Al escribir este texto no pretendo ser exhaustivo. No doy referencias bibliográficas, porque la información que aquí presento es de conocimiento público y puede consultarse en cualquier biblioteca o incluso en Internet. Lo que hago aquí es un muy breve resumen de la literatura que hay hasta el momento sobre el tema. Quien quiera profundizar, puede revisar allí e ir a las fuentes.

 

Por: Daniel Jiménez Cardona

Algunos no lo saben, pero la Biblia no fue escrita en ninguna lengua que se hable actualmente. No fue escrita ni en español ni en inglés ni en ninguna otra lengua moderna. Se escribió principalmente en hebreo y en griego antiguos, con algunos apartes en arameo. Las reglas gramaticales y de pronunciación (fonéticas) de esas versiones de las lenguas mencionadas dejaron de usarse hace mucho tiempo. A causa de lo anterior, cualquier Biblia que usted tenga en casa es el resultado de una traducción hecha por expertos en las lenguas bíblicas. Hasta la época de la Reforma Protestante iniciada por Lutero en Alemania (1517), solamente se tenía la Biblia en latín y eso para la liturgia, porque la Iglesia Católica no permitía que el pueblo accediera a ella de ninguna manera, sobre todo por miedo a que no la entendiera y a que, por consiguiente, cada uno le diera la interpretación que le pareciera.

Jerónimo de Estridón

De modo que los textos sagrados del cristianismo, reitero, solamente estaban disponibles en esa lengua, pese a que ya no se hablaba. Dichos textos fueron reunidos, en una de las primeras y más completas traducciones, en lo que se conoce como la “Vulgata”, traducción hecha por Jerónimo de Estridón en el siglo IV, por encargo del papa Dámaso I. Para el Antiguo Testamento, Jerónimo se basó en la traducción griega de los textos hebreos realizada, según la leyenda, por unos 70 sabios en Alejandría, por orden de Ptolomeo II Filadelfo, llamada por ello versión de los LXX o Septuaginta. En pocas palabras, en este caso lo que hizo San Jerónimo realmente fue una traducción de una traducción, es decir, una de segunda mano.

Esta versión se convirtió en la oficial, dado que entonces la lengua litúrgica de la Iglesia de Roma era el latín, hablado también por el pueblo en ese tiempo. Como acotación, hay que decir que los manuscritos de esa época que se pudieron conservar (valga la aclaración, no los más antiguos en términos generales, sino simplemente los que se tenían) eran guardados celosamente en las abadías y monasterios, a donde solamente tenían acceso el clero y algún que otro erudito. Pasaron de mano en mano y se copiaban constantemente con el fin de no perder el contenido, pero los inevitables errores de los copistas iban desfigurando dicho contenido en los siguientes.

Erasmo de Rotterdam

Así que cuando el famoso humanista Erasmo de Rotterdam realizó su edición del Nuevo Testamento en griego a comienzos del siglo XVI, lo hizo con manuscritos medievales que ya estaban muy lejos de la era apostólica. Fue con base en dicha edición que Casiodoro de Reina hizo su traducción de la Biblia al español, en 1569. Fue revisada más tarde por Cipriano de Valera, por lo cual es conocida como Reina-Valera, y es la más usada hasta el día de hoy en las iglesias protestantes de habla hispana. Ha pasado por otras revisiones, siendo la más popular la de 1960. Esta traducción, no obstante, adolece de varios problemas. Mencionaré el principal. A causa de que los manuscritos utilizados por Erasmo eran, como lo he dicho, de la Edad Media, es decir, no eran cercanos al tiempo de la iglesia primitiva, no eran realmente confiables. No obstante, siendo esos los manuscritos disponibles en el momento, la edición de Erasmo fue la base para las traducciones al español y otras lenguas, como, por ejemplo, el inglés.

La poca confiabilidad de dichos textos radica, insisto, en el hecho de que, al ser copiados a mano, los escribas a menudo cometían errores; una frase aquí, otra allá, y para el Medioevo el sentido de los textos había cambiado. Además, como no existía todavía la imprenta, era posible hacer adiciones que no existían en los manuscritos más antiguos, es decir, más cercanos a la era apostólica. Ello implica que pasajes enteros de la Biblia que tenemos hoy en día originalmente no estaban allí y fueron añadidos de forma fraudulenta para establecer doctrinas que la Iglesia desarrollaría más tarde. Un ejemplo de esto es la doctrina de la Trinidad, vertebral para el desarrollo del dogma cristiano del perdón de los pecados por medio de la muerte y resurrección de Cristo, en virtud del cumplimiento del plan redentor del Padre, realizado por él con el poder del Espíritu Santo. En la epístola de Juan, capítulo 5, versículo 7, se lee lo siguiente: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”. Se trata del único pasaje que menciona explícitamente la doctrina de la Trinidad; tres personas distintas, un solo Dios verdadero, como enseñan la mayoría de las denominaciones cristianas, incluyendo, por supuesto, la Católica Romana.

Cuando Erasmo llevó a cabo su edición del Nuevo Testamento griego, omitió ese versículo porque no lo encontró en los manuscritos que se encontraban a su disposición. Ello causó gran polémica entre los teólogos y eruditos de la época, quienes lo acusaron de tergiversar las Escrituras. Él se limitó a responder que ese texto no aparecía en los manuscritos que había estudiado y que si alguien podía mostrarle alguno en el cual figurara, él lo incluiría en la próxima edición. Por supuesto, la malicia está en todas partes y alguien apareció con un supuesto manuscrito que incluía ese versículo, de modo que Erasmo tuvo que ser fiel a su palabra e incluyó el versículo en la siguiente edición.

Afortunadamente, gracias a la arqueología, disponemos ahora de manuscritos más antiguos y, por lo tanto, más confiables. Se ha hecho evidente que ése y otros pasajes, como el de la mujer adúltera perdonada por Jesús en el Evangelio de Juan, desde el capítulo 7, versículo 53, hasta el 8, versículos del 1 al 11, no se encontraban en la inmensa mayoría de manuscritos; alguien los añadió de manera fraudulenta y a lo largo de los años los copistas transmitieron errores que luego se convirtieron en doctrinas. Incluso en la oración del Padrenuestro, la más famosa de las plegarias cristianas, la frase “porque tuyo es el reino, el poder y la gloria” no existe en los mejores manuscritos disponibles. Sin embargo, existiendo, como hemos visto, traducciones recientes que se basan en mejores manuscritos, la mayoría de ministros cristianos, principalmente evangélicos, se empecinan en usar la Reina-Valera, valiéndose de la poca educación e ingenuidad de los fieles para predicar sus retorcidos dogmas. Han fomentado una mentalidad en la que incluso algunos ven como casi un pecado cambiar de versión de la Biblia para leer en casa y mucho menos para los servicios cultuales. Ello solamente demuestra la actitud retrógrada que los cristianos en general han mantenido a lo largo de los siglos, oponiéndose siempre al progreso de las naciones y valiéndose para ello de las peores artimañas, en este caso, de textos corruptos para imponer doctrinas que oscurecen el entendimiento. Como dijo el gran Christopher Hitchens, “la religión lo envenena todo”.