Wilson Rentería, integrante de las FARC-EP y miembro del equipo de pedagogía para la paz en la Zona Veredal Transitoria de Normalización de Llanogrande, Dabeiba, Antioquia, entrega sus impresiones luego de cuatro meses y medio de concentración en esa zona. El excombatiente afirma que “tenemos que dejar tanto egoísmo y tanto rencor entre nosotros mismos, y empezar a reclamar la implementación de lo acordado”.

Aunque con lentitud, avanza la construcción de las viviendas en Llanogrande, zona rural del municipio de Dabeiba.

 

Por Camilo Alzate González

¿Cuáles problemas han tenido en el proceso de implementación de los acuerdos?

El problema más grande es el retraso e incumplimiento del gobierno. Empezando desde la construcción misma de la Zona Veredal, cuando llegamos no había nada. Lo acordado decía que ya las casas debían estar construidas para que los guerrilleros se prepararan para hacer su tránsito a la vida civil, y eso nos atrasó. Nuestro frente cogió una ruta por San José de Urama, en lugar de venir por la montaña para evitar algún inconveniente de seguridad, se siguieron los protocolos. De Dabeiba subimos acá a Llanogrande, llegamos como a las 8 de la noche del 31 de enero y no había nada, ni siquiera las máquinas para la construcción. Armamos nuestro campamento, como siempre hemos hecho. Después hubo retrasos con la comida, y en especial con la salud, porque como todo Colombia sabe las EPS son un negocio, así que no le dan solución a las enfermedades que tienen los combatientes. Algunos hubo que sacarlos con nuestro propio esfuerzo porque ha habido muchas trabas. Dos compañeros estuvieron a punto de morirse, uno enfermo de peritonitis y otro de cáncer. Todo esto se le comunicó a la encargada del Alto Comisionado para la Paz.

Cada día, docenas de hombres y mujeres excombatientes continúan con la adecuación del lugar que los acogerá de manera transitoria.

¿Pensaron en devolverse?

No. Hemos tenido claro que este proceso tiene muchos tropiezos  e incumplimientos por parte del gobierno, pero es claro que nosotros le apostamos a la paz y seguiremos en eso, aunque nos encontramos con una realidad que no esperábamos.

 

Algunas cosas sí se están cumpliendo con mucha rigurosidad, por ejemplo la dejación de armas.

Exactamente, porque depende de nosotros y estamos comprometidos con la paz. Pero al gobierno parece que lo único que le interesa es desarmarnos sin cumplir lo demás de los acuerdos, por eso le estamos diciendo a las comunidades que deben organizarse, tenemos que dejar tanto egoísmo y tanto rencor entre nosotros mismos, y empezar a reclamar la implementación de lo acordado.

Con ayuda de maquinaria pesada se prepara el terreno.

¿Y cómo van a presionar al gobierno si ya están desarmados?

Hablemos de los municipios aledaños, por ejemplo Dabeiba, que tiene un 63 por ciento de pobreza extrema. El Chocó tiene un 82 por ciento de pobreza extrema, y es uno de los departamentos más ricos del país, así que no es tan complicado. A las comunidades les interesa que este acuerdo se cumpla, porque no fue hecho para nosotros sino para el pueblo. Si las comunidades se organizan pueden presionar. Jorge Eliécer Gaitán dijo en un discurso que el pueblo es superior a sus dirigentes, el pueblo es quien debe mandar al presidente, al Congreso. Vamos hacia un escenario donde la confrontación será la palabra y ahí nos diremos las verdades: nosotros no empezamos el conflicto.

 

Supongamos que ustedes están dispuestos a aguantar que les incumplan con todo. Pero el paramilitarismo sigue vigente. ¿Qué pasa si empiezan a matarlos o a atentar contra sus familiares?

Dijimos que haríamos la dejación de armas para lograr un escenario político, en eso no hay marcha atrás, queremos la paz para Colombia así nos demoremos cuarenta o cincuenta años.

 

Esa es la postura oficial de la organización, pero muchos combatientes aseguran que no van a dejarse matar.

Eso son actitudes de cada quien, pero como revolucionarios tenemos nuestra disciplina, y unos documentos y lineamientos que dicen que le apostamos a la paz. En agosto se viene un congreso del nuevo partido político en el que nos convertiremos y allí saldrán los estatutos por los cuales nos vamos a regir. Es cierto, uno no puede negar que hay opiniones divergentes y que algunos se sienten atropellados por la maquinaria del Estado, que no reconoce que existen los paramilitares. Ahora, si los paramilitares van a atacar a un guerrillero y este reacciona con lo que tenga, pues se trata de defensa propia, no se lo podría juzgar. Lo que pasa es que ellos quieren tapar el sol con un dedo porque tienen los medios de comunicación que desinforman a la gente.

Aunque hay esperanza, Wilson Rentería y sus compañeros saben que el futuro no será fácil. Como tampoco las condiciones del presente.

¿Cuál va a ser el futuro de ustedes cuando termine esta fase transitoria? ¿Qué planearon como organización para todos estos muchachos?

Pensamos en proyectos productivos, montar microempresas y ecomunes. Los ecomunes son procesos con las comunidades para que entre los mismos campesinos se construya una economía propia, con precios justos, que se transformen los productos en los territorios y las ganancias se queden allí. Son proyectos a nivel nacional pero también con apoyo internacional.

 

¿Ya arrancó alguno de esos proyectos?

Aún no. El Estado en el punto de Reforma Agraria integral habló de repartir tres millones de hectáreas en 12 años para quienes sufrieron la confrontación armada. Nosotros en las FARC la hemos sufrido, y si Colombia quiere que se acabe el conflicto hay dos cosas muy claras. Una, que tiene que solucionarse el problema de la tierra, si no la gente del campo no va a tener de qué vivir, cómo comer. Y dos, los proyectos o recursos que vengan de fuera deben manejarlos las comunidades, que son las que conocen sus problemáticas. Por ejemplo, no tiene sentido traer alguien de Bogotá acá para que haga una escuela si ya hay una, esos dineros pueden usarse en otra cosa más importante.

 

¿Cómo se ve usted cuando termine la dejación de armas?

Lo único a lo que aspiro es a trabajar con las comunidades, pero no quiero ser alcalde, ni concejal, ni nada de eso, sino estar con los niños, con los ancianos, trabajar el tema del deporte, de la educación. Quiero relacionarme con la gente pobre, de donde siempre he sido.