TODA ESTA FURIA TE QUEMA

No estamos dispuestos a soportar una esperanza de vida de 35 años, una tasa de desempleo mayor del 70%. No vamos a aguantar más vivir con miedo, con zozobra, con este pánico tremendo por habitar el espacio público donde no somos ciudadanos pues no tenemos las condiciones mínimas para participar efectivamente de lo político.

 

Escribe / Alma Ortiz-Giraldo* – Ilustra / Stella Maris

 

Las letras que lees están impulsadas por la furia. El calorcito me empieza en la parte trasera del cuello. Sube por la cabeza, me enciende la mecha y se irriga, como lava por los brazos, hasta los dedos de donde salen estas palabras que me pican, que me queman. La furia es un instinto de incendio, de grito herido y de puños al aire que reclama: ¡Ya no más! ¡Ni una asesinada más!

El domingo 10 de octubre sumamos la muerta número 29 de esta larga lista de cuerpos trans asesinados. Esta vez fue Paola “La Gaga”, una mujer trans trabajadora sexual. El relato sobre su asesinato no es nuevo y por su falta de novedad aterra: un tipo cualquiera la llevó a una residencia en las cercanías de la Plaza de Bolívar de Manizales (Caldas); estuvo con ella un rato y después salió. Sus compañeras, al  ver la tardanza de Paola, decidieron ir hasta el cuarto y allí estaba el cuerpo, su cuerpo, NUESTRO CUERPO.

Cuando una persona trans es asesinada, no asesinan a “una” persona, asesinan a todo un cuerpo social. Un tejido hecho con las hebras de la empatía y la marginalidad. Empatía por ver en los otros nuestro propio reflejo, nuestra propia cara destruida por el dolor, nuestras manos deshechas por tratar de defendernos; marginalidad, porque nuestra diferencia nos arroja a habitar una existencia liminal, marcada por la discriminación y múltiples formas de violencia.

La furia se hace más grande y las llamas ya no solo se extienden por mis manos, se propagan por el teclado, llenan de lenguas rojas la pantalla del computador; mis uñitas de acrílico reflejan ese rojo hermoso de las llamas que reclaman justicia, que gritan ¡no más impunidad!¡no más que mi madre se muera del susto porque salgo a la calle! ¡No más de este silencio cómplice de las personas que se dicen activistas LGBT y solo posan para la foto con secretarios y alcaldes de turno! ¡No más de estas múltiples violencias que son ejercidas sobre nuestras subjetividades en pugna!

Salir a caminar en una ciudad como Manizales es un acto de fe. Solo caminar ya es una amenaza para nuestras vidas. Nos gritan cosas, nos lanzan cosas, nos transforman en cosas; nos quieren muertos, no-existiendo; condenadas a la liminalidad donde habitamos rincones donde su ojo patriarcal, clasista, machista, transmisógino, racista, capacistista y xenofóbico no nos ve. Nos quieren condenadas a tener que elegir entre ser y escondernos.

Y no. No estamos dispuestos a eso. No estamos dispuestos a soportar una esperanza de vida de 35 años, una tasa de desempleo mayor del 70%. No vamos a aguantar más vivir con miedo, con zozobra, con este pánico tremendo por habitar el espacio público donde no somos ciudadanos pues no tenemos las condiciones mínimas para participar efectivamente de lo político.

El fuego quema. Me quema. Enciende con un calor antiguo todo lo que toca. El escritorio.
La oficina. El edificio. La calle. La manzana. Todo luce como una gran bola roja. Las lenguas de las llamas raspan con fuerza las paredes de los tribunales judiciales donde no hubo justicia, derrumba desde los cimientos los hospitales donde hemos sido maltratadas y patologizadas; arde y derrite los CAIS donde los policías nos han violado y golpeado y sobre todo, limpia con su brillo las habitaciones oscuras donde nos han asesinado. De lejos, Manizales parece el sol. Toda esta furia te quema.

 

Tanta sangre derramada

Tanto llanto ahogado entre almohadas

Tanto grito dicho hacia dentro

Nos arrojan a este momento

A este punto de inflexión

Somos una amenaza

Amenazamos tu tranquila

injusticia

Tu viscosa

discriminación

Amenazamos la linealidad

con la que vives tu vida

de idiota útil

Hemos sentido

Tanto, tanto

Tanto hemos gritando

Tanto

Hemos perdido

Que ya no podemos volver

atrás

Es la hora de una digna furia travesti.

 


**Aclaración: desde la aparición de la noticia de la muerte de Paola las redes de comunicación usuales señalaron que se trató de un asesinato; sin embargo,  la familia  aclaró que se trató de un caso de muerte por enfermedad. Esto nos deja rondando una pregunta que se desarrollará en una próxima publicación ¿por qué creemos que las personas trans/travestis/no-binarias solo podemos  morir a manos de un asesino?