Ella lleva a cuestas la gentileza de un noble y el carácter de un general, puede ser tan variable la forma en que cada persona la pueda definir; algunos dirían que es un ángel, otros que es un demonio, algunas le dirán fea y otras envidian su simple existencia.

 

Por: Luis Edward Gañán

¿Has conocido alguna vez una ecuación tan poderosa? o ¿una muy linda? La ciencia tiene la suya, tiene su relatividad, a lo mejor las ecuaciones cuánticas y la metafísica no sean lo tuyo, pero ella te da el significado hasta de la relatividad y lo indescriptible; aunque ella se torne diferente a lo que te hace llevar dentro, ella es como una canción, se mete en tu cabeza y no dejas de entonarla todo el día.

“Get You The Moon”… no debería ser tan constante unas palabras en un idioma distinto al tuyo, unas letras que si acaso comprendes… una canción de la que tienes que mirar su traducción, te lleve a pensar en alguien todo el tiempo. Y esa canción se repite tantas veces, menos de la que esa persona se pasea por los pasillos de tu mente; es un fantasma que pasea descalzo y con una delicada tela que si acaso cubre las intimidades de su género.

Ella lleva a cuestas la gentileza de un noble y el carácter de un general, puede ser tan variable la forma en que cada persona la pueda definir; algunos dirían que es un ángel, otros que es un demonio, algunas le dirán fea y otras envidian su simple existencia.

Solo es un ser común y corriente, viéndole desde una perspectiva desligada de cualquier sentimiento o emoción que se tenga hacia ella, pero guiado por el sentimiento, simplemente se es un barco a la deriva, sin timón, sin capitán, sin mar… y es que ¿quién lo necesita?

Para qué un poco de agua de mar cuando ella es un océano de universos llenos de misterios simplemente indescifrables. Posa a cuenta gotas su confianza sobre los demás y eso la hace tan difícil de atrapar, es como pretender llenar una “red de medusas” con agua, es poética, se siente natural llevarla a la literatura porque si ella se cruza por tus ojos vas a sentir un Amor en tiempos de cólera, te arrancará las Memorias demis putas tristes y te dejará un sinsabor a Cien años de soledad si dejas que se vaya.

Es el Soneto XVII de Pablo Neruda en la vida de Patch Adams, ella se puede comparar con una rosa espinada, aunque su esencia más precisa es la de una flor de loto, aquella que sobre el filo de su clavícula se pinta de azul.

Su relatividad divaga entre lo que quieres y lo que te asusta, su seguridad aparentemente arrogante puede ser el camuflaje de sus inseguridades, pero ¿quién puede hablar de ellas sin saber si existen o no? Es demasiado atrevido suponer sobre ella cuando no se tiene definida una idea clara de quién o como es.

Ella mira el camino como una fábula y eso te da un vuelco en la mente y empiezas a odiarla por sus cualidades, pero la amas por sus defectos y no entiendes cómo es que pasó. Un poeta que escribía por primera vez lo hizo por ella, dijo que el viento que traía una gran tormenta se hacía inaudible si era de ella de donde nacía ese huracán, ella revelaba que el hombre que solo bebe agua tiene algún secreto que ocultar a sus semejantes, y que siempre te va a dejar con la intención de que te vuelvas amigo del miedo, de reír a carcajadas en cada oportunidad y de sonreírle a cada niño que te cruces.

Ella es interminable como ciudad inmortal, aleph de múltiples visiones, con ojos brillantes y serenos que iluminan cualquier esperanza perdida, son admirables esas ganas tan suyas de querer tener sueños y lograr lo que parece imposible.

Es admirable, también, la humildad que deja detrás de cada éxito, esa habilidad de mezclar dulces sonrisas con el amargo sabor de la derrota. Imagínala que bien sabe aceptarlas y llorarlas, que estalla y se convierte en polvo, pero renace y vuelve con mayor fuerza haciendo que el polvo se convierta en huracán.

Quizás no se levante todos los días con el pie derecho, pero puedes dar por hecho que sí se levanta con el corazón al centro, pleno y radiante, con una fe que mueve universos… y te cansas. Te cansas de estar allí reprimido por todos los miedos infantiles y eliges quererla y asumir las consecuencias, eliges temblar en ella, eliges su voz y coleccionar instantes que dejen huellas en ti, eliges quitarte la coraza por ella, eliges obedecer a tus impulsos y, por último, eliges volar sin red de protección, sin la más mínima consideración de si es peligroso o no, el riesgo no importa, importa lo que vivas, cómo lo vivas y con quién lo vivas.

Estoy casi seguro que al leer esto pensabas en alguien, te adentraste en mi cabeza y viste a esa persona entre estas líneas, y eso no es malo, es que si no tiras un ancla por la borda te vas a quedar náufrago en una fascinante ilusión que luego no vas a saber cómo materializar.

Píntate el alma de cazador, ármate el corazón de voluntad y llénate las manos de propósitos nobles y conquista aquello que tanto deseas y necesitas… ella no siempre es ella, a veces es tu esperanza, tu fe, tus ganas de vivir o de amar.

Ella es mi fábula, ella es mi hipérbole, o quizás mi sueño, mi ecuación de Dirac. Eso es irrelevante, lo que sí importa es la respuesta a esta pregunta: ¿quién es esa “ella” para ti?