EL ALMA DE LA ESCULTURA MODERNA EN COLOMBIA

Por / Felipe Osorio Vergara

Para muchos, Negret es considerado el escultor colombiano más importante del siglo XX, porque, a diferencia de sus antecesores, su obra rompió con la tradición figurativa que había caracterizado la escultura colombiana, marcando un hito de vanguardia a través de la abstracción geométrica.

De acuerdo con el museógrafo y magíster en Artes Digitales, Víctor Manuel Del Valle, “Edgar Negret, marca un antes y un después en la escultura colombiana, teniendo en cuenta que, antes de él, la escultura se planteaba bajo una mirada más clásica. Uno de sus puntos más relevantes es que cada obra que planteó se basó en temas nuevos, pues no acudía a la repetición temática como base de su creación”.

De hecho, en la Historia concisa de Colombia, de los historiadores Michael La Rosa y Germán Mejía, se catalogó a Negret y a su colega, Eduardo Ramírez Villamizar, como “los colombianos que más impacto tuvieron en la escultura latinoamericana del siglo XX”.

La obra del payanés consta de láminas de aluminio con dobleces, ensambladas con tuercas y tornillos. “Negret logra doblar el aluminio, curvándolo de modo que las suyas son obras flexibles y plenas de movimiento. Se considera que este es tal vez el aporte más importante suyo a la escultura del siglo XX. Es una especie de dominio sobre la rigidez del material, sobre su dureza”, explicó el crítico de arte Eduardo Serrano al diario El Tiempo.

En las esculturas del payanés la modulación toma el protagonismo, es decir, la repetición de figuras geométricas que van escalonando los volúmenes y dando una sensación de profundidad. Esto sumado a las curvas de la lámina y a los vacíos interiores que alivianan el metal y que hacen visible la parte interna de la escultura, hacen que “la modulación, el movimiento, el ritmo y la abstracción geométrica se incorporen con un sentido altamente poético”, señaló el museógrafo Del Valle.

Desde la escuela, recordar la figura de Negret puede ser una forma de mantener vivo su legado y servir de ejemplo en la educación en pensamiento geométrico y artístico.

“Edgar Negret es un referente fundamental en la escuela porque desde la composición abstracta de sus obras muestra las figuras geométricas que lo llevan a resolver problemas escultóricos”, cuenta Jéssica Hernández, licenciada en Educación Artística.

Actualmente, algunas esculturas de Negret dan vida a zonas públicas de varias ciudades de Colombia y el mundo, y son referentes en arte público, aspecto fundamental dentro del tejido urbano.

“Las esculturas hacen que la ciudad tenga un alma y un sentido, porque la dotan de una cierta espiritualidad que tiene el arte para imprimirle a los espacios. El arte público potencia la ciudad”, sostuvo Luis Daniel Botero, especialista en Periodismo Público y magíster en Ciencias Sociales.

El Acuerdo 36 de 1982 (clic para ver) estimuló el arte público en Medellín. En esta norma se estipulaba que las constructoras debían destinar el valor de un impuesto instalando una escultura en su área pública o consignando a un fondo para la protección del patrimonio. La influencia de este Acuerdo aún es visible en la Avenida El Poblado o en el barrio Laureles, de Medellín, donde la mayoría de los edificios cuentan con obras de arte decorando su frontis. En 1994 fue derogado.

Paradójicamente, la lámina de aluminio que le dio reconocimiento a su arte, es también una desventaja para ambientes exteriores, pues es vulnerable a la corrosión. Sobre esto, la crítica de arte, Ana María Escallón, afirmó en 2018 para el portal Las 2 Orillas que uno de los grandes errores de Negret fue que “en sus esculturas al aire libre, los metales con los que trabajó se oxidan y por eso necesitan una cuidadosa vigilancia y restauración”.

La obra de Negret es valorada en todo el mundo, se exhibe en museos y galerías internacionales, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y puede alcanzar cifras que van de los $3 mil hasta los $150 mil dólares, es decir, entre $11 millones hasta más de $550 millones de pesos colombianos, con el cambio de finales de septiembre.

En Colombia, por citar solo unos casos, sus esculturas hacen parte de colecciones del Museo de Arte Moderno de Bogotá y el Museo de Antioquia, mientras que, en Popayán, su casa natal es ahora un museo en su honor. Sin embargo, aún sigue pendiente uno de los sueños del artista.

Edgar Negret soñaba que su casa en el barrio Santa Ana, localidad de Usaquén, nororiente de Bogotá, se convirtiera en un museo. El inmueble se ubica en uno de los sectores más exclusivos de la capital, por lo que el proyecto de abrir un museo no ha sido visto con buenos ojos por los vecinos.

“El mismo maestro Negret intentó en varias oportunidades abrir el museo, pero no lo pudo lograr. Al ser un barrio privado y de estrato alto los residentes se opusieron”, contó Rodolfo Buitrago, ayudante y amigo del maestro. Además, las autoridades de cultura no se han pronunciado ni mostrado interés.

Hoy día, en aquella casa de tres mil metros cuadrados funciona el taller en el que se restauran sus obras por parte de Rodolfo Buitrago y su equipo de trabajo. Pero también se guardan 110 esculturas de gran formato que el mismo Negret había seleccionado para la colección museográfica.

Dos veces al año Buitrago realiza exposiciones en la casa para que las personas puedan visitarla y conocer más sobre su obra, aunque sigue latente la oposición de los vecinos a estas exposiciones. “El resto del año, aquellos amantes del arte siempre les abrimos las puertas con cita previa y yo, personalmente, he dado recorridos guiados”, expuso Juan Andrés Buitrago, hijo de Rodolfo.

Por lo demás, a la que fuera la morada del alma escultórica colombiana se la están comiendo los impuestos y los gastos de mantenimiento. Si no se soluciona su situación, la única salida que encuentran los Buitrago será vender al exterior aquella colección que, Negret en persona, había escogido para que fuera vista por todos los colombianos.

El legado de Negret en Antioquia 

Esta obra llegó a Sonsón en 2011 y es un hito de identidad para sus habitantes, pues este municipio de Antioquia es conocido como “Tierra del maíz”. Incluso, desde 1937 se ha celebrado en esta localidad del Oriente de Antioquia las Fiestas del Maíz.

“Esta escultura es un ícono de la Plaza Principal, pues es de autoría de un gran creativo y artista como lo es Edgar Negret, quien deja así una memoria importante para Sonsón. Además, configura un atractivo turístico y es el comienzo de lo que podría ser el proyecto del parque de las esculturas, con otras obras de arte que tengan relación con la historia y la memoria municipal”, señaló José Fernando Botero, técnico operativo en cultura y patrimonio de Sonsón.

Cabe resaltar que en esta obra se reflejan las raíces precolombinas que fueron inspiración para Negret, pues “en las sociedades prehispánicas el maíz era considerado un alimento sagrado, siendo frecuente su relación con mitos de origen”, explicó Juan David Sepúlveda, antropólogo de la Universidad de Antioquia.

Esta obra fue donada al aeropuerto para su inauguración en 1985. Su temática precolombina se hace evidente con la representación del Sol, porque para “los pueblos ancestrales estaba asociado a lo cíclico, al desplazamiento. En sociedades prehispánicas jerarquizadas es común encontrar la referencia del Sol como una divinidad de la cual descienden los caciques u otros dignatarios”, explicó el antropólogo Sepúlveda. Para Manuela Ocampo, subsecretaria de Cultura de Rionegro, la importancia de la obra radica en “su valor artístico y estético, es decir, en la corriente que maneja y la innovadora y original forma que presenta”.

Cabe destacar que la obra ha sido restaurada en varias ocasiones, pero el frío húmedo del altiplano de Rionegro ha hecho que, actualmente, presente señales de deterioro. Al consultar con el Museo de Artes de este municipio sobre una posible restauración, se señaló que primero “era necesario programar una visita técnica por parte de un profesional capacitado para dicha valoración”.

Además de estas obras, se encuentra un Aparato mágico (1958) en el Museo de Antioquia, La torre (1980) en el Cerro Nutibara y en colecciones privadas como aquella de la Galería Duque Arango.