Primera parte: Cósima y Empédocles

La historia comienza así: Nietzsche llegó a Basilea, donde había sido nombrado profesor asistente en la universidad local, el 19 de abril de 1869 y el 15 de mayo emprendió viaje a Lucerna y, desde allí, peregrinó a Tribschen, en donde se encontraba la casa de los Wagner, pero sin haberse anunciado y sometido al azar de ser o no recibido por el músico.

Richard y Cosima Wagner y Nietzsche. Ilustración / El Búho

Por: Iván Rodrigo García

Friedrich Nietzsche era incapaz de amar, pero no era inmune al enamoramiento y ese conflicto fue, en buena parte, el origen de la poderosa fuerza erótica que impulsó la escritura de sus obras más emblemáticas, la causa de sus tragedias amorosas y afectivas más dolorosas, de la enfermedad que lo atormentó con horribles dolores y del desplome total de su lucidez mental.

Al igual que el universo, la materia viva está sometida al poder de Eros. El enamoramiento afecta a todos por igual, pero cada enamoramiento es el de cada cual. Nietzsche no fue la excepción: él padeció dos enamoramientos y ambos fueron trágicos. El resto de sus romances conocidos fueron imposturas de conveniencia. Salvo la tortuosa historia del incesto. Ahora voy a escribir sobre el primero de esos enamoramientos y en publicación posterior sobre el segundo.
El primero y trágico de los enamoramientos de Nietzsche fue el que se le desató por Cósima Wagner, con la complicación y conflicto de que ella era una mujer casada, la esposa del compositor Richard Wagner, al que Nietzsche admiraba con idolatría.
Esto ocurrió cuando Nietzsche se presentó en la casa de campo en Tribschen donde habitaban los Wagner, con el pretexto de haber sido invitado por el propio Richard Wagner en noviembre de 1868 en Leipzig, en la casa del profesor Brockhaus 1.
La historia comienza así: Nietzsche llegó a Basilea, donde había sido nombrado profesor asistente en la universidad local, el 19 de abril de 1869 y el 15 de mayo emprendió viaje a Lucerna y, desde allí, peregrinó a Tribschen, en donde se encontraba la casa de los Wagner, pero sin haberse anunciado y sometido al azar de ser o no recibido por el músico.
Por supuesto, nadie lo esperaba, pero, lo cierto es que, si bien ese día no fue recibido por Richard Wagner, si lo fue el lunes siguiente. Todo lo demás sobre esta primera y segunda visita de Nietzsche a Tribschen es un misterio y hace parte de las leyendas sobre la relación de Nietzsche con los Wagner y de su enamoramiento por Cósima.

Imagen de Richard y Cósima Wagner. Imagen del 9 de mayo de 1872, Viena. Fotografíaa / Fritz Luckhardt

La poderosa fuerza erótica

Según lo dicho antes, la primera de las consecuencias de ese enamoramiento es la fuerza erótica que este produce y que se desata en la escritura de las obras que Nietzsche dedica y ofrenda a Richard, a su música, a sus ideas sobre el arte y a Cósima, la musa… de ambos.
Entre 1872 y 1873, Nietzsche escribe dos obras que son la ofrenda de su enamoramiento a Cósima Wagner, al mismo tiempo que son una expresión de su admiración por Richard Wagner y por sus ideas sobre el arte, pero también un nada sutil llamado de atención para que le fuera correspondido igual reconocimiento. Tales obras son: El origen de la tragedia en el espíritu de la música y La filosofía en la época trágica de los griegos. Fue la lectura del manuscrito de esta última obra en Tribschen, lo que desató el resentimiento de Nietzsche contra los Wagner.
Pero, a pesar de que Nietzsche les entregaba servil adoración, los Wagner solo se amaban a sí mismos, a la música del compositor y al faraónico proyecto de Bayreuht. Y Nietzsche hizo lo mismo hasta que su resentido orgullo no soportó una humillación más y …
Así como prácticamente todo lo que escribiera Nietzsche durante este par de años está secretamente dedicado a su admiración por los Wagner, cuando el idilio y la amistad se resintieron y Nietzsche fue expulsado del círculo de los Wagner, se dedicó a la escritura de uno de sus libros más populares: Humano, demasiado humano, publicado en 1876, con el cual rechazó la filosofía de Schopenhauer y, al mismo tiempo, sentenció el rompimiento y fue condenado al repudio y al destierro de Bayreuht, por el resto de sus días y los de ellos. Porque ese libro, además, significó el que Nietzsche rechazara las ideas de Schopenhauer que tanto Richard como Cósima admiraban y compartían. Y, también, porque implica una crítica a las propias ideas de Richard sobre la música y el arte que Nietzsche había exaltado antes. Y, por supuesto, “La gran tragedia”, renunciar al amor de Cósima y a la amistad de Richard, lo que en en sí, fue un suceso de tal magnitud que su salud se resintió hasta el punto de tener que abandonar su cátedra en Basilea y tener que buscar climas más benéficos para sus dolencias y dolores crónicos. Lo que, consecuentemente, significó una trasformación total de la vida de Nietzsche y, por supuesto, de la filosofía que lo haría célebre.
Al final de su lucidez, 1888 y 1889, Nietzsche escribirá un par de libros sobre su relación con Richard Wagner en un acto de contricción y reivindicación tardía, Wagner murió el 13 de febrero de 1883.

Enamoramiento y tragedia

Continuando con lo propuesto y en el segundo lugar, el enamoramiento es también la causa de una tragedia y esta fue escrita por el propio Nietzsche en una anticipación profética.
En 1870, Nietzsche empezó a escribir algunos apuntes para un drama en el que su enamoramiento por Cósima Wagner era el motivo oculto, pero esta idea se quedó sólo en un proyecto del que apenas se conocen unos mínimos apuntes 2. Lo cierto es que el drama de Nietzsche se inspira en la inconclusa tragedia de Hölderlin titulada Empédocles, obra en la que la protagonista es la Diotima en la que se encarna a Susette Godard, otra mujer casada, de la que Hölderlin estaba enamorado… hasta la locura.
En el drama de Nietzsche, también titulado Empédocles, él es la encarnación de Empédocles y Corina es la de Cósima. Lo otro, es que Nietzsche, además de la relación de la pareja, también propone el triángulo que para Nietzsche (Empédocles-Diónisos) significa amar a Cósima (Corina-Ariadna), esposa de Richard Wagner (el Minotauro). Ambos mueren sacrificados en el cráter del Etna. Este drama, al igual que el de Hölderlin, está inspirado en la antigua leyenda griega sobre el filósofo Empédocles, quien murió al arrojarse en el cráter de volcán Etna en Sicilia, según la leyenda, para alcanzar su divinización. Igual que Nietzsche… en su drama.

Pintura medieval alegórica a Empédocles.

La historia del Empédocles

La existencia de Nietzsche estuvo marcada por máscaras. Una de las primeras en ser expuesta es la máscara de Empédocles que encarna Nietzsche y que lleva a otras máscaras. He aquí la explicación que de ello hace Curt Paul Janz:
Empédocles, en el que de modo francamente inquietante se prefigura ya el camino del Nietzsche posterior y en el que aparecen símbolos fundamentales. Como más tarde con Zaratustra, también aquí toma una figura histórica -la del filósofo siciliano, médico prodigioso, poeta y fundador religioso del siglo V a. C., el legendario Empédocles- como máscara en la que él mismo aparece idealmente, sólo que en este caso permanece más cercano a la tradición, mientras que del legendario-histórico persa Zaratustra sólo queda el nombre y su función como fundador religioso. Conocía a Empédocles a través de Diógenes Laercio. De su concepción filosófica del mundo hubo de interesar a Nietzsche el proyecto de unir lo místico-pitagórico con la ciencia natural moderna. En la doctrina de Empédocles de la trasmigración de las almas está uno de los impulsos para lo doctrina de Nietzsche del eterno retorno de lo mismo como hipotética ética. Pero lo que toma muy especialmente son las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal Corina.
Existe una Corina histórica; fue una poetisa beocia que vino de Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.
Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima. Algunas citas del borrador que apoyarían esta interpretación:
Tercer acto: Teseo y Ariadna. El coro, Pausanias y Corina. Empédocles y Corina en el escenario. Vértigo de muerte en el pueblo ante el anuncio de la reencarnación. Se le venera como al dios Dionisios, mientras que él comienza sufrir de nuevo. (El actor Dionisios ridículamente enamorado de Corina)… Quinto acto… Dos ríos de lava de los que no pueden escapar (Empédocles y Corina). Empédocles se siente asesino, digno de un castigo infinito, espera el renacimiento de una muerte expiatoria. Esto lo arrastra hacia el Etna. Quiere salvar a Corina. Un animal se les acerca. Corina muere con él. “¿Huye Dionisios de Ariadna?3.
Cósima no debió conocer nada del proyecto del drama Empédocles, el que Nietzsche escribía para su regalo en la celebración de su cumpleaños 33, el 25 de diciembre de 1870.
Pero, las cosas no salieron como se lo había propuesto, porque en lugar de regalarle el drama, que no pudo concluir, Nietzsche le regala “… una copia en limpio de su estudio El origen del pensamiento griego4, que es uno de los textos previos a El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música, libro en el cual, además de reivindicar la música de Wagner, es posible abducir la velada y hermética declaración de su enamoramiento por ella. No de otra forma es posible interpretar párrafos como el siguiente sobre la máscara de Diónisos, como lo explica Nietzsche en El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música:
Según este conocimiento y según la tradición, al principio, en el período más antiguo de la tragedia, Dionisios, héroe genuino del escenario y punto central de la visión, no está verdaderamente presente, sino que sólo es representado como presente: es decir, en su origen la tragedia es sólo «coro» y no «drama». Más tarde se hace el ensayo de mostrar como real al dios y de representar como visible a cualquier ojo la figura de la visión, junto con todo el marco transfigurador: así es como comienza el «drama» en sentido estricto. Ahora se le encomienda al coro ditirámbico la tarea de excitar dionisíacamente hasta tal grado el estado de ánimo de los oyentes, que cuando el héroe trágico aparezca en la escena éstos no vean acaso el hombre cubierto con una máscara deforme, sino la figura de una visión, nacida, por así decirlo, de su propio éxtasis.
Imaginémonos a Admeto recordando en profunda meditación a su esposa Alcestis que acaba de fallecer, y consumiéndose totalmente en la contemplación espiritual de la misma -cómo de repente conducen hacia él, cubierta por un velo, una figura femenina de formas semejantes a las de aquélla, de andar parecido: imaginémonos su súbita y trémula inquietud, su impetuoso comparar, su convicción instintiva- tendremos así algo análogo al sentimiento con que el espectador agitado por la excitación dionisíaca veía avanzar por el escenario al dios con cuyo sufrimiento se había ya identificado. Involuntariamente transfería la imagen entera del dios que vibraba mágicamente ante su alma a aquella figura enmascarada, y, por así decirlo, diluía la realidad de ésta en una irrealidad fantasmal. Éste es el estado apolíneo del sueño, en el cual el mundo del día queda cubierto por un velo, y ante nuestros ojos nace, en un continuo cambio, un mundo nuevo, más claro, más comprensible, más conmovedor que aquél, y, sin embargo, más parecido a las sombras5.
He ahí la máscara de Diónisos-Nietzsche y la tragedia de ese triángulo amoroso en el que el Minotauro, Richard Wagner, es el tácito tercer actor en la disputa por la posesión de Corina-Ariadna-Cósima.
Que Cósima comprendió y aceptó, en principio halagada, la hermética declaración amorosa de Nietzsche y lo que de ello se sigue, es ya parte de una historia bien conocida que terminó en tragedia.
Este asunto de las máscaras y de la tragedia de sus enamoramientos, tendrá otro bucle diez años después, cuando se enamora de Lou Andreas Salomé y en ello se gestará Así habló Zaratustra, pero ese es el asunto de la próxima publicación.
Del tercer punto de la propuesta, o sea, del desplome total de su lucidez mental, es el que se sucede cuando la totalidad de la historia existencial y fisiológica de Nietzsche converge en el acto final de la gran tragedia: Diónisos y Ariadna explotan en su cerebro como juegos pirotécnicos y se hizo la luz, pero, también, la oscuridad y el silencio total.

Notas

1 Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, pp. 21 y ss.
2 Friedrich Nietzsche, Fragmentos póstumos. Volumen I (1869-1874), Tecnos, Madrid, 2010, pp. 145 y 219-221.
3 Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100.
4 Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea. (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 102.
5 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música 8.