SIMBOLOGÍA DEL JUEGO DE LA PELOTA EN EL POPOL VUH

Luego subieron en medio de la luz y al instante se elevaron al cielo. Al uno le tocó el sol y al otro la luna. Entonces se iluminó la bóveda del cielo y la faz de la tierra. Y ellos moran en el cielo.

 

Por / Stephania Perdomo Montealegre[1]Ilustración / Stella Maris

El pueblo Quiché en el mito del Popol Vuh nos relata una antigua tradición maya, de la que resaltaremos la existencia de una interrelación entre el juego de la pelota mesoamericano y la presencia de los astros, en la que se reconoce la dificultad dinámica cultural y simbólica que corresponde a esta situación práctica, que de forma sagrada representa un sistema determinado de costumbres y virtudes.

Por lo tanto, considero que se presenta un simbolismo de aspecto religioso en el juego de la pelota, al enaltecer las luchas entre seres luminosos y seres oscuros, en donde al final siempre las fuerzas benéficas tienden a ganar, lo que resulta interesante porque permite conocer la dicotomía y la interdependencia atribuida al bien y al mal, lo luminoso y lo oscuro y lo que muere y lo que renace, a lo que se le brindan connotaciones religiosas en la obra maya. Por esta razón, con el propósito de indagar acerca de la simbología del juego de la pelota, propongo, primero, el análisis de la lucha como mediadora simbólica hacia el trascender eterno; segundo, el campo de juego de pelota como espacio sagrado; tercero, el sacrificio como factor imprescindible de la transmutación y cuarto, la ambigüedad del supramundo y el inframundo.

La lucha como mediadora simbólica hacia el trascender eterno

En lo concerniente al trascender de lo eterno por medio de la lucha dramatizada en el juego, en el Popol Vuh se narra que cuando hay una iniciativa de enfrentamiento por parte de los Señores de Xibalbá, los cuales, orgullosos, deciden empezar una lucha con Hunahpú e Ixbalanqué:

Muy contentos se fueron a jugar al patio del juego de pelota; estuvieron jugando solos largo tiempo y limpiaron el patio donde jugaban sus padres. Y oyéndolos, los Señores de Xibalbá dijeron: -¿Quiénes son esos que vuelven a jugar sobre nuestras cabezas y que nos molestan con el tropel que hacen? ¿Acaso no murieron Hun-Hunahpú y Vucub- Hunahpú, aquellos que se quisieron engrandecer ante nosotros? ¡Id a llamarlos al instante!

            En lo anterior podemos percibir la derrota del primer intento de creación de seres luminosos, ya que el juego de la pelota no era dirigido a una recreación sino a un culto significativo en el que se presentan humillaciones y sacrificios con una finalidad: la honra de deidades.

Ahora, planteándolo desde una visión más estructural del mito en sí, considero importante inclinar mi postura hacia la afirmación del antropólogo estructuralista Claude Lévi-Strauss quien expresa lo siguiente: “El valor intrínseco atribuido al mito proviene de que estos acontecimientos, que se suponen ocurridos en un momento del tiempo, forman también una estructura permanente”.

Infiero que representa un ideal innegable en el cual los mayas adoptaron de forma permanente la veneración a sus dioses y que se determina la lucha como un nacer, morir y renacer de las fuerzas luminosas que se encuentran presentes en Hun-Hunahpú y Vucub- Hunahpú y en Hunahpú e Ixbalanqué. Al igual que relacionamos directamente con la muerte de Hunahpu e Ixbalanqué que profetizó Xulú y Pacam.

Los de Xibalbá molieron entonces sus huesos y fueron a arrojarlos al río. Pero éstos no fueron muy lejos, pues asentándose al punto en el fondo del agua, se convirtieron en hermosos muchachos. Y cuando de nuevo se manifestaron, tenían en verdad sus mismas caras.

           Por ello, considero que así como nacieron de la creación de Gucumatz y Huracán, murieron y no obstante renacieron en hombres-peces y en hombres pobres, como nos señala el texto:

Luego subieron en medio de la luz y al instante se elevaron al cielo. Al uno le tocó el sol y al otro la luna. Entonces se iluminó la bóveda del cielo y la faz de la tierra. Y ellos moran en el cielo.

            Este renacimiento se efectuó para darle lugar a los semidioses a transformarse en el Sol (Hunahpú) y la Luna (Ixbalanqué), y que cada atardecer el Sol pueda descender al inframundo nuevamente donde los Señores de Xibalbá, para enfrentarse con la Luna a una lucha cada día, condicionados a vencer con el fin de ascender nuevamente como Sol y Luna, se convierte en una estructura permanente donde se expone un ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento en aquellas fuerzas benéficas.

En esa misma línea, cuando los gemelos juegan a la pelota en el inframundo, nos enmarcan la simbología presente en este ritual que tuvo un gran valor para los mayas, por lo que se le dedicaron centros ceremoniales como campos de juegos. Por ende, opino que la dinámica que se presenta entre los astros luchando en el cielo y la dualidad de los seres luminosos con los seres oscuros, le asignan un espacio sagrado al juego de pelota que conserva una valoración y experiencia religiosa de este ejercicio y del espacio que Mircea Eliade, en su libro Lo sagrado y lo profano señalaría como una cualidad excepcional: los lugares santos de su universo privado que carece de homogeneidad del espacio al darle un valor diferente al juego de pelota, que en su plena ceremonia se nos exhibe como hierofanía; por ejemplo, el umbral que existe de la apreciación de éste a la de un entretenimiento cotidiano, ya que refleja la hostilidad de las fuerzas (el Sol y la Luna contra los dioses del inframundo), la lucha de sus dioses en el campo de juego, el movimiento de los astros, así mismo la pugna de los principios de vida, representados por los seres celestes, y los principios de la muerte, simbolizados por los seres infraterrestres, de la cual resultan vencedores los primeros, tal como lo indican Mercedes de la Garza, Miguel León Portilla y Adrián Recinos en su libro Literatura Maya.

 

El sacrificio como factor imprescindible de la transmutación

Ahora bien, la idea que se expresa en el Popol Vuh alude el sentido que tenía la vida del hombre para los pueblos prehispánicos: alimentar a sus dioses porque éstos eran insuficientes debido a que necesitaban de un hombre carente de autonomía, que dependiera de ellos, así como ellos requerían de los hombres y de este modo surgía una interdependencia.

Por ello, cuando los hombres encuentran donde asentarse, aparece el Sol, el cual completa en totalidad la creación misma que; de igual forma, en cuanto a símbolos míticos después del enfrentamiento de Hunahpú e Ixbalanqué con los dioses de Xibalbá, percibimos el acto del sacrificio, los obstáculos y la muerte que conllevan al resurgimiento en el Sol y la Luna para lo cual prefiero concebir este fenómeno explicándolo como la sucesión del día, la noche y la continuidad del ciclo que se resignifica en el escenario del juego.

Por otro lado, es posible evidenciar en la muerte de los semidioses que se da de la siguiente manera en el Popol Vuh, donde exclaman:

No tratéis de engañarnos (…) ¿Acaso no tenemos conocimiento de nuestra muerte, ¡oh Señores!, y de que eso es lo que aquí nos espera? Y juntándose frente a frente, extendieron ambos los brazos, se inclinaron hacia el suelo y se precipitaron en la hoguera, y así murieron los dos juntos.

En este sentido, se reconoce a la hoguera como un mediador simbólico, en el cual el autosacrificio tiene cabida por el fuego como principio de transformación, transmigrándolos de seres terrestres en celestes, es decir que hace que algo pueda pasar de ser inferior a superior, por lo que considero a esta dinámica cultural y simbólica como compleja en sobremanera al determinar costumbres y virtudes a través de este simbolismo religioso.

Simultáneamente, las coyunturas del enfrentamiento o la lucha entre el inframundo, el supramundo, los seres oscuros y los seres luminosos, no reflejan lo mismo que por ejemplo el inframundo y el mundo celestial en el cristianismo, lo cual se opone a esta creencia por no tener las mismas connotaciones culturales.

Así pues, para los mayas el inframundo se puede percibir con nociones negativas y positivas al igual que las fuerzas de luz, es por esto que el inframundo se refleja como un lugar en donde se presenta la muerte y la oscuridad de forma simultánea a la fertilidad, la vida y el agua, por lo que destaco la importancia de la muerte como esencial para el resurgimiento, este es el caso del dios del Maíz. De ahí también que del cielo provenga la lluvia y se encuentre el sol con sus rayos, que asimismo presentan peligros para la vida de los hombres. Podemos concluir entonces, que el inframundo es tan defendible como el supramundo.

Conclusiones

Todo lo que enmarca el mito del Popol Vuh me dirige a afirmar que el juego de la pelota es el acto más significativo o importante de la creación, ocurre directamente en la cancha, en la cual esta ceremonia aparece en la mitad del relato, que culmina con la creación del mundo; a su vez, es posible establecer asociaciones con respecto a las representaciones de los jugadores de la pelota, que se dividen entre los que se hallan en el inframundo y los del supramundo, ya que en cada una de estas representaciones siempre hay una oposición entre el primer grupo y el segundo.

Para concluir, cabe aclarar que el juego de la pelota visto desde una perspectiva religiosa en el Popol Vuh, tiene una significación determinada a través de la dinámica de la vida, en la cual los semidioses Hunahpú e Ixbalanqué, se encuentran en una serie de fases o estados, exponiéndose a diferentes fenómenos que pasan de forma lineal hasta experimentar otra fase, para luego volver a repetirse en el mismo orden, haciendo referencia al ciclo de las fuerzas luminosas en el que nacen, mueren y transmigran.

Igualmente, hace noción a ello el nacimiento del sol, todos los beneficios que le permite a los hombres cuando se establecen, por ejemplo, el beneficio de la tierra, toda la trayectoria de lucha en el inframundo con los seres oscuros para conseguir vencer y renovarse como sol, teniendo a la luna como compañera.

Entre otras cosas, también se reconoce la conciencia de lo sagrado en aquellas costumbres, además de virtudes donde hay movimiento entre los astros en confluencia y el campo donde se lleva a cabo el juego de la pelota, ya que es presentado como marco celeste en donde se desenvuelven cada una de estas luchas, que se encuentran en una idea: trascender a la eternidad.

[1] Estudiante de la Escuela de Español y Literatura de la UTP.

 

Referencias

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