Así es que después de los estudios de Alfred Kinsey (con Sigmund Freud ya superado), el asunto del sexo tomaría un rumbo insospechado y  complejo, ya que del análisis físico se pasó al estudio sociológico: el coito, como un señuelo


 

Por: Diego Firmiano

Alguna vez escuché esto en una conversación: El hombre es la cabeza del hogar. Si. Pero la mujer es el cuello que mueve la cabeza. Desconozco si era un chiste, o una frase popular, pero en sí la máxima conlleva una verdad preconizada por la socióloga Esther Vilar: El señor de la casa es la mujer.

Esa frase puede causar reacciones diversas; sin embargo, lo cierto es que muy pocos hombres están en la capacidad de aceptarla a conciencia, porque pueden alegar que son ellos los que trabajan, los que compran todo, los que deciden si tener hijos o no, y  que son los representantes del hogar por ser más fuertes que ellas. Hechos que pueden ser cuestionados, si se mira esto a la luz de las ideas de Esther Vilar, la mujer que se considera feminista, y que afirma que al liberar al hombre, se puede liberar de verdad a la mujer.

Sobre los hombres, ¿será, tal vez, que la fuerza, la inteligencia y la imaginación no son en absoluto condiciones del poder, sino de la sumisión? O, que el mundo esté gobernado no por la capacidad, sino por los seres que no sirven más que para dominar, o sea, por las mujeres. Y en esto, la autora no duda en afirmar que la sociedad son las mujeres.

Porque el libro de Vilar El varón domado (Der Dressierte Mann, 1975) causó revuelo (y sigue causándolo) en Europa, por una sencilla razón que se sostiene en hierro:

El hombre fue entrenado y condicionado por la mujer, de manera no muy distinta a como Pavlov condicionó sus perros, para convertirlos en sus esclavos. Como compensación por su labor los hombres son premiados periódicamente con una vagina.

 

Porque el libro de Vilar El varón domado (Der Dressierte Mann, 1975) causó revuelo (y sigue causándolo) en Europa. Fotografía /Mercadolibre

Estas declaraciones sugestivas de esta médica, psicóloga y socióloga, fueron la causa para que grandes oleadas de feministas emancipadas desde los años 60 bajo el influjo de Betty Friedan, Alice Schwarzer, Bettie Dobson y otras, la amenazaran de muerte. Aunque es obvio que detrás de tal persecución estaba también la industria comercial, que ya venía preparando su agenda para que en ese tiempo (y en este), se desarrollaran nuevos productos para suplirle a la ideología feminista y sus variantes, los artilugios de lucha.

Actitud bárbara e irracional del movimiento feminista hacia Esther Vilar, que puso en riesgo no solo su discurso, sino también su vida, que incluso como reacción llevó a que la misma Betty Dobson se alejara de esta corriente femenina para seguir con sus ideas liberales, pero con un enfoque más pragmático: se inclinó hacia el onanismo y se convirtió en una profeta de la masturbación femenina.

Un asunto de tira y afloja que no fue (ni es) tan fácil de dilucidar, ya que cuando Esther Vilar presentó sus teorías al mundo por medio de su libro El varón domado dejó al descubierto dos cosas: que irremediablemente las mujeres dominan (controlan, en el original alemán) a los hombres, y que el mundo es controlado por “algo”, “alguien” o “quién sabe quién”, como un tercer poder que busca volver irreconciliable al hombre y la mujer en sus relaciones.

Así es que después de los estudios de Alfred Kinsey (con Sigmund Freud ya superado), el asunto del sexo tomaría un rumbo insospechado y  complejo, ya que del análisis físico se pasó al estudio sociológico: el coito como un señuelo con el que un hombre puede obtener una mujer oligofrénica que lo haga trabajar para ella y a quien le debe entregar su dinero; luego, el comercio, le vende a ella todo lo que quiere. Así se justifica y toma fuerza hipócritamente, según la sociología del sexo, lo que las feministas han querido dibujar: que la mujer es explotada por el hombre, que este vulnera sus derechos, que ellas deben ser emancipadas.

 

Así, entonces, el deber de los hombres y las mujeres, según Vilar, es hacerse inteligentes (no confundir con astucia), antes que definirse, o caer en la trampa del sexo como la “campanilla de Pavlov”. Fotografía /Alchetron

¿Pero emancipadas de qué? O ¿libres para qué? Dice Vilar, ya que filosóficamente la libertad no existe más que en función de ser-libre-para. En esto, la pregunta crucial de la teoría vilariana es ¿quién gana con esta guerra de sexos? Y la respuesta se deja venir sola: el comercio, la sociedad de consumo, el capitalismo, el feminismo moderno como un producto del capitalismo.

El que esto haya sido descubierto y preconizado por Vilar no significa que sea regla general; sin embargo, sus teorías no han sido superadas, ya que como afirmó Josefina de Silva en su obra La otra virginidad: “solo alguien con un mínimo de razonamiento evitaría cuestionar los predicados de la sociedad de consumo. Eso de que es mejor vender dos camas que una;  o de que entre más hijos mejor, porque cada uno pedirá un televisor, un videojuego o un celular, lo que es más rentable económicamente”. 

Así, entonces, el deber de los hombres y las mujeres, según Vilar, es hacerse inteligentes (no confundir con astucia), antes que definirse, o caer en la trampa del sexo como la “campanilla de Pavlov”. Además, afirmaba tajantemente que “la mujer nace con la misma capacidad mental que el hombre, pero esta puede elegir entre cultivar su inteligencia o permanecer estúpida toda la vida”.  Es decir, esta teórica evitaba o  mejor, quería invitara al despertar socrático de la “ignorancia” como el mayor pecado entre el género. De ahí que las mujeres, según Vilar, sean más religiosas, más sedientas de redención que los hombres, pero no por ello menos sensibles o menos inteligentes a la hora de dominar al hombre.

Vilar en cierta forma es la representante del feminismo masculino, esa corriente que justifica al hombre, o mejor, que afirma que el verdadero esclavo es el hombre, no la mujer.

Vilar en cierta forma es la representante del feminismo masculino, esa corriente que justifica al hombre. Fotografía / Deutschlandfunkkultur