Otros palimpsestos

En el que deben traslucirse los rastros
-tenues pero no indescifrables- de la “previa” escritura de nuestro amigo” (Jorge Luis Borges, Ficciones).
La literatura es inagotable por la razón suficiente de que un solo libro lo es” (J. L. Borges, Enquetes). Este libro no basta sólo con releerlo, sino que hay que reescribirlo, aunque sea como Ménard, literalmente. Así se cumple la utopía borgiana de una Literatura en transfusión perpetua -perfusión transtextual- constantemente presente a sí misma en su totalidad y como Totalidad, en la que todos los autores no son más que uno, y en la que todos los libros son un vasto Libro, un solo Libro infinito” 1.

Portada de Tirano Banderas. Ilustración / Alberto Gironella.

Por: Iván Rodrigo García Palacios
Si alguien ocultó con singular malicia el origen de sus referentes literarios, la mayor parte de las veces tras una cortina de humo de referentes culturales y anécdotas folclóricas, ese fue Gabriel García Márquez. Para hacerlo, unas veces destacaba unos autores y obras más de la cuenta. Otras, apenas mencionándolos, como quien no quiere la cosa y así disimular el tamaño de su deuda, Pero, los más importantes nunca son mencionados con el claro propósito de ocultarlos, pues son tan determinantes que cualquier consideración podría tomarse como falta de originalidad o de genialidad. O, simplemente, para generar un misterio que desafiara a los lectores y a los académicos.
Sin embargo, nada de eso importa ya, pues todo ese bagaje literario, cultural y folclórico en la composición de las obras de Gabriel García Márquez es una mina de “otros” sentidos que enriquecen las lecturas y las insertan en ese libro infinito del que hablaba Jorge Luis Borges. Además, y según las nuevas ciencias de la teoría literaria, también es original y genial el manejo de las fuentes y los referentes. Y todo ello, porque no existe ninguna obra literaria absolutamente original, es decir, en la que en su escritura no haya incidido la influencia y la presencia de las obras de otros autores, así como de los elementos de la memoria, de los recuerdos, del ámbito cultural, social, político, etc. y, por supuesto, la decisión deliberada de trasponer elementos de otras obras y de la realidad a la escritura por parte del autor.

Michael Riffaterre, crítico francés (1924-2006).

Lo que hace a una obra literaria una obra original, es aquel “toque genial”, indefinible e indescriptible que su autor logra al escribir con la materiales de su memoria, de sus sentimientos, de sus recuerdos, de su imaginación, de su pensamiento, para con todo ello realizar una obra maestra de arte.

Una de las actividades más placenteras que puede realizarse con la literatura, además de la lectura, es la de jugar con ella. Un juego delicioso es tratar de encontrar las referencias e influencias incluidas en las obras, hasta el punto de que se han inventado ciencias literarias con ese propósito. Pero a diferencia de esas ciencias, la Lectura lúdica es un juego y como juego sus métodos son los mismos del arte, es decir, pasión e imaginación. El juego que ahora propongo es el de buscar algunos de los palimpsestos de Cien años de soledad, unos más conocidos y reconocidos que otros.
Para proponer algún tipo de piso teórico, me remito a las propuestas de Gerard Genette, ya citadas en el epígrafe, y a esta cita que él hace de Michael Riffaterre:
«La intertextualidad es [… ] el mecanismo propio de la lectura literaria. En efecto, sólo ella produce la significancia, mientras que la lectura lineal, común a los textos literarios y no literarios, no produce más que el sentido» 2.
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Sin embargo, mi propósito no es encontrar ni lo uno ni lo otro, lo que hago es solo por el placer de jugar por jugar a ese juego de buscar algo que se nos oculta, deliberadamente o no, por el desafío y por el placer creciente de encontrarlo mientras más esfuerzos nos exige una lectura atenta, pero lúdica.
Pues bien, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es una de las más ricas y misteriosas novelas, en cuanto a referencias literarias, de las cuales, unas ya han sido reconocidas desde su publicación y se las ha relacionado con múltiples fuentes y motivos, para el caso, las oficialmente reconocidas y enumeradas por Gerald Martin, de quien se puede decir fue el biógrafo oficial de García Máquez:
“[…] los ingredientes latinoamericanos de su bagaje literario —Borges, Asturias, Carpentier, Rulfo— con la Biblia, Rabelais, las crónicas de la conquista española y las novelas europeas de caballería, e incorporaba también a Defoe, Woolf, Faulkner, Hemingway. No es de extrañar que se sintiera un alquimista, ni provoca sorpresa que fusionara a Nostradamus y Borges —y a sí mismo”,
[…]
“He ahí el secreto, pues. un hombre que escribe acerca de un pueblo, de una nación y del mundo sirviéndose de los descubrimientos de los grandes mitos occidentales (Grecia, Roma, la Biblia, Las Mil y una Noches importadas de Oriente), de los grandes clásicos de Occidente (Rabelais, Cervantes, Joyce) y de los grandes precursores de su propio continente (Borges, Asturias, Carpentier, Rulfo), cuya obra es un espejo en el cual el continente se reconoce al fin, y funda con ella una tradición” 3.
Sin olvidar la formación clásica en la literatura griega y latina que recibiera en su juventud como periodista del diario El Universal en Cartagena de Indias, por allá en 1948, bajo la tutela de Clemente Manuel Zabala y Gustavo Ibarra Merlano 4,

Clemente Manuel Zabala, maestro de García Márquez en El Universal de Cartagena.

Pero, además de los autores y obras conocidos y reconocidos, hay en Cien años de soledad otras referencias y fuentes no tan conocidas ni reconocidas u otras que no se conocen ni reconocen como incluidas en una de sus obras, pero sí para otra, tal el caso de Cien años de soledad y El otoño del patriarca. La historia del origen y escritura de estas dos novelas es una novela ella misma con una trama asombrosa, porque la escritura de un primer El otoño se frustró para dar origen a Cien años de soledad y permaneció congelada por diez años.

Pero volvamos al cuento de los referentes conocidos o no reconocidos. Ese es el caso con Tirano Banderas de Ramón María del Valle Inclán, de la que Gabriel García Márquez niega toda relación con El otoño del patriarca. Igual sucede con Nostromo, de Joseph Conrad. Pero hay que descubrir que ambas novelas y sus autores fueron tanto o más importantes para la escritura de Cien años de soledad, algo que Gabriel García Márquez simplemente calló o apenas negó. Y es cierto, poco más tienen que ver con El otoño del patriarca, pero con el publicado en 1975, salvo por ese detalle de su origen.

Ramón María del Valle Inclán, escritor español (1866-1936).

Ese es el punto de partida de este juego de Lectura Lúdica. Había que buscar y descubrir las lecturas que Gabriel García Márquez había hecho para aquella versión primera, fracasada y perdida -o, ¿reciclada en Cien años de soledad?-, de aquel El otoño del patriarca, esa novela “de dictador” que él estaba escribiendo antes de ser atrapado por la escritura de Cien años de soledad.

Hay que aceptar que Gabriel García Márquez toma, tanto de Tirano Banderas como de Nostromo, materias literarias y políticas con la fuerza capaz de trascender y servir de modelo geográfico e histórico para Macondo y sus habitantes. Pero, además, que la biografía de Joseph Conrad también hace sus aportes en este cuento, como voy a mostrar. Queda a curiosidad del lector buscar entre las páginas de Cien años de soledad a un marinero con una biografía de leyenda como la del propio Joseph Conrad.

El crítico pereirano Carlos Rincón, profesor Emeritus de la Freie Universität Berlin y Doctor Honoris Causa de la Universität Leipzig. Fotografía /  El Tiempo.

Pero, antes de continuar, quisiera hacer una mención a una de esas ciencias de las que buscan las referencias y contextos, muy en especial de los asuntos geopolíticos y geoculturales, de las obras literarias y de sus autores. Y lo voy a hacer con un ejemplo.
Por allá en los años 90 era tendencia lo que se llamaba estudios culturales o crítica cultural y teoría literaria, un par de disciplinas que buscaban mostrar los contenidos más ocultos y trascendentes en las obras literarias y la presencia de los autores y su ámbito sociocultal en ello. Pues bien, de 1995 y 1999, respectivamente, son dos estudios del catedrático originario de Boyacá, Carlos Rincón, quien se desempeña como profesor de asuntos culturales en una universidad en Berlín, Alemania. El primero de ellos sobre El amor en los tiempos del cólera y el segundo, Del amor y otros demonios5, los que recomiendo leer, tanto por su importancia como por los placeres que su lectura proporciona. Ah, y también para mostrar y destacar que, desde la escritura de Cien años de soledad, el manejo de referencias por parte de Gabriel García Márquez se hizo cada vez más sofisticado, como puede deducirse de los trabajos del profesor Carlos Rincón.
Ahora sí, volvamos al cuento que estaba contando.

Joseph Conrad, Nostromo

¿En qué se parecen Sulaco y Macondo? En que tienen una geografía, una política y una historia en común.
Sulaco y Macondo son las ciudades de Nostromo, de Joseph Conrad y de Cien años de soledad. La primera, situada en “la República de Costaguana” y, la segunda, en una nunca mencionada por su nombre, República de Colombia.
Geográficamente, Sulaco está asentada en la cara norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, frente al mar y cercana a un desierto. Macondo fue fundada en la cara sur de esa misma sierra y está cercada y separada del resto del mundo por una ciénaga, por un territorio desconocido y por una selva virgen.
Desierto, ciénaga y selva virgen, son territorios de leyenda, misterio y superstición en los que, en ambas novelas, se ocultan tesoros y galeones encallados y en donde se pierden los osados exploradores que en ellos se aventuran.
Son muchos otros los elementos, motivos, figuras, etc., de la geografía e historia de “La ciudad de Sulaco” y de “la República de Costaguana”, que se trasponen, yuxtaponen, conectan y corresponden, en los escenarios de Macondo y de la República de Colombia.
Nostromo fue para Gabriel García Márquez una fuente inagotable de motivos, figuras e imágenes, etc., los que, junto con los recuerdos de su vida, los de los cuentos de los abuelos, los de la gente y los de la ingente literatura contenida en su memoria, fueron traspuestos por su imaginación para emerger en el momento de la escritura de Cien años de soledad.
Se podría deducir que tales conexiones y correspondencias son, además de un acto deliberado de Gabriel García Márquez, la correspondencia con un evento histórico: hacen parte de la misma información que Joseph Conrad utilizó para la escritura de Nostromo a raíz de su visita a Santa Marta y Cartagena en 1876, cuando era el joven marinero polaco Josef Conrad Korzenlowski (1857-1924), visita que tenía por motivo entregar un cargamento clandestino de armas para el ejército rebelde conservador, en plena época de las guerras civiles entre liberales y conservadores.
La historia de “la República de Costaguana”, es la que Joseph Conrad utiliza para conectar a Nostromo con el ámbito ficticio de una hipotética república suramericana de finales del siglo XIX y a sus historias de inestabilidad política, de guerras civiles, del colonialismo e intervencionismo por parte de las potencias europeas y de Estados Unidos y que se corresponde con la historia de lo que en ese entonces se llamaban los Estados Unidos de Colombia, según las historias que Santiago Pérez Triana, el hijo del presidente liberal Santiago Pérez, le contó a Joseph Conrad6 y que él utilizó para el contexto histórico de Nostromo y de “la República de Costaguana”.
Algo similar a lo que después hizo don Ramón María Valle-Inclán en Tirano Banderas, en 1926, pero desde el ámbito de la historia de México y su reciente revolución.
Aquella historia de Colombia es la que también Gabriel García Márquez emplea para armar el contexto político e histórico de Cien años de soledad: colonialismo, guerras, revueltas, rebeliones, revoluciones, masacres, y los ejércitos, generales, coroneles, soldados: los idealistas fracasados y nostálgicos contra los oportunistas y pragmáticos; partidos políticos y políticos y funcionarios estatales, venales, retóricos, pomposos y corruptos; imperios y compañías multinacionales que explotan ambiciones y recursos; injerencias extranjeras y un extenso etcétera. Como también lo son los intereses económicos: La mina, “la Compañía Oceánica de Navegación a Vapor (La O. S. N., como corrientemente se decía)” y la construcción de los ferrocarriles, traspuestos como los espejos en los que se pueden contemplar a la compañía bananera y al ferrocarril de Macondo.
Pero no sólo es por el ámbito geográfico, histórico, político, económico, de “Sulaco” y de “la República de Costaguana”, por los que se conectan Nostromo y Cien años de soledad, también se trasponen, conectan y corresponden, personajes, circunstancias, condiciones, eventos, etc., de la vida social de “Sulaco” a Macondo… Damas y caballeros de rancia y anacrónica aristocracia que persisten en sus amanerados modales en medio de un mundo salvaje y exuberante que los devora sin remedio. Y seres del común que parecen brotados de la misma tierra. Mercenarios y rebeldes garibaldinos, envejecidos y nostálgicos de viejas guerras de independencia.
En fin…

Tirano Banderas, primera edición (1926).

Ramón María del Valle Inclán, Tirano Banderas

Si algo le debe Cien años de soledad a don Ramón María del Valle Inclán, su obra y su estética, es el haber sido motivo de inspiración para lo del tono, así como para el coronel Aureliano Buendía, de Melquíades y de algo más.
Antes de aquel inicio súbito de la escritura de Cien años de soledad, Gabriel García Márquez estaba bregando con la escritura de una novela sobre un dictador, que por lo que se sabe, se titulaba El otoño del patriarca y que es, posiblemente, el primitivo antecedente de ese otro Otoño escrito diez años después y en la que ni reconoce ni acepta “los rastros de la “previa” escritura” de don Ramón María del Valle Inclán, de
su Tirano Banderas y de su estética de esperpentos y fantoches 7:
Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. El sentido de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
Y lo que después agregó en el prólogo de Los cuernos de don Friolera:
Mi estética es una superación del dolor y de la risa, como deben ser las conversaciones de los muertos, al contarse historias de los vivos.
En la estética de don Ramón María del Valle Inclán se inspira, además del dictador de El otoño del patriarca, Juan Rulfo y su Pedro Páramo.
Eso se explica porque, parte de su trabajo como guionista para los productores españoles refugiados en México, estos le habían encargado a Gabriel García Márquez adaptar algunas de las obra del escritor español, al que tanto admiraba Luis Buñuel, las mismas de las que se puede abducir que emerge el tono de Los funerales de la Mama Grande y, por consecuencia, de Cien años de soledad.
¿Antecedentes? Que los hubo, los hubo. Para ello hay que buscar en el El ruedo ibérico, obra que fuera publicada con el título: La corte de los milagros, en especial en el Libro Segundo: La Rosa de Oro. Las semblanzas y resonancias comunes en el cuento y en la novela de Gabriel García Márquez, son, más que posibles coincidencias, asombrosas correspondencias. Para “muestra, un botón”. Esto escribió Ramón María del Valle-Inclán en el Libro Segundo: La Rosa de Oro:
La Majestad de Isabel II, pomposa, frondosa, bombona, campaneando sobre los erguidos chapines, pasó del camarín a la vecina saleta. La dama de servicio, con el aire maquinal de los sacristanes viejos cuando mascullan sacros latines, le prendió en los hombros el manto de armiño. Los regios ojos, los claros ojos parleros, el labio popular y amable, agradecieron con una sonrisa a la cotorrona de Casa y Boca8.
Pareciera que se está hablando de La Mama Grande.
Ahora bien, cuando Gabriel García Márquez estaba terminando de escribir los cuentos de Los funerales de la Mama Grande, publicados en 1962, comenzó la escritura de una novela titulada El otoño del patriarca, cuyo título es casi lo único que tiene en común con la novela publicada en 1975, pero esa escritura que fue desechada cuando irrumpió “el tono” de Cien años de soledad, según se lo contó a Plinio Apuleyo Mendoza, información que algunos biógrafos han pretendido desvirtuar y contradecir, lo cual es inaceptable dada la íntima amistad que los unía todavía en esa época:
PAM: – Sé que llevabas bastante tiempo trabajando El otoño del patriarca, cuando lo interrumpiste para escribir Cien años de soledad. ¿Por qué lo hiciste? No es frecuente interrumpir un libro para escribir otro.
GGM: – La interrupción se debió a que estaba escribiendo El otoño sin saber muy bien cómo era, y por consiguiente no lograba meterme a fondo. En cambio, Cien años, que era un proyecto más antiguo y muchas veces intentado, volvió a irrumpir de pronto con la única solución que me faltaba: el tono. En todo caso, no era la primera vez que me pasaba. También interrumpí La mala hora, en París, en 1955, para escribir El coronel no tiene quien le escriba, que era un libro distinto incrustado dentro, y que no me dejaba avanzar. Como escritor, tengo la misma norma que como lector: cuando un libro deja de interesarme, lo dejo. Siempre, en ambos casos, hay un momento mejor para enfrentarlo 9.
En ese primer intento de escritura de El otoño del patriarca sí que debió rondar la presencia de Tirano Banderas y su personaje, el Coronelito Domiciano de la Gándara, el mismo que escapó al fusilamiento y triunfó en su revolución, pero esto es algo ya imposible de probar, pues ese manuscrito de 300 páginas desapareció al concluir la escritura de Cien años de soledad.
Lo que si es cierto es que, por la época de 1963, Gabriel García Márquez conoció a Carlos Fuentes 10, quien había acabado de publicar su novela sobre la revolución y los dictadores: La muerte de Artemio Cruz, con gran éxito editorial y de la crítica, lo que, ciertamente, fue un aliciente para que Gabriel García Márquez se animara a escribir su propia novela de dictadores y revoluciones.
Lo que sí se puede abducir, tal y como Gabriel García Márquez se lo contó, también, a Plinio Apuleyo Mendoza, es que, en aquella versión de El otoño del patriarca, el protagonista era un coronel Aureliano Buendía que se había convertido en dictador luego de ganar una guerra civil y dar un golpe de estado:
PAM: – Y las treinta y dos guerras perdidas del coronel pueden expresar nuestras frustraciones políticas. ¿Qué hubiese ocurrido, a propósito, si el coronel Aureliano Buendía hubiese triunfado?
GGM: -Se habría parecido enormemente al patriarca. En un momento dado, escribiendo la novela, tuve la tentación de que el coronel se tomara el poder. De haber sido así, en vez de Cien años de soledad habría escrito El otoño del patriarca11.
Ese coronel Aureliano Buendía del primer El otoño del patriarca, es el mismo que, transpuesto a Cien años de soledad, se transforma en el guerrero romántico que es derrotado en las treinta y dos guerras civiles que emprendió y que, por esa tragedia, determinó la escritura de la novela. Algo así como una conexión romántica que voy a contar en las próximas Lecturas lúdicas.
Gabriel García Márquez dijo que El otoño del patriarca no tiene ninguna relación con el Tirano Banderas de don Ramón María del Valle-Inclán, lo cual, en términos generales, es cierto, pero lo que no es cierto es que Tirano Banderas no tenga nada que ver con Cien años de soledad como lo estoy mostrado.
Es más que probable que el Coronelito Domiciano de la Gándara, el mismo que escapó al fusilamiento y triunfó en su revolución, en Tirano Banderas, sea la conexión primaria del coronel Aureliano Buendía y Cien años de soledad con Tirano Banderas y con don Ramón María del Valle-Inclán. Y esta si que es una conexión rica en posibilidades, porque permite desgranar una serie de otras conexiones, correspondencias y relaciones.
Así como en el Coronel Domiciano de la Gándara en Tirano Banderas se inspira, en parte, el coronel Aureliano Buendía, también es en otro de los personajes de Tirano Banderas donde se inspira el otro de los grandes personajes de Cien años de soledad: Melquíades. Y ese es el Doctor Polaco, “un descendiente venido a menos de José Balsamo”12, que es el mismo Joseph Balsamo de Mémoires d’un médecin, de Alejandro Dumas, padre, quien, a su vez, se inspiró en el Conde Alessandro di Cagliostro y Nostradamus 13.
Con José Balsamo y su referente, el Conde Alessandro di Cagliostro, curandero, mago, alquimista, entramos en los territorios de Alejandro Dumas, padre, y en un folletín titulado: Joseph Balsamo: Mémoires d’un médecin.
Porque, además del José Balsamo, personaje del folletín y quien pretende provocar una revolución social con su poderes, al que se refiere Don Santos Banderas en Tirano Banderas en satírica comparación es al Doctor Polaco, quien también está dotado de poderes y es amigo de la revolución social. Y es así como, entre José Balsamo y el Doctor Polaco, se prefigura el Melquíades y otra más de las conexiones de Tirano Banderas con Cien años de soledad y, por supuesto, con “el genial mulato”:
“El Doctor Polaco, alto, patilludo, gran frente, melena de sabio, vestía de fraque con dos bandas al pecho y una roseta en la solapa” (TB, Libro segundo: La terraza del club, III) 14.
[…]
“Con antelación, esta niña había estado sometida a los pases magnéticos de un cierto Doctor Polaco. ¡Estamos en un folletín de Alejandro Dumas! Ese Doctor, que magnetiza y desenvuelve la visión profética en las niñas de los congales, es un descendiente venido a menos de José Bálsamo. ¿Se recuerdan ustedes la novela? Un folletín muy interesante. ¡Lo estamos viviendo! ¡El Licenciadito Veguillas, observen no más, émulo del genial mulato! 15 Mérito va a decirnos adónde emigraba en compañía del rebelde Coronel Domiciano de la Gándara.
Y, por supuesto, por lo que quiere interrogar Santos Banderas al Doctor Polaco, es por sus relaciones con los rebeldes y con el Coronel Domiciano de la Gándara, el comandante de las tropas revolucionarias, quien, al fin, termina por derrocar a Santos Banderas.
O sea, un coronel Aureliano Buendía al que Gabriel García Márquez no le cuadraba como personaje en Cien años de soledad.

Edgar Allan Poe, El hundimiento de la casa Usher

El hundimiento de la casa Usher fue publicado en 1839 en Burtons Gentlemans Magazine.

Quizás sólo sean un par de motivos, el incesto y la destrucción cataclísmica de la casa en cumplimiento de una especie de maldición. Esos son los motivos que Edgar Allan Poe trata en el cuento El hundimiento de la casa Usher, los mismos que, como si hubieran sido escritos por Melquíades en sus míticos manuscritos, se trasponen en Cien años de soledad.

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra16.
Y de igual manera, motivos y figuras de muchas otras de las lecturas de Gabriel García Márquez son utilizadas en la escritura de Cien años de soledad. Será juego del Lector Ludi disfrutar del placer de encontrarlas. Buen apetito.
Notas
1Gérard Genette, Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Taurus, Madrid, 1989, p. 497.
2Gérard Genette, Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Taurus, Madrid, 1989, p. 11.
3 Gerald Martin, Gabriel García Márquez, Una vida, Debate, Bogotá, 2009, pp. 341 y 344.
4Gustavo Arango, Un ramo de no me olvides. García Márquez en El Universal,
5Carlos Rincón, La no simultaneidad de lo simultáneo. Posmodernidad, globalización y culturas en América Latina: El amor en los tiempos del cólera y la cuestión del posmodernismo, Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1995, pp. 52 y ss.
– Carlos Rincón. García Márquez, Hawthorne, Shakespeare, De la Vega & co. Unltd., Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá, 1999.
6Alejandro Gaviria U. Del romanticismo al realismo social y otros ensayos, Norma, Bogotá, 2005, p. 81.
Alejandro Gaviria, De un posible Joseph Conrad en Colombia:
http://www.elmalpensante.com/articulo/2802/de_un_posible_joseph_conrad_en_colombia
7Ramón María del Valle Inclán, Luces de bohemia, escena XII.
8Ramón María del Valle-Inclán, La corte de los milagros: Segundo libro: La rosa de oro, Biblioteca Júcar, Madrid, 1976, p. 36.
9Plinio Apuleyo Mendoza, El olor de la guayaba, conversaciones con Gabriel García Márquez, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1998, p. 122.
10 Gerald Martin, Gabriel García Márquez, Una vida, Debate, Bogotá, 2009, p. 328.
11Plinio Apuleyo Mendoza, El olor de la guayaba, conversaciones con Gabriel García Márquez, p. 106.
12Ramón María del Valle Inclán, Tirano Banderas, VII, Libro tercero.
13 Este personaje fue usado por Alejandro Dumas, padre, en varias de sus novelas y folletines: Conde Alessandro di Cagliostro (Palermo, Sicilia, 2 de junio de 1743 – 26 de agosto de 1795) es un título nobiliario falso con el que Giuseppe Balsamo, médico, alquimista, ocultista y alto masón, recorrió las cortes europeas del siglo XVIII.
Nació en el seno de una familia pobre en Palermo, Sicilia. Su delito más famoso fue estafar a un hombre todo su dinero, aduciendo que poseía aptitudes para la alquimia. La identificación de Cagliostro con Giuseppe no es del todo segura, ya que se basa principalmente en el testimonio no fidedigno de Theveneau de Morande, espía francés y chantajista, y más tarde en su confesión a la Inquisición, obtenida a través de la tortura.
Cagliostro afirmaba haber nacido en una familia cristiana de noble cuna, pero ser abandonado al poco de nacer en la isla de Malta. También aseguraba que siendo niño viajó a Medina, La Meca y el Cairo, y al regresar a Malta, ser iniciado en la Soberana Orden Militar de los Guerreros de Malta, donde estudió alquimia, la Kabala y magia. Fundó el Rito Egipcio de la Francmasonería en La Haya, donde (al igual que sigue ocurriendo en las logias masónicas en la actualidad) se iniciaba a hombres y mujeres en logias separadas, y tuvo influencia en la fundación del Rito Masónico de Misraim. http://es.wikipedia.org/wiki/Cagliostro.
http://es.wikipedia.org/wiki/Cagliostro.
14Las citas corresponden a: Ramón María del Valle Inclán, Tirano Banderas, edición, introducción y notas de Juán Rodríguez, 1o. de enero 2017. http://www.tiranobanderas.es/indice.html
15 Joseph Balsamo (1849), editado primero como Mémoires d’un médecin, es un folletín pseudo-histórico de Alejandro Dumas, padre (1802-1870) —el genial mulato— que cuenta las intrigas de ese misterioso personaje dotado de extraordinario poder hipnótico. Balsamo, a diferencia del Doctor Polaco, pretende, mediante el recurso de favorecer la corrupción en la corte, provocar una gran revolución social. En uno de los episodios de la novela —al que sin duda alude Santos Banderas—, el doctor hipnotiza a la joven Andrée de Taverney para que ésta le comunique noticias de acontecimientos lejanos.
16Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 2007, p. 471.