Se definía a si mismo como un empleado de tercera categoría, con la intención de estar al margen de los falsos mecanismos de la representatividad social y la hipocresía de las ciudades.

 

“Como soy culebrero, ahí me iba defendiendo.

No me dejaban escribir. Hasta que me echaron al monte, a la selva, otra vez.”

Francisco Gómez Escobar (Efe Gómez)

Por: Diego Firmiano

El Culebrero

Casi la mayoría de los que intentan abordar una biografía o una reseña del antioquelo Efe Gómez (Fredonia, 1867 – Medellín, 1938), concuerdan que existe poca información respecto de su vida. Algunos  afirman esto porque quizás este bohemio, culebrero, desposeído, filósofo y escritor, tenía una vida personal y literaria hecha a retazos. Poco entendido por los de su época, este profesor de la universidad de Antioquia e ingeniero civil  a regañadientes, fue un gran escritor injustamente olvidado por la costumbre inculta de subvalorar a los escritores autóctonos. Efe Gómez nació y murió pobre, pero no pobre en palabra, sino pobre económicamente. Dicen que César Vallejo murió pobre en París, y es verdad, pero tuvo sus tiempos de gloria, a diferencia de Efe Gómez que osciló entre la incomprensión de su tragedia cotidiana y la conciencia azarosa de una sociedad sin valores.

No pudo ser un pensador sistemático, por la fuerte influencia pragmática de la sociedad de turno. Fue el escritor de los jirones. Casi que en palabras de Nietzsche, Efe Gómez fue un escritor a martillazos. Un hombre en camino, realizado en proceso, un escritor siempre en proyecto con una obra sin retoques. Y es que corregir su estilo era maquillar la realidad del cualquier ser enfrentado a la tragedia humana, una lucha rampante entre una sociedad egoísta y a la vez altruista que desangra el alma de los hombres contra el cultivo noble del espíritu.

Con respecto a su actitud chauvinista, permaneció siempre dueño de su libertad y su pensamiento, tomando partido por los desposeídos de Colombia: los negros, los indios, los pobres, los explotados, los mineros; erigiéndose no como un crítico mordaz, sino como uno que sonríe al escribir, y que en prosa tierna, redacta los sufrimientos humanos para no hacerlos menos merecedores de atención.

Algunos creen que tenía inmadurez literaria, solía decir: “yo prefiero lo breve”, se definía a si mismo como un empleado de tercera categoría, con la intención de estar al margen de los falsos mecanismos de la representatividad social y la hipocresía de las ciudades. Y a pesar de ser figura semi-importante de Antioquia, como encarnación auténtica de las virtudes de la raza, sigue siendo personaje de tercera categoría en los círculos de la cultura oficial, y es ya un desconocido entre el común del pueblo antioqueño. Si Esquilo, Sófocles y Eurípides representaron la tragedia en la Grecia antigua, el antioqueño Efe Gómez es el testigo del espíritu de la tragedia de la Colombia del siglo pasado.

 

Efe Gómez con su esposa. Fotografía del año 1921 /Foto Rodríguez - Biblioteca Pública Piloto de Medellín

 

Medellín y Friedrich Nietzsche

Finales del siglo XIX y comienzos del XX, Colombia entraba en un reordenamiento político, económico y cultural. Producto de la naciente influencia del modernismo que traía no solo una feroz revolución industrial, sino un bagaje cultural legado de la edad moderna y lo que representaba en todas las esferas humanas. Circulaban libros traducidos al castellano de autores reconocidos mundialmente, y proliferaban muchas revistas culturales, filosóficas y políticas; se formaron tertulias literarias y en los salones,  con el aroma de un café recién molido, se comentaban obras importantes y se revisaban con la lupa de la crítica del momento. La vida social en Medellín caminaba a la par con tal regeneración mundial, y pronto se transformó de una sociedad rural e inculta, a una sociedad al contacto de la cultura universal. Aunque hasta 1890 no había una producción literaria sólida en Antioquia, lo que sí poseía la región era buenos lectores, ya que el consumo de novelas era amplio por entonces.

Médicos, abogados, comerciantes, mineros, todos participaban de tal efusión cultural que hacía que Medellín estuviera literariamente por encima de lo que se podía producir en Bogotá. Los escritos de Nietzsche era lo que estaba de moda; cuando llegaron las obras del filósofo alemán a Colombia en la capital solo se conseguían los ejemplares en el idioma original, mientras los paisas teniéndolo traducido al castellano, tomaban delantera estudiándolo e incluso haciendo pequeñas exégesis sobre el contenido de su obra filosófica.

Ramón Vinyes, un escritor español patrocinador de la ya famosa Cueva de Barranquilla, integrada entre otros por Gabriel García Márquez, escribió un extenso artículo llamado “La influencia de Federico Nietzsche en las generaciones jóvenes de Antioquia”, afirmaba que Zaratustra “había  venido a ser como el Corán de la juventud antioqueña, a juzgar por la frecuencia con que se le invoca”. Y lo decía precisamente por Efe Gómez, que en honor al filósofo de las ideas del “súper-hombre”, hizo un escrito contextual llamado: “Zaratustra maicero”.

Y es quizás por estar lleno de Nietzsche y de Schopenhauer, personajes y filósofos que casi que idolatraba, Efe Gómez se convierte en testigo de la agonía trágica del hombre. A partir de la vivencia de su propio drama de soledad, y del análisis penetrante del alma violenta y atrabiliaria de las gentes de su región nativa, se hace analista de la condición agónica del hombre.

 

Escribir y trabajar

Sabía que sé es escritor y se escribe cuando se está luchando, por eso considera grandes a esos viejos novelistas: Tolstoi, Anatole France, Amiel y Dostoievski. Leía a Flaubert con recelo, porque si bien éste con su literatura había despotricado de los burgueses  y se había puesto al lado de la maquinaria social, era como dice Sartre “un rentista con talento”. Don Tomás Carrasquilla, un  sastre y escritor contemporáneo de Efe Gómez, sentía aversión y traición a la literatura el hecho de recibir pago por sus escritos,  decía: “¡para publicar! ¡Qué horror! lo hago por vil lucro”. Por otro lado, la ironía y la conciencia de Efe Gómez, le hace exclamar: “Aquí todos quieren ser artistas, ya no hay quién cargue la herramienta”, quizás de ahí provenía su compromiso de trabajar en las minas y de escribir. Uno con horror de escribir por dinero, otro criticando duramente a los escritores desencarnados de la realidad de un pueblo, con el cual comparten el mismo destino.

Efe Gómez, con pleno uso de su conciencia crítica, hace una comparación de los poetas y los prosistas, que antes eran profetas, después parias y réprobos, con los escritores (al menos antioqueños) que ahora habían descendido a la categoría de los especialistas de las letras, de esos que se enorgullecían, que se sentían maestros y guardianes de los valores e ideales. Intuía que todos los escritores de origen burgués conocían la tentación de la irresponsabilidad. Sobre el punto de su posición social, era demasiado tímido para rebelarse contra la burguesía que quiere pagarle, y demasiado lúcido para aceptar sin reservas. Optó por juzgar a su siglo, y se convence así de que quedaba fuera del mismo, como el experimentador queda fuera del sistema experimental.

Este estar “fuera de su siglo” puede dar pie para afirmar o pensar que por eso su biografía es prácticamente inexistente, por lo revolucionario y social de sus denuncias se recuerda y se sabe más de Don Tomas Carrasquilla, que de Efe Gómez. Fue como Vinoba Bhave opacado por Mahatma Gandhi, o Malcom X ignorado por el Reverendo Martin Luther King Jr.

No dejaba de sentir cierto malestar por esto. Se avergüenza y encuentra que la literatura se parece mucho a un modo de afección natural. Ante los burgueses que le leen, tiene conciencia de su dignidad, pero ante los obreros de las minas que no le leen  padece un complejo de inferioridad. Sufre de un malestar de conciencia por la desigualdad, el dolor y la angustia que sufren los mineros y los explotados en general.

 

Profetas denunciadores

El problema de la minería en Colombia es tan antiguo como contemporáneo; sus males, sus abusos, su denigración y explotación humana por parte de tercerizadoras y transnacionales, que desangran la economía de nuestro país, despojando a los ciudadanos de sus derechos más básicos son ya una historia larga de contar. Esta delicada sensibilidad social que nos legó Efe Gómez es la que están retomando algunas personas en el mundo que medios no dudan en denominar como “Profetas denunciadores”: Hollman Morris, Jon Lee Anderson, Daniel Santoro, Alfredo Molano, Robert Upshur, etc; portales de investigación como “Tras la cola de la rata”, “La silla vacía”, Ciper Chile, solo por nombrar algunos, y el periodismo 3.0. Quizás las raíces del periodismo o la literatura de investigación en Colombia, están en Efe Gómez. En la actitud de este hombre de su época, denunciador de males sociales, injusticias, impunidades y hechos oscuros de la corrupción humana. Éste, encarna al típico hombre culto de América, abierto a todas las corrientes de pensamiento, fatigado en su lucha contra el hosco ambiente de la injusticia social, ahí radica la vigencia de este escritor olvidado. Esta es las conciencia molestosa de la injusticia gubernamental y sus regímenes, pues el periodismo de investigación y la injerencia ciudadana en los medios de comunicación, siempre serán necesarios en las “democracias” para corroborar sus ideales y sus progresos.

Aunque lo absurdo de la vida, ante el abuso del hombre contra el hombre y la deshumanización en el sufrimiento y la agonía es vigente en Colombia y en el mundo, hay todavía mucho que ver, investigar, publicar y denunciar.

Algunas obras suyas son: Los volúmenes de cuentos “Guayabo Negro”, “Almas Rudas” y “Retorno”, además de la novela “Mi gente”.