Candelario Obeso Hernández, el precursor de la poesía negra en América, nació en Mompox (Colombia) el 12 de enero de 1849 (muere en Bogotá el 3 de julio de 1884). Obeso llevó una vida de constantes desplazamientos y ejerció variados oficios. Maestro de escuela en Sucre, segundo jefe del batallón de Cazadores en la guerra de 1876, tesorero municipal en Magangué, intérprete nacional en Panamá, y cónsul en Tous, Francia. Su permanencia en estos puestos fue efímera y, a diferencia de los escritores coetáneos, no desarrolló una carrera política importante. En 1873, inicia una interesante producción en el periódico El Rocío, de propiedad del editor conservador Nicolás Pontón, con la publicación de varias de sus obras. La producción literaria de Candelario Obeso es sumamente variada: en 1871 publicó una novela corta y satírica titulada La familia Pygmalión; en 1877 editó Cantos populares de mi tierra, su obra más representativa y por la cual fue y es reconocido por la crítica literaria. Posteriormente hizo la traducción de un tratado militar del teniente belga León de Sahger, Nociones de táctica de infantería, de caballería y de artillería (1878); un texto de prosa amorosa con poemas originales y traducciones, Lectura para tí (1878); una traducción de Othelo de William Shakespeare (1878); un drama en tres actos moralizante y de costumbres, Secundino el zapatero (1880); un extenso poema dramático autobiográfico, Lucha de la vida (1882), y tres traducciones al castellano de cursos de italiano (1883), francés (1884), e inglés (1884), que demuestran su interés por el estudio de las lenguas.

  

En 1873, inicia una interesante producción en el periódico El Rocío.

Cuento a mi esposa

(Dolora)

A mi distinguido amigo el señor Pedro Londoño

«—Negra de mi vida

¿A dónde vas?

Quédate en mi rancho,

No te quejes más;

Mira que me aflige

Tu infelicidad…;

¡Oye mis arrullos

Palomita amada…!»

«—¡Mi palomo mío

Lo perdí ya…!

Deja que lamente

Suerte tan fatal;

No te dé cuidado

Mi infelicidad;

¡Verme no deseo

De ninguno amada…!»

Esto le decía

En noche pasada,

A un mozo del pueblo

Cierta desconsolada…

Mas a las pocas vueltas,

A poquito de nada,

¡Tuvo cierta cosa

Como un sapo de hinchada!

Si ponemos en agua

Un granito de sal

¡Pronto se disuelve

Con facilidad…!

Nunca en las mujeres

Fue efectivo nada;

Todo en ellas es humo,

¡Todo falsedad…!

 

 

Canción del boga ausente

A los señores Rufino Cuervo y Miguel A. Caro

Qué triste que está la noche,

La noche qué triste está

No hay en el Cielo una estrella…

Remá, remá.

La negra del alma mía,

Mientras yo brego en la mar,

Bañado en sudor por ella,

¿Qué hará, qué hará?

Tal vez por su zambo amado

Doliente suspirará,

O tal vez ni me recuerda…

¡Llorá, llorá!

Las hembras son como todo

Lo de esta tierra desgraciada;

Con arte se saca al pez

¡Del mar, del mar…!

Con arte se ablanda el hierro,

Se doma la mapaná…;

Constantes y firmes las penas;

¡No hay más, no hay más!…

… Qué oscura que está la noche;

La noche qué oscura está;

Así de oscura es la ausencia

Bogá bogá…

 

 

 

 

Serenata

A mi amigo, señor V. Manrique

Dicen que hay guerra

Con los cachacos,

Y a mí me chocan

Los zambapalos…

Cuando los godos

Sí fui soldado

Porque defendía

Mi humilde rancho…

Si alguno quiere

Treparse en alto,

Busque escalera

Por otro lado…

Ya pasó el tiempo

De los esclavos;

Somos hoy tan libres

Como los blancos…

Yo por mi parte

Cuando trabajo

Como en mi casa…

De no, lo aguanto…

Muchos conozco,

Pobres baldados,

Que han muerto de hambre

Después de guapos…

………………………………………

¿Quieren la guerra

Con los cachacos?

Yo no me muevo,

De aquí de mi rancho…

Si alguno intenta

Subir a lo alto,

¡Busque escalera

Por otro lado…!

 

Lucha y conquista

A S. G. L.

¡Oh!, blanca, blanca hermosa,

¿Por qué me tratas así?

¿No sabes que la desgracia

De compasión es digna…?

En balde te demuestras

A mi cariño altiva;

¡En pechos como el tuyo

No cabe la perfidia…!

………………………………………

¿Porque me ves la cutis

De la color de la tinta

Acaso crees que es negra

También el alma mía…?

En eso te equivocas;

¡Las piedras más bonitas,

En el carbón, a veces,

Se hallan escondidas…!

Escúchame: si llegas

A consolar mi cuita,

Serás a mis pesares

La miel que necesitan,

En cambio de tu afecto,

Te juro por mi vida,

Que con mi porte nunca

Te causaré una herida…

Seca mi llanto… Un beso

Le basta a mi desdicha;

Un beso de tus labios

De rosa y clavellina;

Con él aquí en mi pecho

¡Florecerá más linda

La mata de mi suerte,

Ya seca de afligida…!

………………………………………

¡Oh!, blanca…, tú lo sabes…

(Acércate tranquila);

Al nardo oloroso

¿Qué flor le rivaliza…

(Acércate y no temas)

Si envuelto en él se mira

Un lazo bien lustroso

De mi color… expresiva…?

Tú te pareces al nardo;

Mis brazos son de endrina,

Déjalos que a tu talle

Se enrollen como cinta…

¡Oh!, gracias, gracias… Ahora

Quédate siempre así

¡Y nunca de tu labio

Se vaya esa sonrisa!

 

Expresión de mi amistad

Al señor Federico de la Vega

[Aun] cuando soy un pobre negro,

Sin más ciencia que mi oficio,

No ignoro quién se merece

Algún respeto y cariño…

Sobre mí tiene el carácter

Un particular dominio;

De un gallo bueno a las patas

Expongo hasta el calzoncillo…

Por un mochoroco guapo,

Y sobre guapo instruido,

Soy capaz de morder el suelo

Y de mucho sacrificio…

Óigame, blanco, tal vez

No es bien claro lo que afirmo,

A explicarme yo no alcanzo

Tal como un Rojas Garrido…

De todo lo grande y bello

Que el mundo encierra, no estimo

Sino dos cosas, que son

Mi hembra amada y mi albedrío.

De aquella ni al Padre Eterno

Diera un solo pedacito;

De este sí suelo un poco

Ceder a tal cual amigo;

Mas nunca jamás a la fuerza

Porque soy rey de mí mismo,

Usted, blanco, verbo y gracia…

Aunque en la España nacido,

Puede disponer de mí

Por ser rojo de tornillo…

Dígnese aceptar el presente,

Si ya su mérito he dicho;

¡Fue muy rara la persona

A quien di tanto cariño…!

Amo yo la libertad

Como el pájaro su nido;

Como las flores las lluvias,

Como el agua el bocachico;

Es mi ley ser como el viento

Y dueño en mi hogar efectivo.

………………………………………

En cambio de mi amistad

Sólo una cosa le pido,

Conviene a saber: que apenas

Se halle en su domicilio

Le cuente a todito el mundo

Lo que aquí en Colombia ha visto;

Diga cómo ciudadanos

Son el negro, el blanco, el indio;

Cómo el señor Presidente

Usa de humildes vestidos;

Cómo en raras ocasiones,

Siendo tan libres toditicos,

Ocurre un caso que espante

De un robo o de un homicidio.

No olvide en su relación

Que para ser señor Ministro

No se necesita de más

Que de ciencia y de servicios.

Esto se lo recomiendo

Porque cuando fui marino,

Por mano de mis pecados

Estuve en la Habana, y maldito

Si topé un zambo dichoso

Siendo más que aquí un pollino…

¡Ni pude un solo momento

Holgarme de mi albedrío…!

¡Cuánto eché de menos entonces

Mi humilde rancho pajizo

Hecho de la Magdalena

Sobre un alto…! Allí tranquilo

Paso la vida otra vuelta,

Que en mi destierro Dios quiso

Un colombiano depararme

Que me trajera a mis hijos,

De los cuales y de mi esposa,

Si vuelvo a ausentarme endino

Sólo será por la defensa

De los fueros del partido…

Tal sucucho a su mandar

Está con sus atractivos;

Tiene verduras diversas,

Frutas que son un prodigio

Desde la caña de azúcar

Hasta el coco y el caimito.

Ojalá que alguna vez

Le mire a usted entre los míos,

Verá bien cuánto mi negra

Tiene tratamiento fino,

Y cuánto es feliz la suerte

Del humilde campesino

De esta tierra dichosa

En tan varios sentidos…

Asiento de la igualdad,

Madre de los hombres dignos,

De los hombres como usted,

Mochoroco de temple y filo,

Justo como la justicia

Y cantor de lo divino…

Siga, blanco, y nunca desmaye;

De todo hay término fijo;

Con arte y maña se cura…

Hasta el mismo reumatismo;

Si hoy anda errante y sin patria

Aunque aquí tiene su asilo,

Tal vez de hoy en poco tiempo

Vuelva a calentar su nido…

Yo estuve, dije, en la Habana

De pobre humilde marino,

Y me he vuelto a ver en mi casa

Con mi esposa y con mis hijos;

Bolívar, según me cuentan,

También anduvo peregrino,

Mas tuvo valor y constancia

¡Y Libertador se hizo…!

 

*Poemas seleccionados de Cantos populares de mi tierra (1877)