¿Alguna vez han pensado en aves venenosas? Pues existen varias especies en Papúa Nueva Guinea. Un grupo de ellas, conocidas como Pitohuis, del género Pitohui, poseen neurotoxinas en su plumaje y piel. Son aves que los nativos les llaman “pájaro basura” porque no se lo pueden comer a menos que tengan una preparación especial, particularmente el Pitohui encapuchado (Pitohui dichrous) que junto con el Pithoui variado (Pitohui kirhocephalus) son los más venenosos. La otra especie es la altamente tóxica Ifrita (Ifrita kowaldi) reconocido como “pájaro amargo”, y que también posee veneno en algunas zonas de su plumaje y su piel.

 

Por David White* 

Los pitohuis pertenecen a la familia Pachycephalidae, dentro de la superfamilia Corvoidea, en donde hay otros géneros en los que se han identificado toxinas, pero no alcanzan el nivel suficiente como para considerarlos venenosos. De ecología, morfología y tamaño relativamente similar, son aves con un comportamiento particular, pues antes de que se les reconociera como venenosos, se sabía que suelen ser “líderes” en bandadas de especies mixtas, donde los pitohuis van donde les plazca mientras los demás los siguen. Se ha notado además que las aves que participan de estas bandadas cuentan con similares patrones de coloración. Además, los miembros de estas bandadas tienden a ser vocales, conspicuos y gregarios, características que han sido asociadas con toxicidad. Estos realizan un mimetismo conjunto, en donde las aves sin toxinas se asemejan a las tóxicas posiblemente para confundir a los depredadores. De igual forma, la convergencia entre pitohuis es tal que representa uno de los más grandes ejemplos de mimetismo en aves.

Pitohui Enmascarado (Pitohui dichrous). Tomada de: www.hbw.com

El mimetismo visual entre pitohuis, y otras aves, implica que estas señales evolucionaron para depredadores visuales, lo que a su vez implica que las toxinas tienen una función antipredatoria. La toxina puede protegerlos ante depredadores como humanos, serpientes, rapaces y potencialmente ante marsupiales arborícolas pues estos podrían ser sensibles a su efecto. De esta manera, aunque la función de esta toxina parece ser la disuasión ante ectoparásitos e infecciones bacterianas, puede además ofrecer un amplio espectro de protección incluyendo allí la predación.

Algunos pitohuis presentan una coloración aposemática, es decir, que le advierte a los depredadores mediante colores vistosos lo peligroso que puede llegar a ser. Los colores usados por Pitohui dichrous y P. kirhocephalus son un naranja fuego y negro similares a los colores de la mariposa monarca que es tóxica y se tiene como aposemática. Estas dos especies de pitohuis son las más venenosas del género, lo que sugiere una relación entre toxicidad y aposematismo. Sin embargo, esta relación aplica sólo para este caso dentro de las aves, ya que los colores vistosos han evolucionado a partir de otras razones, como la selección sexual que imponen las hembras sobre machos con más brillo en su plumaje, como los saltarines, las aves del paraíso, algunas palomas y algunas tángaras, incluso otras aves de la familia Pachycephalidae que no son venenosas. Los pitohuis emiten un olor agrio.

Pitohui Variable (Pitohui Kirhocephalus) Tomada de: http://pngbirds.myspecies.info

La Ifrita está restringida a las tierras altas de Nueva Guinea, por encima de los 2000 metros sobre el nivel del mar y vive en ambientes cubiertos de musgo en medio del bosque húmedo montano. Su comportamiento se asemeja al de los trepatroncos, capturando insectos entre el musgo, troncos de árboles y ramas mayores en el bosque medio. Se desplazan en grupos de hasta seis individuos y pocas veces son vistos en solitario. Los rangos geográficos del Ifrita y del altamente tóxico P. dichrous y del P. kirhocephalus se solapan poco, si acaso; Ifrita está en altitudes mayores. Cualquier superposición de dieta probablemente consistiría en grupos de insectos encontrados a lo largo de los extremos altitudinales de la isla.

Los habitantes de la aldea Simbai en Papúa dicen que comer a esta ave produce un ardor bucal parecido al producido cuando se prueba chile pero mucho más fuerte. Además, mencionan que si se aspira cerca al plumaje hace toser e induce a reacciones alérgicas. Aseguran que no hace vomitar, pero el sabor es tan irritante que solo unos pocos cazadores se las comen. Estas características son similares a las que le han puesto a los pitohuis.


Ifrita (Ifrita kowaldi) Tomada de: www.hbw.com

Se han examinado extractos de tejido de varios especímenes del género Pitohui, para corroborar el área de distribución anatómica de su toxicidad. La piel y las plumas resultaron ser las zonas más tóxicas, en comparación con el músculo estriado, el corazón, el hígado o la glándula uropigial. Estas aves probablemente ingieren su toxina a través de su dieta de insectos (normalmente escarabajos) para luego excretarla por la glándula uropigial, desde donde la aplican a la piel y el plumaje, en lugar de generarla de novo.

Anteriormente, las batracotoxinas se habían observado sólo en cinco especies de ranas neotropicales del género Phyllobates (familia Dendrobatidae), entre ellas la famosa Rana Dorada (Phyllobates terribilis). Los nativos del occidente del país han usado la piel de estas ranas para envenenar los dardos de sus cerbatanas. Estas ranas venenosas, cuando crecían en cautiverio carecían del veneno y lo obtenían una vez que eran liberadas al medio silvestre, probablemente de un artrópodo, lo que apoya la hipótesis de que lo obtienen de su dieta. Estas aves y las ranas, son dos tipos de animales que no tienen relación cercana entre sí, mostrando el desarrollo de una convergencia evolutiva.

Como hemos visto, usar veneno como mecanismo de defensa no resulta en una adaptación ajena a las aves. Las especies de los géneros Pitohui e Ifrita son los ejemplos fehacientes hasta ahora descubiertos. Una toxina que para el ser humano no resulta mortal, pero sí que produce irritaciones y es efectiva a la hora de disuadir a los cazadores y predadores, de eso no cabe duda. Es curioso que, aparte de lo extraño que es encontrar aves tóxicas, también se trate de una toxina muy rara en la naturaleza, la cual sólo se había aislado en un género de ranas venenosas. La naturaleza jamás dejará de asombrarnos, y siempre habrán cosas nuevas por aprender. Los resultados de la evolución son tan vastos que lo que un día se considera inaudito, al otro se descubre como un hecho, en este caso, a través del maravilloso mundo de las aves.

*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia.