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El cuerpo físico está conformado por trescientos mil trillones de células, cien mil millones de neuronas que componen el sistema nervioso central, cien millones de células receptoras de luz en los ojos, veinticuatro millones de células receptoras del sonido…

 

Por Jorge Triviño      

En estos momentos tan álgidos, se hace necesario volver a recordarle a la humanidad que aunque parezca que ya no hay caminos, que se ha perdido el rumbo, y que no hay una bitácora que nos guíe, sí la tenemos: es la imaginación creadora. Pero para poder comprenderla se hace necesario saber de antemano qué es.

El ser humano está constituido por un ternario maravilloso: Espíritu, alma y cuerpo. Para no caer en términos equívocos, diremos que cuando nos referimos al espíritu, estamos aludiendo a la consciencia; es decir, a aquello que sabemos porque lo sentimos. Según Jung, el término espíritu tiene que ver con «el concepto de una sustancia inmaterial o existencia, que en el plano superior se denomina “Dios.”»[i]

Cuando decimos alma, nos referimos exactamente a la sensibilidad, a la que se le han dado diversos nombres en otras culturas: Fohat, Pneuma, Psique, Tlahuizkalpantekutli, Soul, Ánima, La cosa en sí, etc.

El cuerpo físico está conformado por trescientos mil trillones de células, cien mil millones de neuronas que componen el sistema nervioso central, cien millones de células receptoras de luz en los ojos, veinticuatro millones de células receptoras del sonido, nueve kilómetros de fibras nerviosas, noventa mil kilómetros de vasos capilares, setenta y dos mil terminaciones nerviosas, seiscientos músculos, doscientos seis huesos, y once sistemas compuestos por órganos vitales que mantienen la vida.

Nuestro corazón late aproximadamente entre sesenta y cien pulsaciones por minuto.

El ser humano también tiene deseos y pensamientos. El pensamiento, a su vez, se manifiesta como pensamiento concreto, y pensamiento abstracto. El pensamiento concreto nos permite, mediante la comparación, distinguir la forma, el color, la textura, la altura, y la profundidad; es decir, conocer las cosas y discernir; pero su contraparte, el pensamiento abstracto, nos faculta para formar conceptos abstractos y resolver problemas matemáticos, filosóficos, científicos, comprender textos y entender el lenguaje.

Y como una preciosa rosa, allí, en el pensamiento abstracto, florece la imaginación creadora.

La imaginación es la facultad que tiene la mente de formar imágenes.

Según la mitología griega, que se ocupó de darnos a conocer cómo operaban, de dónde provenían y qué eran estas maravillosas fuerzas, a la imaginación creadora se le llamaba la diosa Iris; y según Platón, su nombre provendría de eireín, cuyo significado es “hablar”.

Su padre fue Taumante, palabra que está relacionada etimológicamente con thoûma (asombro).

En la mitología griega, Taumante o Taumas (en griego antiguo Θαύμας Thaúmas, significa “maravilla”, “milagro”).

La madre de Iris fue la diosa oceánica Electra, quien según narra la mitología, llevaba una piedra de ágata, donde se mezclaban los colores del oro y de la plata.

El oro, para los alquimistas, corresponde a la consciencia; mientras que la plata, corresponde a la sensibilidad.

¡Qué maravillosa comprensión de los misterios más extraordinarios del ser humano es la que tenían los griegos o Helenos; los seres de la luz! La palabra Helena significa: “aquella que brilla o arde por la luz!”. ¡Por algo llegaron a tener la edad de oro!

La imaginación creadora, entonces, nace de la portadora de la sensoconsciencia y del asombro: de la maravilla.

¿Y no es verdad que los creadores, son seres sensibles y conscientes en un grado algo mayor que los demás, y que viven maravillados, asombrados, encantados con todo aquello que hay en derredor suyo?

Habla, fue el grito lanzado por Miguel Ángel mientras golpea con un martillo la escultura terminada de Moisés. La artista española Cristina Lucas recreó la escena en un video arte. Imagen / Cristina Lucas

El enamoramiento de la creación

Cuando los artistas de cualquier género: musical, literario, pictórico, escultórico o de otra índole, se “enamoran” del objeto de su creación, crece en sus corazones y en su mente el ideal, y lo hacen realidad mediante los conocimientos técnicos que poseen.    Dan a luz su obra y expresan su alegría exclamando como aquel insigne griego: “Eureka”, pues han hallado la solución a su búsqueda.

Cosa análoga sucede cuando el joven es flechado o saeteado su corazón, como se pinta en la iconografía popular.

En toda creación, desde un ser animal hasta un ser humano, acontece de la misma manera.

Se encuentran dos seres por primera vez, ocurriendo de inmediato un “flechazo”, “un encantamiento”; el que va acrecentándose, y luego se inicia el cortejo; hasta que se llega al connubio, y al final, la consumación en la unión física de la cual va a nacer un nuevo ser.

Dice Eliphas Levi que no existe muerte repentina[ii]. Los seres se van muriendo poco a poco. En el proceso de destrucción se inicia un progreso gradual de micro desmoronamiento, y se va acrecentando paulatinamente. Proceso análogo sucede con la creación. Las creaciones se van generando en pequeñas implosiones. Primero una implosión, luego otra, después otra, hasta que hay un estallido final; hay una fusión de energía tan grande, que se manifiesta después, indefectiblemente.

En todos los procesos de la naturaleza acontece de similar manera. Nunca hay un terremoto que suceda de improviso. Hay estremecimientos y estremecimientos; pero tan pequeños, que pasan desapercibidos por su magnitud. Todavía no existen instrumentos capaces de medirlos; tan sólo los animales más sensitivos pueden captarlos y escapar, como lo han hecho en los bosques y en las selvas.

Igual ocurre con cualquier otro tipo de creación. Para que el creador llegue a encontrar el motivo para inspirarse, es necesario encontrar el objeto de su amor, y luego se va enamorando con el conocimiento progresivo que va adquiriendo de él.

El día del Juicio (1805). Versión de William Blake en el poema The Grave de Robert Blair.

Rosas del jardín humano

La imaginación creadora, esa potente fuerza motora de la vida, la han desarrollado algunos seres sensitivos como los artistas, los inventores y  los espiritualistas.

He aquí apenas, algunos exponentes que han desarrollado en algún grado la imaginación creadora: Leonardo Da Vinci, Albert Einstein, Julio Verne, Mahatma Gandhi, Salvador Dalí, Rabindranath Tagore, Nelson Mandela, Martin Luther King.

La imaginación creadora ha permitido la existencia de seres extraordinarios en su forma de actuar; y han logrado cambiar el rumbo de la historia, pues son los seres más aventajados: son las rosas del jardín humano. Son ellos los que han creído en una fuerza interior  —superior— que les guía y la han manifestado de portentosa manera.

Leonardo Da Vinci: fue pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista. Poseía una imaginación desbordante, de la que hizo gala, y cuyos frutos aún disfrutamos hoy.

Sus aportes a la pintura son de incalculable valor. Dejó obras tan hermosas como los frescos que adornan la capilla Sixtina; la Gioconda o Mona Lisa, Leda y el cisne, La última cena, La virgen de las rocas, San Juan Bautista; sus estudios anatómicos, su monumental “Tratado de la pintura”, sus dibujos a carboncillo y sus óleos.

Continuamos con Albert Einstein —otro exponente de esa facultad maravillosa—, de nacionalidad alemana pero de ascendencia judía, quien pudo mediante su imaginación creadora dejarnos la fórmula de la energía: ; y su teoría general de la relatividad, que muy a su pesar, permitió el desarrollo de la bomba atómica. Einstein era un hombre sencillo; pero ante todo, un ser imaginativo; prueba de ello, son estas frases:

“En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento.”

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.”

“El secreto de la creatividad está en dormir bien, y abrir bien la mente a las posibilidades infinitas. ¿Qué es un hombre sin sueños?”

Con las cuales queda demostrado que era un gran científico y un genio que había desplegado tal fuerza, aplicándola a las matemáticas.

Pasemos a Julio Verne: fue un insigne escritor, además de ser poeta y dramaturgo francés, a quien le debemos adelantos científicos como los viajes extra planetarios, pues planteó la posibilidad de volar a nuestro natural satélite: la luna.

Sus obras, antes que literarias, eran escritos de carácter futurista, pues la imaginación desarrollada permite avizorar hechos en el tiempo. Con razón expresó inequívocamente: “Todo lo que yo invento, todo lo que yo imagino, quedará siempre más acá de la verdad; porque llegará un momento en que las creaciones de la ciencia superarán a las de la imaginación.”

Como dice Sir Eduardo Bulwer Lytton, en su novela Zanoni: “La imaginación puede ser el monarca y el adivino, cuando brilla por entre una pura y serena inteligencia.”[iii]

Pero vayamos más allá para conocer un poco más sobre la utilización de la imaginación creadora; para descubrir cómo se puede aplicar a otras esferas como la religiosa, donde nos encontramos con un excelso hombre: Mahatma Gandhi, de quien diría el mismo Albert Einstein, que compartió su amistad: “Vendrán generaciones, puede ser, que difícilmente crean que un hombre como este caminó alguna vez en carne y sangre sobre la tierra”.

Él era un hombre menudo, moreno, delgado, y sus únicas posesiones eran: unos anteojos, un bordón, unas sandalias, un sari y un reloj, aparte de que anduvo con una cabra que le proporcionaba leche, pues no quería beber leche de vaca, ya que la religión se lo prohibía.

Era también un gran visionario: veía su tierra libre de los ingleses, ¡y así fue!

Recuerdo que un día llegó a mis manos un pequeño libro sobre vegetarianismo que él había escrito. En ese pequeño opúsculo planteaba la posibilidad de que un día se encontrara una planta de la cual se podría extraer leche. ¡Y así fue! Tiempo después se descubrió la leche de soya.

Su visión del mundo y de Dios dejó huellas indelebles en la humanidad; he aquí algunas preciosas perlas, aparte de su obra magnífica:

“El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de la que dispone el mundo”.

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.”

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás”.

“Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia”.

“Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”.

“Cuida tus pensamientos porque se volverán actos. Cuida tus actos porque se harán costumbre. Cuida tus costumbres porque formarán tu carácter. Cuida tu carácter porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida”.

Otro prohombre que produjo imaginación creadora de ese caudal infinito que se ha llamado Anima Mundi, fue el pintor, escultor, grabador y escenógrafo Salvador Dalí.

Sus pinturas surrealistas llenaron el mundo de belleza, de admiración y de encantamiento. La humanidad había encontrado a un artífice de la belleza ideal, a un hombre que expresaba con desparpajo “Yo soy un genio”; y ante esa afirmación, ¿cómo negarla?

Dentro de los títulos más destacados de sus obras están: “El descubrimiento de América”, “La persistencia de la memoria”, “La desintegración de la persistencia de la memoria”, “La tentación de san Antonio”, “Leda atómica”, y muchas más por nombrar.

Su genio raya en el delirio, que nos causa observar sus creaciones llenas de perfección, de la que decía: “la perfección no existe, pero hay que buscarla”.

En la literatura, se hace necesario nombrar a un hombre dotado de gran sensibilidad, ganador de un premio nobel en 1913, y quien se destacó además en otras disciplinas como artista, dramaturgo, músico, novelista y autor de canciones; de las cuales, dos son himnos nacionales: India y Bangladés. Fue amigo de Mahatma Gandhi, a quien dio el título de Mahatma; es decir, Alma Grande; y que aceptó, con la condición de que si moría asesinado y pronunciando el nombre de Dios en su idioma, podrían hacerlo. Y así fue; se cumplieron ambas circunstancias.

Rabindranath Tagore dejó insuperables obras llenas de belleza: “El jardinero”, “Gitanjali”, “El cartero del rey”, e innumerable cantidad de obras de teatro, donde se manifiesta el espíritu hindú.

A Nelson Mandela, otro hombre poseedor de una vívida imaginación, se le debe hacer honor ya que gracias a su espíritu noble hacia la raza humana se logró el triunfo sobre el Apartheid, el sistema de segregación racial de África y Namibia, que por entonces era parte de Sudáfrica.

En su lucha sufrió represiones y encarcelamiento de veintisiete años, tiempo en el cual pudo analizar el comportamiento de los ingleses y entenderlos, para luego dar la libertad a la raza negra.

Su voz debe ser escuchada por las generaciones posteriores, ya que dio ejemplo de valentía, gallardía y rectitud. He aquí preciosas perlas de sabiduría:

“Una buena cabeza y un buen corazón, son siempre una combinación formidable”; y creo que esta frase lo define a él, a la perfección.

“Ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás.”

“Debemos usar el tiempo sabiamente, y darnos cuenta de que siempre es el momento oportuno para hacer las cosas bien.”

Y para terminar con ejemplos de libertad, nos encontramos con Martin Luther King, otro exponente de la no violencia, y quien logró obtener el sufragio para los negros en Norteamérica. Su forma de manifestar su pensamiento, también logró que los blancos lucharan por sus ideales.

Nunca cejó, ni dejó de creer en Dios, en sí mismo, y en los principios libertarios que preconizaba.

Sus arengas tocaban las íntimas fibras del corazón. He aquí preciosas joyas de sabiduría:

“No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.

“La cobardía hace la pregunta: ¿es seguro? La conveniencia hace la pregunta: ¿es político? La vanidad hace la pregunta: ¿es popular? Pero la conciencia hace la pregunta: ¿es correcto? Y llega el momento en que uno debe tomar una posición, que no es política, ni segura, ni popular. Pero uno debe tomarla porque es la correcta:”

“Siempre es el momento apropiado para hacer lo que es correcto.”

“Yo tengo un sueño, que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será humillada, lo áspero se enderece y la gloria del Señor será revelada, y toda carne juntamente la verá.”

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.”

“Todavía tengo el sueño de que un día cada hombre de este país, cada hombre de color en el mundo entero, será juzgado por su valor personal y no por el color de su piel.”

Hasta aquí unos pocos escogidos como ejemplos de imaginadores o imagineros o “soñadores”; y llegamos a la figura indiscutible de Gabriel García Márquez, más conocido mundialmente como Gabo o Gabito, premio nobel de literatura en 1982 por su novela “Cien años de soledad”, donde hace destreza de maestría en el lenguaje, y de imaginación desbordante. Es una novela considerada a nivel mundial como maestra, cosa innegable e indiscutible.

Imagen inspirada en Zanoni. Ilustración / Intellectual Exercise

Rasgos de los imaginadores

Debo hacer aquí una sinopsis de las características de los imaginadores:

Los innovadores, son seres que se han dedicado a diversas modalidades del pensamiento humano, y cuyo fin fundamental, es el de aportarle a la sociedad su ideal, a manifestarlo de alguna manera y a luchar por él. En ellos, la fe ha sido determinante para triunfar.

La fe, que es una fuerza poderosa en sí misma, es la que les ha permitido el desarrollo de sus facultades creativas; y es lo que les ha facultado para llegar a la cúspide de su creación. Dice de nuevo Bulwer Lytton en Zanoni con respecto a la fe: “¡Cuándo aprenderán los hombres a reconocer que si la gran religión inculca tan rígidamente la necesidad de la fe, es porque ella solamente guía a la vida futura! Sin fe no hay nada excelente en la tierra… La creencia en algo más sabio, más feliz, más divino de lo que vemos en este mundo, es lo que los artistas llaman el ideal, y los sacerdotes la fe. El ideal y la fe son una misma cosa.”[iv]

Los genios son seres sensitivos en grado sumo; es decir, han producido sensibilidad, ya que el alma debe ser “derivada” de ese manantial Divino, de la sensibilidad de la Deidad Cósmica.

Los creadores aman la naturaleza y sus manifestaciones interiores y exteriores, pues saben que ella es la divinidad misma, ya que representa la vida.

Los creadores han sabido hacer uso de su verbo creador. Sus palabras, aunadas a su imaginación y a su amor hacia aquello que quieren crear, les han conducido a la realización de su ideal.

Ilustración / Lifestyle

Características de la imaginación

La imaginación creadora es una facultad, la más importante para nuestro desarrollo individual y colectivo, y hacia ella debemos elevar nuestro corazón; para apurar el desarrollo personal y colectivo.

La imaginación creadora es la facultad que ha permitido que desde los inicios de la raza humana fueran posibles los inventos de las herramientas de piedra, la concepción de la rueda, el hallazgo de herramientas para las labores del arado, los vestidos para protección del clima, el descubrimiento del poder curativo de las plantas, las pinturas rupestres, la construcción de vías y caminos, el trueque de mercancías, la creación de los diferentes tipos de escrituras…

Se hace tan interminable la lista, que va hasta nuestros días, con los viajes a otros planetas, la medicina, las comunicaciones; aparte de permitirnos disfrutar de comodidades; de oír las sinfonías más hermosas creadas por los genios de la música, leer libros de grandes autores de cualquier lugar del planeta.

No existe persona, animal, vegetal, mineral o cosa, que antes no haya sido imaginada antes de existir.

Y en cuanto a la aplicación, es tan infinita que no hay espacio suficiente, ya que toda labor creativa parte de ella.

Los faquires pueden, mediante esa poderosa fuerza, hacer crecer a las semillas, crear imágenes de flores, curar a distancia, recomponer partes del cuerpo, leer libros y hechos en la memoria de la naturaleza, etc.

El taumaturgo, palabra derivada de Thaúmas: maravilla y ergos: que hace; es decir, aquel que hace maravillas.

La taumaturgia es la máxima expresión de la imaginación creadora. La imaginación del operador es tan potente que logra curar a enfermos desahuciados y hasta resucitar a aquellos a quienes se les ha declarado muertos.

Como decía Israel Rojas: “A través de la imaginación se realizan todas las transformaciones, tanto en el sentido espiritual como material.”

Y para finalizar, deberíamos decir como Thomas Mann: “¡Qué glorioso regalo es la imaginación y la satisfacción de lo que ofrece!”.

 

Referencias

[i] Carl Gustav Jung. Simbología del espíritu. Editorial Fondo de cultura económica. 1994. Pág. 14

[ii] Eliphas Levi. Dogma y ritual dela alta magia: Editorial Kier s.a.

[iii] Sir Eduardo Bulwer Lytton. Zanoni. Ediciones Eisa. México D.F.

[iv] Opus cit.