En el marco de las actividades de la Biblioteca Pública de Pereira, el periodista y escritor Alfredo Molano Bravo conversó con Abelardo Gómez sobre su reciente libro De río en río, que explora a través de varios viajes los conflictos y resistencias del litoral Pacífico colombiano. Acá algunos apartes de esta charla.

Ahora, las únicas formas de resistencia hoy por hoy son esas dos: los resguardos y los consejos comunitarios. Lo grave es que parte de los resguardos y los consejos están siendo arrendados a grandes empresas y multinacionales. Foto/César Romero

¿Qué papel juega el Pacífico dentro del conflicto armado?

Era proverbial la inexistencia del Estado. Todos esos factores se conjugaron para que los cultivos de coca se desplazaran hacia el Pacífico. Pero en segundo lugar el Pacífico siempre ha sido un refugio: un refugio de los negros en los palenques. Además, tenía una gran ventaja para los sembradores de coca, y es que las nubes impedían el bombardeo y la fumigación aérea. Esas tres causas: la pobreza, la tradición de refugio y la posibilidad de las condiciones climáticas.

 

Usted hace un énfasis muy grande en el papel de los resguardos indígenas y los territorios colectivos de las comunidades negras. ¿Cuáles son esos intereses económicos que tienen cercado al Chocó y arrinconan estas comunidades?

El Chocó y el Pacífico funcionan en realidad como una colonia pequeña. Parte pertenece a Risaralda, parte a Medellín. El centro del Pacífico, la zona de Buenaventura, pertenecen a Cali, Guapi pertenece a Popayán, Tumaco a Pasto. Así que las ambiciones económicas sobre el Pacífico son viejas, pero yo creo que se intensifican con ese cuento de mirar al Lejano Oriente, que comienza con Virgilio Barco, ese interés de mirar a la China, a la India. Naturalmente que las riquezas estaban refugiadas en la selva, lo mismo que la madera. En Juradó hay una multinacional que tiene concesionadas cientos de miles de hectáreas de bosques, y sacan la madera con helicópteros. En el río Atrato, Maderas del Darién, Pizano y otras empresas tienen más de setenta u ochenta años. Parte de movimiento de los Consejos Comunitarios se origina en una defensa del Medio Atrato frente a las ambiciones de esas empresas madereras del norte del Chocó que empezaron a bajar hacia el sur. Los negros se opusieron y se organizaron muy apoyados y protegidos por la iglesia. También en el río San Juan hubo un vínculo con los movimientos católicos de la diócesis de Buenaventura y el Bajo Calima.

Fue esa defensa la que originó esa figura de los Consejos Comunitarios. Ahora, las únicas formas de resistencia hoy por hoy son esas dos: los resguardos y los consejos comunitarios. Lo grave es que parte de los resguardos y los consejos están siendo arrendados a grandes empresas y multinacionales, por ejemplo, en Tumaco para la explotación de palma aceitera, o incluso permitiendo el paso de retroexcavadoras para la minería.

 

Las consultas previas con las comunidades, obligada por la ley, es una de las talanqueras para estos megaproyectos ¿Qué reticencias hay por parte de las empresas frente a las consultas?

Bueno, usted habla de reticencias, pero se trata de franca hostilidad. Las empresas mineras o madereras o cocaleras le tienen miedo y aversión a esta figura y están buscando bombardearla por múltiples frentes. El primero es el nombramiento de director de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales, ese personaje es nombrado por las mineras, por la Anglo Gold más concretamente, y ahí se define buena parte de los permisos para la minería. Pero de todas maneras existe el requisito de la consulta para poder hacer la explotación y ahí hay un enfrentamiento muy fuerte. El gobierno futuro va a tratar de reducir la fuerza que tiene esa norma, que favorece a las comunidades. Lo que impedía a las grandes empresas entrar a esos territorios era la presencia de la guerrilla y la oposición de las comunidades a través de la consulta previa. Pero sin esos dos límites yo creo que están preparando una gran invasión de las multinacionales a los territorios del Pacífico.

Hoy por hoy la iglesia es una defensora de esa cultura y ese territorio, e inclusive ha llegado a algunas alianzas con las guerrillas. En el Atrato los vínculos de ciertos sectores de las comunidades religiosas con el Ejército de Liberación Nacional son clarísimos y no se ocultan. Foto/Catalina Noreña

En su libro se habla mucho del rol de la iglesia. ¿Cómo ve usted a futuro ese rol en una iglesia que está cambiando?

La iglesia católica tiene un concepto de comunidad, intenta ser una comunidad. Yo no soy católico, pero reconozco el papel tan importante que ha jugado la iglesia en el Pacífico jugando el rol de rescatar y organizar la comunidad, es importantísimo ese vínculo. En cierta medida el Pacífico se ha convertido en la gran trinchera de la iglesia católica frente al avance de los evangélicos y del desarrollismo. Ellos saben que el desarrollismo rompe esos vínculos comunitarios y con eso le da arma una tronera a la iglesia. Pienso claramente en la teología de la liberación y en las diócesis que han apoyado a los movimientos sociales: la de Quibdó, la de Buenaventura, la de Tumaco, principalmente. Hay una influencia de la iglesia muy poderosa, buena parte de las denuncias en la región se originan en la Pastoral Social. Uno de los actores que ha impedido que se prostituya la figura del Consejo Comunitario ha sido la iglesia. Hoy por hoy la iglesia es una defensora de esa cultura y ese territorio, e inclusive ha llegado a algunas alianzas con las guerrillas. En el Atrato los vínculos de ciertos sectores de las comunidades religiosas con el Ejército de Liberación Nacional son clarísimos y no se ocultan.

 

Quería preguntarle su percepción sobre los paros cívicos en Chocó y Buenaventura

A nosotros los viejos que nos tocaron los paros cívicos nos da cierta desconfianza. Pero este ha sido un movimiento formidable de civismo en el Chocó y en Buenaventura, y seguramente va a llegar también a Tumaco. Detrás está la Pastoral Social organizando las protestas y las comunidades. En segundo lugar, está el papel de las guerrillas, tanto de las que están en proceso de desmovilización como de las que siguen activas, ambas están organizando ese movimiento. Y sin duda hay partidos políticos, es decir, frente a las elecciones que se vienen están muy activos agitando esas protestas y ganando protagonismo. Ahora, el abandono del Estado tiene la morosidad tradicional, y el clientelismo. Buena parte del dinero nunca llega al destino porque se queda financiando el clientelismo. La familia Montes de Oca en Chocó, por ejemplo, es una familia de bandidos, pero así hay miles. A mí me da mucho miedo que todos esos movimientos terminen en proyectos concretos, es decir, en desarrollismo, en cemento. Sin cemento no hay desarrollo, y sin cemento no hay corrupción. Todos esos movimientos pueden conducir a que el gobierno se comprometa y desarrolle. ¿Pero dónde se queda otra vez eso? Ahí es donde está la paradoja de esos movimientos, yo los respeto y apoyo incondicionalmente, pero la vida me ha enseñado a tomar ciertas distancias.