El timbre con el cual el cuervo anunciaba el visitante era “Sodoma, Sodoma, Sodoma”. Se desconoce cómo pudo aprender a decir tales palabras con precisión, porque son los loros los que hablan, y los cuervos solo graznan, pero el plumífero variaba en ocasiones graznando: “visita, visita, visita”.

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Por: Diego Firmiano

Sodoma fue el apodo de Giovanni Antonio Bazzi, un pintor italiano que nació en 1477 en Vercelli y murió en 1549 en Siena a los setenta y dos años y en la más completa pobreza. El conocimiento de este personaje nos llega de la pluma de Roberto Bolaño que en sus entrevistas breves tituladas “Entre paréntesis”, menciona que mientras charlaba con el poeta español Pere Gimferrer de un cuento llamado “Sodoma”,  Gimferrer le pregunta si el tema era sobre la ciudad bíblica o sobre el pintor, a lo que Bolaño contesta que jamás había oído hablar de un pintor llamado así. Al principio pensó que se trataba de una broma, pero al investigar descubre que Giorgio Vasari le dedica unas páginas en su libro canónico “La vita dei piu eccellenti architetti, pitori et scultori italiani”.

El sobrenombre del pintor se refiere exclusivamente a sus excéntricos gustos sexuales. Estaba rodeado de niños y jóvenes lampiños, a los que profesaba un gran cariño y lo que le valió el apodo de Il Sodoma. Primero, cuando este volvía de su taller, los niños de Siena le gritaban “Sodoma”, después fueron las mujeres las que lo llamaban así, luego las lavanderas de la ciudad y finalmente todo el mundo lo conoció por ese nombre. Cosa que no le molestaba a pesar de la brutal fama de la Sodoma bíblica, antes bien se vanagloriaba escribiendo versos sobre el asunto. Sobrenombre que correspondía en alguna forma con su pintura, hasta el punto en que empezó a firmar sus obras con ese desagradable apodo que asumió con orgullo y que sostuvo con carácter festivo hasta los últimos días de su existencia.

El papa Julio II encargó al artista la pintura de uno de los aposentos de Nicolás V en el Vaticano, pero pasaba tanto tiempo justificando su apodo que el viejo papa no tardo en despedirlo. Tiempo después, León X, que sucedió a Julio II, restableció a Sodoma en el favor pontifico. Il Sodoma pintó para el alegre papa una desnuda Lucrecia que se mata apuñalándose; León X lo recompensó bien y lo nombró caballero de la Orden de Cristo.

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Il Sodoma. Flagelación de Jesucristo.

Su taller personal, que realmente era su casa, era de lo más cómico y variopinto. Lo que debía ser el taller de un pintor renacentista, se asemejaba más a un zoológico (Vasari dice que parecía una verdadera arca de Noé). La arquitectura no decía mucho, pero detrás de la puerta de su casa, había un gran pasillo oscuro, que daba la impresión de ser un establo o un garaje por lo espacioso y ancho. Al fondo había un cuervo parlanchín que anunciaba las visitas que cruzaban el largo pasillo de la casa de II Sodoma. El timbre con el que el cuervo anunciaba el visitante era “Sodoma, Sodoma, Sodoma”. Se desconoce cómo pudo aprender a decir tales palabras con precisión, porque son los loros los que hablan, y los cuervos solo graznan, pero el plumífero variaba en ocasiones graznando: “visita, visita, visita”. También había un mono que II Sodoma había comprado a un viajero africano, y que se movía por toda la casa colgándose especialmente de las ventanas. Y así, completaba el cuadro con asnos enanos (teológicos, según su dueño), caballos, gatos, perros, ardillas, pájaros de todas las especies, y tigres que criaba desde pequeños y que abandonaba al hábitat cuando se hacían grandes.

Pero el animal que era el centro de atracción era indudablemente el cuervo, al cual los amigos de II Sodoma querían oír hablar. En ocasiones, quizá intuyendo el pájaro la morbosidad de las visitas se sumía en un mutismo obstinado durante días enteros. Bolaño le agrega de una forma cómica, que el ave podía recitar versos de Cavalcanti para entretener.

Su otra obra pictórica, aparte del arte religioso en monasterios e iglesias de Italia, es poco conocida; aunque en galerías de Siena, Londres, París, New York, se puede encontrar esos trazos carnavalescos que plasmaba en el lienzo antes de la borrachera, la orgia y el desenfreno. Y no es que su obra fuese estéticamente patética, sino que su línea manierista le llevaba a trabajar las expresiones en claro oscuro, influenciado por la técnica del “sfumatto”, propia de Leonardo Da Vinci, y del liso acabado de delicada gracia de Rafael.

Roberto Bolaño sólo pudo apreciar una de sus obras en Florencia, en la galería de Degli Uffizi y quedó extasiado por presenciar una obra que combinaba lo más brutal de II Sodoma con lo más noble de Bazzi. También descubrió Bolaño, que en Villa Farnesina de Roma hay unos frescos suyos que la crítica considera extremadamente excelentes. Su obra más conocida es la llamada Jesucristo atado a la columna.