El local, milagrosamente, no había sufrido mayores consecuencias, pero la estructura se encontraba comprometida; se informó que iban a trasladar el local a un lugar cerca mientras solucionaban los daños de la vivienda.

 

Por: Edgar Eduardo Pulido García

Para quienes no lo conozcan, el Rincón Clásico es un bar ubicado en las periferias del centro de la ciudad de Pereira, exactamente en la esquina de la carrera segunda con calle 22; uno de sus mayores atractivos es su longevidad.

Se encuentra allí hace 64 años, fue el proyecto juvenil de Olmedo Ospina, quien quiso convertir el granero de su padre en un sitio para escuchar la buena música y quien hoy, a sus 84 años, sigue de pie, pese a algunos problemas de movilidad por cuenta de las rodillas ya desgastadas del trajinar de un octogenario tendero de bar.

El lugar es una casona vieja con pocos o nulos cambios desde su apertura, atiborrada de cuadros y recortes de periódicos con notas, columnas y referencias al sitio acumuladas en su trasegar, casi 10.000 piezas musicales entre acetatos (vinilos de 33 revoluciones, 78 RPM y 45 RPM), casetes y CD, apretados todos ellos en el estrecho espacio destinado para poner música.

Habría mucho más qué decir sobre la variedad musical que allí se presenta cada noche que va desde la zarzuela española hasta el bolero, o de la cantidad de objetos y mensajes enquistados en las paredes del rincón que se encuentran en el límite preciso entre el coleccionista y el acumulador, todo allí merece ser nombrado.

Las decenas de artículos exhibidos y su aparición en la literatura de la ciudad son un trofeo a la fuente de escritura inagotable que se presenta en este sitio.

Sin embargo, estas notas no son para ello, más allá de ser el preámbulo mínimo para narrar una tragedia anunciada, la noche del 28 de septiembre -por medio de cadenas de whatsapp y posteriormente por portales informativos- empezaron a circular fotos y videos de un incendio ocurrido en la esquina de la carrera segunda con calle 22.

Sí, la casa de la familia Ospina, y lugar donde habita el Rincón Clásico, se estaba incendiando. Los que asistimos casi ritualmente a este templo musical sabíamos de antemano el frágil estado en el que se encuentra su estructura, cada fisura es arreglada de manera artesanal con cinta o un par de remaches, ¿cómo podría soportar un incendio?

Pasaron las horas y tuvimos acceso a mayor información: por la pronta acción del cuerpo de bomberos el incendio solo se produjo en la parte posterior de la vivienda, sin víctimas mortales o de gravedad de la familia, aunque al parecer hay un tercero herido (sobre esto no tuve mayor información).

El local milagrosamente no había sufrido mayores consecuencias, pero la estructura se encontraba comprometida; se informó que iban a trasladar el local a un lugar cerca mientras solucionaban los daños de la vivienda.

En la semana siguiente del conato, hace apenas unos días, nos aventuramos con mi esposa a buscar el lugar temporal donde lo habían ubicado. Al no tener certeza del sitio de traslado decidimos ir hacia el Rincón Clásico suponiendo que en la casa debía estar algún aviso, observamos lo que quedaba de la parte posterior extinta de la casa cubierta por una gran tolda negra.

¿Cuántas cosas se habrán perdido en aquella parte de la vivienda que siempre nos fue inaccesible y esquiva? Sin embargo, para nuestra sorpresa, encontramos el Rincón abierto, incólume, como hace 64 años, las llamas ni siquiera pudieron alterar su olor a humedad, la misma casona desvencijada, los acetatos, los tornamesas, las sillas de cuero seco que chirrían al sentarse y don Olmedo inhalando profundo de su pipa sentado a un costado contemplando el pasado mientras uno de sus hijos nos atiende.

Pedimos una cerveza y unas rosquillas mientras pensamos: el Rincón Clásico parece ser una llama inextinguible. Ojalá así sea.