Existen demasiadas versiones de La tragedia del fin de Atau Wallpa, y no todas tienen la misma mirada de la historia. Todas estas divergen en ciertos aspectos y bifurcan respecto a la que podríamos denominar la historia original que es la de Lara.

 

Por / Sthefania Herrera Osornoᵃ, Marisol Molina Alzateᵃ y Juan Sebastián Guzmánᵃ

El presente texto pretende abordar de manera crítica la obra La tragedia del fin de Atau Wallpa (Atau Wallpaj p’uchukakuyninpa wankan) traducido de su lengua original (quechua) por el escritor indígena Jesús Lara y publicado originalmente en 1957. Se pretende realizar el análisis abordando diversas fuentes teóricas que nos permitirán profundizar en la apreciación de la misma.

Como bien se mencionaba al principio, la obra original está escrita en quechua y marca, de esta manera, un pilar fundamental de la literatura precolombina. Jesús Lara la halló en 1955, y desde su traducción hasta entonces, la obra se ha permeado de cierta imagen polémica dado su origen.

Existen dos posturas, a saber: quienes no dudan de la obra como origen primigenio del quechua, y quienes, por el contrario, creen que Jesús Lara fue quien realmente la escribió para realzar su cultura[1]. No obstante, y adaptándonos a la postura de Prudencio Sánchez: “nosotros desligamos la cuestión de autoría y apostamos por su extraordinaria calidad literaria y alto valor dramático que nadie puede invalidar”.

Así pues, nuestro análisis parte no desde el origen per se de la obra (que en este caso sería una perogrullada), sino desde su índole literaria que, como veremos más adelante, es de una dimensión amplia.

Existen demasiadas versiones de La tragedia del fin de Atau Wallpa, y no todas tienen la misma mirada de la historia. Todas estas divergen en ciertos aspectos y bifurcan respecto a la que podríamos denominar la historia original que es la de Lara. Lo que se da es una reinvención de los hechos acontecidos, el contenido en muchas ocasiones se distancia de lo sucedido. De esta manera, nos afirma Prudencio: “el discurso para valerse de sí misma compite codo a codo más con la memoria popular que con la propia realidad histórica”

Para realizar el análisis de la obra, se abordarán cuatro apartados, a saber: el signo del sol, caos y cosmos, desencuentro cultural y la muerte del héroe inca.

El signo del Sol

El Inca Atau Wallpa se presenta en la obra como el hijo del Sol, su imagen se impregna de un ser que no perece, que es perpetuo. El símbolo del sol representado en la Literatura precolombina tiene una significación de dador de vida, el que logra que las cosas sean. El Inca, como hijo del sol, al ser asesinado, da como resultado que su pueblo deje de germinar, que sucumba a manos de los Dzules.

En los libros sagrados del mundo precolombino se profetizó la llegada de esos hombres barbados. Y desde entonces, según César Valencia Solanilla, se generó “un sentimiento de frustración y de derrota”, que podemos ver evidenciado al comenzar la obra:

ATAU WALLPA

Adorables y tiernas

princesas mías,

mi corazón se sume en honda pena,

una extraña ansiedad mi ser devora,

la razón me abandona.

He amanecido acongojado.

¿Por qué será que dos noches seguidas

el mismo sueño infausto

ha venido a turbarme?

(p. 5)

 

Desde los nueve versos iniciales vemos reflejado ese sentimiento de frustración y derrota del que nos habla Valencia. Además, y no es de obviar, se ven los presagios funestos que serán pilar fundamental a lo largo de la obra. En los versos 18, 19 y 20 podemos notar la metáfora del desamparo (una de las categorías de la Literatura de los vencidos). Igualmente, y remitiéndonos a la propuesta teórica de Reyes y De Melo, estos sucesos “Se deben a decisiones divinas. Se inscriben en una historia cósmica”. Desde allí sienten (mediante el Inca) que han de vagar porque sus dioses de ellos se han apartado:

Quizá el Sol y la Luna,

nuestros depuradores padres,

                        de su presencia nos apartarán.

(p. 5)

Caos y cosmos en la tragedia de Atau Wallpa

Hablaremos de la relación Caos y Cosmos (otra de las categorías propuestas por Valencia) en la cual los indígenas están sumidos. Antes de entrar en nuestro asunto conviene recordar que el tiempo en el que están es un tiempo de cosmos lo cual les permite vivir tranquilamente en sus tradiciones. No obstante, con la llegada de los españoles a sus tierras, se enfrentan a la trasformación de sus creencias y costumbres. Esto es evidenciable en el siguiente apartado:

 

            WAYLLA WISA

(…)

¡Barbudo enemigo, hombre rojo

qué oscuro torbellino

 pudo traerte

a nuestro país, a nuestra tierra!”

ALMAGRO (SÓLO MUEVE LOS LABIOS)

(…)

 FELIPILLO

 Este fuerte señor te dice:

“nosotros hemos venido

 en busca de oro y plata”

EL PADRE VALVERDE (GRITA)

FELIPILLO

Dice este sacerdote:

“No, nosotros venimos

A hacer que conozcáis

El verdadero Dios”

(p. 19).

 

En estos versos evidenciamos el caos que llega a los indígenas a trasformar y crear un “segundo tiempo”, en el que las creencias les son arrebatadas: un mundo en el que les introdujeron un nuevo dios y cercenaron los de ellos. En esta tragedia es notable la manera en la que son expuestos a otra vida, en la que no solo les es arrebatada su máxima fuente de poder, sino que también son sometidos a una instrumentalización, lo cual los obliga a transitar por una vida de errancia y desasosiego.

De nuevo hemos de remitirnos a Valencia Solanilla para especificar las características de estos versos precolombinos:

De nuevo, pues, aparece en esta forma de expresión de la poesía precolombina, una idéntica postura del creador anónimo de la colectividad: la noción de la perplejidad, del aturdimiento, de “errabunda vida dispersa” en que se siente sumergido todo un pueblo cuando le han arrebatado a sus dioses y monarcas, cuando se ha debilitado al límite su razón de ser en el mundo y no parece esperar para ellos más que el vacío y la soledad.

El anterior fragmento nos muestra de manera más clara la visión y los sentimientos que tenía el pueblo indígena antes de la llegada y colonización de los españoles. Una visión de derrota, pero aún más grande el desespero, que hace que los indígenas huyan de sus tierras. Territorios que para ellos eran sagrados, que manejaban con su poderío, tierras que habitaron por años y que les fueron arrebatas incluyendo sus riquezas.

Las riquezas que tenían eran un valor simbólico que los conectaba con su mundo, con su naturaleza. Sus metales preciosos eran una representación de la cultura que les permitía ofrendar a sus deidades para tener la gracia de estas.

Así pues, el Inca Atau Wallpa, hijo del Sol, decidió dar una orden sobre los metales preciosos que los españoles habían llegado buscando, al decirles que se volvieran al lugar de donde pertenecían, a lo más profundo de la tierra al “corazón de la montaña”. Es claro que Atau Wallpa nota que los extranjeros barbudos veían en los materiales preciosos riqueza, en sus ojos se podía ver reflejada la codicia que los incas no tenían. Para ellos era un símbolo de poder. Para ejemplificar esto, hemos de remitirnos a la versión de Chayanta:

 

ATAU WALLPA

Hombres barbudos, enemigos,

de hoy en adelante

mucho tendréis que padecer;

el oro y la plata que hubiere

escóndanse en la entraña de la piedra

y si sobrase un algo

conviértase en ceniza.

Ocúltate, opulencia

pobreza, hazte presente.

Aquel que oro ambicione

que lo halle con su esfuerzo.

            Por añadidura, hay un símbolo social en la obra, que es la imagen misma de Atau Wallpa. La imagen del Inca era altamente respetada, y según Arzáns, citado por García Pabón, existían “algunas procesiones en las que se llevaba la imagen de Atahuallpa”, lo cual da cuenta de la gran importancia y legado que dejó el hijo del Sol, no solo en Potosí (lugar en que se representaba la obra), sino en muchos lugares, como símbolo de rebeldía y resistencia, al igual que Tupac Amaru[2].

Es pertinente ahora traer a colación la muerte de Tupac Amaru, ya que se asemeja en muchos rasgos a la muerte de Atahuallpa. Según García Pabón, en su investigación realizada en 1992, afirma que esos rasgos similares son: “un regicidio, una injusticia de características cósmicas para los indios y un abuso de poder”. Hay una simbiosis de los hechos acontecidos.

 

Desencuentro cultural: el mayor vencido

             Continuando con el análisis de la obra en cuestión, hemos de analizar la categoría de comunicación dentro de la obra, eje central de la misma. En la tragedia, además de las categorías de Valencia Solanilla mencionadas anteriormente, se presenta –en palabras de García Pabón− un “desencuentro cultural”. Waylla Wisa recorre largos caminos buscando quién logre descifrar la chala entregada por los españoles, mas ninguno es capaz de entender lo que allí está escrito:

 

SAIRI TUPAJ

No, no alcanzo a entender

lo que quiere decir.

No puede decir nada bueno.

(p. 23)

 

Es aquí donde se presenta una gran problemática: la incapacidad de comunicación, de darse a entender. En el imperio son incapaces de leer las grafías plasmadas en la chala y esto da, como consecuencia, el asesinato del Inca Atau Wallpa.

Con el asesinato del inca supremo, del hijo del Sol, se da una derrota militar, una castración del sol. No obstante, hay una derrota que es mucho más profunda, ya que, como lo afirma García “se asiste a una derrota lingüística”. En la tragedia observamos que solo Felipillo es capaz de comunicarse con los allí presentes, el resto que vienen con él únicamente gesticulan. Así pues, Felipillo, al igual que Waylla Wisa para el bando contrario, se presenta en la obra como mediador. De ellos depende si el mensaje es entendido o no.

Según García Pabón: “Al fracaso lingüístico le sigue el fracaso de la comunicación cultural. Provocado e inseparable de los problemas lingüísticos, la brecha entre los mundos culturales es tan insalvable como la lingüística”. Esto se evidencia en los divergentes deseos y preocupaciones de ambos bandos. Por parte de los españoles solo les preocupa las riquezas (más que la evangelización en sí), y de los pueblos indígenas una incertidumbre retratada en su Inca Supremo.

Ahora bien, hecha la exposición de las dos derrotas, es conveniente mencionar quién es el mayor perdedor de la obra. Es obvio que militarmente la gran derrota la sufre el Inca hijo del Sol; sin embargo, dado el fracaso lingüístico mencionado anteriormente, el que se presenta como mayor vencido en la tragedia es Waylla Wisa. Todos son subyugados, pero es aún más decadente el final del Inca que “durmiendo agora”.

Waylla Wisa es intermediario divino. Mediante sus sueños prevé a su pueblo de infortunios, aconseja a los suyos sobre los propósitos que los dioses tienen para ellos. Con la llegada de los barbudos, “esta función queda completamente anulada” enfatiza Pabón. Desde que Waylla Wisa es incapaz de ver el futuro, de conocer lo que va a suceder, se presagia el infortunio que va acontecer. Waylla Wisa es el único capaz de conocer el futuro, pasado y presente, pero los españoles anularon toda capacidad de augurar el porvenir.

A esto se le añade que con la imposibilidad de decodificar la chala y comprender lo que va a suceder, quedan además anulados los sistemas de comunicación entre indios y españoles. A partir de esto se gesta una colonización lingüística, deben rendirse no solo ante ese dios que con una cruz portentosa y grisácea (como se tornarían los días siguientes de aquellos a quienes arrebataron sus dioses y su dignidad) llegó hacia ellos, sino ante un nuevo sistema de símbolos que los apartará del lenguaje meramente religioso. Es allí donde la escritura empieza a tomar un papel preponderante, ya que la derrota se dio por la no interpretación de la chala.

Muerte del Inca Atahualpa

Según Pabón: “el hombre lector de sueños es reemplazado por los signos de la escritura”, he ahí la gran derrota sufrida por Waylla Wisa. Después de la muerte de Atau Wallpa, su papel ya no es indispensable, sabía leer el porvenir, pero ahora tiene la imposibilidad de descifrar códigos de los Dzules.

¿Qué decía la chala? La chala juega un papel fundamental en la trama de la tragedia, no obstante, nunca se supo qué significado tenían esas grafías que parecían un hervidero de hormigas, unas huellas de patas de pájaros. De haberse logrado descifrar el mensaje allí escrito probablemente el Inca Supremo no hubiese sido asesinado. De esta manera, la escritura se presenta como un obstáculo, una barrera entre el mundo indígena y el mundo español, y presupone la necesidad de un enlace de comunicación.

 

La muerte del héroe Inca

 Ahora nos interesa extraer de lo dicho el análisis del final mismo de la tragedia. Dejaremos de lado el mayor vencido (Waylla Wisa) y nos inmiscuiremos ahora en el asesinato del Inca Atau Wallpa. Las anteriores afirmaciones esclarecieron el porqué fue asesinado el hijo del Sol: la incomunicación entre españoles e indígenas; mas ahora es necesario conocer a nivel narrativo por qué se dio este tipo de asesinato y el castigo impuesto a Pizarro.

Cornejo Polar, citado por García Pabón, observó en la muerte de Pizarro: “necesidades de diferentes usuarios superpuestas en el texto: ‹‹desde la gran masa indígena que urge la condena del culpable y el muy heterogéneo sector que discutía la legitimidad de la conquista››” con lo anterior se buscaba: “la reparación de un hecho que ya ha sido condenado históricamente”.

La tragedia, como se mencionaba al inicio del análisis, fue encontrada por Lara en 1955. Distintos autores apuntan a que la obra fue escrita en la segunda mitad del siglo XVIII (Teresa Gisbert, como una de ellos). En este siglo la colonización ya había pasado demasiadas etapas. Lo que presupone que la La tragedia del fin de Atau Wallpa fue resultado de un largo proceso de tradición oral. De aquí que ese largo proceso diera como resultado una modificación a nivel narrativo: la condena a Pizarro.

Narrada por José Antonio del Busto, la muerte real de Pizarro diverge en gran medida de la mencionada en la tragedia, ya que muere con un corte propinado en su garganta ¿por qué entonces la necesidad de narrar la muerte de esta manera y a manos del rey? Dado que la colonización ya había avanzado, tanto indígenas como criollos veían en el Rey de España el único ser capaz de mediar entre lo divino y los humanos. Según ellos, el Rey sería capaz de “reparar cualquier injusticia”, así que, para condenar el atroz hecho, se decide a nivel narrativo crear este tipo de muerte, como se evidencia en los acápites finales de la obra. Además, se intenta realzar la imagen del Inca Atau Wallpa, en voz del Rey:

 

ESPAÑA

¿Acaso tú no viste

que en su país gobernaba

a sus innumerables súbditos en medio de la dicha y la alegría

y la más sólida concordia,

con su palabra siempre afable?

(p. 60)

Y ya que el rey es el único con poder cuasi divino de condenar los hechos impartidos por humanos, se adhieren a la imagen narrativa de aquel para reparar ese hecho mediante la condena:

ESPAÑA

Lleváoslo si es así.

Id a entregarlo al fuego y que perezca

y con él su descendencia toda.

Y haced que destruyan su casa.

De ese guerrero infame

no debe quedar nada.

Esto es cuanto yo ordeno.

(p. 61)

Así, pues, los indígenas acuden al mito como la mejor salida para reparar este hecho tan atroz de su historia, aunque diste mucho de lo que realmente pudo haber ocurrido. De esta manera se convierte el mito como un espacio de refugio.

De lo dicho anteriormente es posible concluir que, sin duda alguna, La tragedia del fin de Atahuallpa es una de las obras que más da cuenta de la visión del vencido. Asimismo, más que una derrota militar se presenció una derrota lingüística dada la incomunicación con la llegada de los Dzules a aquellas tierras. Con esta derrota lingüística el mayor vencido de la obra es Waylla Wisa, ya que su mediación entre lo divino y lo humano queda completamente anulada. Por último, gracias al mito los indígenas logran reivindicar su historia, el mito se presenta como un espacio de refugio y a la vez de resignificación.

 

Bibliografía

García Pabón, L. (1992). Comunicación, escritura e imaginario social en la Tragedia del fin de Atahuallpa. Caravelle, (59), 225-240.

Lara, J. (1989). La Tragedia del fin de Atau Wallpa. Antología General del Teatro Peruano. Pontificia Universidad Católica del Perú.

Reyes, L. A., Soria de Melo, M. M. (2001). Tragedia indígena y conflicto ontológico. Ciencia y Técnica, (10), 147-156.

Roy, H. (2017). El inca y su refugio mítico: espacio de regeneración y de resistencia. Diálogo Andino, 4 (54), 103-111.

Prudencio Sánchez, A. A. (2007). La muerte de Atau Wallpa como conflicto de representación en la tragedia del fin de Atawallpa (tesis de pregrado). Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú.

Valencia Solanilla, C. (1997). Escala invertida. Ensayos sobre literatura y modernidad. Pereira: Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes del Tolima.

 

ᵃ Estudiantes de la Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana de la Universidad Tecnológica de Pereira.

[1] Para ello remitimos al lector a la obra de César Itier: ¿Visión de los vencidos o falsificación? Datación y autoría de la Tragedia de la Muerte de Atahualpa.

[2] Fue un caudillo y líder indígena, fue anticolonial. Representa un símbolo de rebeldía en contra de la dominación española.