Juan Pardo

Memorias de radio (II): El locutor que mataba cantantes

Hamilton es un melómano en cuyo corazón cabe la misma dosis de entusiasmo por el rockero Freddie Mercury que por Gigliola Cinquetti. Es el fundador-propietario del bar La cúpula desde hace más de 15 años, en el barrio Gama de Pereira.

 

Hámilton Sánchez en su bar, rodeado por verdaderas reliquias de la música de los años 80. En sus manos, uno de los discos autografiados por el cantante brasileño Nilton César. Foto cortesía La Cebra que Habla.

Por: Édison Marulanda Peña

Cataño no es una mala persona, aunque la gente cercana a él sí ha conocido su carácter ríspido en ocasiones. Este pereirano presenta una singularidad: le gusta ‹‹matar›› a cantantes famosos. Es un hombre escaso de carnes, un metro con 75 de estatura aproximadamente y respecto a su melena se podría estar seguro de que ninguna marca de champú lo buscaría para un comercial que multiplique las ventas.

Al comienzo de los años 80, Cataño trabajó en Radio Ciudad de Pereira del Grupo Radial Colombiano, GRC (hoy Colmundo Radio), cuando fungía de primer gerente de esta nueva estación en la frecuencia 1270 am el reconocido narrador de baloncesto Esaú Jaramillo, ‹‹el Olímpico››. El joven Cataño alternaba la locución deportiva –hacía entrevistas en los camerinos y participaba de los programas diarios con el grupo La Guerrilla Deportiva–, con turnos de seis horas anunciando los intérpretes de baladas y leyendo la hora después de cada canción, como se estilaba en aquella época; además grababa comerciales y promos con una voz bien manejada. Después se marchó a Radio Sintonía de Manizales. Cuando regresó a la Perla del Otún fue integrado a la nómina de Radio Sonorama de Todelar. Siguió luego a probar suerte en Cali, donde estuvo varios años con RCN.

Cataño es conocedor de la balada pop italiana, siendo Salvatore Totto Cotugno el que está en la cúspide de su admiración…

Cataño es conocedor de la balada pop italiana, siendo Salvatore Totto Cotugno el que está en la cúspide de su admiración; en su gusto son residentes: Lucio Battisti, Al Bano Carrisi, Pupo, argentinos como Fernando de Madariaga y Sergio Denis, los españoles Juan Pardo y José Vélez, entre otros.

Sería el año 2012 cuando llamó desde Cali a Hámilton Sánchez para decirle que Juan Pardo se presentaría en un sitio de entretenimiento llamado La primavera; que le enviara mínimo 50 mil pesos para conseguirle la acreditación respectiva con escarapela, documento que le permitiría estar en la rueda de prensa porque sería de acceso restringido, mediante invitación especial.

Hamilton es un melómano en cuyo corazón cabe la misma dosis de entusiasmo por el rockero Freddie Mercury que por Gigliola Cinquetti. Es el fundador-propietario del bar La cúpula desde hace más de 15 años, en el barrio Gama de Pereira. También es reconocido en la región cafetera por ser el mayor coleccionista de autógrafos de cantantes de balada, rock en español y pop. El hombre viaja a cualquier lugar de Colombia con la colección completa de discos de vinilo del cantante extranjero anunciado para un concierto, con paciencia bíblica acecha como un detective privado de serie de televisión a la salida o el ingreso del personaje de su interés. Una vez que logra el acceso, a veces con la complicidad de uno de los músicos acompañantes o un empleado del hotel, rompe el hielo mostrando todos los vinilos de marras, y el resto del libreto es fácil de imaginar. Entre las firmas que lo enorgullecen, cada una con su historia y táctica de consecución, hay celebridades como Julio Iglesias, Roberto Carlos, Raphael, Andrés Calamaro…

A Hámilton no parecen importarle las incomodidades de largos viajes en transporte terrestre, pues nunca tiene suficiente presupuesto para pernoctar en un sitio confortable y es usual para él pasar la noche en los terminales. Lo significativo es que consigue las fotografías junto a la figura popular, que luego imprime en tamaño poster y que se valoriza con el autógrafo respectivo. Todas están exhibidas en las paredes de La cúpula, a manera de ‹‹galería››, pero  no las comercializa. A este coleccionista que parece vivir solo para amar la música, fue al que Cataño, haciendo gala del cinismo que no aprendió en ninguna escuela de filósofos, llamó para darle una supuesta noticia: ‹‹hermano, usted no se puede perder esto por nada, es la gira de despedida de Juan Pardo y estará aquí en Cali dentro de quince días››, dijo.

Juan Pardo, uno de los intérpretes ‹‹asesinados›› por Cataño en uno de sus programas radiales. Una cadena de crímenes que seguiría con el tiempo.

Todos sabemos, incluido Hamilton Sánchez, que Juan Pardo está retirado desde hace varios años de las presentaciones en público y, por ende, no hace giras; que es un productor muy rico, que es leyenda desde los años 60 cuando fue parte de la primera formación de Los Brincos; que al retirarse dos años después conformó el dúo Juan y Junior con su compañero de grupo Antonio Morales (q.e.p.d.), después emprendió una rutilante carrera en solitario como cantautor y compositor; como productor fue el impulsor de la incipiente carrera de Camilo Blanes, y siguen muchos nombres más.

Pese a saber todo esto, Hamilton estuvo a punto de creer por culpa de la emoción que emergió fácil gracias a las palabras de un especialista. Hasta que recordó con indulgencia que Cataño no lo hacía por ser mala gente, como suele decirse, simplemente es porque en su psiquis hay algo que lo domina: la mitomanía.

Cataño ‹‹mató a sangre fría›› a Albert Louis Hammond, el prolífico compositor, cantante  y productor inglés que se ha distinguido por hacer rock, balada pop, versiones de copla española y más.

Bastaría contar que mientras era locutor de Radio Sonorama en 1985, Cataño ‹‹mató a sangre fría›› a Albert Louis Hammond, el prolífico compositor, cantante  y productor inglés que se ha distinguido por hacer rock, balada pop, versiones de copla española y más. En un programa que este locutor tan particular conducía al recibir la noche, puso voz compungida y soltó la noticia: ‹‹Hemos conocido por un cable de una agencia de noticias europea que el gran Albert Hammond, nacido en Londres en 1944, murió hoy por causa de un paro cardiaco fulminante. El creador de éxitos como Nunca llueve al sur de California,  Río de amor, Eres toda una mujer, When i need you, conocida en español por la versión de Lolita titulada Si me amaras, Easy to love (Es fácil amar) que fue número 1 de las listas en Estados Unidos en la voz de Leo Sayer…››. Y a continuación hizo el homenaje musical de rigor.

Como aún Internet no estaba disponible en los medios nacionales por aquellos días, nadie pudo cotejar la información y el ‹‹crimen›› de Cataño quedó en la impunidad ética. Y se sabe que cuando no hay corrección punitiva proporcional a la dimensión de la falta, la reincidencia es la conducta predecible.

Un tiempo después la siguiente víctima fue el vocalista brasilero Nilton César. Esta vez no solo esparció en el aire la versión de su muerte, con elementos más dramáticos, sino que convenció de esta pérdida para la música latinoamericana al escritor e investigador, Carlos Bolívar Ramírez, autor del libro La balada, mensaje universal (2001), trabajo al que dedicó 10 años de esfuerzo. El libro en su parte II está organizado por orden alfabético para dar cortas biografías de los solistas, grupos o dúos del género. En la página 317, después de suministrar datos del origen, un listado de sus éxitos en portugués y español, cualquier lector puede encontrar allí una información poco fiable: ‹‹[…] Recuentos que van desde un accidente de tránsito hasta su asesinato y posterior descubrimiento del cuerpo bajo un puente, refieren a la desaparición de un símbolo de los años 60 y 70››, culminaba así la reseña biográfica que ocupaba 8 líneas.

Pero cuando habían transcurrido siete años de la publicación de este libro, en marzo de 2008, Nilton César Guilmaraes estuvo junto a otros intérpretes en una gira por ciudades del Eje Cafetero.

Compartió escenarios con la cantautora Tormenta y el español radicado en Argentina Manolo Galván. Como se observa, una vez más Cataño había privado de la vida a un baladista conocido por el público y quedaba en la impunidad ética el caso.  Con un daño enorme en esta ocasión para la credibilidad del libro de Bolívar, La balada, mensaje universal.

 

Muchos años después…

Cataño continúa disfrutando de la libertad de expresión y labora en la ciudad de Cali en algún medio sonoro.  Quizá  sus mentiras son inocuas, pensará el lector. Lo cierto de estas es que dieron material para una crónica de este libro en preparación.

https://www.traslacoladelarata.com/2017/09/24/memorias-radio-i/