Los libros del futuro: La máquina del tiempo

Por Iván Rodrigo García Palacios

En las dos versiones cinematográficas realizadas a partir de la novela de H. G. Wells, La máquina del tiempo, se toman la libertad de incluir sendas escenas en las que el protagonista encuentra los restos destrozados de una biblioteca de muchos siglos atrás.

En la versión de 1960, los libros han sido copiados en unos discos de cristal como grandes monedas y son leídos cuando son puestos a bailar como un trompo sobre la plataforma de una máquina que los reproduce en sonido e imágenes holográficas.
En la versión de 2002, la biblioteca está constituida por una serie de paneles trasparentes, similares a aparatos de televisión planos, en los cuales se proyecta una figura humana en forma de holograma que orienta o reproduce en forma audiovisual la información que se le solicita.
En la escena original de la novela, en el capitulo titulado El palacio de porcelana verde, se trata de un inmenso edificio que se asemeja a uno de esos grandes museos del siglo XX, ya en ruinas e invadido por la vegetación y la humedad, con una gran antesala y distribuido por salones y galerías en donde se exhibían las muestras de los avances en las ciencias y en las artes. Una de esas galerías estaba dedicada a los libros, pero como el resto de todo lo que allí se exhibía, solo quedan pedazos de papel corroído por el tiempo y los elementos.

La máquina del tiempo. en la película del mismo nombre de 1960.

Como puede verse, para la ciencia ficción de finales del siglo XIX y comienzos del XX, todavía no era concebible el cambio de un formato de escritura, lectura y libros con una tradición de más de dos mil años. Pero, para mediados del siglo XX ya se estaba imaginando y pensando en que todo ello iba a cambiar radicalmente.
Eso nos lleva a pensar en el futuro de los libros, la escritura y la lectura. Para empezar, las neurociencias ya han demostrado que un cambio en los métodos e instrumentos con los que el hombre contempla y manipula el mundo trae como consecuencia un cambio y una evolución tanto en su visión del mundo como en el funcionamiento de su cerebro. Una evolución natural y su correspondiente evolución cultural. Así que no debe extrañarse lo que ahora está sucediendo y de lo que apenas estamos siendo conscientes.

Los libros en la película La máquina del tiempo de 1960.

Las revoluciones de la escritura, de la lectura y de los libros

Según los historiadores son varias las revoluciones que han trasformado a la escritura, a la lectura y a los libros a lo largo de los siglos desde ese lejano siglo V a. C. de los griegos.
La invención del libro fue una gran revolución cultural. Claro que la escritura y, por supuesto, su lectura, se desarrollaron muchos siglos antes que el libro, pero sus usos y utilidades estaban relacionados con otras actividades diferentes a la producción, a la conservación y a la divulgación del conocimiento y del saber o a la de proporcionar placer estético.
Como dije antes, esta revolución sólo se presentó cuando los escritores y comerciantes griegos descubrieron que con la publicación de sus escritos y la venta de sus libros, sus usos y utilidades serían mayores y lucrativas. Como para pensar en Karl Marx.
Sin embargo, otra explicación puede ser igualmente iluminadora. Yuval Noah Harari explica en su libro Homo Deus el por qué el invento de la escritura y del dinero por parte de los sumerios significó superar las limitaciones del cerebro para procesar datos:
Este obstáculo se eliminó finalmente hace unos cinco mil años, cuando los sumerios inventaron a la vez la escritura y el dinero. Estos hermanos siameses (nacidos de los mismos progenitores en la misma época y en el mismo lugar) quebraron las limitaciones del cerebro humano para procesar datos. La escritura y el dinero hicieron posible empezar a recaudar impuestos a centenares de miles de personas, organizar burocracias complejas y establecer reinos extensos.
Harari también propone un interesante modelo de la evolución en el procesamiento de datos que recomiendo leer. Ver en particular, en su libro Homo Deus, el capítulo 11, La religión de los datos.
Hay que considerar que la revolución sumeria tendría que esperar más de dos mil quinientos años hasta el invento de los griegos para que se convirtiera el negocio de la escritura, de la lectura y de los libros en una mayor evolución en la generación y procesamiento de información, conocimiento y saberes.
Porque en la revolución de los griegos se combinan una serie de elementos y circunstancias que trasformarán el desarrollo de la cultura, la civilización y la humanidad hasta ahora.
Pues, a diferencia de la sumeria, fue más allá de la solución a las meras necesidades cotidianas de la economía doméstica, de las actividades del gobierno y de la conservación del culto y asuntos de las religiones.
Además, el invento de los griegos fue más universal, porque, por un lado, su materia eran las creaciones de la imaginación y el pensamiento y, por el otro, estaba al alcance de todos.
Y, para completar el cuadro, hizo de la escritura, la lectura y los libros, un negocio y un mercado de un producto por si mismo, el que, además, era en buena parte intangible.

En los últimos tiempos han sido los neurocientíficos los que se han propuesto descubrir ese maravilloso y complejo mecanismo evolutivo y cerebral que ha hecho del Homo sapiens lo que ahora es y, más asombroso, en lo que podría llegar a ser.

La escritura como educación universal

Estás leyendo este texto y traduciendo el significado de sus vocablos en un flujo de pensamiento conceptual a medida que avanzas. Las palabras y frases en la página, que traducen mis conceptos, se trocan en imágenes no verbales en tu mente. Esa colección de imágenes define los conceptos que estaban antes en mi mente. Pero junto con percibir las palabras impresas y desplegar el concomitante conocimiento conceptual requerido para entenderlas, tu mente también te representa llevando a cabo la lectura y la comprensión, momento a momento. El ámbito completo de tu mente no se confina a las imágenes de lo percibido afuera o de lo que se evoca con relación a lo percibido. También te incluye.
Esto lo afirma Antonio Damasio en Sentir lo que se siente. Cuerpo y emoción en la fábrica de la conciencia.
Lo que hay que destacar es que hasta el siglo V a. C. todavía predominaban en la vida cotidiana la comunicación y la memoria oral, por lo que en Grecia, en primer lugar, se dio el cambio de la trasmisión de saberes de forma oral a la escritura como forma de comunicación, conservación y almacenamiento de la información y de los saberes por medio de la escritura y en los rollos de papiros y pergaminos, lo que significó, no solo un cambio económico, social, político, cultural, etc., sino también una evolución y trasformación para el funcionamiento del cerebro.
Otro punto es el desarrollo de los alfabetos a partir de los sonidos de la voz y de allí a su escritura, pero ese es otro tema relacionado.
Como lo propuso Eric A. Havelock en su libro Prefacio a Platón, la revolución griega supuso que en la trasmisión de la cultura se pasara del oído al ojo como el sentido predominante en la adquisición de conocimientos y saberes.
Y, en consecuencia, el que la civilización comenzara a formar a sus ciudadanos en la habilidad de la escritura y la lectura, para que de allí se desarrollara un amplio mercado de escritores que quisieran escribir libros y de muchos lectores que quisieran comprarlos.
Lo otro a tener en cuenta y que ha sido importante hasta la actualidad, son las formas como los lectores realizan su lectura.
Una, la lectura en voz alta, para sí mismo o para otros.
Dos, la lectura silenciosa y visual, esa que según San Agustín le impactó cuando veía leer a San Ambrosio, pero de la que existen testimonios ya desde la Grecia del siglo V a. C., tal y como lo explica el neurocientífico Antonio Damasio en la cita anterior.
Pero, además de la historia y las reflexiones de la filosofía y las ciencias sociales sobre la escritura y la lectura, en los últimos tiempos han sido los neurocientíficos los que se han propuesto descubrir ese maravilloso y complejo mecanismo evolutivo y cerebral que ha hecho del Homo sapiens lo que ahora es y, más asombroso, en lo que podría llegar a ser.
He aquí lo que dice el neurocientífico Stanislas Dehaene en El cerebro lector: Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia:
En completa oposición con el modelo de la ciencia social estándar, según el cual la cultura se pasea gratuitamente por un cerebro-pizarra en blanco, la lectura demuestra que la cultura y la organización cerebral están ligadas inextricablemente. A lo largo de su larga historia cultural, los seres humanos descubrieron poco a poco que podían reutilizar sus sistemas visuales como medio sustituto de entrada de la lengua, y llegaron así a la lectura y a la escritura. También voy a discutir brevemente cómo otros rasgos culturales humanos importantes podrían someterse a un análisis similar. La matemática, el arte, la música y la religión también pueden considerarse dispositivos evolucionados, moldeados por siglos de evolución cultural, que han invadido nuestros cerebros de primates.
Estos descubrimientos neurocientíficos sobre la escritura y la lectura apenas están empezando a ser incorporados en las actividades cotidianas de las comunidades, empezando por la crianza, la educación y el desarrollo científico y tecnológico consecuente.
Igual sucede con el cambio de los paradigmas de los científicos sociales para quienes no ha sido sencillo superar siglos de prejuicios sobre la naturaleza del Homo Humano, a la que le asignan una superioridad casi sobrenatural por sobre las demás expresiones de la vida.
En fin, la cosa es que la realidad termina por imponerse, pero ese es otro asunto.

Peter Gric, Androide II

El apocalipsis digital

Ahora, propongo que las grandes revoluciones de la escritura, la lectura y los libros son: la primera, el paso de lo oral a lo escrito; la segunda y la que se está sucediendo en la actualidad, es el paso de lo escrito a lo digital. En otras palabras y de acuerdo a lo dicho atrás, del oído a los ojos y, ahora, de los ojos al cerebro.
Llegará el momento en el que toda trasmisión de información y de comunicación de productos del pensamiento y de la imaginación se realizará de cerebro a cerebro o de dispositivo digital a cerebro y viceversa y nuestra memoria se ampliará con dispositivos exocerebrales, al igual que nuestra capacidad de procesamiento de información en circuitos que van de individuo a individuo y de estos a colectivos de individuos dispersos por el mundo, así como a dispositivos de procesamiento y almacenamiento de información masivos.
De alguna manera nos convertiremos en los ciborgs de los que habla ya la ciencia ficción y con los que los científicos ya realizan algunos experimentos.
Pero también son dos las revoluciones en cuanto al formato del libro. La primera, a finales de la edad antigua y principios de la edad cristiana, cuando se introdujo el formato de códice para remplazar a los rollos por el formato que que perdura hasta ahora cuando se está iniciando la segunda revolución en el cambio de formato de los libros del códice al dispositivo digital, un cambio aun en transición.

Los libros en el ciberespacio

Para 1984, cuando William Gibson publicó su novela Neuromante, tanto la ciencia como la ciencia ficción ya hablaban de los ciborgs, término acuñado por Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline desde 1960 y ya era aceptado en todos los ámbitos.
Sin embargo, lo interesante en la novela de William Gibson no era la posibilidad de que se desarrollaran ese tipo de seres compuestos de organismo y máquina, sino la posibilidad de conectar a los humanos con los aparatos cibernéticos en el ciberespacio, la existencia de una red de conexiones y la existencia de una matriz.
Es en la novela de William Gibson que se utiliza por primera vez el concepto de ciberespacio y que él mismo se encargó de definir:
El ciberespacio. Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores, en todas las naciones, por niños a quienes se enseña altos conceptos matemáticos… Una representación gráfica de la información abstraída de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja…
Diez años después, en una entrevista citada en Neuromante: el futuro que llegó, de Israel Alatorre Cuevas, Gibson agregó:
[El ciberespacio] es una metáfora que nos permite comprender ese lugar en el que, desde aproximadamente la Segunda Guerra Mundial, venimos haciendo crecientemente muchas de las cosas que consideramos civilización […] cuando la gente usa Internet es cuando está más obviamente navegando en el ciberespacio. Al usar Internet entras a un territorio en el cual la geografía ya no existe (traducción propia) .

Ilustración del comic sobre la novela de William Gibson, Neuromante. Los dos personajes protagónicos: el hacker Case y la asesina Molly.

En el ciberespacio: uno y ninguno

Ya estamos en los primeros pasos de ese escenario de ciencia ficción creado por William Gibson. El negocio de la escritura y de la lectura ya está en el ciberespacio, solo que la conexión cerebral a esa matriz aun está pendiente de los avances científicos y los desarrollos tecnológicos que la harán posible.
Como están las cosas, ya pasamos la mayor parte del tiempo de vigilia conectados al ciberespacio que en este momento ofrece la internet y sus aplicaciones a todos y cada uno de los propietarios y usuarios de los nuevos dispositivos tecnológicos, pero con la inconsciencia o la indiferencia al hecho de que ya no estamos conectados e interactuando con otras personas, sino con Inteligencias Artificiales y siendo mediados por ellas, las que se supone cumplen nuestras órdenes y disposiciones y anticipan y satisfacen nuestras necesidades materiales y afectivas; pero que en realidad disponen de nuestras emociones, deseos, sentimientos, imaginación, pensamientos y anhelos en función de una directriz o matriz que, también, se supone es controlada por algunas personas y con algunos fines altruistas, pero que en realidad están evolucionando con una supuesta, pero desconocida finalidad.

«La tecnología eléctrica ya está dentro de nuestros muros y estamos embotados, sordos, ciegos y mudos ante su encuentro con la tecnología de Gutenberg»: M. McLuhan.

Las profecías

Para comienzos de los años sesenta, filósofos, científicos estudiosos de la sociedad, la cultura y la comunicación, ya anticipaban los escenarios y consecuencias que devendrían con las nuevas ciencias y tecnologías que se estaban desarrollando a partir de las ciencias electrónicas, de la computación y de los desarrollos de lo que desde 1956 se llamó Inteligencia Artificial, según el nombre propuesto por John MacCarthy.
Recientemente, el filósofo Byung Chul Han, en el prólogo de su libro En el enjambre, cita y comenta al filósofo de los medios de comunicación Marshall McLuhan como el que auguraba las consecuencias de los avances tecnológicos de las ciencias y tecnologías electrónicas y de la computación en los cerebros, para mostrar cómo en la actualidad estamos siendo absorbidos por los medios digitales y las redes del ciberespacio:
Ante el vertiginoso crecimiento del medio electrónico, Marshall McLuhan, teórico de los medios, advertía en 1964: «La tecnología eléctrica ya está dentro de nuestros muros y estamos embotados, sordos, ciegos y mudos ante su encuentro con la tecnología de Gutenberg» (M. McLuhan, Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Barcelona, Paidós, 1996, p. 38). Algo semejante sucede hoy con el medio digital. Somos programados de nuevo a través de este medio reciente, sin que captemos por entero el cambio radical de paradigma. Cojeamos tras el medio digital, que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia. Nos embriagamos hoy con el medio digital, sin que podamos valorar por completo las consecuencias de esta embriaguez. Esta ceguera y la simultánea obnubilación constituyen la crisis actual.
La cita anterior corresponde al prólogo completo de En el enjambre y entre esa cita de Marshall McLuhan y el comentario que le hace Byung Chul Han, median cincuenta años en los cuales se ha dado la trasformación que ha hecho que la humanidad pase de contemplar su mundo con los ojos a aprehenderlo con el cerebro.
Como sugiere William Gibson y lo aceptan neurocientíficos, filósofos, antropólogos, psicólogos y demás estudiosos de la humanidad y la cultura, ahora se está dando un cambio evolutivo y cultural en las formas cómo percibimos y concebimos el mundo, en las formas como nos comunicamos y en las formas como representamos lo que sentimos, imaginamos, pensamos, soñamos el futuro y ello como consecuencia de las aplicaciones de las nuevas tecnologías.
Pero lo peor es como unos cuantos poderes y poderosos han aprovechado los avances en las técnicas para la manipulación de las personas, hasta el punto de que ya no atacan las creencias y valores de cada persona, sino que someten y dominan las emociones, los deseos, los sentimientos, la imaginación y los pensamientos de individuos y comunidades actuando sobre los mecanismos pre-conscientes del cerebro.
Está demostrado el que los circuitos neuronales se organizan y funcionan gracias a su plasticidad y que esta es inducida tanto por la configuración del cerebro (genética) como por la cultura (epigenética) en la que se desarrolla.
Así que, como están las cosas, estamos en procesos de evolución natural y cultural y, por lo tanto, en los primeros pasos de un cambio de formatos para la escritura, la lectura y, también, de los libros. Así que, los libros que estamos leyendo y los que vamos a leer en el próximo futuro, ya no son los libros que leíamos… ayer.
Pero, lo que no parece que vaya a cambiar, todavía, es el “conatus”, ese anhelo de futuro, es decir, esa necesidad y el deseo de explorar lo desconocido, pues de ello depende la supervivencia de la vida misma y para lograrlo, la escritura, la lectura y los libros, son herramientas importantes de la evolución.
Solo que ojalá no sea para beneficio de unos cuantos, aunque, de poco sirve lamentarse, la naturaleza se rige por leyes sin sentimientos y su propósito imperativo es el de sobrevivir a toda costa, acorde con las leyes naturales, pero en un proceso de construcción y destrucción sin fin… aparente.
Pero mejor hago un intermedio y en la próxima de estas Lecturas lúdicas voy a proponer un juego de lectura lúdica.