73 TESTIMONIOS

De eso se trata mucha de la literatura contemporánea: los límites de lo real y lo ficcional están diluidos y es una tarea imposible para el lector discernir lo uno de lo otro. Ese es el recurso que utiliza Tallón para contar su historia, o bien, la historia de la obra de arte perdida de Richard Serra. Reseña del libro Obra maestra de Juan Tallón.

 

Escribe / Gustavo Osorio – Ilustra / Stella Maris

A esa edad, más de sesenta años, ninguno de los dos hombres debería estar de camino al desierto. Habían salido a las cinco de la mañana junto al equipo que los acompañaba en dos jeeps no muy nuevos y se dirigían sin mapas ni carreteras, solo con coordenadas, a la Reserva Natural de Brouq. Después de una hora de viaje, Richard Serra abrió la puerta del carro en movimiento mientras decía “Aquí es”. El otro, Jean Nouvel, le interpeló al ver el espacio vacío: “¿Aquí es qué? ¿La nada?”. Y aunque así fuera, Serra le explicó a Nouvel que ahí instalaría su próxima escultura: cuatro placas de acero, de más de catorce metros de altura cada una, que traería desde Alemania. De eso se trataba esa excursión hacia la nada, de tomar medidas y fotografías del terreno que ayudarían a la construcción e instalación de la obra arte.

De regreso, Richard y Jean hablaron de sus próximos días, en especial del viaje que haría el segundo a España. Nouvel le confirmó que pasaría por el Reina Sofía, ya que el proyecto inacabado de expansión, que había comenzado en el 2005, no le permitía olvidarse del museo. Para él la relación con el Reina Sofía era más la de un padre con un hijo, que la de un arquitecto con un edificio; aunque pensaba que para Richard debía ser la de una víctima con su victimario, Serra le dijo que mantenía buenas relaciones con el museo, lo que dejó a Jean petrificado. Y no era para menos, porque la institución española había perdido Equal-Parallel/Guernica-Bengasi, una escultura de treinta y ocho toneladas hecha por Richard en 1986. Así, con lo que aparentaba ser un tema sensible para el escultor, se abrió una conversación sobre los españoles y las relaciones de ambos con España.

Este breve parafraseo de una anécdota hace parte del libro Obra maestra de Juan Tallón y, a pesar de esto, de lo que acabo de contar, sólo tenemos las siguientes certezas: tanto Richard Serra como Jean Nouvel son un escultor y un arquitecto respectivamente, el desierto y las obras de arte mencionadas existen, y el museo Reina Sofía sí perdió Equal-Parallel/Guernica-Bengasi; todo lo demás pudo no haber sucedido: el viaje en Jeep, las conversaciones entre Richard y Jean, las fotografías y las medidas, el viaje a Madrid. ¿Extraño? Pero de eso se trata mucha de la literatura contemporánea: los límites de lo real y lo ficcional están diluidos y es una tarea imposible para el lector discernir lo uno de lo otro. Ese es el recurso que utiliza Tallón para contar su historia, o bien, la historia de la obra de arte perdida de Richard Serra.

No podría decir que hay innovaciones en el estilo de escritura del autor español, sin que eso signifique una mala escritura; quizá sus mejores aportes con este libro tengan que ver con la estructura del relato, la forma en que presenta la historia, y profundiza en las discusiones del arte contemporáneo. Obra maestra carece de una linealidad evidente, a pesar de que esté dividido en cuatro partes, cada entrada de un nuevo testimonio referencia una fecha que va desde 1972 al 2020 sin un orden aparente. Los setenta y tres testimonios reconstruyen los pormenores de lo sucedido con la escultura de Serra y, a la vez, explican el mundo del arte: lo que pasa antes y después de una exposición; los curadores, empresarios, magnates, guardias de seguridad, personal de limpieza, mafias y demás personas que hacen parte de ese entramado.

En ese sentido, el libro cobra un valor innegable y, sin embargo, se queda corto en otra parte más esencial: el atrevimiento. Me explico: Juan Tallón no escribió un relato fáctico, es decir, fiel a los hechos, sino una novela que utiliza recursos periodísticos para brindar verosimilitud a la historia, algo más parecido a la facción, por utilizar un término de Albert Chillón, y no otro como non-fiction. Obra maestra es cuasi fiel a la realidad a pesar de las elucubraciones de las que hace uso; se antoja más como un libro que, no queriendo ser crónica, se convirtió en una pseudocrónica, una ficción apegada a la realidad que aportó en la profundización de los elementos que rodean al arte, en la ficcionalización de los escenarios o sucesos, pero no logró salir del molde de la historia que ya tenía frente a sí. Y, aunque, este es el objetivo de un escrito de facción, es esto mismo lo que le roba impacto a la totalidad de la historia contada.

Lo último que diré, podrá ser un anhelo injustificado, pero me hubiese gustado encontrarme un libro con más propósito en su trama, uno donde el lector no solo reconstruya lo hechos a través de esa gran polifonía, sino que le fuese posible seguir la pista de algo más, una trama dentro de la trama, un personaje más concreto, quizá dos o tres. A lo sumo, una historia tangible con su debido desarrollo, porque, a pesar de todo lo complejo que es Obra maestra, no encontré un personaje que evolucionase, todos parecían ser ellos mismos de principio a fin, sin variación alguna. O, quizá, quien lea el libro pueda encontrar lo contrario, el hecho es leer, las opiniones nacen ahí, no de lo que yo he dicho: otro testimonio.