Selección de poemas de Rikardo Pantoja

Rikardo Pantoja. Pasto (Nariño, 1977). Ha trabajado desde finales de 1996 desarrollando su estilo propio, incluyendo en sus tratados temas humanos y filosóficos. Participó en el primer concurso departamental cuento ecológico oso de anteojos, Nariño 2013 y en otros encuentros de poesía y cuentos. Su material ha sido publicado en la revista Paranoia de Pereira y en Letanías paganas de Medellín. Los poemas de esta selección, según el autor, hacen parte de un tratado a base de amor, vicios y otras costumbres.

amantes 1

 

La mejor distancia

 

Dibujo tantos acertijos cuando hay silencio,

que me incluyo dentro de ellos.

Sé medir cuán lejos es tu distancia,

por ello te programas todas las mañanas

y no aceptas una oración

con la que perdure el aire que

a duras penas llevas en tu pecho.

 

Yo sé muy bien que tan profundo es

el eco de tu dolor

y caí dentro de su reflejo

en el menguante que bifurco la pendiente

por eso se precipitó mi vacío

y tus tentáculos llamarón tanto mi atención

hasta que al detenerme,

me atraparon.

 

No sé cómo definir esa fórmula tan tuya,

de aislar los latidos de tu tiempo,

dejar vacío lo que antes fue un mar.

 

¿Tienes tanta magia o demasiados caprichos?

Eso te convierte en un espectro con finos rasgos,

tu espalda aún tiene las huellas de tu amante

y tu memoria humedeció su pulso en tu sexo,

para cuando la tinta busque otra vez tu blanco lienzo

deseé escribir.

 

Parece que no encuentras una playa donde pedir auxilio

o respuestas o una luz que te aparte

de esa pegajosa oscuridad

que aplanó tus ojos,

haciendo de tu vida una cuerda floja,

que entre sus vértigos jadea

por robarte el equilibrio

y llevar tus cenizas al lugar

donde los muertos son solo tragedias y ausencias.

 

aman 2

 

 

Cortina de humo 

 

La sal no fue suficiente,

el aire cambió su disfraz,

la verdad perdió la memoria,

perdió su pudor en una erupción solar.

 

Detrás de las paredes fueron sepultadas

las pocas palabras que sobrevivieron a la ventisca.

 

Para atravesar la calle hubo un ruido fuera de lo normal,

los pasos regresaron con la última marea de la tarde.

Ya no te diste cuenta de cómo se apodera la unidad al comienzo,

con el que se esperan lunas repletas de paz y frio ártico.

Todo fue una sentencia,

porque la felicidad ya no cavia en tus manos

y tú no cabías de la dicha,

el humo bailaba en cabarets de buena muerte,

a pleno sol los castillos de arena mostraron otras señales

y tu aroma fue un oasis

donde mis restos de canción no me dejan morir.

 

Por eso te alejas buscando ser luz

y yo busco qué fumar para no herirte,

porque sabes que no hubo secreto,

sino una ruta hacia el amanecer.

 

Yo escribo como si fuera a morir,

como si las letras no permitieran enterrarme vivo,

porque mi destino te encontró

y el tuyo sabe cómo alejarme.

 

lejos

 

 

Tranquilidad

 

Tengo un amante de 28 aromas.

Desde su primer beso

cambié la diatriba de mi aliento,

ahora camino como un rayo de luz

y no deseo otra cosa que su apetito

por devorarme vivo o muerto.

 

Igual fuera si su nombre tuviera seis letras

o solo me entendiera,

y yo lentamente

-muy lentamente-

la estuviera dibujando,

extrayéndola de su otro mundo,

donde me condena en partículas horizontales.

 

No puedo decir si le pertenezco o me engaño,

sabiendo que de sus manos y caricias

ya muchos probaron.

 

He pasado su tiempo entre mi mente

y me abstrae de esa línea entre mi yo

y mi humanidad,

que pertenece a todos.

Aquí estoy lamiendo sus perfiles,

su lirico sexo,

es mía de principio a fin.

Por ello tal vez me llama poeta.

Yo subo el telón de mi única vanidad

para colorearla

y entenderme;

entre sus silencios sabe conquistarme

y me repito las mismas letras que me brindó

en el último trago de aquel parnaso,

donde su figura fantástica me formó

los senderos,

que siendo de los dos,

mostraba al mundo para enorgullecerse

de que soy su escritor ariano

y ella mi formal tranquilidad.

 

 

Secreto en forma de diluvio

 

Los poetas teníamos la razón,

al gritar en un mármol blanco,

las formas que construyeron una parte de esa realidad

que estaba atrás de lo que inútilmente

nombraron como conciencia.

 

Fuimos abandonados sobre la tierra

y de nosotros solo se supo

cuando las caras ya no tenían un rostro conocido.

Las líneas nos buscaron entre sus puntos

y fuimos quienes cerramos la noche,

guardando  hasta la última estrella.

Por eso nadie nos creyó.

Por esa razón los juramentos viajaron encadenados,

y la materia adherida a los últimos atardeceres

demostró elevando su asombro,

el despertar de otros mundos.

 

Fueron también las pausas a las avenidas,

los besos atados a los pergaminos.

Aun así, fue tan grande la mueca de nuestro exilio,

que nos acostumbramos al silencio,

a la noche.

Para dejar notas por los lugares que vendían vida

a cambio de culpas y sentencias.

 

ultra

 

 

De ultratumba

 

Sé y entiendo el más allá,

ajeno a todos esos rezos de palabras ungidas

tan cercano, que es de mi propiedad.

Así que existe el más allá.

Donde no eres quien me aleja y me opaca,

ni me atraviesa con sus distancias silenciosas.

Te invoco en mis conjuros,

me apena encontrarte

tan de bronce con tus alas cristalinas;

y determino no estar muerto para describir tu silencio.

 

Lugar que siendo testigo,

ha callado para vernos juntos.

Por eso creo en el más allá.

Busco aquellas distancias que no han dejado de crecer

con las hierbas de los errores,

por eso te busco y te resisto.

 

Como un abanico que me espanta

de esa soledad que me delata.

Eres tú mi más allá.

Para no morir no hace falta desintegrarme,

o pretenderte en tus aislados sepulcros.

Si aun siendo viento, te siento del más allá

distancia que es tan solo una nota

hacia un retorno demasiado personal.