Antes de empezar con el análisis, quiero aclarar que trabajo desde una concepción de la lengua que asume que es imposible capturar la ‘realidad’ (eso que pasa allá afuera de nuestra mente – no necesariamente nuestro cuerpo) con palabras.

 

Las redes sociales son vistas por muchos como las mayores causantes de desinformación ciudadana. Y no con poca razón; los recientes descubrimientos sobre la manipulación de usuarios de Facebook por parte de Cambridge Analytica para influenciar el voto por el Brexit, las elecciones en E.U y posiblemente la campaña del NO constituyen una real amenaza a lo que normalmente llamamos democracia.

Sin embargo, hoy quiero ocuparme de los medios tradicionales, la prensa más específicamente, y de cómo la construcción de los hechos a través del lenguaje favorece intereses que no están alineados con la misión de informar ‘objetivamente’. Voy a enfocarme en el cubrimiento del asesinato de Carlos Areiza, testigo en la investigación al senador Álvaro Uribe, precisamente por fabricación de testigos falsos. A pesar de que el hashtag #UribeAsesino llegó a ser tendencia global, la prensa nacional optó por otro ángulo: el asesinato de un testigo en el caso Ramos.

Antes de empezar con el análisis, quiero aclarar que trabajo desde una concepción de la lengua que asume que es imposible capturar la ‘realidad’ (eso que pasa allá afuera de nuestra mente – no necesariamente nuestro cuerpo) con palabras. Nuestra lengua materna impone en nuestra comprensión un filtro más poderoso que cualquiera de Instagram. Vemos el mundo a través del cristal de nuestras palabras. ‘Madre’, ‘gato’ o ‘árbol’ no corresponden a personas, animales o cosas concretas sino a ideas sobre ellas. Por ejemplo, un ‘árbol’ para muchos grupos indígenas del Amazonas es un ser capaz de experimentar dolor; aborígenes australianos usan los puntos cardinales en vez de ‘izquierda’ o ‘derecha’ (o sea que no se consideran el centro del universo), y mientras para los hispano-parlantes el vaso ‘se cayó’, los sajones dirían en tono acusatorio ‘You broke the glass’ (‘Rompiste el vaso’).

¿Entonces es imposible ser ‘objetivo’? Hasta cierto punto. Estas construcciones mentales de la realidad no son individuales. Como sociedad y comunidad lingüística, establecemos una serie de normas para la convivencia: No matar, no robar, no enviar audios por Whatsapp. En las condiciones y restricciones del contrato social es donde se hacen más notorias las diferencias ideológicas al interior de la comunidad. ¿Puedo matar a quien me roba el celular?¿Votar por el político que roba pero ‘hace’?¿Darle capital estatal al rico porque ‘genera empleo’?

Sin embargo, hay un patrón de conducta que consideramos ‘ético’ o ‘moral’. En el caso de la prensa, su función ética es informar a la ciudadanía para que pueda tomar decisiones políticas, económicas y sociales. No pude encontrar la cita, pero recuerdo que Daniel Coronell lo expresó en términos similares a ‘velar por los intereses del consumidor, no del empresario; del votante, no del gobernante’.

Vuelvo al punto: ¿en una campaña presidencial en la que muchos colombianos piensan votar por ‘el que diga Uribe’, no está en el interés del electorado estar informado sobre los procesos judiciales en su contra? Sin embargo, de los cinco principales periódicos del país, solo uno (El Tiempo) menciona a Uribe en el titular de la noticia.

Titulares de ‘El Heraldo’, ‘El Colombiano’, ‘El Espectador’, ‘El Tiempo’ sobre el asesinato de Carlos Areiza, testigo en el caso en contra de Álvaro Uribe por fabricación de testigos.

 

Incluso el titular de ‘El Tiempo’ es engañoso, ya que el estar ‘vinculado’ a un caso puede ser interpretado como ser el acusado o cómplice del delincuente, muy diferente a ser ‘testigo’. En segundo lugar, la expresión ‘el caso por el que chocan Uribe y Cepeda’ es igualmente confusa. ¿Está claro para el lector cuál es la relación de Uribe y Cepeda con el caso? Podrían fácilmente tener una diferencia de opinión sobre éste sin estar directamente involucrados. Y peor aún, el titular oculta que es Uribe el objeto de la investigación por el crimen de fabricación de testigos, y que Cepeda ya fue exonerado por la Corte y pasó a ser víctima del montaje criminal. El presentar esta maraña de ilegalidades como ‘un choque’ entre los dos senadores dista de la meta de ‘claridad’ de los manuales de redacción.

Ahora, para el resto de periódicos (con excepción de ‘El País donde una búsqueda del término ‘Areiza’ arrojó 0 resultados) el tomar el ángulo del rol de Areiza como testigo en el caso Ramos falta a los principios más básicos de la información. Los factores que influyen en la selección de un evento como noticia incluyen la negatividad (obviamente un asesinato es un hecho lamentable), la relevancia temporal (lo que esté pasando ahora), la notoriedad, el factor sorpresa y el impacto, entre otros. Areiza sirvió como testigo en el caso Ramos en 2014 y se retractó en el 2015. De hecho ya había sido sentenciado por falso testimonio contra Ramos, es decir no era parte de ese proceso.

Por el contrario, Areiza desmintió las acusaciones de Uribe en contra de Cepeda y este hecho fue causal de apertura de otra investigación al empapelado senador. Esto ocurrió apenas el mes pasado.

No tenemos que argumentar que el dos veces presidente, líder de la mayor banca del congreso de la República, el mejor presidente de la historia de Colombia duélale a quien le duela o le doy en la cara marica así esta conversación la estén oyendo esos …. es un personaje más notorio en la esfera política nacional que Luis Alfredo Ramos, gobernador de Antioquia hasta 2011.

A quienes venimos siguiendo los procesos por paramilitarismo, especialmente los que involucran al círculo del Ubérrimo, el asesinato de testigos no nos toma por sorpresa. Sin embargo, en un Estado supuestamente de derecho, la sistematicidad de los homicidios constituye una aberración mayúscula.

Pero lo más importante son las consecuencias del hecho. El asesinato de un testigo clave contra el hombre más poderoso del país podría cambiar el resultado de las elecciones de mayo, el futuro del proceso de paz y la institucionalidad del país. La prensa colombiana en este caso (y en muchos otros) ha faltado no sólo a los principios del periodismo sino a su deber con la ciudadanía. Para las razones que justifican estas decisiones editoriales, tienen ellos la palabra.

Entrada original aquí.

@la_peroratosa