincent Killer a cualquier costo, incluso bajo la excusa de elaborar un documental y así investigar libremente.  Aunque hay que aclarar que la teoría del caso no es ideada por Aaron Patrick, sino que previamente Nicolás Mann, el custodio de libertad condicional del acusado, es quien afirma, sin pruebas, que «él (Vincent) conocía a Mía Moretti, tuvo relaciones sexuales con ella y consumía drogas y alcohol en su tiempo de permiso penitenciario.»  Testimonio grave, si es que llegara a comprobarse, pero que se convierte en el argumento para iniciar la cacería de brujas de un hombre, que, contra todo pronóstico, se augura como culpable de feminicidio.

Y es justo aquí, en este punto álgido, donde Elbert Coes (1983), el autor, nos engaña magistralmente mediante cabos sueltos en la narración (podría pensar en cinco o seis), algunos fundados en la acción de los perseguidores, otros en las conversaciones del periodista Johan (habla con gente en la escuela, en la iglesia, el bar, la cárcel) y otros más en la voz del narrador. Al final, cuando el misterio se desvela sobre quién es Vincent Killer, y qué representa cada personaje alrededor de este hombre, nos preguntamos, ¿cómo es posible que estuviéramos tan engañados desde el principio? He aquí uno de los buenos artilugios que contiene esta obra, y por la cual digo que al leer Florida Killer (2019) uno se encuentra con más preguntas que respuestas. Simplemente fenomenal.

 

El autor es editor del portal literario Diámbulos Literatura. Actualmente reside en Pereira. Junto con su faceta de escritor también está la de músico.

Aunque no cerremos la reflexión todavía, porque antes de centrarnos en la cacería mercenaria más importante de Surrender Valley (capturar a Vincent Killer a cualquier precio), hay que reconocer que esta historia igualmente nace en la psicología de un pequeño que conoce el paraíso de un hogar, para luego ser expulsado de su infancia y del amor, y cuyos motivos oscuros, ya siendo adulto, de  matar, esconderse, y recordar, necesitan ser revelados con objetividad, ya que, a decir del filósofo, Jean Paul Sartre, el mal es lo que hacen los otros, nunca lo que hace uno mismo.

Una concepción del mal en Vincent Killer que lo lleva a reconocer que ha matado, sí, pero no a Mía Moretti, ni a Amy Talbot, la hija del sheriff del pueblo. ¿Comprende este la magnitud del crimen imputado? Totalmente, sin embargo, en la cárcel o en libertad, practica una calma zen digna de un Buda iluminado. Algo sumamente extraño. Lo único realmente claro sobre este enigmático hombre es que ha intentado asesinar el pundonor de ser un expósito, la infamia de mirarse a sí mismo como un ser sin amor, sin hogar, sin un futuro prometedor, que desde pequeño convive con una tía libertina, en cuyos momentos etílicos y fiestas nocturnas trae granujas a la casa. Un hecho sobre el cual, Elbert Coes, el autor, nos induce a pensar, en el alumbramiento del primer drama litúrgico: un niño que muere de vergüenza, y en su lugar surge un outsider, un sin ley y sin dios, cuya transformación le causa horror y nostalgia a él mismo.

Finalmente vendría el notable papel que desempeña el párroco de la iglesia de San Patricio, Marcus Donald, quien ve crecer al pequeño Vincent Killer y reconoce en él los signos humanos: es rebelde, insoportable, agresivo, y cruza el limite cuando hiere a un compañero de escuela con un cincel. Un, hecho que causa conmoción entre los habitantes de Millender Valley, no sin antes que el clérigo (en todo el sentido del término) haya puesto sus ojos en el muchacho para guiarlo por la senda de luz, convertirlo en un monaguillo, disciplinarlo, hacer de él un discípulo de Jesús.

La presentación del libro estuvo a cargo del cronista Camilo Alzate.

Un desenlace que, como vuelta de tuerca, quizá transmite el mensaje, a modo de revelación, que Vincent Killer realmente es el fracaso de un ángel.  Confirmando con esto el carácter central y clásico de los personajes de toda literatura detectivesca: “Son más débiles de lo que creen, y son capaces de cometer los males más terribles sin que lo sospechen.” Esta es la pura imagen del personaje principal de este libro, una combinación entre Ted Bundy, y Ricardo Morales, el esposo viudo en El secreto de tus ojos (2006), la película del argentino Juan José Campanella. Klepsidra editores, con esta obra, se ha anotado un hit de cara al público, emitiendo variedad y temática fresca en su catálogo, además de conectar lo mejor del misterio detectivesco, con la impresión de alto nivel que tanto gusta a los lectores.

Sin duda el cuento Florida Killer tiene laberintos interesantes dentro del llamado género noir, que Elbert Coes, como amante de la literatura anglosajona, sabe exponer magistralmente en esta obra. Porque la búsqueda de Vincent Killer, al igual que los accidentes de su infancia, o su transformación gradual, constituyen solo la punta del iceberg de una obra que promete suspenso, acción, diálogos sugerentes, y por supuesto, una caída narrativa sumamente inesperada. Una obra que recomiendo adquirir a ojo cerrado, pues su lectura relaja al inquieto e inquieta el relajado. A propósito, ¿Alguien en la Florida ha visto a Vicente el asesino?

Ritos – Lujuria (Live Session Unplugged Café)