…habla de cuando hay momentos alegres, al sentir día a día que se ayuda a la comunidad y más a la hora de rescatar a las personas que se vieron involucradas en un accidente, pero es aún más gratificante salvarle la vida a un niño.

 

 

Por: Sebastián Arias Villa

En medio de emergencias y sirenas transcurren las horas en el cuartel de la estación de Bomberos de Pereira, a la espera del llamado de los ciudadanos. Emergencias o anuncios a los que acuden con angustia y nerviosismo. Muchas veces llaman para incomodar y ocupar las líneas de emergencia con bromas, como por ejemplo: “Apágame este incendio que estoy muy caliente”, o aquella que todos los días llama preguntando la hora.

En un trabajo tan hostil y rudo se encuentra involucrada una mujer. Una mujer dispuesta al servicio. Además es la oficial de servicio, así es, Gloria María Londoño, más conocida como la cabo Gloria entre sus colegas, es la encargada de que todo funcione bien en el cuartel cuando está al mando, al control del turno. Dirige al personal, atiende los diferentes llamados y emergencias que se presentan en la ciudad de Pereira. Es la guía en la calma y en los momentos de servicio a la comunidad.

Hace 20 años la cabo Gloria nunca se imaginó en llegar a ser bombera, pero sí en ayudar a la comunidad “quise pertenecer a la Cruz Roja o a la Defensa Civil pero ninguna de estas dos entidades cumplieron mis expectativas, en Santa Rosa, que es mi ciudad de origen se me presentó la oportunidad de entrar a los bomberos y 20 años después aún sigo aquí”. 

Muchas son las situaciones vividas, Gloria recuerda: “Hay momentos tristes como lo son la pérdida de compañeros, como la del teniente Ricardo Posada y que era para mí como un hermano, una persona de la cual aprendí mucho”. Y ella sigue contando: “Es difícil tener a cargo un grupo de personas y más de hombres, pero con mucho esfuerzo, dedicación, entrenamiento y mucha comprensión se aprende a manejar un grupo de personas”.

“A lo largo de mi carrera he tenido muchas historias y anécdotas, una de las que más recuerdo es la del terremoto del 99, ese día me hice la prueba de embarazo. Para esa fecha había mucho trabajo por tanta emergencia que ocasionó el terremoto. Dos meses seguidos de ardua labor guardando el secreto de mi embarazo, ya que si se enteraba el superior era más que seguro que obligaría a suspender las labores”. De igual manera habla de cuando hay momentos alegres, al sentir día a día que se ayuda a la comunidad y más a la hora de rescatar a las personas que se vieron involucradas en un accidente pero es aún más gratificante salvarle la vida a un niño. Ella relata y es como si al contarlo, se viera reflejado el amor que siente por portar un uniforme, estar a la espera, o en medio de situaciones calamitosas.

A veces se torna duro el trabajo ya que el machismo de la sociedad se apodera de muchos y se sienten frustrados al saber que una mujer es una líder. Me cuenta de modo confesional: “En ese sentido si nos falta mucho por apagar el incendio del machismo y cambiar el modo de pensar, ya que las mujeres tenemos los mismos derechos y las mismas habilidades que los hombres”.

Gloria, en sus labores, siente una gran conexión con la ciudad. Los bomberos cumplen una labor de respaldo a los otros, ayudan, remedian, salvan, está atentos a lo que se genere: “El ser bombero es una labor de mucho compromiso, muchas veces desde lo más alto de la ciudad miro las dimensiones que tiene esta y me pone a pensar lo grande que es y a la vez lo difícil que es tener tanta cobertura, pero también está la preocupación de fallar en un rescate u operación y saber que no podemos cumplir me da miedo defraudar a las personas”.

Los bomberos a veces sienten un menosprecio social, los ven como silentes ciudadanos, apocados, así dice la cabo: “no valoran el trabajo que realizamos, ya que es una labor de alto riesgo, muchas veces salimos pero no sabemos si regresamos”.