No sabe cómo le cortaría la piel poco a poco. Me encantaría tenerlo en una tina y ahogarlo en su propia sangre. Quisiera verlo sin poder dormir, suplicando porque lo acabe. ¿Sabe lo que yo quiero? Con un martillo golpearle los nudillos. Uno a uno.

 

Por: Jorman Sebastián Lugo

Si lo encuentro lo mato. Se lo juro. No, no me trate como si usted supiera qué es la vida. Desde su posición piensa que hay cosas que se dicen solo cuando se está ebrio. Usted cree que uno puede quedarse tranquilo sabiendo que en frente está la persona que tanto daño le hizo a uno. No, no creo que usted sepa. Usted se ve como esas personas a las que la vida les dio un lugar muy tranquilo. Ya me lo imaginaba. Un hogar estable, quizá un poco borracho el padre, pero ninguna escena digna de recordar. Tal vez una hermana. No, hijo único. Todo para usted. El motivo por el que sus padres siempre estuvieron juntos. Un afortunado.

Usted se graduó de estudios sin pena ni gloria. Se especializó y logró acomodarse en un buen empleo. Luego se pudo casar. No con la mujer que deseaba, pero sí con una buena mujer, a la que engaña de vez en cuando y nunca lo dejará. Un par de hijos. Sí, todo perfecto. Suele venir aquí, a beber, a terminar sus días. Algunas veces ha cazado alguna aventura. Le gusta sentarse en la barra para observar a los que entran y salen. No en el mismo lugar, prefiere variar. No le gusta que se metan en sus asuntos. Lo tiene todo bajo control. Usted no sabe lo que yo haría si me lo encuentro. Usted no se imagina…

Piense algo. Usted ama a su mujer, ¿cierto? A pesar de todo, siempre ha querido lo mejor para ella. No le gustaría que ningún imbécil se le atraviese por el camino y al intentar robarle, la hiera. La hiera feamente. Mucho menos si ella está con sus hijos. Y el más grande, por tratar de defenderla, sufre una caída de la que quizá nunca se levante.

No, no me diga que la vida le dará su merecido porque soy yo el que tiene el poder ahora. La vida no tiene el dolor que yo tengo. No, no. Dígame, ¿qué sabe usted del dolor? ¿Qué sabe del sufrimiento, de la impotencia? ¿Qué sabe usted de la vida? ¿Cuándo le ha tocado destriparse para mantener la llama de su familia? Usted no tuvo que ver a mi esposa en el estado que quedó, no tuvo que quedarse al lado de ellos, noche tras noche, observando cómo empeoraban, cómo se iban yendo sus ilusiones, como imploraban piedad, como querían que se acabara todo de una buena vez. Usted no sabe lo que es estar ahí, mirándolos, sin poder darles algo de alegría, sin poder decirles que todo se irá poniendo mejor; nunca va a sentir lo que significa la palabra impotencia. Nunca va a saber lo que es tragarse las lágrimas, porque si se llora, se hace más daño. Entonces no me diga que la vida se vengará por mí.

Es que usted no se imagina…

No sabe cómo le cortaría la piel poco a poco. Me encantaría tenerlo en una tina y ahogarlo en su propia sangre. Quisiera verlo sin poder dormir, suplicando porque lo acabe. ¿Sabe lo que yo quiero? Con un martillo golpearle los nudillos. Uno a uno. Y grabarlo en video mientras lo hago, quedarme con el recuerdo. Quiero que sepa lo que es el dolor. Quiero que extrañe cómo abrazar, cómo pedir perdón, cómo escribir. Sí, usted es de los que cree que el dolor más fuerte es cuando alguien querido se muere. No, está equivocado. Duele más ver a alguien suplicar que lo maten, verlo acabado, ver que ya no puede hacer nada de lo que antes hacía. Duele verlo desear la muerte y no poder dársela. Eso es dolor.

¿Sabe algo más? Muchas veces he venido a este lugar y he estudiado sus movimientos. He visto cómo cambia de lugar. Sé lo que toma, sé las mujeres a las que busca. Sí, sé que me entiende. Sabe de lo que hablo, ¿no? Mujeres cerca de los treinta. Que tengan experiencia pero que no estén acabadas. No me diga. ¿También las prefiere así? Usted sabe de quién hablo, ¿cierto? Lo conoce muy bien. No se haga. Tampoco trate de huir. No, no me diga que lo siente. No se atreva. Siga callado. Sí, cúbrase el rostro con las manos. Siéntalas por última vez. Ya lo sé todo. No, no explique nada. Ustedes eran amantes. Por eso la mató. ¿Ahora comprende algo del dolor? No creo que pueda experimentarlo. ¿Sabe lo que hizo ella? Hasta en su agonía me siguió mintiendo. Lo hizo por usted, por encubrirlo. Por una escoria que la asesinó. Nunca cambió la versión. Ni siquiera mientras gritaba. Su amor por usted era más grande que su angustia.

Qué se calle, le digo. La culpa, la culpa. No me venga con estupideces. A estas alturas la culpa no importa. Mire, mire lo que tengo para usted. Sienta el metal. Perfecto para carpintería. Gritar no servirá. Si se fija estamos solos. No se preocupe. Ahora no tiene que imaginarse nada. Solo sienta el martillo.