Por: Diego Efe

“Somos el uno para el otro un teatro suficientemente grande”

Séneca

El parque conservaba la serenidad de un camposanto. Las flores que colgaban de las columnas y decoraban el lugar eran zarandeadas por el viento como si una mano invisible las rozara. El frío de esa madrugada corría en todas las direcciones y las lamparas de luz mortecina resaltaban las monótonas formas de las calles.

El escenario no podía ser mejor: un lago, un puente, árboles, bancas, y el momento perfecto para el encuentro entre Germaín y don Luca, un italiano que llegaba a Pereira a disfrutar el mejor clima del país. Era una cita a ciegas, llena de nervios, pero con la expectativa de que el amor podía estar o en un altar, o en la banca de un parque cualquiera.

 

 El parque conservaba la serenidad de un camposanto. Fotografía / Archivo

Don Luca era un pintoresco personaje italiano, un curador de arte respetado. Germaín, a su vez, un estudiante de la Universidad Libre. A los dos los unía una pasión: los viajes; y un deseo: conocerse.

Habían hablado por Skype de ir explorar La Florida, caminar vía a La Pastora y disfrutar de los bellos paisajes cafeteros.  Y Luki, como él llamaba al italiano después de cierta confianza, le había descrito con encanto por internet los Pirineos, las calles bulliciosas de Florencia, las termas de Caracalla y la espectacular vista al mar Egeo desde el sur de la bota.

La distancia no era la de un continente a otro, o la de una Europa envejecida y una América manceba, sino treinta años de edad entre ambos y veinte minutos para el encuentro de una cita concertada a las tres de la madrugada. En su espera solitaria en ese parque Germaín sintió miedo y frío mientras esperaba el carro gris de don Luca. Al verlo aparecer por la calle principal se intensificó su emoción, abrió la puerta del auto y se saludaron con un beso tímido. El perfume Vitorinox del joven inundó el interior.

La distancia no era la de un continente a otro, o la de una Europa envejecida y una América manceba, sino treinta años de edad entre ambos… Fotografía / Archivo

Así que eres Germa». Y pasó su mano despreocupada por el cuello como un padre lo hace con su hijo. El joven solo observó a Don Luca con una mirada virgen hasta romper el silencio.

Si, y tú, Luki, eres tal como te imaginé»

¿Y cómo jugó a favor mía esa imaginación febril?». Preguntó el italiano.

Germaín no entendió la palabra “febril”, pero, aun así, con paciencia dijo que lo había ideado como un hombre de voz suave y melosa, refinado en su trato y culto, de buenos gustos al vestir y manos delicadas.

No estás lejos de lo que imaginas. Un curador de arte se conoce por sus manos y por su mirada. De otra manera, hubiera nacido para trabajar en las lavanderías de Roma».

El auto emprendió su marcha y se dirigieron hasta lo que parecía ser un paraje que divisaba toda la ciudad. Era la calle de los colores. Un sector de Dosquebradas al borde del gran abismo que lo separa de Pereira.

El auto emprendió su marcha y se dirigieron hasta lo que parecía ser un paraje que divisaba toda la ciudad. Fotografía / Archivo

Germa, debo ser sincero contigo antes de empezar cualquier aventura, he venido a morir».

¿A morir? Es ese el impacto que causo» y sobándose la cabeza, extendió su brazo y abrazó a don Luca. «Yo no sé nada de la muerte. En mi cultura nos preparan para la vida, no para pensar que hay más allá de ella».

Luego empezó a contar algo que había leído en un libro, sabiendo que el viejo era ilustrado.

«¿Ha oído hablar de la gran Muralla China?».

Bueno -hizo una pausa- más que oírla la visité hace 5 años atrás. Un viaje ocasional».

Muy bien, apuesto que no sabe lo que voy a contarle»

Luki sonrió y esperó.

El primer emperador que quiso construir la muralla dejó sepultados allí a un millón de hombres. Su idea era que, si podía enterrar un millón, resistiría primero por un millón de años. Luego el millón de espíritus alcanzada su libertad, vigilaría la enorme barrera y la guardarían de los malos espíritus procedentes del norte y de los enemigos terrestres. Pero en su generosidad no quiso destruir a tanta gente…  Así, en vez de tomar por separado al millón de hombres, buscó a uno solo que llevara el apellido de “millón” y lo inmoló a los dioses con ceremonias adecuadas».

Así, en vez de tomar por separado al millón de hombres, buscó a uno solo que llevara el apellido de “millón” y lo inmoló… Fotografía / Archivo

Don Luca sonrió.

¿Qué andas leyendo, nene?» 

Yo no leo», respondió. «solo es buscar en internet».

Y así comenzaron a hablar toda la noche, tomando un viejo vino que el italiano había logrado cruzar por la aduana del aeropuerto.

-«Por eso me gustan los jóvenes», dijo. «Porque están vivos, llenos de sangre y de ideas. Yo soy un viejo y vine a morir a otro lugar donde nadie me conozca. Y de toda Italia, nadie me conoce mejor que tú», afirmó con una extraña sinceridad.

¿De qué morirás? ¿será de amor?», preguntó Germain.

De cáncer.  El corazón aun me funciona y… -calló- es para ti, pero mis pulmones, serán pronto de la tierra».

No lo creo», dijo con voz quebrada. «Nadie tomaría la molestia de viajar tan lejos para ir a otro lugar a confesarse».

 

Don Luca callaba ante la protesta de amor del joven, y no tuvo más remedio que cambiar de tema y hablar de ellos, no de lo que sucedería con él en poco tiempo.  Sentados al borde de la ciudad industrial, Germain señaló las luces de las calles principales de la ciudad y se fijó en un punto alegando que esa era su casa en la avenida del río. «Mi madre quisiera conocerte» y agregó que habían comprado una gallina grande para hacerle la bienvenida.

Luki, ¿cuál será nuestro primer viaje?», preguntó.

No lo sé, tú eres el pereirano. Me dejaré guiar como una cabra ante un pastor»

Está bien, te mostraré a nuestro libertador en su versión adánica»

-«¿Me bromeas? En Europa el desnudo es un tema artístico, pensé que en América era algo así como un tabú»

¿Tabú?», inquirió.

Si, es decir, asocian estar desnudo a estar sin ropa y se escandalizan»

-«¿Y cuál es la diferencia?»

¿Quieres saberlo?»

-«¡Por favor!»

Estar desvestido es ser uno mismo. Estar desnudo es ser visto sin ropa por otros. Para que un cuerpo sin ropa llegue a convertirse en un desnudo tiene que ser visto como objeto».

«Está bien, te mostraré a nuestro libertador en su versión adánica». Fotografía / Archivo

Entonces, para hablar tu mismo lenguaje, nuestro libertador Simón Bolívar está desnudo, no sin ropa». El aire de la madrugada y del lugar oreó el pelo de Germaín y Luki, tomándolo por el cuello, se acercó para besarlo con ternura.  Rozaron sus mejillas y el italiano lo llevó hacia el pecho, cerca de su corazón.

¿Escuchas mi corazón?»

Cómo no oírlo si es un tam tam continuo»

¿Sabes que está diciendo?», Germaín negó con un gesto gutural.

Dice: quiero verte desnudo» y volvieron a besarse hasta que cayó un rocío matutino que los hizo levantar del lugar. Se internaron en el auto y consumaron sus deseos.

Los vidrios del auto se empañaron y Luki escribió con su mano blanca y delicada la palabra Valete curae.

-«¿Sabes lo que significa?». El joven negó.

Es una frase del romano Petronio que expresa lo que yo siento ahora»

¿Y qué sientes?» inquirió.

Siento que he sido amado, un minuto, al menos en mis 58 años». El aire se envolvió de una niebla rosada.

Quiero pedirte un favor».

«El que quieras», respondió Germaín.

Quiero que ante mi tumba pongas tan solo la frase: amó y fue amado». Abrazados vieron cómo salía el sol por el oriente de la ciudad y se apagaban las luces silentes y artificiales de Pereira.