La conexión romántica

El matrimonio del coronel Aureliano Buendía con Remedios Moscote. Ilustración / Luisa Rivera

Decir de alguien que es un pensador romántico o un héroe romántico NO significa NO decir nada“.
Isaiah Belin.
Por Iván Rodrigo García Palacios

Con una evidente transposición de Novalis, el amante, y de Michael Kohlhaas, el guerrero humillado y ofendido de la novela de Heinrich von Kleist, en el coronel Aureliano Buendía Gabriel García Márquez realiza una serie de asombrosas operaciones literarias por medio de las cuales es posible establecer la conexión romántica en Cien años de soledad.

Novalis es el nombre artístico de Friedrich von Hardenberg, el más representativo de los promotores del Romanticismo alemán.

El espíritu romántico

El coronel Aureliano Buendía adquiere su encarnación del más puro espíritu romántico cuando Gabriel García Márquez traspone en él, de manera simétrica, el enamoramiento por Sophie von Kühn de Novalis y la tragedia que desata su muerte. Novalis es el nombre artístico de Friedrich von Hardenberg, el más representativo de los promotores del Romanticismo alemán. Como es bien conocido, en Novalis se encarnaron las cualidades personales que identificaban a los románticos: la íntima conexión de vida y obra, simetría que también será traspuesta a la vida y obra del coronel Aureliano Buendía.
Esta transposición de Novalis en el coronel Aureliano Buendía se realiza de manera evidente por la simetría de sus enamoramientos, la que se establece por las mujeres-niñas de las que se enamoraron y con las que contrajeron un excepcional matrimonio, por la posterior tragedia de sus respectivos enlaces, por las biografías de ambos personajes y por las trasformaciones existenciales que sus tragedias les provocaron. Ambos se enamoran, se casan y sufren la trágica muerte temprana de sus amadas y sus tragedias los transforman en lo más profundo de su ser para el resto de sus existencias y en las consecuencias que marcarán sus actos. Ambos desean vehementemente reunirse cuanto antes con sus amadas, pero no buscando la muerte por mano propia.
La vida y obra la de Novalis será afectada en lo más profundo de su ser y estar, lo que se manifiesta en la forma de su existencia y en las obras que escribió después de la tragedia y que se explica cuando reflexiona sobre lo que él denomina “idealismo mágico”, una fórmula mágica para ir tras los pasos de su amada, una forma de realizar la transición de esta vida a la otra por medio de la voluntad.
La vida y obra, la del coronel Aureliano Buendía, que se manifiesta, antes de la tragedia, “en versos que no tenían principio ni fin” y, después de la tragedia, en una escritura desenfrenada y en la épica de sus treinta y dos guerras perdidas. Esas son su forma de alcanzar a su amada a través de una muerte heroica o misteriosa, porque el coronel, al igual que Novalis, no intentará quitarse la vida por propia mano, pero, ambos, sí se plantean un hipotético plazo para alcanzar su final terrenal, plazo que para cada uno de ellos se cumplirá de manera diferente a como se lo habían propuesto.
A ese espíritu romántico del coronel Aureliano Buendía, Gabriel García Márquez, contrapone, en Pietro Crespi, esa otra actitud romántica del romanticismo tardío, la del amante desolado, julioflorezco, en la que el personaje termina suicidándose por amor.

Las fuentes documentales

Citando la síntesis biográfica que hace Rúdiger Safranski de ese momento en la vida de Novalis y comparándola con el mismo momento de la vida del coronel Aureliano Buendía, narrado por Gabriel García Márquez, es posible reconocer las conexiones, correspondencias, simetrías y distinguir las transposiciones que de manera patente se establecen entre ambos personajes y de los eventos que los hacen románticos.

A finales de este año, 1794, Novalis se encuentra con Sophie von Kühn. Queda subyugado. Será el gran amor de su vida. Fotografía / Wikimedia,

Sophie, la amada de Novalis

La amada de Novalis es Sophie von Kühn:
A finales de este año, 1794, Novalis se encuentra con Sophie von Kühn. Queda subyugado. Será el gran amor de su vida. Lo que ahora sucede es un Romanticismo como forma de vida, algo que en el fondo sólo está en los libros.

Ludwig Tieck, escritor e hispanista alemán  amigo de Novalis.

La muchacha sólo tiene trece años; procede de buena familia. Por tanto, no hay impedimentos para el matrimonio, al que Novalis está decidido de inmediato; el inconveniente es quizás la tierna edad de la novia. Pero el padre se inclina por hacer la vista gorda, pues también él ha cogido cariño a la muchacha. En cambio, los amigos no podían comprender lo que fascinaba a Novalis, ya que no encontraban a Sophie especialmente atractiva. Sólo Tieck reacciona con arrebato. Ninguna descripción podría expresar, escribe, “con qué gracia y celeste encanto se mueve este ser supraterrestre, y qué belleza la rodea de resplandor y la ha revestido de emoción y majestad”.

A pesar de su encantamiento, Novalis era capaz de emitir un juicio distanciado sobre la amada. Así, confía a su diario, en el verano de 1796, la siguiente caraterística:
Su temprana madurez. Desea agradar a todos. Su firmeza y su flexibilidad frente a las personas que estima o que teme (…) No le importa en exceso la poesía (…) No parece que haya llegado a un estadio de auténtica reflexión (…) Su fumar tabaco (…) Su atrevimiento frente al padre (…) Su anhelo de educarse (…) Su amor a los niños. Espíritu de orden. Espíritu dominador. Su preocupación y pasión por el decoro. Procura conseguir que yo agrade en todas partes (…) No quiere avergonzarse por mi amor. Con frecuencia mi amor la agobia. Tremendo don de simulación, don de ocultamiento de las mujeres en general 1.
Tras la muerte de Sophie, la reacción de Novalis se conoce por lo que cuenta Caroline von Kühn:
Después de la muerte de Sophie, con frecuencia permanecía durante días encerrado en la habitación de ella. Y vivía solamente para su dolor. A los suyos les preocupaba cómo soportaba esta larga soledad; eso hizo que un día su hermana entrara a verlo y, al entrar por la puerta, se quedó rígida de pavor, pues vio a la difunta tal como el día de su muerte yacía en su cama. La explicación era que Novalis había extendido en la cama el largo vestido azul que llevaba cuando murió. Puso encima su toca y dejó abierto un libro de bolsillo que había leído últimamente, a fin de evocar y retener el aspecto de su figura en el acto de leer 2.
Sophie von Kühn es a quien Novalis dedica su novela Enrique de Ofterdingen y su anhelo de ver la Flor Azul3, al igual que sus Himnos a la noche. Será a partir de estos poemas y de aquella novela por los que se puede establecer el carácter romántico del coronel Aureliano Buendía y, por contraposición, será Pietro Crespi la encarnación de ese otro romanticismo, el tardío, en el que los amantes mueren o se suicidan por amor.
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LECTURA LÚDICA A LA ESCRITURA DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD (2)

La trágica muerte de Remedios Moscote provocaron en Cien años de soledad y en el coronel Aureliano Buendía, similares reacciones a las descritas atrás para Novalis tras la muerte de Sophie. Fotografía / La Gaceta.

Remedios Moscote, la amada del coronel Aureliano Buendía

La amada del coronel Aureliano Buendía, Remedios Moscote, es presentada así en Cien años de soledad:
“Remedios, de apenas nueve años, una preciosa niña con piel de lirio y ojos verdes”4.
(¿Lirio y ojos verdes? ¿La flor azul?).
El enamoramiento del coronel Aureliano Buendía:
Todo el mundo quedó en paz, menos Aureliano. La imagen de Remedios, la hija menor del corregidor, que por su edad hubiera podido ser hija suya, le quedó doliendo en alguna parte del cuerpo. Era una sensación física que casi le molestaba para caminar, como una piedrecita en el zapato5.
El inconveniente para el matrimonio:
Media hora después regresó con la noticia de que Remedios era impúber. Aureliano no lo consideró como un tropiezo grave. Había esperado tanto, que podía esperar cuanto fuera necesario, hasta que la novia estuviera en edad de concebir6.
La seducción y la educación sentimental y práctica de la amada:
Aureliano, por su parte, había descuidado el taller para enseñar a leer y escribir a la pequeña Remedios. Al principio, la niña prefería sus muñecas al hombre que llegaba todas las tardes, y que era el culpable de que la separaran de sus juegos para bañarla y vestirla y sentarla en la sala a recibir la visita. Pero la paciencia y la devoción de Aureliano terminaron par seducirla, hasta el punto de que pasaba muchas horas con él estudiando el sentido de las letras y dibujando en un cuaderno con lápices de colores casitas con vacas en los corrales y soles redondos con rayas amarillas que se ocultaban detrás de las lomas7.
Las virtudes de la amada:

Remedios había llevado a la casa un soplo de alegría. Se había instalado con su esposo en una alcoba cercana al taller. Dibujo / y Remedios para siempre, de Levy Rasputín.

Remedios había llevado a la casa un soplo de alegría. Se había instalado con su esposo en una alcoba cercana al taller, que decoró con las muñecas y juguetes de su infancia reciente, y su alegre vitalidad desbordaba las cuatro paredes de la alcoba y pasaba como un ventarrón de buena salud por el corredor de las begonias. Cantaba desde el amanecer. Fue ella la única persona que se atrevió a mediar en las disputas de Rebeca y Amaranta. Se echó encima la dispendiosa tarea de atender a José Arcadio Buendía. Le llevaba los alimentos, lo asistía en sus necesidades cotidianas, lo lavaba con jabón y estropajo, le mantenía limpio de piojos y liendres los cabellos y la barba, conservaba en buen estado el cobertizo de palma y lo reforzaba con lonas impermeables en tiempos de tormenta. En sus últimos meses había logrado comunicarse con él en frases de latín rudimentario. Cuando nació el hijo de Aureliano y Pilar Ternera y fue llevado a la casa y bautizado en ceremonia íntima con el nombre de Aureliano José, Remedios decidió que fuera considerado como su hijo mayor. Su instinto maternal sorprendió a Úrsula. Aureliano, por su parte, encontró en ella la justificación que le hacía falta para vivir. Trabajaba todo el día en el taller y Remedios le llevaba a media mañana un tazón de café sin azúcar. Ambos visitaban todas las noches a los Moscote. Aureliano jugaba con el suegro interminables partidos de dominó, mientras Remedios conversaba con sus hermanas o trataba con su madre asuntos de gente mayor8.

La trágica muerte de Remedios Moscote provocaron en Cien años de soledad y en el coronel Aureliano Buendía, similares reacciones a las descritas atrás para Novalis tras la muerte de Sophie:
Úrsula dispuso un duelo de puertas y ventanas cerradas, sin entrada ni salida para nadie como no fuera para asuntos indispensables; prohibió hablar en voz alta durante un año, y puso el daguerrotipo de Remedios en el lugar en que se veló el cadáver, con una cinta negra terciada y una lámpara de aceite encendida para siempre. Las generaciones futuras, que nunca dejaron extinguir la lámpara, habían de desconcertarse ante aquella niña de faldas rizadas, botitas blancas y lazo de organdí en la cabeza, que no lograban hacer coincidir con la imagen académica de una bisabuela9.
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La reacción del coronel:
La muerte de Remedios no le produjo la conmoción que temía. Fue más bien un sordo sentimiento de rabia que paulatinamente se disolvió en una frustración solitaria y pasiva, semejante a la que experimentó en los tiempos en que estaba resignado a vivir sin mujer10.
Después de la trágica muerte de Remedios Moscote, el coronel Aureliano Buendía se va a la guerra y a su regreso a Macondo y en la convalecencia del envenenamiento por el que pretendieron matarlo, emprende, él también, una escritura como la que ya había realizado Novalis:
Sólo entonces supo que no habían quemado sus versos. «No me quise precipitar -le explicó Úrsula-. Aquella noche, cuando iba a prender el horno, me dije que era mejor esperar que trajeran el cadáver.» En la neblina de la convalecencia, rodeado de las polvorientas muñecas de Remedios, el coronel Aureliano Buendia evocó en la lectura de sus versos los instantes decisivos de su existencia. Volvió a escribir. Durante muchas horas, al margen de los sobresaltos de una guerra sin futuro, resolvió en versos rimados sus experiencias a la orilla de la muerte. Entonces sus pensamientos se hicieron tan claros, que pudo examinarlos al derecho y al revés11.
Como Novalis, él también escribió su Enrique Ofterdingen y sus Himnos a la noche. Y eso no es todo, en una comparación más detallada de estos sucesos de las biografías de Novalis del coronel Aureliano Buendía, se encontrarán otras similitudes tanto o más asombrosas. Pero ese será un juego para los lectores lúdicos.

La otra conexión, la que determina el marco épico-romántico de Cien años de soledad, se establece a partir de la novela de Heinrich von Kleist, La asombrosa guerra de Michael Kohlhaas.

Las asombrosas guerras del coronel Aureliano Buendía

La otra conexión, la que determina el marco épico-romántico de Cien años de soledad, se establece a partir de la novela de Heinrich von Kleist, La asombrosa guerra de Michael Kohlhaas, en la cual se inspiran las guerras y el destino del coronel Aureliano Buendía puesto que de ella se traspone el marco épico-romántico de Cien años de soledad.
Ambos, Michael Kohlhaas y el coronel Aureliano Buendía, son héroes románticos y trágicos que se sacrifican por la restitución de una justicia que consideran sagrada en el plano trascendental, pero imposible en la realidad. Y como héroes románticos, el sentido de sus existencias de guerreros, son simétricamente los mismos.
Esta es la pregunta que se hace Heinrich von Kleist:
¿Qué está en juego en esta guerra? 12.
Y esta es su irónica respuesta:
Está en juego una comunidad que los salvajes de los mares del sur, si la conocieran, acudirían en masa a defenderla; una comunidad (…) que sólo puede ser llevada al sepulcro con sangre, ante la que el sol se oscurece 13.
Por su parte, el coronel Aureliano Buendía le pregunta a su amigo el coronel Gerineldo Márquez:
– Dime una cosa, compadre: ¡por qué estás peleando?
– Por qué ha de ser, compadre -contestó el coronel Gerineldo Márquez-: por el gran partido liberal.
– Dichoso tú que lo sabes -contestó él-. Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo.
– Eso es malo -dijo el coronel Gerineldo Márquez.
Al coronel Aureliano Buendía le divirtió su alarma.
“Naturalmente”, dijo. “Pero en todo caso, es mejor eso, que no saber por qué se pelea”. Lo miró a los ojos, y agregó sonriendo:
– O que pelear como tú por algo que no significa nada para nadie” 14.

En esta época, entre 1799 y 1801, Novalis vivía en una verdadera embriaguez creadora, dice Rüdiger Safranski. Fotografía / Depositphoto

La escritura de Novalis y la de Gabriel García Márquez

En Cien años de soledad no es posible hacer la lectura de lo escrito por el coronel Aureliano Buendía, sin embargo, sí es posible establecer las conexiones y correspondencias entre Cien años de soledad y la novela inconclusa de Novalis, Enrique Ofterdingen.
Véase lo que escribe Rüdiger Safranski al respecto:
En esta época, entre 1799 y 1801, Novalis vivía en una verdadera embriaguez creadora. Enrique Ofterdingen debía ser la primera de una serie de por lo menos seis novelas. Su plan era escribir un ciclo entero. “Me gustaría”, escribe el 27 de febrero de 1799 a Caroline Schlegel, “dedicar toda mi vida a una novela, que llenaría por sí sola una biblioteca entera, y que quizás habría de contener los años de aprendizaje de una nación” 15.
Esto escribe Gabriel García Márquez a su amigo Carlos Fuentes:
Jamás he trabajado en soledad comparable —me dice—, no siento más punto de referencia que, quizás, Rabelais, sufro como un condenado poniendo a raya la retórica, buscando tanto las leyes como los límites de lo arbitrario, sorprendiendo a la poesía cuando la poesía se distrae, peleándome con las palabras. A veces —me escribe Gabriel— me asalta el pánico de no haber dicho nada a lo largo de quinientas páginas; a veces, quisiera seguir escribiendo el libro el resto de mi vida, en cien volúmenes, para no tener más vida que esta… 16.

“Idealismo mágico” y “realismo mágico”

¿Es posible establecer una conexión directa entre “el idealismo mágico” propuesto por Novalis y “el realismo mágico” teorizado a partir de Cien años de soledad?
Así explica Novalis la romantización:
El mundo debe ser romantizado para reencontrar su sentido originario. Romantizar no es otra cosa que una potenciación cualitativa. Cuando a lo que es vulgar le doy un sentido superior, a lo usual una apariencia misteriosa, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito la apariencia de lo infinito, lo romantizo. (Nuevos fragmentos).
Teniendo en cuenta eso, se podría explicar el que, en Cien años de soledad,Gabriel García Márquez se apropió del marco épico-romántico que se propuso Novalis para Enrique Ofterdingen, al igual que de sus ideas sobre el “idealismo mágico” y, desde allí, la posterior fundamentación del “realismo mágico” 17.
La interpretación y transposición del “idealismo mágico” de Novalis en el “realismo mágico” al que aspiran Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, se puede establecer en la comparación que propongo a continuación.

Rafael Argullol y Eustaquio Barjau.

Eustaquio Barjau hace la siguiente explicación:

Este es el sentido del adjetivo “mágico” que acompaña al rótulo del idealismo de Novalis: la magia es el arte de actuar sobre las cosas, a voluntad del mago, de transformar la realidad; a la actuación del alma individual sobre el cuerpo no la consideramos mágica, sí en cambio a la actuación del hombre sobre las cosas; pues bien, ésta es la vocación del hombre -concretamente, del poeta-, imponer la idea, el espíritu sobre la materia, convertir lo involuntario y azaroso en voluntario y planeado, espiritualizar el cosmos; en el postulado del “idealismo mágico” de “hacer de las cosas ideas y de las ideas cosas” se expresan de un modo pregnante los dos términos que definen este esbozo de sistema18.
Por su parte, Carlos Fuentes dice lo siguiente sobre Cien años de soledad:
Acabo de leer Cien años de soledad: una crónica exaltante y triste, una prosa sin desmayo, una imaginación liberadora. Me siento nuevo después de leer este libro, como si les hubiese dado la mano a todos mis amigos. He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe inventar al mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas. ¡Qué maravillosa recreación del universo inventado y re-inventado! ¡Qué prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario!
[…]
Pero en algún rincón debe haber un Aureliano con su cruz de cenizas en la frente que venga a protestar contra la crónica del biznieto del coronel Gerineldo Márquez, corrija los inevitables errores y proponga una nueva lectura, radical e inédita, de los pergaminos de Melquíades. Un día, querido Julio, me hablaste de la novela como mutación. Eso es Cien años de soledad: una generación y una re-generación infinita de las figuras que nos propone el autor, mago iniciático de un exorcismo sin fin19.
Y claro, también es necesario agradecer a don Ramón María del Valle Inclán por su estética de esperpentos y fantoches, tan barroca como romántica.
Muchos años después de la escritura de Cien años de soledad, su amigo, Juan Rulfo, le advirtió a Gabriel García Márquez sobre los peligros de vivir, como los románticos, en y por la literatura.

Notas

1Rúdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 104. Además, todas las citas de los románticos citados han sido tomadas de esta obra.
2Rúdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 109.
3Penelope Fitzgerald, La flor azul, Impedimenta, Madrid, 2014. “Si rebuscamos en las enciclopedias sobre el significado de La flor azul nos dirán que es un símbolo central del romanticismo. Representa el anhelo, el amor y el afán metafísico por lo infinito. En La flor azul no solamente se unen la naturaleza, el hombre y el espíritu humano; simboliza además el afán por el conocimiento de la naturaleza y consecuentemente, de uno mismo” (Comentario de Guillermo Lorén González, publicado en Las lecturas de Guillermo).
4Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 72. Todas las citas corresponden a tal edición.
5Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 73.
6Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 87.
7Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 92.
8Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 107.
9Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, pp. 108-109.
10Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 116.
11Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 161.
12Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 172.
13Rúdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 172-173.
14Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 161.
15Rúdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán…, p. 101.
16Carta citada en el texto de Carlos Fuentes, Para darle nombre a América. Homenaje, leído en Cartagena con motivo de la conmemoración de los 80 años de Gabriel García Márquez y los 40 años de la publicación de Cien años de soledad.
17Novalis, Himnos a la noche, Enrique Ofterdingen, Cátedra, Madrid, 1992, pp. 106-107: “Antiguamente toda la Naturaleza debió de estar más llena de vida y de sentido que ahora. Fuerzas que hoy en día los animales apenas parecen advertir y que sólo el hombre es capaz de sentir y gozar, movían entonces cuerpos sin vida; y así era posible que hubiera hombres hábiles que, por sí solos, realizaran hazañas y provocaran fenómenos que actualmente se nos antojan totalmente inimaginables y fabulosos *. De este modo, según nos cuentan viajeros que todavía han oído estas leyendas de boca de la gente del pueblo, en tiempos muy remotos, en las tierras que ocupa ahora el imperio griego, debió de haber poetas, que, con el extraño son de maravillosos instrumentos, despertaban la secreta vida de los bosques y los espíritus que se escondían en las ramas de los árboles; hacían revivir las simientes y convertían regiones yermas y desérticas en frondosos jardines; domesticaban animales feroces y educaban a hombres salvajes, despertando en ellos amables instintos y artes de paz, convertían ríos impetuosos en tranquilas corrientes, y hasta llegaban a arrancar a las piedras de su inmovilidad para hacerlas mover al ritmo de sus cantos. Estos hombres debieron de ser al mismo tiempo oráculos y sacerdotes, legisladores y médicos, porque su arte mágico era capaz de penetrar la más profunda esencia de la realidad; conocían los secretos del futuro, las proporciones y la estructura natural de todas las .cosas, y hasta las fuerzas interiores y las virtudes curativas de los números, de las plantas y de todas las criaturas. A partir de entonces la Naturaleza, que hasta aquel momento había sido una selva en la que reinaba la confusión y la discordia, se llenó de múltiples y variados sonidos y de extrañas simpatías y proporciones. Y lo raro es que a pesar de que nos han quedado estas hermosas huellas que nos recuerdan la presencia en el mundo de aquellos hombres bienhechores, su arte o su delicada sensibilidad ante la Naturaleza se hayan perdido”.
18Novalis, Himnos a la noche. Enrique Ofterdingen, Edición de Eustaquio Barjau, Cátedra, Madrid, 1992, p. 19.
19Carlos Fuentes, Para darle nombre a América. Homenaje.