David Foster Wallace en la prosa fue el estilista del microscopio, de la obsesión por los detalles, su arte consistía en describir, analizar, y retratar extenuantes emociones, rasgos y diálogos de sus personajes. He aquí un pequeño viaje por una pelicula y apuntes sobre su biografía.

 

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Por: Diego Firmiano

The End of the Tour (2015) es la primera película escrita por Donald Margulies y dirigida por James Ponsoldt sobre la vida del gran escritor norteamericano David Foster Wallace (Estados Unidos, 1962-2008), aunque podría ser la última.  El autor de La escoba del sistema, y la póstuma obra El rey pálido, fue tan hermético en su vida como lo fue J. D. Salinger o Thomas Pynchon, y el único material narrativo que usó Ponsoldt para llevarlo a la pantalla grande fue recurrir a la experiencia de David Lipsky, ex reportero de Rolling Stone, que pasó cinco días en las carreteras acompañando a Foster Wallace en la gira promocional de su reciente libro, en ese año, La Broma Infinita.

Vivencia o, mejor, entrevista que dejó como resultado un libro con un extenso título: Although Of Course You End Up Becoming Yourself: A Road Trip with David Foster Wallace, el cual le hizo merecedor del premio non-fiction a Lipsky en el 2010 y que (espero no equivocarme) dejó al ex reportero con el mismo estado de ánimo que invadió al foto-periodista Kevin Carter después de recibir el Pulitzer por su foto sobre el niño de Sudán y el buitre.

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D.F. Wallace y Jeffrey Eugenides

Esta cinta es la primera filmación que aborda un matiz biográfico del complejo pero interesante autor.  Y es un trabajo que era imposible no haberlo realizado, ya que un gran autor de culto es como los santos, los genios y los filósofos, que rara vez aparecen por este mundo. Claro, Foster Wallace no fue ni santo ni filósofo, pero si un genio que revolucionó la forma de hacer literatura, junto con Johnatan Franzer y Jeffrey Eugenides. La “trinidad literaria”, como los llamó Tom Wolfe.

Un trabajo de cine independiente que se estrenó el 31 de Julio del 2015 y  fue protagonizada por Jason Segel y Jesse Eisenberg, dos grandes actores del género cómico-dramático y que para los que somos admiradores de la obra de Foster Wallace, deja en claro que a 8 años del suicido desde que puso fin a su vida, en Clermont, California, El Wallace escritor transciende y sigue vivo y en nada se ha mermado el interés por su vasta obra como paso con otros escritores suicidas.

Aunque hay que ser realistas, ya que como suele pasar, las biografías detalladas de los autores son más densas en los libros que en las filmaciones.  Por eso esta película de Ponsoldt no se compara, por ejemplo, con el extenso libro que T.D. Max publicó sobre Foster Wallace en el año 2013 titulado: Todas las historias de amor son historias de fantasmas (Debate). Biografía que casi se asemeja a la  vivisección que hizo Gerard Clark sobre Truman Capote en el año 2006 y que dejó a sus seguidores saciados sobre la  divinidad y la maldición de su ídolo literario.

david foster wallace algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacerEn esta nueva y primera película levanto unas preguntas que me incomodan: ¿Por qué precisamente el marco fílmico gira en torno a una entrevista? ¿Por qué no la relación con sus padres, o con el tenis, su deporte favorito? ¿Ponsoldt agotó el material que consiguió o nunca consiguió otra fuente distinta al libro de Lipsky? Inquietudes de un admirador del autor, ya que Foster Wallace era uno de los pocos escritores que no estaba contaminado con la prosa de Hemingway y que, además de preciso, inteligente y fabuloso, sentía una seria aversión a las entrevistas.

Y esto de odiar las entrevistas no era falsa modestia de gato viejo, sino uno de los miedos más irracionales que lo atajaban. Sus propios pensamientos eran sus amantes, su público y su crítica y esto, en la soledad en la que siempre estaba recluido y se sentía cómodo, aunque a veces -como diría él mismo- egoísta también. La reticencia a ser entrevistado, entre otras cosas, tenía que ver con la superficialidad de las preguntas y falta de un formato inteligente de preguntas de parte de los Talk-Show culturales. Foster Wallace solía decir que había serias imperfecciones estructurales y que traspasar los linderos obra/autor socavaba las aspiraciones epistemológicas del formato de la entrevista.

Quizá lo decía, aprendiendo de lo sucedido entre Gore Vidal, William F. Buckley y el gran público norteamericano, e incluso con la intromisión de parte de una revista popular, en la vida de otro bel sprit de la música como lo fue Kurt Cobain, que lo deprimió hasta el suicidio. Hasta hoy Courtney Love culpa a la revista Vanity Fair por alterar a Kurt y llevarlo hasta el extremo.

En una misiva enviada al profesor de lengua inglesa, Sthepen Burn, en el 2007, Foster Wallace le explica su estado anímico frente a las entrevistas y la presión a la que se veía sometido, al concederlas, casi, que bajo coacción. En ellas (hay algunas en Youtube, y allí se puede comprobar la angustia, la sudoración, los tics y el lenguaje que usaba al responder con prontitud y profundidad las preguntas de sus interlocutores) evitaba las indiscreciones personales, desde que Frank Bruni del New York Times Magazine escribió que en su casa había visto medicaciones en el baño, cremas para el acné, crema dental para la nicotina. Incluso el mismo Lipsky diría en su artículo para The Rolling Stone que Foster Wallace tenía en su cuarto cortinas de Barney, su cuarto principal estaba pintado de negro y era fanático de Margaret Thatcher y Alanis Morissete. Esto lo abrumaba, este era el abatimiento por la superlativa atención a su figura y la intromisión luminosa que evitaba sobre su oscuro tormento privado.

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D.F. Wallace en una de las pocas salidas al exterior: Italia

Cuando le pedían que hablara de sí mismo sus respuestas eran tan sinceras como la mirada de un niño. “Cuanto menos se me observa, más puedo observar yo, y tanto mejor para mí y para mi trabajo. Simplemente no soy interesante. Paso la mayor parte en bibliotecas”. Odiaba la banalidad de la televisión y la cultura espuria del espectáculo, a la cual simplemente llamaba “porquería absoluta”.

Lo contradictorio (y que Foster Wallace nada o poco tiene que ver, sino quizá su editor general Michael Pietsch) es que resultó dando más de setenta entrevistas en televisión por todo el país y fuera de él, en Italia específicamente. De los interview más recordados están los de Charlie Rose de la CBS, el de David Kipen, ex director de The National Endowment for the Arts,  de San Francisco y, sin duda, la que concedió a Larry McCaffery y que está alojada en la web de Dalkey [archive] para el público interesado.

Pero vamos a la película. Las largas escenas dialogadas conservaban el formato de los guiones de Andrew Dominik y Quentin Tarantino, sin embargo no opacaban el lado humano del autor, el del escritor confinado entre libros, smoke, que dividía su tiempo entre sus perros, Jeeves (como el personaje creado por P.G. Wodehouse) y Drone, su casa y el trabajo de profesor de escritura creativa en la universidad de Arizona.

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David Foster Wallace se suicidó en el año 2008. Actualmente es considerado uno de los escritores más novedosos, que con su estilo, ha renovado la prosa y narrativa moderna-posmoderna.

‘The End of the Tour’ es un drama donde se esperaba más, pero no se pueden pedir peras a un olmo. Foster Wallace seguirá siendo el gran Foster Wallace en los libros que lo han vuelto un mito entre la juventud moderna, porque en la prosa él fue el estilista del microscopio, de la obsesión por los detalles, por describir, analizar y retratar extenuantes emociones, rasgos y diálogos de sus personajes. Si Hemingway decía que en la escritura hay que encontrar un cuarto o quinta dimensión, Foster Wallace dijo “Eureka”.